En Desmotivaciones desde:
21.11.2013

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LXV: Lamentos que nunca llegan - Mouser abofeteó a Ryu en la cara. Pese a parecer iracundo, su rostro
seguía estando calmado y sereno. Se levantó tan solo de su sillón
para golpearle. Aún de pie, miraba con desdén a Ryu quien se
encontraba de rodillas en el suelo. La marca del guante de Mouser se
había quedado grabada en su cara, coloreando su piel de un ávido
rojo.

Pasaron unos cuantos segundos hasta que Mouser volvió a su sitio.
Puso la cabeza sobre su mano como punto de apoyo. Pensativo, la movía
de un lado a otro mientras que Ryu no se movía de un centímetro de
donde se encontraba.

-No sé que hacer contigo- respondió usando la frase mas conciliadora
que se le ocurrió- De verdad, me apena que hayas estropeado la
misión de tal forma. Tenía muchas confianzas depositadas en tí Ryu.
Pensé que eras distinto al resto pero me equivocaba. Tan solo eres
otro fracasado- su voz no se alzó mas de lo debido en ningún
momento. -¿Debería deshacerme de tí?-

Ryu no contestó.


-Así me gusta- dijo satisfecho con aquel silencio- Bien, puedes
marcharte pero no toleraré ningún error más- hizo el ademán para
que se levantara- Ah, y una cosa más- Ryu se disponía a salir de la
habitación- Si Ralf se vuelve a acercar a La Forja, mátalo-

***

La reunión había acabado. El resto de los chicos se había marchado
ya. Tan solo quedaba Ralf a las afueras de la biblioteca. .Quedaron en
celebrar una reunión dentro de esta para debatir como seguir con la
investigación sobre Mouser mientras que seguían concursando en el
torneo. Todos habían pasado de fase, incluso Joserene pues participó
en una ronda extra, tras haberse rendido frente a Pandora, que
sirviría para suplir el puesto que debíó ser ocupado por Telyg. 

Quedaron reunidos en uno de los salones de la planta baja, ren torno a
una gran mesa redonda. En teoría, la reunión iba a ser precedida por
Darky pero como decía encontrarse en mal estado, no abandonó la
torre donde se refugiaba. Fue Angel la primera en tomar la palabra.


-La clasficación quedó de la siguiente de la manera- explicaba a los
demás- Joserene se enfrentará a Godric mañana. El ganador de dicho
combate se enfrentaría dos días después conmigo o contra aquella
chica de negro-

-¿Chica de negro?- comentó Ralf.

-Si hubieses sido puntual, la habríais visto- dijo Joserene

-No es nada del otro mundo- Angel estaba muy confiada- Es una pequeña
chica, de tez pálida y vestimenta negra. Tiene como dos trenzas
largas en su pelo, también de color negro. Comparado con los demás
tiene un apescto inofensivo.

-Cierto- interrumpió levemente Pandora- pero- se dispuso a
contradecir sus propias palabras- Si fuese tan debil, no hubiera
resultado vencendora, ¿verdad?-

Todos la miraron sorprendidos.

-¿Qué? ¿He dicho algo raro?- se sintió asustada al ser observada-

-Ese ha sido un gran razonamiento por parte vuestra- respondió
Joserene

-La verdad es que sí- intervino Ralf-

-Oye, parece que os estaís burlando de mi- Pandora mostro su enando.

-Volviendo al asunto que nos concierne- dijo Angel golpeando la mesa
en busca de que le prestasen atención- Ese mismo día se celebrarán
los otros dos combates; Ralf contra Pandora y el de Ryu. Este último
seguro que gana su combate ya que su adversario no es de gran nivel
asi que ambos tened cuidado- se dirigió a Ralf y Pandora-no podemos
saber que hará él-

La mayor parte de la conversación giró en torno a eso. Ralf no vio
el momento oportuno para hablar sobre lo que había visto en La Forja.
Antes deseaba hablar con Darky sobre Magica. Una vez hecho esto,
discutiría con su compañeros como actuar. Mientras tanto, dejaría
que pensaran que se había pasado toda la mañana durmiendo y que por
ello no pudo acudir a ver el torneo.


Mientras que pensaba en ello, Ryu apareció delante suya.-Justo en el
momento perfecto- pensó ya que deseaba hacerle varias preguntas sobre
La Forja y de paso agradecerle por haberle salvado la vida. Pero
cuando comenzó a acercarse a esté, arrojó una aguja en forma de
advertencia. Sus rostro era sombrío y desencajado, muy diferente al
que había visto esta mañana.

-¿Pero qué?- fueron las primeras palabras de Ralf viendo que Ryu
actuaba de esa forma.


-Huye- dijo Ryu- Huye lo más lejos que puedas y no mires atrás
porque el castigo divino caerá  entre los pecadores-


-No entiendo lo que dices- se burló Ralf más relajado- ¿Y qué
diablos te refieres con castigo divino? No digas estupideces-


El rostro de Ryu siguió con las mismas facciones.


-No lo volveré a decir. Huye de aquí antes de que sea demasiado
tarde- la seriedad inundaba sus palabras.-


-¿Tarde para qué?- Ralf seguía sin comprender.


-Para tu muerte- pronunció finalmente.
puntos 11 | votos: 13
Ahora tan solo debes acertar - cuál de los dos quiere enseñarte.
puntos 9 | votos: 9
No importa cuan colorido el mundo - sea si estás tintando de un permanente gris.
puntos 17 | votos: 17
Pobres sois, oh Tierra y Mar - pues el demonio ha enviado a la bestia llena de ira
pues sabe que poco tiempo os queda.
Dejen quien tenga el conocimiento reconocer el número de la bestia
ya que ha sido creada con signos humanos.
El número es seiscientos sesenta y seis.
puntos 85 | votos: 85
Esa sensación de vacío - cuando esperas salir con alguien y este dice que está muy ocupado.

puntos 9 | votos: 9
No lucharé por los demás - cuando tan siquiera sé si puedo hacerlo por mí mismo.
puntos 26 | votos: 28
Los pájaros extienden sus alas - por el cielo y sin ninguna consideración pues nacieron para ello.
puntos 8 | votos: 8
Eres tan dulce - que incluso a los hombres haces llorar.
puntos 31 | votos: 31
La fecha de caducidad - para soñar es imperecedera.
puntos 17 | votos: 17
Parada obligatoria para viajeros - intrépidos y amantes del terror.

puntos 31 | votos: 31
Aunque a veces, la conclusión - a la que llegamos es la de no hacer nada
por temor a perder lo que ya tenemos.
puntos 23 | votos: 23
Qué sentido tiene ilusionar al débil - cuando la vida nos muestra que los que valen realmente son los fuertes.
puntos 16 | votos: 16
Desmo siempre encuentra - nuevas formas de impresionarme.
puntos 19 | votos: 19
Aunque una buena cena - tampoco está mal.
puntos 11 | votos: 11
Capítulo LXIV: No soy tu héroe - -¿Con que estabas aquí? Llevo toda la mañana esperándote- sacudió
con una patada en el tronco en el cual estaba recostado- Lo que hay
que ver- sonó disgustada- te has pasado toda la mañana aquí
durmiendo Ralf- le quitó el sombrero que ocultaba su rostro.

Ralf se despertó confuso. ¿Acaso no había ido a La Forja? Miro
hacia los lado con cierto  nervioso. Sí, juraría  que había entrado
en La Forja y que allí se encontró con Ryu. Ambos se adentraron en
esta. No podía recordar nada más. Un dolor punzante sacudió su
cabeza.
Angel la miro de forma preocupante. Le preguntó si se encontraba bien
. El respondió como pudo aunque notaba cierto malestar tanto en su
cuerpo como su mente.

-Vamos el torneo hace rato que ha acabado. Todos nos esperan en la
biblioteca- le recordó Angel- Venga, yo me voy adelantando- dijo
marchándose.

-Supongo que es lo único que puedo hacer ahora- se puso de pie.
Entonces de nuevo sintió un dolor en su abdomen. Llevó su mano hacia
allí. Estaba cubierta de sangre.

***

Ryu se escondió detrás de Magica. Desde ahí, pudo observar como
Ralf caía ante Zero. Súbitamente, las escamas de su brazo se
extendieron hasta tomar la forma semejante de una espada la cual
podía cambiar de tamaño y forma por pura voluntad.

El cuerpo de Ralf desfallecía en el suelo. La sangre derramada
discurría por el suelo llegando a tocar sus pies. Pensaba que si Zero
creía haber eliminado todas las amenazas se iría tal y como vino.
Pero ese no fue el caso. Se proponía a destrozar por completo su
cuerpo.
Salió de su escondite. No era tiempo para jugar a las escondidas y
tampoco sabía cuánto podría alargarse aquella situación. 

Lanzó varias agujas que ni siquiera traspasaron un centímetro de su
piel. No obstante, Zero se molestó y dejó en paz momentáneamente a
Ralf para centrarse en Ryu. Marchó contra él bruscamente, dejando la
oportunidad de zafarse fácilmente si se desplazaba hacia uno de sus
lados.

Tras eso, volvió a apuntarle de nuevo, esta vez con más fuerza.
Echó su brazo tan atrás como pudo y lo tensó hasta que sus
músculos no podían contraerse más. El proyectil era de nuevo una de
sus agujas pero esta vez la había impregnado de uno de los venenos
más paralizantes que tenía. Solo traspasó parte de la punta pero
con ello bastó para inutilizar el brazo entero. Su miembro derecho
cayó de manera fulminante.

-Quédate aquí un rato- dijo Ryu viendo como el veneno poco a poco se
iba expandiendo por su cuerpo.

Pero, para su asombro, la pelea aún no había acabado. Antes de que
el veneno llegase más allá de su brazo, Zero se lo arrancó como si
nada, usando solo la fuerza bruta. Aún no acabó todo. Tras amputarse
su miembro fallido, lo lanzó lejos, rompiendo la puerta por la que
habían entrado. Tras eso, un nuevo brazo surgió donde estaba al
anterior aunque a diferencia del anterior, este no estaba cubierto por
escamas. Era un brazo humano.

Aún así, con una extremidad menos, la posibilidades de salir alli
con vida no habían aumentando. Pero ahora tenia mas opciones; una de
ellas era seguir luchando, hasta que Zero se cansase o que el muriera
o intentar huir por el camino que se había abierto antes. Sin
embargo, entre él y la salida estaba Zero. Era muy complicado. Por
otra parte, estaba Ralf.
Estaba en el otro rincón de la sala. Quizás pudiera salvarlo, si
aún estuviera con vida, pero si se lo llevase a cuestas mermaría
considerablemente su índice de supervivencia. Debía de actuar
rápido.

Corrió abiertamente hacia Zero esquivando sus golpes. Pasaban a
escasos milímetros de su rostro pero no podía permitirse el lujo de
tener miedo y aminorar su velocidad. Se puso debajo de Zero y, alzando
su pie izquierdo, consiguió asestar una patada en su mentón que lo
aturdiría durante unos cuantos segundos. Tras eso, se apoyo en la
pared para tomar impulso y fue en busca de Ralf. 

-Aún tiene pulso- pensó con sus dos dedos puestos en su cuello. 
Tras, tomó su cuerpo y lo puso en su espalda. 

Marchó hacia la salida pero otra vez Zero se puso en su camino. Esta
vez no contaba con ningún tipo de estrategia. Jugando su ultima
carta, lanzo varias agujas a los orificios que tenía sus mascara.
Tras estos, se ocultaban sus ojos. Con suerte, pudo darle en uno de
ellos. Aprovechó la oportunidad de salir de allí con Ralf a cuestas.

Cuando se marcharon, una nueva puerta se abrió. De ella surgió Caos
que portaba una extraña jeringuilla. Se acercó a Zero, que gimoteaba
de dolor, y, tras quitarles las agujas que tenia incrustada en los
globos oculares,  le inyecto el contenido de la jeringa.

-Gracias por la visita. Sin lugar a dudas me has dado un buen material
para mi investigación-miró por donde huyeron ralf y ryu- Ahora sé
cuánto dura la transformacion y cuales son las habilidades que
adquiere el sujeto-

Nada más acabar de hablar, el cuerpo de Zero había acabado de
encoger, teniendo aproximadamente el cuerpo de una persona humana. Las
heridas que le produjeron las agujas desaparecieron. Su máscara se
rompió, debido al cambio de su tamaño. Dejo caer una larga cabellera
negro que rodeo todo su cuerpo. Tenía numerosas cicatrices. No había
lugar donde Caos no lo hubiera diseccionado. Las heridas provocadas
por sus experimentos se perdían juntos a las cicatrices que tenía
anteriormente. Las más características eran una cruzaba uno de sus
ojos y otra que cruzaba la mayor parte de su pecho.

-Hora de volver al trabajo. Llamaré a Minstek para que recoja todo
este estropicio.- ni se inmutó por todo lo que habia sucedido. Se
marchó por donde había venido, dejando a Zero allí tirado. Si no
podía recuperarse solo tras ese combate, significaría que su
experimento fue un fracaso.

Se quedó tumbado en el suelo, viendo como las luces volvían
apagarse. De nuevo la sala quedó iluminada por el tubo donde se
encontraba Magica. Fijó su vista en ella. Comenzó arrastrarse por el
suelo. Sus piernas le fallaban y la mayor parte de su cuerpo no les
respondía así que no tenía remedio que reptar como una serpiente.
Ya al lado del cilindro, se dispuso abrazarlo.

Intento pronunciar unas palabras pero no le salían. Sus agrietados
labios estaban pegados uno con el otro. Llevaba meses sin ingenir
nada, ni siquiera agua. Seguía existiendo gracias a los sueros que
les inyectaba periódicamente Caos. Aparte estaba que sus acciones
motores estaban muy reducidas en aquel estado sin no mencionar a los
constantes lavados de cerebro
que había estado expuesto. Pero nunca se olvidaría aquello. Jamás,
ni por un solo instante de dolor, la razón por la cual se mantuvo con
vida mantuvo con durante tanto tiempo. 

-Eliza- dijo débilmente despegando sus labios-

puntos 32 | votos: 32
Los héroes no son tan perfectos - como las leyendas que a veces los rodean.
puntos 12 | votos: 12
La esperanza nunca muere, - tan solo se queda en el ayer.
puntos 10 | votos: 10
Cuando se marchó la inocencia, - tan solo quedó la ingenuidad.
puntos 9 | votos: 9
Capítulo LXIII: La maldad misma - -¡Vaya, este sitio es un auténtico laberinto!- exclamó Ralf
llegando a otro callejón sin salida- Hey, Ryu- miró a su
acompañante- ¿qué tal si damos media vuelta?-

-Vale- respondió secamente- pero esta vez yo iré delante- 

Esta vez fue Ralf quien siguió a Ryu. Desafortunadamente, sus pasos
lo condujeron a otro callejón sin salida. Ralf intento contener su
risa de mientras Ryu recitaba una larga lista de improperios a la
pared. Miró hacia atrás. Que se mofara de él cuando había cometido
el mismo error no le causaba ninguna gracia. Se hizo paso a través de
él dándole un leve empujón.

Al final, con bastante esfuerzo, consiguieron encontrar una salida
aunque estaba débilmente iluminada. Un pequeño haz rojizo procedía
de su epicentro. Dejaba una estela de sombras de color oscuro y ocre
que se filtraban más allá de la puerta. Tras dar el primer paso
hacia el interior, la puerta que había detrás suya se cerró
herméticamente. Una fogosas luces blancas se encendieron
rápidamente. En un parpadeo, la habitación quedó completamente
iluminada. 

Quedó al descubierto el origen de aquella luz tenebrosa que los
condujo hacia el interior. Era un tubo, igual que los que habían
visto en la anterior sala pero este lucía algo distinto. En su
interior, había el cuerpo de una joven desnuda, con su dorado cabello
dividido en dos largas trenzas que ocultaban tenuemente sus atributos.
Estaba flotando en aquel contenedor de líquido rojizo. Su rostro no
marcaba ninguna expresión.Parecía estar muerta pero lo que en
realidad sucedea es que estaba suspendida en un largo letargo.

Ralf se apuró enseguida para ir en su ayuda. Golpeó el vidrio para
intentar despertarla pero inútil. Era tan grueso que apenas se podía
percibir lo que ocurría en el exterior. Sin tener otra alternativa,
Ralf se dispuso a romper el tubo. Justo antes de darle el golpe, lo
contuvo Ryu.

-No hagas eso. Si sacas a Magica así, tan repentinamente podría no
volver nunca a este mundo- por su voz parecía que no intentaba
engañarle. Le estaba diciendo la verdad.

-¿La conoces?- ahora era Ralf quien parecía contrariado-¿Sabes lo
que ella hace aquí?-

-Te lo comenté antes, ¿no?- dijo separándose un poco de Ralf- Hubo
un administrador de La Forja  antes que Caos llamado Master. Según la
información que he recabado hasta ahora, el también fue el creador y
diseñador de esta. La chica de allí- dijo volviendo al tema que les
concierne- era la ayudante de Master que desapareció tras los sucesos
de Walpurgis-

 -¿Y qué tiene ver eso con que ella esté encerrada?-

-¿No lo comprendes todavía?- suspiró llevándose la mano a la
cabeza- Creías que eras un poco más inteligente. Estamos en el
corazón de La Forja- sus palabras se volvieron más pesadas a medida
que las recitaba- y Magica- prosiguió- digamos que es su fuente de
alimentación principal.-

-Es lo más atroz que he escuchado en mi vida- dio unos pasos atrás-
usar a alguien así para tal propósito. Es inhumano.-

-¿Tú crees? No es diferente de lo que hacemos nosotros- comentó
Ryu- Usamos a las personas nuestro antojo de mientras que, para
asegurarnos que no nos usen a nosotros, nos ocultamos bajo máscaras
ocultando quienes somos realmente. Puede que no le veas relación a
todo esto pero en verdad todo se reduce a una mera cuestión de
supervivencia. Los fuertes sobreviven y adquieren mayor poder. En
cambio, los débiles están destinados a perecer aunque tienen una
salida; aceptar su condición y vivir por y para siempre bajo el yugo
de los fuertes-

-Es una manera muy triste de ver el mundo la que tu describes-
respondió disgustado por las palabras de Ryu.

-No es triste si no realista- añadió.

Ralf iba a contestar pero un temblor interrumpió su conversación. El
suelo retumbaba de una manera que parecía estar produciéndose un
terremoto. Tan repente como vino, cesó. Tras eso, una de las paredes
por los aires voló. 

Una figura surgió entre sus escombros. Llevaba su cara cubierta con
una mascara. Un manto largo y negro con resquicios lo rodeaba
completamente. La llevaba arrastrando por el suelo. Sus brazos, única
parte de su cuerpo visible, eran prácticamente dos moles de masa
muscular cubiertas de un fina pero dura piel escamosa. En sus
muñecas, podían apreciarse destellos de acero. Había consumido los
grilletes que lo mantenían preso y ahora formaban parte de él.
Punzantes protuberancias sobresalen de su hombro y el resto de su
espalda. Se balanceaban de un lado al otro siguiendo el ritmo de sus
movimientos. Parecían tener vida propia.


-El sujeto Zero ha escapado- masculló Ryu para sí.

Ralf no pensó en nada. Instintivamente, desenvaino su espada. Aquel
monstruo los estaba mirando fijamente o al menos eso sentía porque
apenas podía ver sus ojos siquiera. Zero no les prestó ninguna
atención. Comenzó a andar lentamente hacia Magica. Cuando llegó
hacia ella, puso su mano deforme sobre el cristal que guardaba su
rostro. Entonces comenzó a murmurar algo. Era prácticamente
ininteligible o al menos eso pensó Ryu. Para Ralf, aquel extraña
habla entre Zero y Magica tenía algún tipo de sentido aunque no
sabía recordar cual.

-Deberemos trabajar juntos en equipo para vencerlo.- comentó mirando
hacia un lado. Para su sorpresa, Ryu no estaba allí.Parecía haber
huido.No tenía elección. Debería hacerle frente solo.


De improviso, Zero dejo de mirar a Magica y soltó un gran alarido que
fue el causante del anterior temblor. Ralf se vio sacudido y tumbado
en el suelo en un instante. En el tiempo que le tomó para reponerse,
su rival ya había tomado una postura ofensiva.

Antes de atacar, una idea cruzó su mente. -Moriréis todos- esa
fueron las palabras de Darky sobre su sueño su premonitorio. Sonrió.
Él no creía en esas cosas, ¿por qué se puso a pensar en ellas
ahora? Siguió hablando consigo mismo sin darse cuenta que  había
sido atravesado por Zero.
puntos 11 | votos: 11
No hay mayor magia - que la de crear algo a partir de nada.

puntos 13 | votos: 13
La muerte es un don que la gente - normal detesta pues desconocen lo que es realmente.

                                                           -Master-
                                                            No Tale: Capítulo XXII; Pandemonium
puntos 14 | votos: 14
La infancia es una etapa precoz. - Es por ello que nos parece más feliz que las posteriores.
puntos 7 | votos: 7
Regreso al futuro. - Nivel: Nintendo Game Boy.
puntos 15 | votos: 15
Es mucho más difícil evitar la verdad - fingiendo ser otro que siendo sincero consigo mismo.
puntos 18 | votos: 18
Cuando intentamos caminar recto, - el suelo que pisamos se llena de clavos.

puntos 17 | votos: 17
Las lágrimas pueden albergar - más que un mero sentimiento de tristeza.
puntos 9 | votos: 9
Luchar no se trata de un medio - cuando te enfrentas a la vida misma.
puntos 13 | votos: 13
Nos han tumbado tanta veces - que tan solo permanecemos semierguidos.
puntos 17 | votos: 17
Capítulo LXII: Máscara quebradiza - Joserene abatió rapidamente a todos sus contrincantes, evitando en la
medida de lo posible crearles heridas mortales. Fue un proceso costoso
ya que mucho de ellos eran expertos curtidos en el combate. Los tuvo
que efrentar de uno en uno para minimizar los daños que podría
sufrir. Tan solo quedaba un adversario. Tenía una silueta fragil,
como si pudiese quebrar en cualquier momento. Había estado
arrinconando en una parte del ring, defendiendose de todo los ataques
que le alcanzaban. Habia sido el ultimo en quedar en pie puesto que
nadie lo consideró como una auténtica amenaza. Joserene emitió un
suspiro. El final iba a ser más facil de lo que esperaba.

Se acercó a la figura en cuestión. Lo apuntaba debilmente con su
arma. Podía divisar que en su otra mano llevaba un especie de escudo
agregado a su guantelete. Cruzaron al final miradas. Joserene se
sintió al mismo tiempo decepcionado y al mismo tiempo asombrado.
¿Cómo se le podría haber olvidado que en el torneo también
participaba Pandora?

Envainó su espada con su mirada centrada en el suelo-Me rindo- alzó
sus manos en señal de rendición-

Todo el mundo quedó perplejo. Tras un arduo combate, ¿quién iria a
pensar que abandonaría?. Doni comentó justamente eso, y no de una
forma muy amable que digamos. Para el, cuya función era narrar los
hechos que sucedían en el ring, aquel fin para el combate de
clasificatoria era una afrenta. Sus dientes chirriaban. No podía
hacer otra cosa ya que en ningún momentó se estipuló en las reglas
del torneo que uno no podía abandonar por decisión propia.

-¿Por qué?- preguntó la extrañada Pandora. No comprendía nada.

-Ni puedo- dijo saliendo del ring-ni quiero luchar contigo- se marchó
del coliseo.

						***
Ralf y Ryu se adentraron juntos en la habitación. Estaba conformada
con numerosos tubo que aparecían y desaparecían de las paredes y el
suelo. Cotenían un extraño líquido, que a la vista parecía
incoloro aunque contaba con algunos detalles de ocre, que burbujeaba
de en vez cuando
Era como un gran circuito. Entre ellos, destacaban  cuatro tubos en
vertical, muy pegados unos a otros, y que se conectaban a uno solo que
desaparecía por encima de sus cabezas.

-¿Qué diablos es esto?- preguntó Ralf pegando su cara a uno de los
contenedores-Parece haber algo dentro-

-Supongo que esto debe ser unas de las principales fuentes de
alimentación de La Forja- constestó sin pensar a la pregunta de
Ralf- 

-¿Quieres decir que estas cosas- miro fijamente el interior de la
tuberia- partes de armadura son las que dan vida a todas las
máquinas?-

-Sí aunque su capacidad ahora es mucho mayor. El anterior
administrador, Master, solo usaba una quinta parte de su potencial.
Sin embargo, Caos descubrió los pasadizos secretos de La Forja y
comenzó a modificarla a su antojo, añadiendo por ejemplo, este
motor. Para ello, uso fragmentos de armaduras malditas. ¿Has
escuchado hablar de ellas, verdad? Armaduras de antiguos héroes con
algún tipo de poder que parecer escapar de la lógica de este mundo.-

-He escuchado historias sobre ellas pero nunca les di mucha
importancia. Aun no me queda claro una cosa ¿a qué que te refieres
con este motor? ¿Acaso hay más de uno?- Ralf no comprendió bien del
todo esa ultima parte.-Yo pensaba que estábamos en el nucleó de La
Forja- era el sitio a donde ambos querian llegar.-
El núcleo no estaría tan descubierto- se burló ante la ingenuidad
de su acompañante- y tampoco encontraríamos tan escasa protección-
volvió a mostrar su mirada seria- 

Ralf desconfiaba de Ryu. Se comportaba de una manera errática.
Manifestaba una gran serenidad cuando conversaba con él pero
inmediatamente volvía a una postura defensiva nada más acabar de
hablar. Por otra parte, estaba el hecho de que antes lo intentase
asesinar aunque realmente no pensaba que ese fuera su motivo. Lo más
probable es que Mouser lo estuviera siguiendo lo que había dentro de
La Forja o que realmente sospechaba de él o de Caos. En cualquiera de
las formas, Ryu había sido descubierto así que para seguir con su
misión no tenía otra forma que colaborar con él.

Esbozó una sonrisa que pareció inquietarle.

-Bien, ahora que vamos a trabajar juntos, nos deberíamos llevar bien,
¿qué te parece?- le ofreció su mano en señal de tregua-

Ryu se lo pensó mucho antes de aceptar estrechar su mano. Es verdad
que había sido descubierto pero eso no quería decir que tuviese
ninguna de escapar aunque por otra parte sería conveniente seguirle
para saber hasta donde descubría. Nada de aquello entraba en sus
calculos así que decidió improvisar. 

-Está bien- estrecharon sus manos- pero que sepas que esto no
significa nada para mí- un cierto temor asomaba por sus ojos. La
ultima vez que dejó de preocuparse por su misión, alguien acabó
pagando las consecuencias.

-¿Por qué siempre debes actuar tan rudo? Tranquilizate, no hay nadie
que te vigile ahora- respondió con la intención de tranquilizarle- Y
bien, ¿a dónde nos dirigimos ahora?- buscó el consejo de Ryu.

-Creo haber divisado unas escaleras más adelante- afirmo de forma
tajante.

-Bien, pues vamos a ello. Aún nos queda un largo camino por delante-
aceleró el ritmo de su pasos hacia la escaleras que conducían hacia
abajo-

Ryu lo siguió de una forma más tranquila, mientras veía como Ralf
avanzaba sin vacilación. Metió sus manos en los bolsillos. Estaba,
en cierta medida, contento de tener alguien que lo acompañara, pero
por otra parte le disgustaba. Quizás no hubiera acompañante adecuado
para él. Resignado, tomó las escaleras.

-Ni que fueras un crío- musitó sonriendo levemente.
puntos 10 | votos: 12
En esta casa yo soy el amo. -

puntos 18 | votos: 18
Podrás arrojarte de mucho valor - pero eso nunca te asegurará nada.
puntos 11 | votos: 11
Cada uno tiene su propio objetivo, - solo que algunos poseen mayor capacidad de enfoque.
puntos 22 | votos: 22
El dolor me pretrifica, - haciendo creer a todos que mi corazón es piedra,
cuando la realidad es otra.
puntos 25 | votos: 25
Algunos desean ver el futuro - cuando ni siquiera saben lo que tienen enfrente
puntos 16 | votos: 16
A esta me la llevo al nido. -

puntos 19 | votos: 21
El destino es un crimen - que recae sobre todos los inocentes 
pero, como toda culpa, puede redimirse.
puntos 11 | votos: 11
La fortuna sonríe a los tontos - que creen tenerla para sí solos.
puntos 8 | votos: 8
Las pequeñas cosas - pueden abrir puertas hacia grandes mundos.
puntos 6 | votos: 8
Capítulo LXI: Hacedor de paz - -¿Te tranquilizas ya?- preguntó aplicando mas fuerza sobre sus manos
las cuales tenia aprisionadas sobre su espalda- No me gustaria tener
que romperter un brazo sin antes tener la posibilidad de entablar una
conversación civilizada contigo. ¿Qué me dices, Ryu?- concluyó
Ralf quitandole su máscara.

***

Joserene estaba allí. 

Estaba rodeado por tantas personas que apenas podía apreciarsele
desde fuera. Le molestaba. Nadie se daba cuenta de que estaba ahí.
Cogió su espada con fuerza para calmarse. Pese a que su
participación en el torneo era una farsa no podía tolerar de que lo
dejasen a un lado como si no existiera. No sabía si aquel vacío
estaba relacionado con su pequeña altura, pero él de todas formas
achacaba todos a sus males a  aquellas característica física que lo
difínia.

Ya tenía bastante con haber vivido en la zona oriental del continente
siendo de origen occidental para que ahora le ocurriera. Sus padres
habían sido mercaderes así que viajaban por todo el mundo. Una vez
que amasaron una gran fortuna, decidieron instalarse en las cálidas
tierras de oriente. Joserene no tenía muchos recuerdos de cómo era
su vida en la zona occidental pero sin lugar a dudas no pudo ser peor
que su infancia en la zona oriental. Aunque no poseía rasgos
nórdicos notorios, era discriminados por los otros niños, que les
lanzaban piedras o les tiraba al fango en cuanto lo veían. Su familia
no hacia nada por él. Sus padres le intentaron inculcar a él, y a
sus respectivos seis hermanos, que si deseaban algo lo debían obtener
con su propio esfuerzo, sin necesidad de pedir ayuda a los demás. Ese
era el lema familiar y lo llevaban a tal extremo que incluso cuando
Joserene llegaba a su casa lleno de barro y con magulladuras era
castigado por haber manchado su kimono.

La presion familiar era incluso peor que la que tenía que aguantar de
los infantes de su  misma edad. Sus padres estaban cegados en que uno
de sus hijos debía seguir con el trabajo familiar así que celebraban
diversas competiciones para decidir cual era el más apto. Pruebas de
inteligencia o fuerza, parecía no tener ninguna habilidad innata en
ambas. Pese a que era el mayor de todos sus hermanos, se encontraba en
la posición mas desfavorecida. Sin darse cuenta, fue apartado del
núcleo familiar.

Se marchó de casa. Nadie echó en falta su presencia. Ni tan siquiera
hubo lagrimas de parte de su madre o su padre de los cuales ya no
recordaba practimanente nada. Tomó los pocos ahorros que tenía y
comenzó a vagar por la tierra buscando el lugar a donde pertenecía.
Nunca lo halló.

Tras quedarse sin dinero, se asento debajo de un puente. Así comenzó
una de las etapas mas negras de su vida. Paraba a todo mercader que
quisiese pasar por ahí. A cambio de de dejarles seguir su camino, les
pídia un alto tributo o de lo contrario lanzaría sus mercancías a
la turbulenta corriente. Era tambien una forma de vengarse de su
familia que aún no había podido olvidar.

Sabía que no era lo correcto pero era la única forma que tenia de
subsistir. Amenazaba a los traunseuntes con una vieja katana que
estaba bastante roma. La había rapiñado de la tumba de un soldado
que había muerto en combate. La cuidada con delicadeza pese a lo
detereriorada que estaba. Pasó largas noches limpiando su filo que
incluso, pese haber perdido todo valor, brillaba bajo la luz de la
luna. Fue la única compañia durante las largas y frias noches de
invierno. Dormía abrazado a ella, como si tuviera miedo de perderla.

Pasado un tiempo, llegó al punto que se ganó cierta fama en la
comarca. El numero de carrozas que pasaban disminuyó y en cambio el
número de bandidos aumentó. Una vez vinieron a visitarle unos
cuantos hombres. Se acercó a él lo que parecía ser su jefe. Era un
hombre bastante pordiosero. Con su torso al descbierto, no podía
distinguirse que era mugre y qué manchas de sangre. 



-Hey, chico- sonó de forma aludadora- tienes un bonito puente para ti
solo.- puso su asquerosa mano sobre su hombro- ¿Qué tal si lo
compartes con nosotros?- amenazó enseñando sus pútidros dientes.-Si
declinas nuestra oferta- continuó- no podemos asegurar que amanezcas
vivo-

Joserene no le presto mucha atención. Antes de que comenzara a soltar
tanta palabrería por su boca, había comenzado a contar cuanto era su
número. Eran aproximadamente unos quince. El puente era bastante
pequeño. Si se situaba en el centro, solo podrían venir en tandas de
tres en tres. Se dispuso a hacerlo.

Golpeó con la empuñadura de su arma al lider de los bandidos al que
había pillado de improvisto.. Tras eso, sacó su espada y corto su
brazó. Como  estaba oxidada, no pudo cortarlo de un golpe. En cambio,
el acero oxidado se tuvo que abrir paso  de manera muy forzosa entre
sus huesos y músculos, haciendo que el dolor fuese aún más
significativo. Le dio varias tajadas, todas en el mismo sitio, hasta
que al final pudo desmembrarlo. La sangre baño su rostro.El resto de
bandidos comenzaron a perseguirle enfurecidos hacia medio del puente,
tal y como había previsto


Llegaron los primeros tres. Dos se lanzaron hacia los lados mientras
que uno, el cebo, atacaba desde el frente. Joserene esquivo a ambos y
se dispuso a ir contra quien hacia de cebo. Sacó una pequeña daga
que llevaba escondida y cortó los tendones de sus pies. Su estatura,
de la cual se quejaba constantemente, le habia servido para
escabullirse de aquella situación. Tras eso, remató al bandido
tendido en el suelo atravesando su garganta. Posteriormente, lanzó su
daga a uno de sus compañeras asesinandolo en el acto. El otro sufrió
un corte, esta vez limpio, en el cuello. 

Echó a un lado sus cuerpos sin vida de una patada y espero a la
siguiente tanda. Esta vez fue solo un hombre, portando una gigantesca
naginata. Se defendía como podía ya que tenía una gran capacidad de
alcance. Solo podía retroceder y retroceder hasta que encontrase una
abertura. Cada golpe que recibia con su espada creaba una nueva mella
en ella.

-¡Muere, bastardo!- exclamó el bandido atravesando su pecho.

Joserene tomo la naginata y la empujó hacia él, provocando que lo
atravesara por completo. El bandido cayó al suelo. Lo había atraido
usando su arma para asestarle un golpe mortal en el pecho.
Tenía la lanza aún clavada en el pecho cuando la situación
empeoró. Un grupo de bandidos habia ido al otro extremo del puente.
Lo estaban rodeando.

Miró su katana. Su filo, roto, se había quedado en las entrañas del
último hombre que mató. Sacó con pesar la naginata de su cuerpo.
Pesaba bastante pese a que su anterior dueño la blandía con suma
facilidad. Un grupo de hombres se acercaba por cada lado. Debía
prepararse para repelerlos.

Joserene calmó sus pensamientos. El combate de torneo daría lugar en
cualquier momento

-No puedo morir aún- repetió la misma frase que dijo en aquel
momento.

Fue en aquel puente donde conoció a su mentor y lo que posteriormente
lo llevaría a unirse a los Escorpiones Rojos. De no haber sido por
él, hoy en día no sería nada; podría haberse convertido en otro
cadaver que fermentaba la tierra o en uno de aquellos bandidos
sedientos de sangre que mataban por placer.


Sacó su espada, convencido de que lo único 
que podía hacer en esos momentos era seguir luchando.
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Ojalá las palabras no fuera lo único - que se llevase el viento.

puntos 10 | votos: 10
Cuando las palabras no bastan, - el silencio se vuelve el único lenguaje interpretable.
puntos 13 | votos: 13
Endulzar la vida puede ser fácil - si se cuenta con los ingredientes necesarios.
puntos 11 | votos: 11
No nos gustan los enamorados - pero sí las historias de amor.
puntos 13 | votos: 13
Capítulo LX: Más allá del honor - El torneo se reanudó tal y como estaba previsto. El primero en salir
a la palestra fue Godric que, acogido entre vítores del público, se
alzaba triunfante. La mayoría de sus adversarios, los más sabios y
los que apreciaban más sus vidas, decidieron rendirse en cuanto
supieron contra quien se enfrentaban. Otros, movidos por la avaricia e
incluso cegados por su propio ego, decidieron seguir adelante con tal
descabellado plan.

Sin apenas sentarse en sus asientos, el público vio como Godric los
venció en un abrir y cerrar de ojos. Ni el propio Doni pudo comentar
algo al respecto. Solo dijo una palabra: -Espléndido- a lo que
siguió un gesto de rotunda afirmación por parte del propio Mouser.
Lo ovacionaron, como se merecía alguien de su talla.

Desde el palco más alto, estaba observando Angel. Aburrida de que el
final llegase tan rápido, soltó un leve suspiro. Godric miró hacia
ella. ¿La seguía vigilando hasta en esos instantes o verdaderamente
se preocupaba por ella? Para Angel, conocer la respuesta de aquella
pregunta no cambiaría mucho. Él no iba a mezclar sus sentimientos
con la misión que se le había encomendado.

-Irónico- pensó ella, ya que siempre había sido una persona
impulsiva. 

Desde aquel incidente donde la mayoría de su escuadrón pereció, se
había vuelto mucho más sosegado pero aún le era imposible controlar
del todo sus nervios. Era como un volcán a punto de entrar en
erupción. Contenerse era el único medio que le quedaba si deseaba
quedarse en los Escorpiones Rojos. 

De lo contrario, ya hubiera asesinado a alguien.

Los pensamientos de Angel se mezclaron con retazos de su pasado.
Recordó el día en el que Godric regresó solo al campamento. Estaba
empapado de sudor y sangre. Al borde del colapso,  desfalleció en la
misma puerta principal. Según informes oficiales, su escuadrón fue
avistado por un un grupo enemigo que, tras agruparse con su fuerza
principal, dieron caza al grupo de Godric de forma mortífera y letal.
Allá donde se celebró tal combate tan solo quedó erigido grandes
postes de madera, que en su afiladas puntas tenían empalizadas las
cabezas de los soldados que allí perecieron.

Eso dijeron el alto mando pero aún así no se explicaba el porqué
Godric había sobrevivido. Comenzaron las tan populares habladurías
aunque en este caso no duraron mucho. Mouser se encargó de zanjar
todo aquel asunto muy rápidamente. Nunca llegó a hablar de ello con
Godric, pese a que estuviera de descanso en el campamento cuando los
sucesos ocurrieron. No tenía ningún tipo de interés en remover el
pasado. Ella sabía cuán doloroso eran ese tipo de preguntas.

El siguiente grupo ya subió al escenario.

-Nada destacable- bostezó tapando su boca de una forma muy natural-
Más importante que esto es saber donde se ha metido ese Ralf-miró
hacia las nubes que surcaban el cielo.


Mientras tanto, Ralf seguía con su investigación. Se había acercado
a La Forja que ahora mismo se encontraba prácticamente desocupada.
Pasaron los dos últimos ingenieros por la puerta. Esperando detrás
de unas rocas, marchó hacia dentro sin que ninguno de ellos se diese
cuenta. 

Estaba todo muy oscuro. Los motores que daban vida a la cueva también
estaban apagados. El leve sonido del aire que entraba por la entrada
se diluía entre tanta oscuridad, convirtiéndose en un leve zumbido
que se refugiaba en oído, hostigándolo con su inquietante melodía.
Ralf andaba a ciegas acompañado por aquella orquesta de silencio y
silbidos del aire, agarrándose como podía a todo aquello que
estuviese a su alcance.

-Diablos, que oscuro está todo esto- pensó en voz alta apoyando su
mano sobre la pared.

De repente, donde puso su mano, apareció una brillante luz. Tras eso,
algunas máquinas comenzaron a moverse sin previo aviso. Una puerta
apareció ante él. Estaba cerrada aunque entre su rendija podía
atisbarse la luz que lo había deslumbrado repentinamente. Intento
forcejear con la puerta, buscando algún tipo de picaporte e incluso
intentando abrirse paso con su propia fuerza, empujándola hacia
dentro o intentando abrirla con sus propias.

Entre unos de sus intentos vanos, apareció una consola con los mismos
destellos que la puerta. Contaba con un panel con la pantalla
totalmente en blanco. Más abajo, surgió con numerosas teclas,
incluso había algunas que no parecían proceder de su propio idioma.

-Supongo que habrá de meter algún tipo de código- la observó con
detenimiento- pero no sé si tengo la posibilidad de más de un
intento. Debo ser cuidadoso o de lo contrario la entrada podría
cerrarse de por vida. ¿Qué usaría Master cómo contraseña?-

Ralf se dio cuenta rápidamente de cual era la clave. Tecleo
cuidadosamente, con temor a equivocarse y la puerta se quedase
bloqueada, las siguientes letras: E, l, i,z,a. Las iba repitiendo en
su cabeza a medida que las tecleaba. Cuando pulsó la ultima, la
puerta se abrió triunfalmente, abriéndose hacia los lados. Una gran
cortina de humo surgió de allí dentro.

-Bien ahora sigamos- dijo dando un paso hacia adelante.

Tuvo que parar su avance. Desde la lejanía, se escuchaban los pasos.
Eran acelerados pero no causaban ni el más mínimo ruido. Estaba
siendo perseguido desde que habló con Darky.  Se puso de espaldas a
la puerta que tanto había costado abrirla. Debía antes acabar con su
perseguidor. Desenvainó su estoque. Era un filo tan fino y afilado
que fácilmente podría ser confundido con una aguja gigante. Sin
aparente capacidad defensiva, era el arma ideal para Ralf pues mataba
a sus enemigos antes de que estos pudiesen hacer el primer movimiento.
Esta vez, su adversario solo podía venir en una sola dirección.

-Ven a por mí- apretó fuertemente su empuñadura.
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Te odio mucho - porque amar duele demasiado.

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No hay problema sin solución - pero no tomamos el tiempo suficiente para hallarlas todas.
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Queriendo ser como los humanos, - enfrentamos a Dios...





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