En Desmotivaciones desde:
16.06.2011

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bueno 8759 | malo 97
GeekVeterano Nivel 3Orador elocuente

puntos 23 | votos: 23
Lo más triste de todo - es querer borrar los recuerdos
cuando en el fondo sabemos que es lo único que nos queda.
puntos 24 | votos: 30
Estoy tan mareada - que ya no diferencio cuándo me sujetan
de cuándo me empujan.
puntos 16 | votos: 18
Una tarde - que ya nunca olvidarás,
llega a tu casa y se sienta a la mesa.
Poco a poco tendrá un lugar en cada habitación,
en las paredes y los muebles estarán sus huellas,
abrirá tu cama y ahuecará la almohada.
Los libros de la biblioteca, precioso tejido de años,
se acomodarán a su gusto y semejanza,
cambiarán de lugar las fotos
Otros ojos mirarán tus costumbres,
tu ir y venir entre paredes y abrazos
y serán distintos los ruidos cotidianos y los olores.
Cualquier tarde que ya nunca olvidarás
el que desbarató tu casa y habitó tus cosas
saldrá por la puerta sin decir adiós.
Deberás comenzar a hacer de nuevo la casa,
reacomodar los muebles, limpiar las paredes,
cambiar las cerraduras, romper los retratos,
barrerlo todo y seguir viviendo.
puntos 19 | votos: 21
Cualquier lugar es mi casa - si eres tú quien abre la puerta.
puntos 16 | votos: 18
Es una lástima - que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis
y me dejas con mi vida
mi trabajo
mi gente
con mis puestas de sol
y mis amaneceres
me dejas junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro
me dejas frente al mar
descifrándome a solas
sin tu pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota
me dejas sin tus dudas
pobres y malheridas
pero tampoco creas todo
no creas nunca creas
este falso abandono
estarás donde menos lo espere
por ejemplo
en un árbol añoso
en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y en mi sombra
pero ojalá
ojalá
ojalá puedas pasar de mi sueño a mi cama
y estar esperando mis ojos
mirándote.

puntos 15 | votos: 17
Es una lástima - que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco.
puntos 11 | votos: 13
Es una lástima - que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro.
puntos 13 | votos: 13
Me pasaré la vida - queriendo decirte que te voy a echar de menos.
puntos 24 | votos: 28
Cómo duelen los vacíos - llenos de todo lo bueno que te dieron.
puntos 14 | votos: 14
Para eso sirve la poesía, - para hablar de la forma que tienen
las cosas que no tienen forma,
para eso y para tumbarme en la cama contigo
y leerte, y colocarte el pelo,
sabiendo que en la calle ya es invierno
pero en nuestras vidas no.

puntos 21 | votos: 21
Lo más importante - siempre lo dirán las manos.
puntos 31 | votos: 33
Todo vale la pena - cuando el alma no es pequeña.
puntos 18 | votos: 20
Adónde vas - cuando tu hogar no está en casa.
puntos 24 | votos: 24
Hay lugares más bonitos - dentro de ti.
puntos 19 | votos: 19
El mundo está lleno - de cosas maravillosas que me importan una mierda.
Que vería pasar de largo toda mi vida
sólo contigo.

puntos 16 | votos: 16
Teníamos - toda aquella belleza en el mundo y lo único que teníamos que hacer
era inclinarnos y tocarla,
estaba toda allí y era toda nuestra para tomarla.
puntos 19 | votos: 19
En este momento - hay siete mil cuatrocientos setenta millones, ochocientos dieciocho
mil, seiscientos setenta y un habitantes en el mundo. 
Algunos huyen asustados. 
Otros vuelven a casa. 
Algunos cuentan mentiras para poder sobrevivir. 
Otros se enfrentan a la verdad todos los días. 
Algunos son hombres malos en guerra contra el bien. 
Y algunos son buenos, y luchan contra el mal. 
Siete mil millones de personas en el mundo. 
Siete mil millones de almas. 
Y a veces sólo necesitas a una.
puntos 21 | votos: 21
A veces pienso qué haré - cuando toda mi vida sea domingo.
puntos 12 | votos: 12
Las cosas más bonitas - de la vida,
no son cosas.
puntos 18 | votos: 18
A veces olvido la guerra - escuchando su risa.

puntos 18 | votos: 18
Cada instante - es siempre.
puntos 13 | votos: 13
Quizá sólo se trate de encontrar - a quien te siga mirando cuando tú cierras los ojos.
puntos 17 | votos: 17
Después de estar contigo - la vida me parece un rato muy pequeño.
puntos 18 | votos: 18
El peor naufragio - es no partir.
puntos 73 | votos: 73
Unos mueren de amor - y hay quienes aman hasta morir.

puntos 15 | votos: 17
El tiempo no cura nada, - pero la saliva todo.
puntos 16 | votos: 16
Lo que realmente te hará feliz - no será estar rodeado de gente,
sino estar al lado de alguien que a la vez haga que estés contigo mismo.
puntos 11 | votos: 13
Nací el 6 de junio - del verano,
en la primavera de los dientes del invierno,
cuando el otoño guardaba su ropa.
Nací apartando la tristeza con la mano
pero no me llegaba con la fuerza
así que se quedó a mi lado hasta los 30.

Cuando eres pequeña la vida es un acontecimiento.
Cuando eres pequeña y no te quieres
el mundo se vuelve pared
y la vida un pedazo calcado del dolor.

Era una inválida emocional,
os juro que lo era.
La soledad me apuntaba con sus cañones
y no encontraba consuelo en nada
pero corría por si acaso hacia los brazos
de mi madre
y me caía.

Ahora he crecido
y la niña que fui aún sigue presente
en cada una de las arrugas de mi rostro,
asoma la cabeza cuando sonrío
y se asombra cada vez que una persona
realiza un acto bello.

Sé que esa niña sufrió,
que he curado muchas de sus heridas
y que no debería volver
porque esta mujer es más feliz
menos frágil.
Pero algunas tardes la echo de menos
y entonces me gustaría hablarle
y decirle que me perdone
por no haberla querido algunas veces
y no haberla podido rescatar de aquella época
de llantos secos
y calles opuestas.

Ahora aquella niña es esta mujer.

Cuando hables conmigo,
si puede ser, mírala con ternura
que ya no está pero por algún lugar
aún sigue triste
y le vendría bien toda la calidez
que a aquellos días les faltaba.
puntos 18 | votos: 18
El día pasará - y la vida seguirá,
ganarán los mismos
perderán los de siempre,
y quizá, si eres paciente,
si dejas de correr –y te perdonas–
la vida deje de ser ese autobús
que se escapa justo cuando llegabas a la parada.
puntos 34 | votos: 34
No tengo tiempo - para tener prisa.

puntos 29 | votos: 29
Para descansar en paz - hay que estar bajo tierra.
puntos 26 | votos: 26
Cientos de cuerpos - enterrados en el campo
y sólo del tuyo brotan lirios.
puntos 37 | votos: 37
Soy el mejor momento - de la vida de alguien que no me conocerá.
puntos 17 | votos: 17
Se rompió la cadena - que ataba el reloj a las horas.
puntos 22 | votos: 22
Las personas libres - jamás podrán concebir lo que los libros significan para quienes
vivimos encerrados. 
Anne Frank

puntos 19 | votos: 19
Compartir la vida es bonito. - Hasta que no te queda.
puntos 14 | votos: 16
Hay un chico rendido en el sofá. - Preguntándose dónde estará ella ahora.
 Si tendrá resaca, si la estará pasando sola. 
Si en algún momento, en el transcurso del día, se acordará de él. 

Hay una chica tambaleándose por el pasillo. Destino búsqueda urgente
de muchas aspirinas que mezclar con algo de droga y literatura. 
Pensando en dejar de pensar unas horas. Acariciándose moratones
violetas entre las piernas. Recordando las marcas de otro. 

Hay un chico y una chica follándose fuerte con la boca seca.
Desconocidos se lamen la piel donde debería haber otro. Y se corren
mientras sueñan con correr de vuelta a casa.

Hay una pareja a punto de hacer el amor. Lamiéndose los lóbulos de
las orejas, bajo una manta. Ignorando una película de sobremesa.
Acariciándose los pies. 
Retando al frío en su propio agosto atemporal. 

Hay un hombre mayor soñando con ser joven frente a la barrade un bar.
Rezando por morir antes de descubrir que ya no podrá serlo nunca.  Y
una señora cortando cebolla para tener una excusa para llorar, que no
sea el miedo a que él no vuelva nunca. 

Hay una madre fumando en la puerta de un hospital. Y un niño en bata
blanca esperando dentro. Sonriendo porque por fin le han puesto su
nombre a una pulsera. 

Hay dos amigas compartiendo helado, pijama y la ilusión de que algún
domingo todo cambie.  

Hay un empresario eligiendo traje para el lunes y método rápido de
suicidio para esta noche. 

Hay una camarera sirviéndose sus propias copas en una cocina.
Cobrándose las noches tras la barra de labios. 

Hay una rubia en carretera preguntándose quién le ha robado el mes
de abril a ella. Y una morena borrando por séptima vez un
 Te echo tanto de menos... de la pantalla de su móvil. 

Y un montón de motivos para ser felices, jugando al escondite. 

Hay un bloque de hielo en el que alguien escribió Soledad a
cuchillo. Y un montón de musas, deseando derretirlo a besos. 

Hay una niña pidiéndome perdón. Jurándome que no existe. 

Hay un cielo prometiéndome una lluvia. Un tonto señalándolo con el
dedo. Una idiota apuntándole con una pistola. 

Hay tanto
Ahí fuera
Que si no es mucho pedir
Quédate dentro 
Y habrá alguien debajo de un nórdico
volviendo a la vida
para escribirte esto.
puntos 12 | votos: 14
En algún momento - noté la hierba fría,
y deseé que Roma ardiese. 
Y que todos los caminos
llevasen a casa.
puntos 13 | votos: 13
Insomnio. - No es recuerdo, ni nostalgia, ni pasado, ni tristeza, ni soledad, ni
angustia, ni miedo, ni amor, ni rencor, ni vacío, ni impulso, ni
pena, ni impotencia, ni fiebre, ni náusea, ni desprecio, ni
arrepentimiento, ni conciencia, ni culpa, ni aburrimiento, ni techo,
ni fotos viejas, ni canciones ardiendo, ni poesía de otros, ni celos,
ni envidia, ni duda, ni sospecha, ni inseguridad, ni dependencia, ni
desacuerdo, ni enfado, ni ira, ni final, ni insomnio.


Es de noche.

Y no
queremos 
dormir.
puntos 15 | votos: 17
Ridículo - como pretender que el crimen se pague
o que las brujas sufran
o que las hadas se conviertan en ratas

ridículo como esperar una llamada desde las dos de la mañana
y que den las ocho
y den las nueve
y recibas un mensaje cuando por fin volviste a dormir

ridículo como seguir esperando la llamada
de felicitaciones
de disculpa
de saludo
de alguien
de nadie

ridículo como redimir
a golpes
a gritos
a rasguños
a llanto
como no redimir jamás

ridículo como tomar dos pastillas para dormir
tres pastillas para despertar
una más para sobrevivir
 las horas
 los minutos
  los segundos

ridículo como medir el tiempo en libros
una página de Marina
un cuento de Borges
una elegía de Miguel Hernández
un capítulo de Ejda
una dedicatoria de CRZ
 como medir segundos en poemas de muerte
o de perdón
 o de desamor
o de cualquier verso que no vale los segundos

ridículo como visitar una tumba
tu tumba
mi tumba
nuestra tumba

ridículo como llorarte
y gritarte
y pretender que la piedra blanca me escuche
y pretender que la piedra blanca me entienda
y pretender que la piedra blanca me responda
y pretender que tus huesos no sean tan blancos como la piedra blanca

huesos blancos con carne podrida sobre ellos
huesos blancos con ropas rasgadas sobre la carne podrida
huesos blancos con ropas rasgadas sobre la carne podrida sepultados en
tierra seca
con pasto seco
con basura seca
con flores secas
con recuerdos secos

tus vecinos
mis muertos
tus muertos
los muertos exiliados de aquellos que ya no los visitan

1920 1945 1983 1990 2000 2003 2010 2014

ridículo como el veintidós de agosto
ese veintidós de agosto
todos los días veintidós
ridículo como todos los días, cada uno de ellos, todos los días en
los que no estás, todos los días en los que pretendo estar, todos
los días en que no estamos, en que no nos recuerdan, en que no te
recuerdo, en que sólo eres piedra blanca ocultando un montón de
huesos cubiertos de carne podrida y ropas rasgadas, sobre tierra seca
y pasto seco

con un corazón seco

ridículo como pretender que esto me lleva a algún lado
 sarcástico como decir que es original

ridículo como que no me diese vuelta aquel día
ridículo como no haberte dicho que te quería cuando aún me
escuchabas

ridículo como la llamada que no llegó
      como la bruja que no pagó
ridículo como mis culpas
tu culpa
su culpa
mi maldita culpa.

puntos 15 | votos: 17
Te quiero. - Porque recuerdo que cruzaste vestida de flores
un campo de minas
con la sonrisa del que no tiene miedo a morir
sino a no sentirse vivo. 

Cómo no iba a mirarte,
si todo volaba por los aires.

Y tú aterrizabas en mil piezas
dispuesta a encajar 
de una vez por todas
y todos
que no hay peor miedo
que el que todavía no se tiene.
puntos 15 | votos: 15
Tal vez amar - es aprender a caminar por este mundo.
puntos 6 | votos: 8
Complícame el suicidio. - El infierno
es cualquier paraíso lleno de idiotas
que tú no quieras mandar a la mierda conmigo.
puntos 16 | votos: 18
Una vez - en una hoja amarilla de papel con rayas verdes
Escribió un poema
Y lo llamó «Chops»
Porque así se llamaba su perro
Y de eso trataba todo
Y su profesor le puso un sobresaliente
Y una estrella dorada
Y su madre lo colgó en la puerta de la cocina
Y se lo leyó a sus tías
Ese fue el año en el que el Padre Bernardo
Llevó a todos los niños al zoo
Y les dejó cantar en el autobús
Y su hermana nació
Con las uñas diminutas y sin pelo
Y su madre y su padre se besaban mucho
Y la niña de la esquina le envió una
Tarjeta de San Valentín firmada con una fila de X
Y él tuvo que preguntarle a su padre qué significaban las X
Y su padre siempre lo arropaba en la cama por la noche
Y siempre estaba ahí para hacerlo

Una vez en una hoja blanca con rayas azules
Escribió un poema
Y lo llamó «Otoño»
Porque así se llamaba la estación
Y de eso trataba todo
Y su profesor le puso un sobresaliente
Y le pidió que escribiera con más claridad
Y su madre nunca lo colgó en la puerta de la cocina
Porque estaba recién pintada
Y los niños le dijeron
Que el Padre Bernardo fumaba puros
Y dejaba colillas en los bancos de la iglesia
Y a veces las quemaduras hacían agujeros
Ese fue el año que a su hermana le pusieron gafas
Con cristales gruesos y montura negra
Y la niña de la vuelta de la esquina se rio
Cuando él le pidió que fuera a ver a Papá Noel
Y los niños le dijeron por qué sus padres se besaban mucho
Y su padre nunca lo arropaba en la cama por la noche
Y su padre se enfadó
Cuando se lo pidió llorando

Una vez en un papel arrancado de su cuaderno
Escribió un poema
Y lo llamó «Inocencia: una duda»
Porque esa duda tenía sobre su chica
Y de eso trataba todo
Y su profesor le puso un sobresaliente
Y lo miró fijamente de una forma extraña
Y su madre nunca lo colgó en la puerta de la cocina
Porque él nunca se lo enseñó
Ese fue el año en el que murió el Padre Bernardo
Y olvidó cómo
Era el final del credo
Y sorprendió a su hermana
Enrollándose con uno en el porche trasero
Y su madre y su padre nunca se besaban
Ni siquiera se hablaban
Y la chica de la vuelta de la esquina
Llevaba demasiado maquillaje
Que le hacía toser cuando la besaba
Pero la besaba de todas formas
Porque tenía que hacerlo
Y a las tres de la madrigada se metió él mismo en la cama
Mientras su padre roncaba profundamente

Por eso en el dorso de una bolsa de papel marrón
Intentó escribir otro poema
Y lo llamó «Absolutamente nada»
Porque de eso trataba todo en realidad
Y se dio a sí mismo un sobresaliente
Y un corte en cada una de sus malditas muñecas
Y lo colgó en la puerta del baño
Porque esta vez no creyó
Que pudiera llegar a la cocina.
puntos 12 | votos: 12
Cada cuatro años - nace una poeta suicida.

Cada cuatro años la muerte
abre la llave del gas de una cocina,
se fuma un cigarrillo en el sofá y espera.

Otras veces enciende el motor de un automóvil
dentro del garaje
y canta Chair in the Sky,
un poco de jazz no despertará
a las muñecas recién maquilladas, piensa.

Cada cuatro años la muerte toma
anfetaminas para adelgazar,
pero se le pasa un poco la mano
y ya no despierta.

No se pone triste, ni alegre, ni neurótica, no.
pero cada cuatro años
la muerte amanece lúgubre
y observa la tarde roja
desde una ventana.
Alguien trata de invocarme, dice,
y cierra amargamente los ojos.

A mí me da pesar, no sé,
es como si ella quisiera decirnos
o contarnos algo desde su delgado rostro blanco,
como si estuviera cansada de estrangular mujeres.
Yo la conozco muy poco,
pero me consta aborrece
su funéreo oficio.
Últimamente la han visto respirar
cierto aire suicida.

Cada cuatro años a la muerte
se le irritan los ojos,
sabemos que ha llorado, lo sabemos,
pero callamos,
sabemos también que busca algún vientre
y como ella no tiene el privilegio
de la carne materna
aferra entonces sus fríos y delgados dedos
en el primer ombligo que encuentra.

Por eso cada cuatro años algunas niñas
ya vienen muertas.

puntos 12 | votos: 18
Nunca tuve la suerte - de ser una persona que tras una ruptura, disputa o cualquier otro tipo
de situación me quedara con alguna palabra sin decir. Yo siempre me
quedaba con un millón de cosas que no había sido capaz de expresar.
Unas veces por miedo al ridículo, otras por miedo a hacer ruido,
otras por miedo a hacer daño y casi siempre por miedo a que no me
quisieran.
puntos 47 | votos: 49
Escribo sólo para mí, - para matar la soledad y para creer por un instante que te tengo cerca.
puntos 10 | votos: 12
Querida Irene: - Las luces de septiembre me enseñaron a recordar tus pasos
desvaneciéndose en la marea. Sabía ya entonces que la huella del
invierno no tardaría en borrar el espejismo del último verano que
pasamos juntos en Bahía Azul. Te sorprendería comprobar lo poco que
ha cambiado todo desde entonces. La torre del faro sigue alzándose
como un centinela entre las brumas, y la carretera que bordea la Playa
del Inglés es apenas ya un pálido sendero que serpentea entre la
arena hacia ninguna parte.

Las ruinas de Cravenmoore se insinúan sobre la arboleda del bosque,
silenciosas y envueltas en un manto de oscuridad. En las cada día
menos frecuentes ocasiones en que me aventuro bahía adentro en el
velero, todavía puedo ver los cristales agrietados en los ventanales
del ala oeste, brillando como señales fantasmagóricas entre la
niebla. A veces, embrujado por la memoria de aquellos días en que
surcábamos la bahía de vuelta al puerto al caer la tarde, me parece
volver a ver las luces parpadeando en la oscuridad. Pero sé que ya no
hay nadie allí. Nadie.

Te preguntarás qué ha sido de la Casa del Cabo. Pues bien, sigue
allí, aislada, enfrentándose al océano infinito desde el vértice
del cabo. El pasado invierno un temporal desguazó lo que quedaba del
pequeño embarcadero de la playa. Un acaudalado joyero venido de
alguna ciudad sin nombre se vio tentado a adquirirla por una suma
irrisoria, pero los vientos de poniente y el embate de las olas en los
acantilados se encargaron de disuadirlo. El salitre ha hecho su mella
en la madera blanca. La senda secreta que conducía hasta la laguna es
ahora una jungla impenetrable, repleta de arbustos salvajes y ramas
caídas.

De tarde en tarde, cuando el trabajo en el muelle me lo permite, cojo
la bicicleta y me acerco hasta el cabo para contemplar el crepúsculo
desde el porche suspendido en los acantilados: solos yo y una bandada
de gaviotas, que parecen haberse adjudicado el papel de nuevos
inquilinos sin pasar por el despacho de notario alguno. Desde allí
todavía puede verse cómo la luna dibuja una guirnalda de plata hacia
la Cueva de los Murciélagos al alzarse sobre el horizonte. 

Recuerdo que una vez te hablé de esta cueva y yo te conté la
fabulosa historia de un siniestro pirata corso cuyo buque fue
engullido por la gruta una noche de 1746. Mentí. Nunca hubo ningún
contrabandista ni bucanero pendenciero que se aventurara en las
tinieblas de aquella gruta. En mi defensa puedo decir que ésa fue la
única mentira que oíste de mis labios. Aunque probablemente lo
supiste desde el principio.

Esta mañana, mientras enhebraba un manojo de redes prendidas en el
arrecife, ha sucedido otra vez. Por un segundo creí verte en el
porche de la Casa del Cabo, mirando hacia el horizonte en silencio,
como te gustaba hacerlo. Cuando las gaviotas han alzado el vuelo, he
comprobado que no había nadie allí. Más allá, cabalgando sobre las
brumas, se alzaba el monte Saint Michel, como una isla fugitiva varada
en la marea.

A veces pienso que todos se han ido a algún lugar lejos de Bahía
Azul y que yo me he quedado atrapado en el tiempo, esperando en vano
que la marea púrpura de septiembre me devuelva algo más que
recuerdos. No me hagas mucho caso. El mar tiene estas cosas; todo lo
devuelve después de un tiempo, especialmente los recuerdos.

Creo que, si cuento ésta, ya son cien las cartas que te he enviado a
la última dirección tuya que pude conseguir en París. A veces me
pregunto si has recibido alguna de ellas, si todavía te acuerdas de
mí y de aquel amanecer en la Playa del Inglés. Tal vez así sea, tal
vez la vida te ha llevado lejos de aquí, lejos de todos los recuerdos
de la guerra.

La vida era mucho más sencilla entonces, ¿recuerdas? ¿Qué digo?
Seguro que no. Empiezo a pensar que sólo soy yo, pobre tonto, el que
todavía vive del recuerdo de todos y cada uno de aquellos días de
1937,
cuando aún estabas aquí, a mi lado...
puntos 9 | votos: 9
Es insoportable la sensación - de ajenidad, como una sucia y permanente sospecha de vivir atrapada
en el cuerpo de otro, la casa de otro, la vida de otro, cualquier ser
extraño nacido de un mal sueño y aterradoramente capaz de medrar en
mi propio cuerpo, en mi propia casa, en mi propia vida, relegándome
insensiblemente, sin brusquedades, a una especie de estado de no
existencia que apenas me consentía contemplarme a lo lejos.
puntos 12 | votos: 12
Empieza a vivir, - y empieza a morir de punta a punta.
Empieza a sentir,
y siente la vida como una guerra.

Cada día nuevo es
menos criatura
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.





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