Pandora_ #1749
 En Desmotivaciones desde:
12.07.2011

 Última sesión:

 Votos recibidos:
bueno 2437 | malo 43

     

Veterano Nivel 1Geek

puntos 4 | votos: 4
Y en su rincón oscuro, - sentado vigila.

El tiempo anda a grandes zancadas por la habitación, mirando al
suelo;
no puede levantar la cabeza, no puede parar su ir y venir.

El hombre del rincón es incapaz de ignorar los golpes que las horas
arremeten contra él.
Se siente cansado, el dolor no le deja pensar.

Sin llamar a la puerta los días pasan, se sientan a su alrededor; y
con dedo acusante le señalan sin parar de reír.

La soledad ha entrado por la ventana.
Pesada como una losa, se le echa encima.

El hombre no puede estar más tiempo sentado, necesita tumbarse.
Se ahoga.

Ahora todos están de pie, mirándole fijamente, sin decir nada.

El hombre tiene los ojos entreabiertos, quiere cerrarlos, pero no
puede.
Necesita ver lo que está pasando, necesita saber que va a pasar.

Poco a poco todos los que habían llegando caminan hacia atrás,
despacio, fundiéndose con las paredes.

La oscuridad del rincón se apodera de la habitación.

Ya solo queda el hombre.
Ya ha cerrado los ojos.
puntos 3 | votos: 3
Me avergüenzo - cada día de la semana
de toda la raza humana,
de toda la población.
puntos 2 | votos: 2
Y las historias del pasado - siempre volverán.
Rodeando nuestra mente con suaves caricias,
Esa clase de caricias que te hacen sonreír.
Recodaremos los tiempos en los que soñar estaba permitido,
En los que cometer un error no marcaba el destino.
Y volverán  las risas de antaño, esas que te dejaban sin aliento.
Y los juegos sin sentido, que para ti tenían razón de ser.
Volverá ese tiempo en el que nuestros ojos inocentes no veían mal.
Y en el que nuestras lágrimas se curaban con un beso en la mejilla.
Las heridas solo eran producidas por el asfalto.
Y nuestra única preocupación era que no nos pillaran haciendo trastadas.
Vivíamos sin saber que a la vuelta de la esquina nos esperaba la realidad.
La vil y dura realidad.
Que hoy nos hace añorar todos esos momentos,
Que se fueron y no volverán.
puntos 7 | votos: 7
Nos acostumbramos - tanto a nuestros propios horrores
que olvidamos el efecto que pueden tener en otras personas
puntos 1 | votos: 1
Y nuestro astro rey - rompió el hechizo de Morfeo.
Inundando el cielo con su luz,
Llamando a la vida.
Y dulces trinos acompañaron al viento,
Mientras que los árboles bailaban con él.
Y un dulce aroma,
Que nos traía recuerdos de la niñez.
Y nuestras almas se estiraban,
Esbozando una sonrisa.
Y las sombras de la noche desaparecieron,
Llevándose nuestros temores.
Y se respiraba paz,
En aquel lugar apartado de la realidad.
Pero la ciudad también despertaba,
Y con ella el ruido que todo lo callaba.

puntos 4 | votos: 4
Silencioso e invisible - caminas entre las sombras.
La luna te hace pantera.
Vigilas sin ser visto.
Acechas a nuestros pies,
víctimas de tus juegos.
Dulces sonidos salen de tu garganta,
iluminan al hombre más desdichado.
Te paseas con ágiles movimientos,
obras maestras de la naturaleza.
La soledad, tu compañera.
Te buscamos en vano,
pues tú no atiendes a reglas.
Como dioses nos gobiernas,
y nosotros ajenos a esto obedecemos.
Dueño de ti mismo.
Dueño del mundo.
puntos 3 | votos: 3
Lo que se cuenta - permanece
puntos 2 | votos: 2
Y nuestro astro rey rompió - el hechizo de Morfeo
Inundando con su luz el inmenso cielo
Llamando a la vida
puntos 3 | votos: 3
Y en su rincón oscuro, - sentado vigila.

El tiempo anda a grandes zancadas por la habitación, mirando al
suelo;
no puede levantar la cabeza, no puede parar su ir y venir.

El hombre del rincón es incapaz de ignorar los golpes que las horas
arremeten contra él.
Se siente cansado, el dolor no le deja pensar.

Sin llamar a la puerta los días pasan, se sientan a su alrededor; y
con dedo acusante le señalan sin parar de reír.

La soledad ha entrado por la ventana.
Pesada como una losa, se le echa encima.

El hombre no puede estar más tiempo sentado, necesita tumbarse.
Se ahoga.

Ahora todos están de pie, mirándole fijamente, sin decir nada.

El hombre tiene los ojos entreabiertos, quiere cerrarlos, pero no
puede.
Necesita ver lo que está pasando, necesita saber que va a pasar.

Poco a poco todos los que habían llegando caminan hacia atrás,
despacio, fundiéndose con las paredes.

La oscuridad del rincón se apodera de la habitación.

Ya solo queda el hombre.
Ya ha cerrado los ojos.
puntos 3 | votos: 3
El perro ladra - El gato maúlla
Y la zorra zorrea

puntos 7 | votos: 7
El tiempo - no espera a nadie
puntos 4 | votos: 4
Enriqueces al que tiene, - y al que no tiene detienes con tus perros obedientes.
puntos 7 | votos: 7
Cuando el miedo y el frío - hacen de ti una estatua en tu propia cama,
no ansías que la Verdad pura y dura acuda en tu auxilio. 
Lo que necesitas es el mullido consuelo de un relato.
La protección balsámica, adormecedora, de una mentira.
puntos 3 | votos: 3
Nos acostumbramos - tanto a nuestros propios horrores
que olvidamos el efecto que pueden tener en otras personas
puntos 9 | votos: 9
Ahora la vida ha matado - el sueño que soñé

puntos 11 | votos: 11
Un diamante - es un simple trozo de carbón sometido a una extraordinaria presión
puntos 3 | votos: 3
Soñé un sueño ya hace tiempo - Cuando había esperanza y vivir valía la pena 
Soñé que el amor no moriría nunca
Soñé que Dios perdonaría

Entonces era joven y valiente
Y se hacían, se usaban y se desperdiciaban sueños
No había rescates que pagar
Ni canciones sin cantar, ni vino sin probar

Pero los tigres vienen de noche
Con sus voces estruendosas 
Al igual que te arrancan la ilusión
Vuelven tu sueño en vergüenza

Él durmió un verano a mi lado
Con él pasé unos días maravillosos
Él se llevó mi infancia
Pero se marchó cuando el otoño llegó

Y yo aún soñaba que él regresaría a mí
Que pasaríamos la vida juntos
Pero hay sueños que no pueden ser
Y hay tormentas que no podemos controlar

Soñé que mi vida sería 
Tan diferente de este infierno en el que vivo
Tan diferente ahora de lo que parecía
Ahora la vida ha matado el sueño que soñé
puntos 1 | votos: 1
El Sol quemaba su frente. - Era una tarde calurosa de verano, miles de golondrinas sobrevolaban
los cielos.
Caminaba despacio, un poco encorvado; la edad no perdona.
Pasó cerca de un parque, y allí, al lado del lago se sentó en un
banco.

En su mano llevaba una bolsa, migas de pan esperaban ser esparcidas
por el suelo.
Cerca de donde estaba unos jóvenes se besaban, y empezó a recordar.

Su mujer, su preciosa mujer, hacía años que lo había abandonado.
El cáncer se la había arrebatado.
Recordó esos tiempos en los que era un chaval, que podía correr
libremente, esos tiempos en los que el mundo le daba la oportunidad de
ser feliz.
No tenía hijos, no tenía familia, no tenía nada; solo sus
recuerdos.
Ahora solo podía mirar el horizonte y esperar a que su hora llegara.
Y cansado de vivir, empezó a echar migas a los pájaros.
La bolsa rápidamente se vació.
En ese banco, miró sus manos.
Unas manos arrugadas.
Unas manos que habían pasado por muchos momentos felices, por muchos
sacrificios.
Unas manos que habían trabajado de Sol a Sol para poder mantener a su
familia.
Inspiró fuertemente, echo la cabeza hacía delante; y allí se quedo,
mirando al suelo con unos ojos que ya no veían nada.
Unos ojos que habían muerto.
puntos 5 | votos: 5
El niño - saltaba entre los matojos, corría detrás de los insectos, rodaba por
la colina, reía fuertemente y la miró.
Ella tenía unos ojos que miraban sin ver.
El niño se acerco despacio y la tiró de la manga.
Ella volvió a la realidad.
Aunque todavía quedaban en su mente restos de esos recuerdos.

De todas esas veces que había saltado entre los matojos, de todas
esas veces que había corrido detrás de insectos, de todas esas veces
que había rodado por la colina, de todas esas veces que había reído
hasta quedarse sin respiración.
Y de todas esas veces que había mirado a la gente con la misma
inocencia que la miraba ahora el niño.
Le cogió en brazos, sonrío, y dulcemente le susurro al oído algo
que su madre la dijo años atrás, algo que antes no había entendido,
pero que ahora, iluminaba su alma:
“Amor.
Corre, corre hasta que no te queden fuerzas.
Grita, grita hasta que se apague tu voz.
Ríe, ríe hasta que no puedas respirar.
Nunca dejes que nadie te quite lo que tienes ahora”
puntos 9 | votos: 9
Y si - ¿Y si mañana el viento no soplara?
¿Y si mañana el agua se evaporara?
¿Y si mañana la luz se apagara?
¿Y si mañana el cielo se quebrara?
¿Y si mañana el ruido callara?
¿Y si mañana ya nadie te amara?
Si todo esto pasara mañana, ¿Que harías hoy para remediarlo?
Lo más probable es nada, solo dejar que el alma se apagara.

puntos 7 | votos: 7
Nunca - volverás
puntos 8 | votos: 8
Silencioso e invisible - caminas entre las sombras.
La luna te hace pantera.
Vigilas sin ser visto.
Acechas a nuestros pies,
víctimas de tus juegos.
Dulces sonidos salen de tu garganta,
iluminan al hombre más desdichado.
Te paseas con ágiles movimientos,
obras maestras de la naturaleza.
La soledad, tu compañera.
Te buscamos en vano,
pues tú no atiendes a reglas.
Como dioses nos gobiernas,
y nosotros ajenos a esto obedecemos.
Dueño de ti mismo.
Dueño del mundo.
puntos 2 | votos: 2
A Dios le gusta observar, - es un bromista:
Dota al hombre de instintos, nos da esta extraordinaria virtud, y
¿qué hace luego? Los utiliza para pasárselo en grande, para reírse
de nosotros, para ver como quebrantamos las reglas.
Él dispone las reglas y el tablero y es un auténtico tramposo:
“Mira, pero no toques”; “Toca, pero no pruebes”; “Prueba,
pero no saborees”. Y mientras nos lleva como marionetas de un lado a
otro, ¿qué hace él? 
Se descojona, ¡se parte el culo de risa!
puntos 2 | votos: 2
Permitidme - grabar en vuestras mentes el craso error que habéis cometido.
Durante años he mantenido un comportamiento benévolo.
Sin embargo, sin provocación, habéis roto la distensión inexistente
y me habéis obligado a dar rienda suelta a las llamas vengadoras de
un millón de Soles, maldeciréis a vuestras madres por haberos
traído al mundo.
Así que largo, marchaos, y comenzad a vivir aterrorizados sabiendo
que cuando menos os lo esperéis la espada de Damocles caerá con todo
su peso sobre vosotros abriéndoos en canal, y mientras contempléis
las ruinas humeantes de lo que fueron vuestras vidas os arrepentiréis
del aciago día que cabreasteis a quien no debíais cabrear.
puntos 4 | votos: 4
Y llega la fría luz del amanecer - que te hace ver que escondido entre sus risas 
solloza su corazón de niña





Número de visitas: 3255077910 | Usuarios registrados: 1690693 | Clasificación de usuarios
Usuarios on-line: 4665, 127 registrados, 4538 visitantes
Carteles en la página: 6720920, hoy: 143, ayer: 2299
blog.desmotivaciones.es
Contacto | Reglas
▲▲▲

Valid HTML 5 Valid CSS!