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22.11.2010

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puntos 13 | votos: 15
La inocencia - esconde una de las más sutiles caras de la sabiduría.
puntos 15 | votos: 15
Momentos masoquistas - en los que preferimos sufrir antes de tomar nuestras propias decisiones.
puntos 7 | votos: 7
La mente paranoica - Adelanto del Capítulo 2 (Cap 1 en mi perfil)

Cuchicheos y algunas risas. Eso fue lo que rompió el silencio que se
había prolongado durante unos segundos que parecían interminables,
no sin antes recibir una fuerte bofetada que impactó en mi cara nada
más poder ver la expresión que mostraba su rostro, que fue lo único
que pareció pasar rápido de todo ese jaleo.

–¿¡Allie!? –escuché de una voz de una chica a lo lejos.

Me arrancó los apuntes de las manos y se marchó a paso ligero
desapareciendo entre la gente que se había apelotonado, dejando un
aroma parecido al del coco que resultaba muy suave y a la vez tan
inconfundible que estaba seguro que cuando volviera a pasar delante de
mí sabría que era ella. Acto seguido, me fui por donde había venido
a pesar de que mi clase estuviera hacia el otro lado, concretamente
donde la chica se había ido. Todo esto era para dispersar a las masas
y que no intentaran seguirme por si les gustaba esto del cotilleo y ya
se hubieran montado películas como que he estado engañando a esa
chica durante meses y su mejor amiga me pilló y se lo contó.

Se trataba de una chica cuya cara no me resultaba familiar, aunque
bien es cierto que no pude fijarme demasiado, pero no parecía  muy
contenta. Quizá le hubiera afectado más de lo que pensé, puesto que
se expuso a una especie de teatro improvisado en donde el público
miraba fijamente y ella era una actriz que había olvidado las
palabras que le tocaban decir. No me sentía bien conmigo mismo y no
podía dejar las cosas de esta manera, al fin y al cabo había sido un
accidente en el que no tenía unas malas intenciones como podrían
tenerlas otros, como por ejemplo, habiéndose chocado adrede.

Pasé el resto del día en el instituto pensando en lo que sucedió en
los pasillos. ¿Se llamaba Allie? ¿A qué clase va? ¿Es nueva? ¿Por
qué no me suena de nada? Entre cada descanso me daba tiempo a
observar uno de los tres grupos que había en mi curso sin contar el
mío para averiguar si aquella chica estaba en alguno de ellos, pero
no hubo suerte. Tal vez serían alucinaciones mías y nada de lo que
me ocurrió hace escasas horas ha pasado. No, eso es una estupidez, no
podía olvidar el olor que dejó cuando se marchó y que tan
profundamente había perforado mi ser. Lo único que se me ocurría
era esperar en la salida, aunque pareciera un tanto violento nadie
debía enterarse, por lo que no importaba demasiado.

En los minutos antes de que el timbre sonase, me sentía como los
corredores de atletismo antes del pitido que daba lugar al inicio de
la carrera. Tenía que ser el primero, no se me podía escapar nadie
sin que no lo hubiera visto salir. Por suerte el instituto solo tiene
una salida, por desgracia no era tarea fácil encontrar a alguien en
concreto entre tanta gente por mucho que estuvieras atento. Si incluso
había días que no veía salir a mis amigos, esperar encontrar a una
persona de la que solo recordaba su olor y que su color de pelo era
castaño dificultaba más la misión, todo ello sin saber como iba
vestida.

En cuanto las clases acabaron salí disparado a la única puerta de
salida del instituto. Ahora solo era cuestión de esperar y rezar que
las cosas marchasen como las había planeado en mi cabeza. Los cursos
menores al mío eran los primeros en salir porque eran los más
ansiosos de salir de esa prisión, y no les culpaba por ello. El
problema surgía cuando los niños salían y les seguían los demás
cursos con un paso más lento y cansado que ocasionaba una bulla. No
me pareció verla, pero no perdí las esperanzas y me mantuve
estático durante algo más de cinco minutos.

–¡Vamos Colin! ¿Qué haces ahí parado? –dijo Alejandro.

–V...voy –respondí resignado.

–¡Oye, Allie me tienes que explicar matemáticas, que con este
profesor no entiendo nada!

¿Eh?
puntos 9 | votos: 9
La mente paranoica - Capítulo 1

  El nuevo curso había empezado hace unas semanas y me doy cuenta de
que estaba en lo cierto al pensar que no quería comenzar. En la
mayoría de los casos, las personas te dirán que tienen ganas de
volver a ver a la gente para saber qué ha sido de ellos, o
simplemente ya estaban aburridos de no hacer nada. Sin embargo, yo no
me identificaba con lo que decían. La razón principal por la que
pienso de otra manera no era debida a la desesperación que me pueda
causar el estudiar, sino que no le encuentro sentido a hacerlo, por lo
que cada día que pasa siento que estoy perdiendo el tiempo.Algunos me
dicen que le doy demasiadas vueltas a las cosas, que viva el día a
día y que las cosas llegarán en el momento oportuno. De alguna
manera quería pensar que estaban en lo cierto y era yo el que me
equivocaba, así que quise dejar de lado la parte de mi mente
paranoica y centrarme en el presente.

Era primera hora de la mañana y el profesor se estaba retrasando,
algo muy raro sabiendo que nuestro tutor y profesor de matemáticas
era muy puntual para sus clases, tanto que a veces se iba un minuto o
dos antes de que sonara el timbre para llegar con antelación a su
siguiente clase. Pasaron cinco minutos de su retraso en el momento en
que el profesor entró con un chico a clase. ¿Un nuevo alumno?

Nada más verle, sentí un escalofrío que me invadió todo el cuerpo.
Había algo en él que me resultaba muy misterioso... Tal vez, y
cuando digo tal vez quiero decir probablemente, fuera por sus ojos:
tenía una mirada penetrante y perturbadora, como si me estuviera
analizando, se adentrara en lo más profundo de mi ser y supiera de
golpe y porrazo todos esos secretos que nunca conté a nadie. Tenía
el pelo negro y, desde mi punto de vista, largo para ser un hombre, ya
que su flequillo le llegaba a tapar uno de sus ojos. Su piel tenía un
color pálido e iba vestido de una manera muy dejada: una camiseta
blanca que parecía que si tiraba de ella se rompería al instante y
un chándal negro que le llegaban hasta tal punto que no podía ver
los zapatos en su totalidad.


El profesor dijo que tomásemos asiento y estuviéramos en silencio:

–Siento haberme retrasado hoy, pero antes de empezar os voy a
presentar a Marcos, que desde hoy estará el resto del curso con
nosotros. Espero que le ayuden con cualquier duda que tenga pero no le
entretengáis ni os pongáis a hablar con él, ya tendréis tiempo en
el recreo.

Nuestro tutor señaló con el dedo el único asiento libre que
había,situado en la última fila. En la clase se formó una nube de
susurros y cuchicheos que no pude diferenciar. Por suerte o por
desgracia, se iba a sentar justo detrás de mí. Yo me prometí a mí
mismo no darle mucha importancia a cosas que no la tienen, pero
también me prometí que me centraría en el presente, y mi realidad
en ese momento era que tenía a un tipo muy extraño sentado detrás
mío, el mismo que nada más entrar por la puerta me produjo una
extraña sensación, no sé si era miedo o que simplemente me tenía
que compadecer de él, porque no es como si se viera con cara de tener
muchos amigos. Dejando eso de lado, tenía curiosidad de por qué un
alumno nuevo con un aspecto como ese había llegado hasta mi instituto
varias semanas después de haber empezado el curso.

De nuevo estaba comiéndome la cabeza, pero creo que en este caso era
algo justificado, porque de verdad me interesaba qué tipo de persona
era Marcos, así que dudaba entre la opción de centrarme en
matemáticas o pensar como podría presentarme cuando acabara la
clase. Enseguida entendí que no podía hacer nada en esos momentos,
así que saqué mi cuaderno y un bolígrafo y comencé a anotar lo que
el profesor resolvía en la pizarra. Aunque yo estuviera centrado,
también tenía una vista general de la clase al sentarme casi al
final, y se podía apreciar a personas girando la cabeza de forma
disimulada hacia atrás, y no precisamente para hablar con el que
tenían justo al lado, tampoco había que ser muy listo para darse
cuenta de que la atención iba dirigida a Marcos.

Creí que iba a ser algo difícil no ponerse nervioso con alguien como
él detrás, pero lo curioso es que no noté su presencia, como si
nunca hubiera venido un chico nuevo y todo hubiera sido una
imaginación fruto de  mis alucinaciones. A su vez, me sentía como
cuando era niño y tenía miedo a mirar debajo de la cama porque
sabía que podría aparecer un monstruo debajo de ella. De alguna
manera, sabía que no era algo soñado y si me daba la vuelta, él
estaría ahí, mirándome con esos ojos que parecían saber todo de
mí.

Cuando me dí cuenta, la clase terminó. Me fijé en la pizarra y
prácticamente toda estaba llena de problemas que no había copiado,
puesto que al final me perdí en mis tonterías de siempre. Aproveché
para copiar todo sin levantarme del asiento y renunciando a salir al
pasillo para tomar un descanso. En todo ese tiempo que permanecí
sentado, ninguna de las personas de mi clase se acercó a hablar con
Marcos, ¿realmente daba tanto miedo?

Las dos siguientes clases antes de la llegada del recreo pasaron más
o menos rápido. Como siempre, todo esto dependía si el final de la
clase se sincronizaba con que pensara en el tiempo que quedaba para
terminar o que, de nuevo, mi cerebro hubiera creado una historia en la
que yo vivía en un mundo paralelo rodeado de dragones y criaturas
mitológicas como en los cuentos que me leían de pequeño. Pensaba
que imaginarme historias no tenía por qué afectar a romper la
promesa que me hice de centrarme en el presente, ya que lo que quería
evitar era comerme la cabeza con cosas que me rodeaban de verdad.

Después de este paréntesis, me acordé de que algo se me había
olvidado completamente, algo que había ocurrido esta mañana y que
tanto me había atormentado, ¿o no? Bien es cierto que nada más ver
a ese chico me dio mala espina, pero no es que llegase a convertirse
una verdadera molestia. En estos casos me alegro de poseer una mente
tan retorcida y tener miles de pensamientos por minuto que no me dejen
enfocar mi atención a uno solo.

Así fue como sonó el timbre de la mañana que nos avisaba de la
media hora de descanso de todos los días. Me disponía a levantarme
pero por alguna razón estaba nervioso. No me podía creer que una
persona pudiera influir tanto en mi conducta sin decir ni una palabra,
dejando de lado las típicas historias acarameladas de romance
adolescente con amores a primera vista. Tenía que acabar con esto
cuanto antes, y sabía perfectamente que todo sería más difícil si
tardaba más de lo necesario. Además, me dije en la clase de
matemáticas que no podía hacer nada en esos momentos, ¿pero ahora?

–Oye, Marcos, me llamo Colin, ¿te vienes a la cafetería? Te invito
si quieres –dije de la manera más amistosa posible, mientras me
levantaba del asiento e intentaba mover mi cabeza hacia su rostro,
aunque solo pudiera quedándome mirando a las baldosas que estaban a
su lado.

Creo que fue el silencio más incómodo de mi vida. Mis piernas me
decían quiero salir de aquí, pero no podía hacerlo sin más, todo
esto me resultaba agobiante, no me sentía a gusto y, en otras
palabras, era aterrador.

–¡Colin, vente ya tío, siempre eres el último! –dijo Alejandro,
uno de mis amigos.

Esa sensación agonizante que me invadía todo el cuerpo se
desvaneció para dejar paso a una de total y completo alivio, igual
que cuando acabas un examen de más de una hora. A pesar de eso, no
pude decirle ni una palabra antes de irme, ni siquiera un adiós o
un hasta luego.

Por fin pude escapar de clase, si algo tenía claro al salir es que
quería hablar con mis amigos sobre el chico nuevo, todo para dejar
claro que las ideas que se habían formado en mi interior eran simples
imaginaciones y que Marcos era alguien que resultaba tan normal como
cualquier otra persona.

–Tú, vaya pringado nos han metido en clase –añadió uno de mis
amigos hablando de forma general.

–¡Ya ves! –respondió una chica de mi clase que se unió a la
conversación–. Parece ser de esos que ni intenta hacer amigos... No
sé, no le conozco, pero es un poco raro, ¿no?

A partir de ahí la conversación se desvió y tomó otro rumbo. Lo
tomé como una señal para dejar en paz el tema del nuevo chico, al
fin y al cabo no era para tanto, seguro que había otros tantos miles
de tipos como ese por el mundo.

El timbre resonó por todo el instituto. El recreo había acabado y ya
solo quedaban la mitad de las clases para acabar con este insufrible
día. Pero, para mi sorpresa, mientras deambulaba por estos
pensamientos, ocurrió algo que hizo desconectarme de ellos, que
dejara de ver el mundo a través de mi cabeza y que mis ojos
enfocarán un punto fijo en la realidad.

Pasó todo tan rápido que no recuerdo muchos detalles, ya que lo
único que sentí fue chocarme con alguien y oír el sonido que
producen unas hojas sueltas al cortar el aire mientras caen al suelo.
Mi primer impulso fue recoger aquellos folios llenos de apuntes y
buena letra que habían llegado a parar a la altura de mis pies por mi
culpa. De repente, el pasillo, lleno de personas, se quedó en
completo silencio, era tan espeluznante que no sabía si me había
quedado solo.

–¡Perdón, perdón! ¡No miraba por dónde iba! –explicaba
mientras me agachaba y recogía todas las cosas.

El silencio se alargó. Subía la cabeza lentamente porque por alguna
razón no reunía el valor suficiente para mirar a la cara a la
persona que le había causado el problema. La situación era muy
incómoda y yo cada vez estaba más nervioso. Sabía que había
cientos de ojos mirándome a pesar de no escuchar ni una sola alma...
puntos 5 | votos: 5
La mente paranoica: - En un mundo en el que todos fingimos actuar como somos realmente a los
ojos de los demás...

 El nuevo curso había empezado hace unas semanas y me doy cuenta de
que estaba en lo cierto al pensar que no quería comenzar. En la
mayoría de los casos, las personas te dirán que tienen ganas de
volver a ver a la gente para saber qué ha sido de ellos, o
simplemente ya estaban aburridos de no hacer nada. Sin embargo, yo no
me identificaba con lo que decían. La razón principal por la que
pienso de otra manera no era debida a la desesperación que me pueda
causar el estudiar, sino que no le encuentro sentido a hacerlo, por lo
que cada día que pasa siento que estoy perdiendo el tiempo.Algunos me
dicen que le doy demasiadas vueltas a las cosas, que viva el día a
día y que las cosas llegarán en el momento oportuno. De alguna
manera quería pensar que estaban en lo cierto y era yo el que me
equivocaba, así que quise dejar de lado la parte de mi mente
paranoica y me centrarme en el presente.

Era primera hora de la mañana y el profesor se estaba retrasando,
algo muy raro sabiendo que nuestro tutor y profesor de matemáticas
era muy puntual para sus clases, tanto que a veces se iba un minuto o
dos antes de que sonara el timbre para llegar con antelación a su
siguiente clase. Pasaron cinco minutos de su retraso en el momento en
que el profesor entró con un chico a clase. ¿Un nuevo alumno?

Nada más verle, sentí un escalofrío que me invadió todo el cuerpo.
Había algo en él que me resultaba muy misterioso... Tal vez, y
cuando digo tal vez quiero decir probablemente, fuera por sus ojos:
tenía una mirada penetrante y perturbadora, como si me estuviera
analizando, se adentrara en lo más profundo de mi mente y supiese
todos esos secretos que nunca conté a nadie. Tenía el pelo negro y,
desde mi punto de vista, largo para ser un hombre, ya que su flequillo
le llegaba a tapar uno de sus ojos. Su piel tenía un color pálido e
iba vestido de una manera muy dejada: una camiseta blanca que parecía
que si tiraba de ella se rompería al instante y un chándal negro que
le llegaban hasta tal punto que no podía ver los zapatos en su
totalidad.


El profesor dijo que tomásemos asiento y estuviéramos en silencio:

–Siento haberme retrasado hoy, pero antes de empezar os voy a
presentar a Marcos, que desde hoy estará el resto del curso con
nosotros. Espero que le ayuden con cualquier duda que tenga pero no le
entretengáis ni os pongáis a hablar con él, ya tendréis tiempo en
el recreo.

Nuestro tutor señaló con el dedo el único asiento libre que
había,situado en la última fila. En la clase se formó una nube de
susurros y cuchicheos que no pude diferenciar. Por suerte o por
desgracia, se iba a sentar justo detrás de mí. Yo me prometí a mí
mismo no darle mucha importancia a cosas que no la tienen, pero
también me prometí que me centraría en el presente, y mi realidad
en ese momento era que tenía a un tipo muy extraño sentado detrás
mío, el mismo que nada más entrar por la puerta me produjo una
extraña sensación, no sé si era miedo o que simplemente me tenía
que compadecer de él, porque no es como si se viera con cara de tener
muchos amigos. Dejando eso de lado, tenía curiosidad de por qué un
alumno nuevo con un aspecto como ese había llegado hasta mi instituto
varias semanas después de haber empezado el curso.

De nuevo estaba comiéndome la cabeza, pero creo que en este caso era
algo justificado, porque de verdad me interesaba qué tipo de persona
era Marcos, así que dudaba entre la opción de centrarme en
matemáticas o pensar como podría presentarme cuando acabara la
clase. Enseguida entendí que no podía hacer nada en esos momentos,
así que saqué mi cuaderno y un bolígrafo y comencé a anotar lo que
el profesor resolvía en la pizarra. Aunque yo estuviera centrado,
también tenía una vista general de la clase al sentarme casi al
final, y se podía apreciar a personas girando la cabeza de forma
disimulada hacia atrás, y no precisamente para hablar con el que
tenían justo al lado, tampoco había que ser muy listo para darse
cuenta de que la atención iba dirigida a Marcos.

Creí que iba a ser algo difícil no ponerse nervioso con alguien como
él detrás, pero lo curioso es que no noté su presencia, como si
nunca hubiera venido un chico nuevo y todo hubiera sido una
imaginación fruto de  mi mente paranoica. A su vez, me sentía como
cuando era niño y tenía miedo a mirar debajo de la cama porque
sabía que podría aparecer un monstruo debajo de ella. De alguna
manera, sabía que no era algo soñado y si me daba la vuelta, él
estaría ahí, mirándome con esos ojos que parecían saber todo de
mí.

Cuando me dí cuenta, la clase terminó. Me fijé en la pizarra y
prácticamente toda estaba llena de problemas que no había copiado,
puesto que al final me perdí en mis pensamientos. Aproveché para
copiar todo sin levantarme del asiento y renunciando a salir al
pasillo para tomar un descanso. En todo ese tiempo que permanecí
sentado, ninguna de las personas de mi clase se acercó a hablar con
Marcos, ¿realmente daba tanto miedo?

(Lo que no sabía en ese momento es que ese tipo extraño iba a
manipular mi vida a su antojo, teniendo completamente el control de la
misma...)

puntos 9 | votos: 9
Vivimos en un mundo - en el que todos fingimos actuar como somos realmente a los ojos de los
demás.
puntos 9 | votos: 9
Introducción: Capítulo 1 - En un mundo en el que todos fingimos actuar como somos realmente a los
ojos de los demás... 

   El nuevo curso ha empezado hace unas semanas y me doy cuenta de que
estaba en lo cierto al pensar que no quería comenzar. En la mayoría
de los casos, las personas te dirán que tienen ganas de volver a ver
a la gente para saber qué ha sido de ellos, o simplemente ya estaban
aburridos de no hacer nada. Sin embargo, yo no me identificaba con lo
que decían. La razón principal por la que pienso de otra manera no
es debida a la desesperación que me pueda causar el estudiar, sino
que no le encuentro sentido a hacerlo, por lo que cada día que pasa
siento que estoy perdiendo el tiempo.Algunos me dicen que le doy
demasiadas vueltas a las cosas, que viva el día a día y que las
cosas llegarán en el momento oportuno. De alguna manera quiero pensar
que están en lo cierto y yo soy el que me equivoco, así que voy a
dejar de lado la parte de mi mente paranoica y me centraré en el
presente.

Es primera hora de la mañana y el profesor se estaba retrasando, algo
muy raro sabiendo que nuestro tutor y profesor de matemáticas era muy
puntual para sus clases, tanto que a veces se iba un minuto o dos
antes de que sonara el timbre para llegar con antelación a su
siguiente clase. Pasaron cinco minutos de clase en el momento en el
que el profesor entró con un chico a clase. ¿Un nuevo alumno?

Nada más verle, sentí un escalofrío que me invadió todo el cuerpo.
Había algo en él que me resultaba muy misterioso... Tal vez, y
cuando digo tal vez quiero decir probablemente, fuera por sus ojos:
tenía una mirada penetrante y perturbadora, como si me estuviera
analizando, se adentrara en lo más profundo de mi mente y supiese
todos esos secretos que nunca conté a nadie.
puntos 151 | votos: 153
El tiempo es oro - pero con oro no compras tiempo.
puntos 7 | votos: 7
Daría más de la mitad de mí - por quitarme este  escudo y dejar que me veas desnudo,
pero es imposible
si atraviesas el muro encontrarás solo a un capullo
no soy nada especial, mejor evitar ser libre.
No me conozco, apenas me dejo conocer,
tengo una burbuja externa que evita que puedas ver,
como él habla y como él piensa, a veces me cuesta perder.

Solo sé que la recompensa es buena si cuesta tener.
puntos 9 | votos: 9
Soy el puto kamikaze - de la mejor poesía triste, desnudando mi alma a la hora que todos se visten.

puntos 7 | votos: 7
El tiempo es exacto - y los cuerpos envejecen,
que el soñador luche y los cobardes recen.
puntos 13 | votos: 13
TÚ - Te mereces a alguien que teniendo total y absoluta libertad de hacer
lo que le da la gana… te elige a ti para cada uno de sus momentos.
puntos 1376 | votos: 1434
Por esos momentos - que tienen un buen final inesperado.
puntos 20 | votos: 20
Nuestras huellas... - no se borran de las vidas que tocamos.
puntos 19 | votos: 19
Antes te soñaba, - ahora no me dejas dormir.

puntos 7 | votos: 7
Mi insomnio: - causado por alguien que probablemente esté durmiendo como si nada.
puntos 10 | votos: 10
No siempre es cuestión - de darse un tiempo, espacio, o como lo quieras llamar. 
A veces es cuestión de retroceder varios pasos y entender 
que el pasado arrasó con todo, dejando restos en forma de recuerdos.
puntos 20 | votos: 20
Eco - de aquello que fuimos y no volveremos a ser,
de aquello que tuvimos y no podremos recuperar.
puntos 21 | votos: 21
La chica que se ríe, - habla mucho y parece feliz, es la misma chica que puede llorar hasta 
quedarse dormida.
puntos 15 | votos: 15
Capítulo 1 - Todos los días parecían repeticiones del anterior. Para una chica
como Maya, esto resultaba una verdadera agonía. Desde que perdió a
su último ser querido, ella se sentía más sola que de costumbre.
Solía ir a todas partes con su hermano mayor y éste la protegía. A
pesar de estar ellos dos solos, eran felices; nunca supo que ocurrió
con Colin, solo recordaba que era de noche, y el viento soplaba con
más fuerza de lo habitual. Tenía la nítida esperanza de que las
cosas cambiaran con el inicio de las clases, y pudiera estar demasiado
ocupada con los estudios y sus amigos como para no pensar en la
soledad que le acompañaba al volver a su hogar, vacío y sin vida.
Maya tenía una personalidad insegura y tímida, aunque no siempre fue
así; la tristeza y soledad invadieron su cuerpo, convirtiéndola en
esa persona. Tenía unos ojos expresivamente castaños y fríos, pero
bellos. Su pelo era liso, de un color castaño oscuro, le llegaba
hasta un poco más de sus hombros. No le entusiasmaban los
complementos, era muy sencilla a la hora de vestir. A pesar de ello,
llevaba siempre consigo un colgante en el que suspendía un colmillo
de lobo, que fue un regalo de Colin, una semana antes de desaparecer.
En esos días, Maya enfermó por las bajas temperaturas, y el único
cuidado que recibía era el de su hermano; él tenía que salir a por
comida, así que la idea de tener que quedarse sola durante
aproximadamente una hora, no era algo que la aliviara.
- Colin, no te vayas... –dijo Maya con una voz débil.
- Tranquila, me daré prisa –respondió su hermano.
- ¡Pero me quedaré sola! –exclamó Maya.
- Toma, -dijo Colin, entregando sonrientemente el colgante- esto te
protegerá.
Desde ese instante, ella pudo conciliar el sueño y sentirse segura.
Aquel colgante tenía grabado el nombre de “Amarok” y era el
último recuerdo que tuvo de su hermano.
La vida sin su hermano resultaba muy triste. Maya no sabía que hacer
con tanto silencio a su alrededor. Se pasaba la mayor parte de su
tiempo paseando sin rumbo, intentando encontrar un sentido a todo,
buscando una respuesta. En un día muy frío, quiso subir a un lugar
donde pudiera observar en miniatura lo que la rodeaba a diario, pero
nunca llegó a asomarse.
A la luz poco visible que proyectaba ese día el Sol, junto con la
brisa del viento que movía su pelo delicadamente, como si de una
canción de amor tocada en un piano se tratase, Maya encontró un
cachorro que se hallaba indefenso, en la blanca y fría nieve de
aquella colina.
Su primera reacción no fue otra que la de quedarse completamente
inmóvil. Sus expresivos ojos quedaron paralizados, y no era
precisamente el frío lo que no la hacía reaccionar. Tras unos largos
segundos, Maya dio un paso hacia adelante, y sincronizadamente, la
oreja de aquel cachorro se movió. Ella siguió acercándose, esta vez
más decidida a avanzar. Cuando quedaron a menos de un metro uno de
otro, se podía apreciar que el cachorro era un lobo, pero a Maya no
le podía asustar algo que parecía tan indefenso.
- ¿A ti también te han dejado solo? –dijo Maya mientras giraba la
cabeza a ambos lados, observando los alrededores.
Tal vez estuviera esperando algo o a alguien ahí tumbado. De todas
formas, Maya no podía abandonarlo a su suerte, fue un impulso lo que
la llevó a traérselo consigo, ella no deseaba que nadie sintiera en
carne propia por todo lo que había pasado. El cachorro tenía un
pelaje completamente negro, era imposible no haberle visto. Sin
embargo, había algo raro en él. Por un momento, Maya dudó de que
fuera tan débil e indefenso como le había parecido a primera vista,
al contrario, parecía estar tranquilo aun estando en esa situación,
¿serían imaginaciones suyas? Maya decidió envolver con su abrigo al
lobo y emprender el largo, largo camino de vuelta a casa. Tal vez las
cosas serían diferentes a partir de ahora.
El cachorro de lobo no había dado más señales de estar con vida que
cuando su oreja se movió al escuchar el sonido débil que produjo la
pisada en la nieve de Maya, pero en realidad, él estaba bien, en un
profundo sueño. Podía sentir el calor que desprendía al estar
acurrucado en su pecho. Le miró la cara, todavía no había abierto
los ojos en ningún momento, eso la inquietó un poco, pero pensó que
era algo normal.
Estaban llegando a casa, que podía apreciarse a unos doscientos
metros, a pesar de estar rodeada de muchos árboles. Era muy grande,
demasiado para que una sola persona pudiera llenar su vacío. Los ojos
del lobo se abrieron cuando quedaban menos de veinte metros para
entrar. De nuevo, Maya repitió lo que había sucedido en la colina, y
quedó paralizada. Sus miradas no se entrelazaron, pero porque aquel
cachorro no la estaba mirando, sino que observaba el lugar donde se
encontraba. Empezó a gruñir, sin llegar a abrir la boca. Sin
embargo, Maya no podía apartar la vista de sus ojos, eran de un
cálido rojo, algo oscuro. ¿Qué animal podía tener unos ojos rojos?
Definitivamente, había algo que no encajaba.
El cachorro empezó a moverse, con más y más energía, hasta que
consiguió soltarse de Maya  y tocar el suelo. Se dirigió hacia la
puerta de la casa y se sentó, mirándola fijamente con aquellos ojos
rojizos, esta vez más tranquilo. La cara de Maya expresaba una mezcla
de miedo y asombro, nunca había visto algo parecido. Esta vez, el
lobo no estaba gruñendo, pero mantenía su mirada seria. Pasó un
minuto hasta que el lobo tocó la puerta con su pata delantera para
indicar que quería entrar. Ahí fue cuando Maya reaccionó,
dirigiéndose hacia la puerta a la vez que buscaba las llaves en el
bolsillo de su chaqueta. Mientras intentaba abrir la puerta, seguía
mirando a aquel lobo, que había cambiado su rostro, agachando la
cabeza, como sintiera lástima por algo... Aparentemente, él era un
simple cachorro, pero su carácter delataba que todo esto le resultaba
familiar, como si ya hubiera estado antes aquí.
Entraron en la casa, primero Maya y después el lobo, como si de un
guardaespaldas se tratase. De todas formas, no tenía un cuerpo lo
suficientemente fuerte como para poder protegerla de cualquier
peligro, pero algo en su ojos decía que no había nada de lo que
preocuparse. Pasaron del recibidor directamente a la cocina, sin ni
siquiera cerrar la puerta, donde Maya le habló por segunda vez. Maya
abrió los armarios buscando un cuenco y acto seguido la nevera para
la leche, aunque la calentó antes de dársela.
- ¿Tienes hambre? -El lobo pasó de tener la cabeza agachada a
mirarla a los ojos, pero esta vez no le acompañaba una mirada seria,
más bien parecía molestarle que le ofreciera tanta gratitud, y lo
más extraño, parecía entender lo que le decía.
El lobo no pudo aguantar la pequeña y amable sonrisa que Maya le
mostraba durante más de unos segundos, y volvió a bajar la cabeza.
No tuvo que mover la mirada del suelo para ver el cuenco de leche.
Maya se lo ofreció de tal manera que él pudiera verlo sin necesidad
de moverse de su posición.
- No te preocupes, yo cuidaré de ti -dijo Maya mientras se agachaba a
ver al lobo. De repente, el lobo empezó a gruñir, intentando
contenerse, algo no le estaba gustando ni un pelo.
- ¿Quieres otra cosa? –dijo de manera insegura. Maya pensó que el
lobo ladraría y se rebelaría contra ella, ya no podía aguantarlo
más, pero no fue un ladrido lo que soltó...
- ¡¡Estúpida!! –dijo el lobo, enseñando los dientes, en
posición de ataque. A sorpresa de Maya, aquel lobo la había hablado,
y no pudo decir nada más. Su voz no era la de un niño, parecía
formada, con fuerza y juvenil. Ella se llevó un gran susto y se
cayó. Era una situación tan inesperada que ni le salieron las ganas
de gritar. Sus ojos expresaban miedo, se impulsó con sus pies y manos
hacía atrás, mientras miraba aterrado a aquella criatura.
Por primera vez, cruzaron sus miradas.  Al contrarío de lo que había
ocurrido en la colina, el lobo se fue acercando poco a poco a Maya,
pero con la diferencia de que actuaba como si ella fuera una presa.
Aquel cachorro se detuvo, cuando apenas quedaban escasos pasos de
distancia. Al parecer algo le hizo reflexionar y retroceder, por lo
que dio dos pasos hacia atrás, antes de darse media vuelta y salir
corriendo de la casa.
Todo había pasado en un instante, fue demasiado rápido como para
creer que era real y no un sueño. Maya era muy emotiva y no quería
llorar, tenía que ser fuerte, pero la situación la superaba. Apoyó
sus manos en su cabeza, para intentar contener sus emociones. En
verdad, Maya pensó que el lobo no llegó por pura casualidad para
tener que protegerle. Sin darse cuenta del tiempo que se había
quedado inmóvil, la noche apareció. Por fin reaccionó y subió las
escaleras para llegar a su habitación y descansar, sin tan siquiera
recoger lo que dejó en la cocina. Verdaderamente habían ocurrido
muchas cosas en un solo día, y Maya no estaba acostumbrada a esto.
Por su mente pasaron muchas preguntas: ¿quién era ese lobo? ¿Por
qué tenía un pelaje tan negro y unos ojos extrañamente rojos?
¿Había sido una casualidad encontrarle o el destino quiso que me
cruzara con él? ¿Por qué podía hablar?
 Con la cabeza apoyada en su almohada, mirando su ventana, se dijo a
sí misma: “tal vez todo haya sido un sueño, tal vez todo haya sido
un sueño, tal vez...”

puntos 9 | votos: 9
Esta es la historia... - de una chica que vivía con una familia muy acogedora.
La historia se remonta en sus días de instituto, dónde las cosas no
le iban 
mal, al contrario; era muy amable con la gente, por lo que hacía
fácilmente amistades, sin embargo, era a la vez tímida y reservada,
por lo que nadie la conocía completamente bien.
Había un chico que le gustaba, y por suerte o por desgracia,
coincidían en la misma clase, por lo que habían entablado
conversación varias veces.
No era un chico normal, era diferente... pero en el sentido de que sus
ojos expresaban frialdad y a la vez deseo cada vez que hablaban, ¿
por qué ?
***********
Mientras Alice se planteaba averiguar más sobre aquella persona,
ocurrió algo terrible. Tu familia ha tenido un grave accidente,
esas fueron las palabras más dolorosas había oído en su vida. 
¿Cómo podría arreglárselas ahora? 
Su madre la escribió una carta antes de morir, y no sólo eso, había
algo más, parecía un amuleto...
Ella decidió llevarlo siempre consigo, así que se lo puso como
collar.
Pero al despertar... el collar ya no estaba, y junto a él, un
pequeño lobo apareció, su mirada le resultaba familiar, como si ya
la hubiera visto en algún sitio, ¿qué estaba pasando?
puntos 12 | votos: 12
Esas veces... - en las que necesitas desconectar del mundo,
apartar la mirada de su vida,
y dejarte llevar...
puntos 18 | votos: 18
-Dime, otra vez, - cuál es ese sitio al que quieres que vayamos.
+Lejos, muy lejos de aquí.
-Pero allí, ¿estaremos bien?
+Por supuesto.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?
-Porque estaremos juntos.
puntos 10 | votos: 10
TÚ - No te quiero como los cánones mandan.
Mi amor desciende de cualquier parecido con la realidad.
Hago cosas que no me corresponden.  Sin embargo,  no dejo de hacer las

que te enternecen.
Estoy enfermo, te quiero, pero te quiero así, a mi peculiar manera,
porque me haces feliz, porque, digan lo que digan, eres mi chica
número uno, porque sacas el mejor sabor de mi vida.
No padezco, sólo... disfruto de ti. No me canso, y jamás me cansaré
de estar por ti todos los días.
No necesito lo que muchos cuerpos piden, solo lo que mi alma reside...
Felicidad, junto a ti, la que tú me das. Y nada más.
puntos 13 | votos: 13
Me encanta - cuando el tiempo me da la razón.

puntos 14 | votos: 14
Regalar tu confianza - para que te compensen con secretos, mentiras y traiciones.
puntos 10 | votos: 10
Duele ver - cómo la persona más importante de tu vida
se aleja a pasos agigantados sin remedio alguno.
puntos 21 | votos: 21
Cuando nos enfrentamos - a un obstáculo, sólo tenemos dos opciones: superarlo o... superarlo.
puntos 13 | votos: 13
Por mucho... - que lamentemos y lloremos, si tenemos a la muerte,
es porque en el fondo sabemos que merece la pena vivir.
puntos 8 | votos: 8
No esperes... - a que los destellos de tu entorno marquen tu camino,
brilla con luz propia para seguir adelante.

puntos 17 | votos: 17
Si la violencia debe ser - la última opción, ¿ por qué el mundo siempre la escoge como primera?
puntos 10 | votos: 10
Caminar acompañado - alivia las penas y ensalza las alegrías.
puntos 8 | votos: 10
El tiempo se alimenta - de la energía que nos da la vida, aprovecha la que aún te queda.
puntos 11 | votos: 11
Cuando venga la tormenta - camina hacia adelante.
Que aun con el viento en contra, la tierra es más ligera.
puntos 15 | votos: 15
A cada segundo que pasa - estoy mucho más cerca de olvidarte, aunque te olvide muerto.

puntos 15 | votos: 15
¡Se ha conectado! - Abres su ventana de conversación, sonríes al ver su foto de perfil,
en pequeñito, al lado de la barra de tareas. La abres, y la
minimizas. No la quitas del todo, la dejas ahí, a la espera de ver
ese circulo verde con un 1 en medio. Esperas, cambias tu estado, tu
tablón lo actualizas cada 2 minutos. Cierras su ventana,
indignadamente. Pero bajas la lista del chat hasta su nombre,
observando si sigue ahí.
puntos 15 | votos: 17
La diferencia - por las que unas veces estás cabreado y las otras te deprimes
es que en el segundo caso sabes que fue tu culpa.
puntos 14 | votos: 16
Podría decir que no siento miedo - y que soy distante porque no quiero perder aquello a lo que cojo cariño.
puntos 14 | votos: 14
No importaba - cuánto tiempo pasara, uno siempre recordaba qué era lo que había olvidado.
puntos 15 | votos: 15
¿Sabes por qué... - nos aferramos a los recuerdos?
Porque son lo único que no cambia cuando todo el mundo lo hace.

puntos 17 | votos: 17
Cuando lo único que queríamos - era convertirnos en aquella persona de mayores...
puntos 15 | votos: 17
Cuando esté despierto - soñaré cosas imposibles.
Cuando esté dormido
me daré cuenta de que esas cosas no se cumplirán
entonces me levantaré y veré que solo ha sido una pesadilla.
puntos 3177 | votos: 3247
El amor es como... - una goma elástica sujeta en tensión por dos personas.
 Si alguien lo deja, el latigazo se lo lleva quien todavía lo sostiene.
puntos 29 | votos: 29
Entraste por la puerta grande - y te creciste tanto, que al final no pudiste salir de aquel lugar en 
el que te habías metido.
puntos 21 | votos: 21
Me da igual quién seas - o qué hagas, lo único que importa es que te sientas seguro de ello.

puntos 13 | votos: 15
Le dieron la idea de llenar - una maleta y el muy incrédulo la llenó de agujeros.
puntos 17 | votos: 17
Quería decirte - que mientras tú digas lo mucho que me quieres y lo bonito que es el
mundo, que siempre es siempre y que de vez en cuando me sueltes una
carantoña barata, yo te diré que qué tal estás. 
Pero, eh, llámame loca. Dime que no tengo tacto, que soy borde.
Halaga a las personas, llénate la boca de piropos. Sé de algodón de
azúcar, aunque a la mínima te deshagas.Tú me seguirás diciendo te
quiero, pero pensando en tu culo, yo seguiré diciéndote qué tal,
pero queriéndote.
Perdón por no ser algodón de azúcar.
puntos 27 | votos: 27
Si hay algo que nunca cambiará - es que siempre miraremos el mismo cielo.
puntos 18 | votos: 18
Gracias por ensuciar - todas esas manos que te apoyaron y confiaron en ti.
puntos 36 | votos: 36
Me da igual... - como combines los tonos, siempre serás mi color preferido.





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