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04.09.2012

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puntos -3 | votos: 5
Hoy he escuchado - en la radio que Corea del Norte va a tirar una bomba atómica en
Londres (capital de Estados Unidos) y luego si dices que habría que
echar a todos los chinos a su país o que había que tirar todas
nuestras bombas nucleares en China y exterminar a los chinos, eres
racista. Manda huevos.
Yo no soy racista, a mi me da igual que vengan negritos, moros,
sudamericanos, lo que sea.... los hay y me encuentro con alguno de vez
en cuando. Pero los chinos son una plaga que nos están  invadiendo y
nos quitan los trabajos, me cruzo con 10 o 20 todos los días por la
calle y además con cámaras de fotos mejores que la mía. Habría que
echarlos a todos allí, a China y que se jodan.

Vota Partido Popular
puntos 1 | votos: 7
Tengo una mala noticia - El archiconocido usuario Tio_Sam abandona la página. Sus ideas
liberales permanecerán para siempre en nuestros corazones.
En la imagen una mentira roja:
Una supuesta matanza de civiles por militares estadounidenses en la
guerra de Vietnam. Yo estuve en aquella guerra y se que es mentira.
Dios salve a Rajoy y muerte al Comunismo.
puntos 4 | votos: 8
Informo - de que abandonaré esta página definitivamente en los próximos
días.
Recuerdo a todos los fans que aunque deje la página mis ideas
liberales y democráticas seguirán estando presentes en los corazones
de muchos ciudadanos de bien.
Espero haber convertido a muchos de vosotros que leéis esto del bien
de la democracia que, a pesar de sus pequeños errores es
infinitamente mejor que el comunismo genocida y asesino.
Dios salve a Rajoy y que la democracia se apiade de este mundo Rojo!
Muerte al comunismo compañeros!
Y ahora para que reflexioneis:
¿Por qué hay tantas huellas en el suelo lunar de la imagen? ¿Que
estuvo haciendo Neil antes de colocar la bandera? No quiero que me
vengáis con la mentira roja y gilipollezca esa de que todo se rodó
en un escenario preparado.
Lo dicho camaradas, que Bush os bendiga a todos.
puntos 5 | votos: 9
Ya me han hecho Naranja - pienso dejar la página antes de que me hagan rojo porque no me gusta
llevar el color  del comunismo en mi nombre y menos esforzarme para
ello.
Quisiera aprovechar para proponer a Walt_k (mola mucho tu nombre) que
pusiera a los novatos en rojo comunismo, a los usuarios medios me da
igual y alos mejores les cambien el color para ponerlos en azul PP.
Los administradores amarillo oro o dinero.

Si estás de acuerdo vota positivo y haz spam a Walt_k con este cartel
poniendo en el asunto PP. Si no estás de acuerdo esta noche Lenin
aparecerá en tu cama y te secuestrará para comerte vivo. Tienes 2
horas para reenviar este cartel a todo el mundo que puedas.
puntos 1 | votos: 1
El Sol Rojo - El comunismo de Mao Zedong fue uno de los más extraordinarios
espejismos políticos del siglo XX. El brillo de la Revolución de
Octubre se había ido apagando después de la victoria militar de
1945. La URSS representaba en los años 30 el laboratorio social de
cuyas retortas cabía esperar el surgimiento de la nueva humanidad.
Pero cuarto de siglo más tarde, la única esperanza consistía en que
tras el largo invierno llegara el deshielo. Incluso la capacidad
expansiva del marxismo soviético parecía agotarse en el marco de la
coexistencia pacífica. En estas circunstancias, otra vez cobró
actualidad la vieja estimación de Stalin: ex Oriente lux. La derrota
del capitalismo tendría lugar por efecto de los nuevos procesos
revolucionarios antiimperialistas, desarrollados sin contar con el
recetario de la Tercera Internacional. En 1949, la victoria de los
comunistas chinos acaudillados por Mao Zedong había roto con fortuna
los moldes anteriores. Su condición de modelo no se ceñía a Extremo
Oriente. Tal y como expresó el Che Guevara durante su primera visita
a Pekín, en noviembre de 1960, la revolución china era un ejemplo
que ha mostrado un nuevo camino para las Américas.

Al calor de la polémica que le enfrentaba con el revisionismo
soviético de Jrushev, el maoísmo exigió ser considerado como el
auténtico comunismo. Su aspecto exterior reunía una suma de
elementos positivos: intransigente frente a cualquier compromiso con
el capitalismo o con la mentalidad reformista, pero al propio tiempo
una apariencia menos rígida en su enfoque sobre las contradicciones
sociales; dotado de la carga de romanticismo que proporcionaban
episodios como la Larga Marcha o la lucha contra los invasores
japoneses, y, en fin, desprovisto al parecer del lastre burocrático
característico del comunismo occidental gracias a la comunión
permanente entre el líder y unas masas supuestamente espontáneas.
Como consecuencia, el símbolo, más que el pensamiento de Mao,
ejerció un indudable atractivo sobre los jóvenes radicales que en
los años 60 preparaban en Europa la traca del 68. Dos películas de
ese momento, hoy del todo olvidadas, La Cina è vicina, de Elio
Pietri, y sobre todo La chinoise, de Godard, dieron fe de esa
adhesión imaginaria a una revolución en lo esencial desconocida.

El episodio de la mal llamada Revolución Cultural colmó el vaso del
entusiasmo: un líder que con su palabra y su presencia relanzaba el
proceso revolucionario, en busca de la realización inmediata de la
igualdad económica, movilizando las masas en contra de la burocracia
de su propio partido comunista. Lo nunca visto. Únicamente el
desencanto provocado por la recopilación de aforismos del Pequeño
libro rojo, el mantra colectivo de la Revolución Cultural, puso en
guardia a los avisados sobre la carga de irracionalismo y de estúpida
sacralización que la misma arrastraba. A pesar de su intención
hagiográfica, los episodios del reportaje cinematográfico Y el viejo
Yugong removió las montañas, de Joris Ivens, que tampoco hoy nadie
recuerda, permitieron apreciar con claridad el desbarajuste provocado
por el mundo vuelto a la fuerza del revés a impulsos de Mao, con los
científicos plantando coles, el ingeniero empujando la maquinaria o
los campesinos encargados de preparar medicamentos en las farmacias.
Todo ello por obra y gracia de una violencia brutal disfrazada de
voluntad espontánea de las masas. Persecuciones sin cuento y
montañas de muertos, aunque menos que los veinte millones largos de
cadáveres provocados por el catastrófico Gran Salto Adelante, fueron
la expresión del fracaso definitivo de un método revolucionario que
sin embargo permitió a Mao recuperar el poder absoluto y aparecer
como un dios sobre la tierra. Según sus propias palabras, un mono con
algo de tigre que inexorablemente vence a los diablos cornudos y a
los espíritus serpentiformes, sus eternos enemigos.

Sin el exotismo de las metáforas empleadas por Mao, su turiferario
Lin Biao no se quedaba atrás, ahora en la lengua de palo habitual en
el discurso comunista: el camarada Mao Zedong, afirma en el prefacio
de 1966 al libro rojo, es el más grande marxista-leninista de
nuestra época. Su pensamiento era una poderosa arma revolucionaria y
por eso sus citas debían ser utilizadas siempre y para todo,
reproducirse incesantemente en la prensa y ser aprendidas de memoria.
Si en la visita a una fábrica, Mao no tiene otra ocurrencia que
regalar a los trabajadores un mango, ellos venerarán el fruto hasta
que se pudra. En sentido contrario, si un remendón cometía el error
de envolver unos zapatos viejos en un periódico con un retrato de
Mao, era condenado a recorrer la ciudad encartelado como expiación de
su sacrilegio. No en vano Mao se proclamaba sucesor de los dos
últimos emperadores manchúes y émulo de aquel que unificó por vez
primera el imperio. Nada que ver con Lenin. Por las memorias de su
médico Zhisui Li, sabemos que en el poder Mao rompió con su forma de
vida como revolucionario y se convirtió en una especie de Tiberio
comunista, aislado, ocioso y arbitrario, con una propensión
orgiástica que contrastaba con el puritanismo impuesto por él a la
sociedad china. Y sobre todo con una entrega permanente a la
exaltación de su poder personal, sin importarle las destrucciones
causadas en el proceso: la fascinante tragedia de la Revolución
Cultural, con la movilización inicial por Mao de los jóvenes contra
el partido, luego del Ejército a fin de yugular a los guardias rojos,
para estabilizar por fin la situación bajo su mando con los restos
del Partido Comunista Chino, fue una obra de arte, como promoción de
un desastre colectivo y como ejercicio de manipulación a partir de
una posición inicial de debilidad política. Claro que a fin de
cuentas de esa vuelta a la estabilidad no emergió el triunfo
histórico del Gran Timonel, sino el de su adversario y víctima en la
crisis, Deng Xiaoping, con su estrategia neoconfuciana de los gatos
cazadores. Para Mao quedó el gran mausoleo imperial-leninista de
Tiananmen.

Y si ya en los años 30 el viaje a la URSS fue una muestra de cómo la
manipulación informativa y la barrera del idioma ruso contribuyen a
la forja de un mito, ¿qué decir del caso chino? Las llamadas Obras
completas de Mao se detenían en fecha temprana y la información
efectiva de lo que sucedía en la China comunista fue siempre
insuficiente. La propaganda oficial cubrió el vacío, presentando las
catástrofes como grandes realizaciones revolucionarias que sólo el
genio de Mao hubiera podido diseñar. De ahí los disparates que se
sucedieron a la hora de interpretar su actuación desde el mundo
occidental. En realidad, la grandeza de Mao fue

real, y visible en su dirección política y militar del proceso
revolucionario que se impuso en 1949, al descubrir la potencialidad
militar y política del campesinado, sabiendo incluso servirse de
fórmulas tácticas propias del pensamiento militar de la China
clásica, y apuntar la posibilidad de una alianza basada en la
existencia de no antagónicas que hiciese de la gestión comunista
un instrumento de justicia social y de modernización. Era también la
victoria de la nación china tras un siglo de humillación ante el
imperialismo. Sólo que muy pronto la ilusión de una sociedad plural
quedó abortada por la imposición de una dictadura comunista de tipo
estaliniano y por una intensa represión contra los enemigos de clase,
la cual asumiría un carácter capilar, de cerco social al acusado,
quien en todo caso debía reconocer sus culpas e intentar
rehabilitarse mediante la reeducación. Por un momento, Mao decidió
recuperar la pluralidad, bajo la consigna de las cien flores, pero
fue una esperanza fugaz, que cedió paso de inmediato a una represión
acentuada y al delirante ensayo de aceleración revolucionaria que Zou
Enlai rotuló como el Gran Salto Adelante. A mayor desastre, más
hermosa imagen. Mientras Jrushev se hundía en el reformismo soñando
con alcanzar los indicadores económicos de los Estados Unidos, las
comunas del pueblo avanzaban en la senda del comunismo (en realidad,
de la hambruna). Era el triunfo ficticio de la voluntad, de la
construcción de una nueva humanidad, apoyándose en el único resorte
del pueblo revolucionario.

Desde otros supuestos culturales, será la vía promovida por el Che,
precoz admirador de la tierra de Mao y seguida con idénticos
resultados lamentables por Fidel en Cuba. Luego, de la exaltación del
radicalismo y de la violencia revolucionarios de la Revolución
Cultural saldrán derivaciones tan siniestras como los jemeres rojos
de Pol Pot y el Sendero Luminoso de Abimael Guzmán en Perú. En
Occidente, el coste fue menor. Las intelectuales airadas que
defendían los hospitales sucios de Mao donde se criaban anticuerpos y
promovían juicios críticos son hoy damas empingorotadas del sistema,
otros hallaron acomodo en el PSOE, los herederos de ETA-berri vegetan
como reliquia izquierdista y apenas el legado de Mao se percibe en
propuestas razonables como la de Bono de exponer a los que maltraten a
sus mujeres ante la mirada condenatoria del pueblo.

Como tal, en China el maoísmo quedó reducido a un tigre de papel
color sepia. Pero según Deng explicó, era mejor renunciar al ajuste
de cuentas con quien había llevado al poder al Partido Comunista,
encargado ahora de presidir el desarrollo del capitalismo. A los 25
años de la muerte de Mao, el Gran Salto Adelante se ha dado, pero con
un contenido opuesto al que previera el hombre que quiso hacer
realidad en China una sociedad comunista.

Antonio Elorza es catedrático de Pensamiento Político de la
Universidad Complutense de Madrid.

Más información en los comentarios.
Y que alguien me explique que tiene que ver la imagen con el
comunismo.

puntos -1 | votos: 5
Desmotiva - que ya haya comunistas hasta en la policía de USA.
Gente como esta hace atractiva la mendicidad, ahora habrá más gente
que quiera ser mendigo para poder ser protagonistas de una historia
como esta además de salir en la tele, la meta de muchas personas.
Además de que afean las ciudades, los mendigos requieren un gran
gasto anual a asociaciones de voluntarios (comunistas que no trabajan
en cosas útiles) que a su vez deben ser alimentadas por un estado
socialista que ayuda a los pobres. 
Sin embargo, si este policía le hubiese escupido en caso de haber
salido en la tele (y otra gente que lo habría visto en la calle)
habría sido un impulso de odio a los mendigos para toda la sociedad y
así todo el mundo se esforzaría más en trabajar  o estudiar para no
acabar así y la sociedad mejoraría. 
La formula para acabar con el fracaso escolar es encarcelar a todo el
mundo que haga cosas así y por supuesto, no contarlas en los medios.

Vota Partido Popular.
puntos 5 | votos: 5
Motiva - que los rojos dictadores quieran ser como tu porque eres capitalista
puntos 12 | votos: 14
Al fin - alguien quiere ser mi amigo.
puntos 5 | votos: 5
He visto - un documental sobre Corea del Norte. Decían que meten en la cárcel a
todo el mundo que da la espalda a algún símbolo patriótico o del
líder.
Debe ser un horror vivir en un país así, todas estas imágenes
están sacadas de ese documental, y representan a gente que ahora
estará en la cárcel. Tenemos una gran suerte de vivir en el paraíso
de la libertad.

Vota Partido Popular
puntos 1 | votos: 1
De nuestros acentos - el orbe se admire 
y en nosotros mire 
los hijos del Cid. 

Soldados la patria 
nos llama a la lid, 
juremos por ella 
vencer o morir.

puntos -1 | votos: 1
De nuestros acentos - el orbe se admire
y en nosotros mire
los hijos del Cid.

Soldados la patria
nos llama a la lid,
juremos por ella
vender o morir.

El mundo vio nunca 
más noble osadía, 
ni vio nunca un día 
más grande el valor, 
que aquel que, inflamados, 
nos vimos del fuego 
excitar a Riego 
de Patria el amor.
puntos 2 | votos: 2
La democracia - significa saber que si alguien llama a tu casa a primera hora de la
mañana, es el lechero.



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