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-Señor, si me permite el atrevimiento, creo que esto resulta un poco inhumano... (la Muriel)
-¿Qué has dicho? ¿esos vocablos iban dirigidos a mi regia persona, plebeya?
-P-perdón, no pretendía...
-¡Ruperto! trae la bañera con ácido, alguien desea una de mis sublimes torturas.
-No, por favor, córteme la lengua si con ello sacia su ira pero a la bañera no, por favor.
-Es mi oportunidad para escapar (el hijo) Adiós padre, ha sido un desgraciado placer conocerle *susurrando*
-¿He satisfecho sus deseos, mi señor?
-Dejas mucho que desear y deja esas habladurías propias de una dama de compañía, te he criado para que empuñes tu orgullo, no los billetes de tus clientes.
-Lo lamento, padre. No se volverá a repetir.
-¡Mientes! veo que no tienes suficiente con el látigo. Muriel, trae la caja.
-¿Qué caja, padre?
-Padre, lamento mi osadía, juro por las pulgas que pueblan mi cuerpo que jamás volveré a cometer semejante infamia.
-Los muchachos como tú nunca aprenden la lección. Muriel, tráeme el cinturón del castigo.
-No, padre, por favor, seré bueno, respiraré únicamente cuando sea necesario.
-¡A callar! y agradece que no haya traído el cinturón extrangulador.
-Padre, padre, mis posaderas están rojas cuan la sangre que corre por mi rostro.
-¡Calla, engendro! las criaturas como tú no tienen derecho a pisar la tierra que roza mis pies.
-Pero, padre yo...
-¡He dicho que cierres ese sucio agujero que tienes por boca! *latigazo intenso*
-¡Padre, los vecinos comienzan a hacerse preguntas!
-¡Engendro de mi semilla! me han notificado la prematura muerte de la sirvienta, contrataré pues a un señor que haga de ti un hombre de honor.
-Padre, no puedo soportar la carga de mis pecados. He de excusarme al servicio.
-Mi señora, por nuestra desgracia he cogido una infección proveniente de su regia orina.
-¡Pues a ver si te la pongo pa cenar, insolente!
-Madre, madre, el pez no respira.
-Hijo, que se enfría la paella.
-He defecado en mis vestimentas, madre.