En Desmotivaciones desde:
16.03.2011

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La Mente, a veces - Juega con Nosotros.
puntos 20 | votos: 20
Fuck Yeah - Descripción Gráfica
puntos 12 | votos: 14
Niño Pókemon - Descripción Gráfica
puntos 11 | votos: 11
Eso sí.. - Sería estar Forever Alone
puntos 11 | votos: 13
Bart .. - Pintó este cartel cerca de mi casa ..

puntos 7 | votos: 9
Todos  - Siempre lo Supimos ..
puntos 8 | votos: 10
Recuerdos .. - Look into the Past ..
puntos 19 | votos: 25
A quién - no le ha pasado
puntos 11 | votos: 13
Esperando 23:57 - Para subir un nuevo cartel ..
puntos 10 | votos: 12
Ésta es la Diferencia .. - Entre Chuck Norris y Tu .

puntos 19 | votos: 25
Abuelos .. - descariñados ..
puntos 1146 | votos: 1266
No se puede echar de menos - lo que nunca se ha tenido...
puntos 20 | votos: 22
por fin .. - acertó ..
puntos 7 | votos: 7
Cereal guy - es un idiota ..
puntos 27 | votos: 29
Cereal guy - siempre hablando de más

puntos 8 | votos: 12
FUUUU - a quien no le ha pasado?? .. pues a mi no..solo a fuuu
puntos 3 | votos: 7
!NO¡ degala  - no ves el daño que te hace
puntos 48 | votos: 60
Me he puesto a Chuck Norris - de fondo de pantalla, para que no me entren virus
puntos 39 | votos: 41
A ver si te lo tomas a coña - cuando no se acuerde ni de quien eres...
puntos 15 | votos: 15
Nuestro Primer .. - FUUUUUUU

puntos 11 | votos: 13
Veré cómo están mis carteles - en Desmotivaciones
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!VHOTA UN POSITIVHEN! - !YHA!
puntos 19 | votos: 19
Hanks Scorpio - se parece sospechosamente a Chuck Norris
-¿Casualidad?-
-No lo creo-
puntos 5 | votos: 11
No tenemos - a un presidente negro pero tenemos a uno negrero.
puntos 6 | votos: 10
Al otro lado de la vida - 1x15 - Puerta de entrada de los laboratorios de la compañía ЯЭGENЄR
	5 de junio de 1992

José iba trajeado como un alto ejecutivo y Guillermo se encargaba de
acomodarle la corbata al cuello. Ambos estaban muy nerviosos, pues ese
era el día decisivo en el que expondrían el trabajo al que habían
dedicado los últimos siete años de su vida. El paso del tiempo y el
arduo trabajo en el que se había involucrado en cuerpo y alma los
últimos años habían hecho mella en José. Su pelo cano y las
arrugas de su rostro lo delataban. El día de hoy era  tal vez el
más importante de su vida, y en su interior se podía encontrar una
mezcla de impaciencia, esperanza y nerviosismo. Una limusina
aguardaba en la acera a unos cincuenta metros de ahí, tras la valla
de seguridad que circundaba el recinto. Otros tantos hombres
trajeados esperaban pacientemente la llegada de José.
JOSÉ – ¿Que me dices, estoy bien?
GUILLERMO – Hasta pareces importante.
JOSÉ – ¿Que insinúas, que tu padre no es importante?
GUILLERMO – Espero que tengas mucha suerte, papa.
JOSÉ – Gracias hijo, porque la necesitaré. Con esta gente...
nunca se sabe.
GUILLERMO – Ha pasado todas las pruebas con éxito, no tienen
porque negarse.
JOSÉ – Ellos harán sus propias pruebas, una y mil veces, hasta
encontrar cualquier excusa para echar para atrás el proyecto.
GUILLERMO – Pero como no la encontrarán, acabarán dando el visto
bueno.
JOSÉ – Ojalá tengas razón.
	Guillermo acabó de atusar la corbata de su padre y miró a la
limusina. Los hombres que esperaban a José parecían impacientes.
Todo se reducía a ese momento, todas las horas de trabajo, todos los
dolores de cabeza, las discusiones. Y también la alegría al comenzar
a ver los primeros frutos, la felicidad de ver que el proyecto tomaba
forma. Sin embargo Guillermo no estaba todo lo contento que podía
esperarse. Había algo que le rondaba la cabeza desde que empezasen
el proyecto, una espina clavada muy profunda, hasta entonces
olvidada, que comenzó a dar señales de vida ese mismo día,
después de años de letargo. Guillermo miró a un lado, pensativo, y
su padre leyó en sus ojos lo que pensaba.
JOSÉ – ¿Todavía estás con eso?
GUILLERMO – Si es que ya no habrá marcha atrás. En cuanto lo
presentes y lo aprueben, ahí acabará todo.
JOSÉ – ¿Y eso no es fantástico? No te haces a la idea de la
cantidad de gente que vamos a ayudar con esto.
GUILLERMO – La cepa original era mucho más potente, y lo sabes.
JOSÉ – Y mucho más peligrosa, también. No me quiero ni imaginar
lo que podría pasar si hubiéramos probado el virus con un ser
humano. ¿Es que no recuerdas lo que le pasó a aquella rata? Tenemos
que aceptar nuestras limitaciones, y no querer jugar con la vida como
si fuéramos una entidad superior.
GUILLERMO – Podríamos haber seguido trabajando, haberla modificado
para que no fuera peligrosa, y seguramente hubiéramos conseguido
muchos más éxitos que con ésta.
JOSÉ – No sabes lo que dices. Todavía eres joven y no lo
entiendes. Cuando lleves trabajando en esto tanto tiempo como yo,
comprenderás a que me refiero. Hazme un favor, no me estropees éste
día tan importante, Guillermo. Te he dicho muchas veces que no
insistas más. Eso no fue más que un error, se nos fue de las manos
y tenemos que aprender a olvidarlo, y agradecer que no saliera de
ahí.
GUILLERMO – Sabes que tengo razón.
	José miró a su hijo con cierta inquietud. Si bien confiaba en él,
y sabía que era un buen chico, cuyo objetivo en la vida, al igual que
el suyo, era ayudar a sus semejantes, todavía tenía miedo de que
tratase de sobrepasarse en su trabajo, y hacer un mal uso de los
medios de los que disponía. La cepa que presentaría esa misma tarde
era extremadamente potente y podría considerarse hasta milagrosa. Él
sabía que la cepa original era infinitamente más potente, y que  tal
vez su hijo tuviera razón, y si hubieran seguido trabajando con ella 
tal vez hubieran podido conseguir unos resultados mucho más
relevantes, pero estaba decidido en su propósito. El chofer de la
limusina dio un bocinazo para advertir a José de que tenían que
marchar ya.
JOSÉ – Hijo, tienes que prometerme una cosa.
GUILLERMO – ¿El que?
JOSÉ – Prométeme que te olvidarás de eso. Prométeme que no le
seguirás dando vueltas. Hazle ese favor a tu padre.
	Guillermo le miró con seriedad, y acabó sonriendo.
GUILLERMO – Tranquilo, gran jefe. Eso está olvidado.
JOSÉ – Me alegra oírlo. Bueno... pues creo que tengo que irme.
GUILLERMO – Ya verás como triunfas.
JOSÉ – Si funciona, triunfaremos todos.
GUILLERMO – Dame un abrazo.
	Padre e hijo se miraron sonrientes y se dieron un fuerte abrazo y
unas cuantas palmaditas en la espalda. Acto seguido José agarró su
maletín negro, se despidió por última vez de su hijo y puso rumbo
a la limusina, que enseguida partió hacia su destino. Guillermo se
quedó mirando como la limusina se alejaba hasta acabar perdiéndola
de vista. Todavía le estaba dando vueltas a la charla que había
tenido con su padre, y acabó coincidiendo con él. Se trataba de
algo demasiado potente, demasiado peligroso. Llegó a convencerse de
que habían hecho bien dejándolo en el olvido, y se prometió que no
volvería a pensar en el tema. 
	Si su padre conseguía el visto bueno de la OMS, tendría muchas
cosas más en las que pensar, como por ejemplo que modelo de Porsche
le sentaría mejor, o donde le gustaría que construyeran su chalet.
Esas nuevas ideas, las de la fama y la fortuna que acarrearían el
éxito del proyecto más importante del último siglo, le absorbieron
toda la atención, y con una tonta sonrisa en la boca, se dirigió de
nuevo hacia el recinto. El guardia de seguridad de la puerta, que les
había estado observando con cierta curiosidad, le saludó con su
acostumbrada sonrisa.
ADOLFO – Buenas tardes, señor Vidal.
GUILLERMO – Buenas tardes, Adolfo.
	Guillermo se adentró de nuevo en las instalaciones y pasó el resto
del día sin hacer gran cosa, esperando impacientemente la llamada de
su padre.

puntos 9 | votos: 13
Dejar de hacer - carteles de Justin Bieber porque cada vez que fisgoneo la cola y la
principal , me lo recordais y eso me deprime
puntos 26 | votos: 28
Mis amigos me llaman rara  - porque me gusta el heavy metal cuando ellos escuchan al puto Justin Bieber.
puntos 5 | votos: 11
Es inevitable - No tocar la pantaya cuando la acabas de encender y sentir la electricidad.
puntos -9 | votos: 13
YO TAMBIEN  -  HE LLORADO CON SUS CANCIONES
puntos 13 | votos: 13
Alexi Laiho - Posiblemente, uno de los mejores guitarristas de nuestra era...

puntos 3 | votos: 21
Admitelo - La vez ke más has corrido es cuando perdías el autobus
puntos 20 | votos: 20
Desmotiva - Ver como la persona que amas se jode la vida y no poder hacer nada.
puntos 33 | votos: 33
Chuck Norris - el puede votar los carteles 2 veces
puntos 37 | votos: 37
Mientras tanto - En Rusia soviética
puntos 9 | votos: 93
Todos vimos - lo que pasó justo antes

puntos 36 | votos: 40
Homer - y sus ideas .. mi ídolo
puntos 14 | votos: 20
Chuck Norris - Cuando niño ..
puntos 1 | votos: 1
A lo menos - Yo sí me lo pregunto ..
puntos 10 | votos: 10
Forever Alone - Nivel Escolar
puntos 5 | votos: 11
Me gusta - Descripción rara ..

puntos 6 | votos: 6
OMG - Era mi ídolo de niño y ahora hace peliculas homosexuales
puntos 8 | votos: 12
CHALLANGE - ACCEPTED
puntos 10 | votos: 10
Engaño - Será mejor que no voltees ..
puntos 15 | votos: 17
Traiganme a walt_k .. - MUERTO !!
puntos 8 | votos: 14
La pura verdad .. - Nivel: Rey de la selva..

puntos 0 | votos: 4
Mi amigo - Mi amigo no volvió del campo de batalla, señor, solicito permiso
para ir a buscarlo, dijo un soldado a su teniente.
Permiso denegado, replicó su oficial. No quiero que arriesgue su
vida por un hombre que probablemente esté muerto.
El soldado, ignorando la prohibición, salió, y una hora más tarde
regresó, mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo.

El oficial estaba furioso:

Le dije que él estaba muerto!!! Ahora perdí dos hombres!
Dígame: Valió la pena traer un cadáver?
Y el soldado, moribundo, respondió:
Claro que sí, señor. Cuando lo encontré, el aún estaba vivo y
pudo decirme:
¡Estaba seguro que vendrías!
puntos 11 | votos: 21
Al otro lado de la vida - 1x07 - Tejado del edifico Astoria 23
28 de septiembre de 2008

La puerta gruñó al oscilar sobre sus goznes. Bárbara la abrió
lentamente, esperando encontrar cualquier cosa tras ella. Lo único
que ahí había era una escoba, un recogedor y un cestito con pinzas
junto a una pared, todo iluminado por un gran lucernario que filtraba
la tardía luz del ocaso al generoso hueco de la escalera. Ese era un
lugar cerrado, y si entraba ahí, no quería tener ninguna sorpresa
desagradable, de modo que habló. Preguntó en voz alta si había
alguien ahí. No obtuvo respuesta, ni buena ni mala. Eso no era una
garantía para saber que ahí estaría segura, pero ya era algo.
	Dejó la puerta abierta y se dirigió hacia la barandilla para
empezar a bajar las escaleras, oyendo un inquietante eco a cada paso
que daba, alejándose cada vez más de la luz. El rellano al que
llegó, el del sexto piso, tenía cuatro puertas; dos a cada lado de
un pasillo que acababa en la misma puerta tapiada con maderos que
viera por fuera mientras subía. Abandonó la escalera y anduvo hacia
las puertas, sin mucha esperanza de encontrar ninguna abierta,
empezando a pensar que sería lo que haría si en ese bloque no
había ni un solo piso al que poder entrar.
	Sexto primera, cerrada a cal y canto; incluso se veían las puntas
de algún que otro clavo asomar por el marco. Sexto segunda idéntico
resultado. Sexto tercera parecía igualmente impenetrable, pero cuando
Bárbara giró el pomo la puerta cedió sin dificultad. No había
previsto que eso pudiera ocurrir, y por ello le dio más respeto que
satisfacción. Empujó suavemente la puerta, al tiempo que decía un
largo ¿Hola?. Al parecer no había nadie ahí dentro. Echó un
último vistazo al pasillo y entró en la casa, en cuya puerta
pendía una placa que decía Señor y Señora Soto. Cruzó el
umbral algo asustada, y cerró la puerta tras de si.
	Todo parecía en regla ahí dentro, y eso le dio una extraña
sensación de que estaba haciendo algo mal. Entrar en una casa ajena
sin ser invitado y disponerse a pasar ahí la noche y saquear su
cocina, sin ni siquiera conocer a los dueños, no hubiera estado bien
en el mundo real, en el que había leyes y normas morales. Ahora todo
era distinto. En una especie de comunismo extremo, todo era de todos
y debía ser compartido sin importar el origen y la condición del
individuo. Era una ley por nadie establecida, pero obedecida por
todos; una especie de conocimiento colectivo sobre la manera de
actuar. 
	Tras dejar caer la ropa que llevaba sobre el sofá, miró alrededor,
y vio un pequeño salón acabado en un gran ventanal con vistas al
cementerio.  Tal vez no era el lugar más acogedor del mundo, pero a
Bárbara no se le ocurría uno mejor donde resguardarse. Se acercó a
un gran mueble y asió una foto en la que se veía una pareja de unos
treinta años. El señor Soto abrazaba a la señora Soto por detrás,
colocando su cabeza sobre el hombro de ésta, que sonreía con los
ojos achinados. Estaban en una playa paradisíaca, mucho antes de que
todo esto empezara. Envidió su situación, la felicidad que
demostraban con sus caras risueñas, y se preguntó donde habrían
ido a parar; no tardaría mucho en averiguarlo.
	Todo estaba demasiado tranquilo, demasiado ordenado. Ahí había
algo que no le acababa de encajar. Vio la mesilla de una televisión,
sin televisión, un equipo de música y una gran mesa con seis sillas
perfectamente colocadas. Lo primero que hizo fue dirigirse hacia la
cocina, pues el hambre ya empezaba a hacerse bastante acusado.
Incluso ahí dentro parecía todo en regla. Sobre la encimera de
mármol negro descansaba un cuchillero repleto de cuchillos de todos
los tamaños. Bárbara agarró el más grande que vio, algo más
tranquila al verse armada. Si bien un cuchillo no acabaría con uno
de ellos, podría entorpecerle un rato,  tal vez lo suficiente para
salir por piernas de ahí.
	La luz se filtraba por una ventana apaisada, bañando con una luz
mortecina todo cuanto la rodeaba. Se acercó a la nevera y puso su
mano sobre el asa que la abriría, tirando de ella. El intenso olor
que de ahí manó la hizo cerrarla al instante. Dos semanas sin
electricidad eran más que suficientes para echar a perder lo que
quiera que guardasen ahí dentro. Debería seguir buscando.
Ingenuamente abrió el grifo, pues también estaba sedienta, pero
éste se limitó a hacer un ruido, como un gorgoteo, y volvió a
quedar en silencio. Tras la puerta de acceso había otra puerta,
cerrada. Bárbara pensó que  tal vez sería la despensa. Se acercó
a ella y la abrió. 
	En efecto, se trataba de la despensa, pero ahí no se encontraba lo
que ella hubiera podido prever, sino algo mucho más desagradable. A
juzgar por la barba que asomaba por entre la sangre seca de lo que
quedaba de su cara, debía de tratarse del señor Soto. Estaba
sentado en el suelo, medio de lado, con una de sus manos todavía
sosteniendo la escopeta de caza que le había quitado la vida, y que
le había volado media cabeza. Los efectos del disparo aún se
notaban por todos lados, pues la estantería que había tras él
estaba bañada en sangre, y con el disparo había dejado caer parte
de los alimentos envasados que ahí guardaban.
	La visión era horrible, y de buen grado hubiera cerrado esa puerta
de nuevo para no volver a abrirla, pero ahí había todavía
demasiada comida intacta, y ella tenía mucha hambre. Cuchillo en
mano se acercó al señor Soto, y le sustrajo la escopeta de las
manos. Tal y como tenía la cabeza, desfigurada y agujereada,
Bárbara bien sabía que no volvería a levantarse. Comprobó que la
escopeta estaba vacía. Por lo visto había gastado su última bala
en quitarse la vida; Bárbara debería conformarse con el cuchillo.
Agarró una botella de agua, un par de latas de conserva y una bolsa
de patatas fritas, y salió finalmente de ahí.
	Dejó toda la comida sobre la mesa de la cocina, y tomó asiento en
una silla de madera. Encarada por si las moscas a la puerta de
entrada, y con el cuchillo bien a mano, comenzó a comer y beber,
saciando sus necesidades, sintiendo por primera vez en mucho tiempo,
algo de placer, algo de paz.
puntos 32 | votos: 36
Bueno o Malo - tu decides ..
puntos 7 | votos: 11
Bueno, Y tu que me ves?? -
puntos 11 | votos: 17
Alo???  - Si .. Si quiero Estar en la Principal ..





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