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29.08.2011

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puntos 11 | votos: 11
Todo el mundo mete la pata - nosotros nos metemos mano.
puntos 5 | votos: 5
Estaré por siempre allí - llama a la muerte.
puntos 6 | votos: 8
Mierda - mas negativos
puntos 6 | votos: 10
Nacho vidal  - No necesita brocha para pintar
puntos 12 | votos: 12
Quizás mis carteles, - no vayan a la principal. Pero significan algo más para mi que algunos que están ahí.

puntos 6 | votos: 14
El sugus azul - es como los billetes de 500,
sabemos que existe,pero no lo hemos visto nunca
puntos 13 | votos: 13
¡Suéltame, no soy Garfield! -
puntos 14 | votos: 16
El deseo te lleva más allá - de los límites, te lleva a otra realidad.
puntos 9 | votos: 11
Cuando te vayas - no te olvides de que me voy contigo.
puntos 9 | votos: 11
El amor es esa enfermedad - que muchos alardean padecer.

puntos 16 | votos: 16
Entre un perdedor y alguien que falla - está la diferencia entre levantar bandera y seguir intentándolo.
puntos 9 | votos: 9
Pásate la vida soñando, - o lo que es mejor, haciendo.
puntos 0 | votos: 2
Los primeros shows sin Jimmy - Obviamente es difícil ocultar las lagrimas...
puntos 20 | votos: 20
Hasta pronto -
puntos 7 | votos: 7
LA VIDA - TAN CRUEL

puntos 16 | votos: 18
No me importa que sea estúpido, - me vale con que sea mío.
puntos 13 | votos: 13
El cuerpo le gana a la personalidad - porque una imagen vale más que mil palabras.
puntos 65 | votos: 69
Nadie quiere esforzarse - pero todos quieren lograrlo.
puntos 10 | votos: 12
Prefiero estar sola, - ya que así estoy con buena compañía.
puntos 12 | votos: 12
Ese momento - en el que te desplazan...

puntos 6 | votos: 6
¿La besarías? -
puntos 15 | votos: 15
Técnicas de control mental -
puntos 52 | votos: 56
Hay calamidades - que están destinadas a no querer evitarse.
puntos 46 | votos: 60
Que le he hecho para merecer eso... -
puntos 15 | votos: 15
No te culpo, la tonta fui yo - por pensar que tú sentías lo mismo

puntos 71 | votos: 73
Domesticar al perro - para que se pasee a sí mismo.
puntos 9 | votos: 9
La esperanza es una estrella - que tarde o temprano dejará de brillar.
puntos 24 | votos: 26
Los labios sellan las mentiras - que la mente comienza a crear.
puntos 27 | votos: 29
Prepara tus maletas que vamos a - cumplir tu sueño. No te aseguro volver, pero sí lograrlo.
puntos 14 | votos: 14
Sigue intentando, - que con cada paso te alejas del fracaso.

puntos 21 | votos: 21
Todos queríamos ser héroes, - hasta que nos entereamos quién era el villano.
puntos 20 | votos: 20
Y llamáis venganza a mi justicia - sólo porque vosotros necesitáis de alguien más 
para obtener la vuestra.
puntos 10 | votos: 16
STOP INMIGRACION - en España ni chinos, ni negros ni sudacas, 
solo los turcos que me venden el kebab.
puntos 96 | votos: 98
Los opuestos se atraen - pero aveces ellos se destruyen.
puntos 14 | votos: 14
Preguntándome por la batalla - del más allá.

puntos 6 | votos: 6
Pain, cuando descubrió el ibuprofeno -
puntos 14 | votos: 14
Los hombres también nos mojamos -
puntos 4 | votos: 6
Mi llegada al pueblo - Me gustaría deciros que soy yo el que está describiendo estos
sucesos, que yo viví todo esto. Pero teniendo en cuenta lo que os
contaré, es inteligente que creáis que soy un simple personaje de
ficción, y que la historia la ha inventado el autor en una noche de
mal sueño.
Era una tarde del verano pasado, yo había vuelto a mi pueblo luego de
seis años fuera, años que parecían eternos sin los torrenillos de
la yaya, el chirrido de la puerta principal, o el perro que ladraba a
todo lo que se movía, ahora ya fallecido. El día de mi llegada, no
avisé que vendría. Caminé por ese amplio jardín, más descuidado
de lo que recordaba, y llamé a la puerta. Mientras acomodaba como
podía mi cabello, una niña me sorprendió por detrás -¿A quién
busca?-. A pesar de haberla visto en fotos, me costó entender que esa
niña era mi hermana pequeña, parecía un ángel, con sus rizos
castaños y esas pecas que ya se vislumbraban apenas cuando era una
bebé. Me quedé atónito, mis ojos comenzaron a lagrimear, y ese fue
más que motivo para que ella se pusiera nerviosa, yo al notar sus
nervios exclamé:
 -¡Brisda!, soy yo, tu hermano, Isaías-, relajó sus hombros.
-Sabía que vendrías, Furfi me lo dijo-.
-¿Furfi?- Se abre la puerta principal con su chirrido
característico, -SÍ, Furfi, su amigo imaginario- dijo una voz casi
tan gastada como hermosa, la voz incomparable de una madre, -¡Mamá!-
grité, dejando salir una voz quebrada, como la de un niño que ve a
su madre luego de perderla en el supermercado. Ella correspondió a mi
abrazo con uno más fuerte aún, y desde ese momento, el mejor día de
mi vida comenzó, caminé cada trozo del pueblo, visité a viejos
amigos, eché unas partidas en el billar de siempre y con los ebrios
de media tarde hablando de política, me sentía años años más
joven, el único viaje en el tiempo que podéis afirmar que fue real.
Toda la familia se había vuelto a adaptar a mi presencia, mi
padrastro Edgar parecía haber cambiado, su personalidad era más
pasiva y amena. Y mi hermano Maximilano había madurado bastante, ya
era todo un hombre, elocuente al hablar, de postura firme. Debía
admitirlo, ya no era el puberto pueblerino que había dejado atrás.
Siempre que podía me preguntaba sobre aquellos lares en los que
había estado:
-¿Cómo es la comida allá?-
-Está bien, pero no hay como la de mamá- Mi madre sonríe mientras
mira el noticiero.
-Anda, eso lo dices para quedar bien, ¿Y qué hay de las mujeres?-
-A montones, no daba a basto- Dije, cuando por dentro sabía que, más
que alguna noche, no tuve mucha suerte.
-Oye, ¿Vamos a dar una vuelta por el campo como cuando niños?- La
nostalgia superó mi pereza.
- Venga, coge a Brisda y vamos-
Subí a Brisda a mis hombros y comenzamos la caminata. Los arboles a
cada lado del camino nos hacían sombra, que era de agrado por la
calurosa tarde que acontecía. Mi hermano cantaba una y otra vez
...Borrando de mi memoria traiciones y demás..., a lo que yo le
seguía con una frase que inventaba en el momento, para que Brisda me
corrigiese con un rotundo ¡Así no es!, y yo me hiciese el
confundido. No recuerdo cuantas veces repetimos lo mismo, pero eso
hizo nuestra caminata muy corta, y en menos de lo que esperabamos, ya
nos encontrábamos frente al campo. Casa de animales mitológicos que
inventaba de niño para asustar a mi hermano, casa también de las
mayores fantasías jamás contadas, de cazadores y soldados. Al entrar
se abrió nuevamente ese paraíso, mientras más miraba ese lugar tan
conocido por mi retina, más grande se hacía ese mundo dentro del
mundo. El corte que se hizo Tomás, el beso que le di a Evelyn, aunque
todos dicen que ella me lo dio a mi. Recordaba todo esto cuando la
dulce voz de Brisda cortó mi concentración:
-Yo ya he estado aquí, Furfi me trajo- Recordé que era su amigo
imaginario.
-No habrás venido hasta aquí tú sola, ¿Verdad?-
-Que no, que me ha traído Furfi- Iba a seguir ahondando en el tema,
pero Maximilano me interrumpe:
-Déjala, es siempre así, se inventa cosas. Anda, vamos al arroyo-
Me sentí más tentado por la oferta de Maxi, y fui colina abajo de la
mano con Brisda. Cogimos unas piedras de la orilla y comenzamos una
competencia de quién golpeaba la roca que sobresalía del agua. Más
pronto que tarde, el sol cayó, y lo que era un caluroso día, se
convirtió en el inicio de una noche, un cielo azul deseando ser
negro. Nos estábamos disponiendo para tomar rumbo hacia casa, cuando
Brisda se detiene y sonríe mirando hacia unos matorrales:
-Ahí estás Furfi, ven y saluda a mis hermanos- Miré hacia los
matorrales y no vi absolutamente nada.
-Venga Bris, vamos que se hace tarde- Dije impaciente.
-Furfi no me hagas esto, quiero que ellos crean en ti también- A los
segundos de que ella dijera esas palabras, los arbustos comenzaron a
moverse de manera suave.
Mis sentidos se exaltaron, al igual que los de mi hermano, que bajó
su mano y cogió un palo del suelo. Yo cerré mi puño derecho y
esperé que lo que fuese que iba a salir de allí saliera, mientras
empujaba a Brisda detrás mía con la mano izquierda:
-No te asustes Isaías, es Furfi, no te hará daño-
-¡Sal de allí!, ¡Somos dos, pringado!- Grité, con el fin de
asustarle si era una persona, o de hacer notar que estábamos si era
algún perro.
Cuando esa cosa consiguió salir de manera abrupta de los arbustos ya
poco visibles por la oscuridad, llevó nuestro miedo al pico más alto
para que luego baje lentamente al notar que era un ciervo:
-¡Un ciervo!- Exclamó Maxi, con una risa segura, quizás para calmar
su propio susto.
-¡Vete, vete!- Le grité al ciervo, mientras pateaba una roca del
suelo hacia él, la cual le pegó en el pecho, pero no se movió,
quedo quieto completamente, sin mover su cabeza, o incluso sus orejas.
-Hola furfi, ellos son mi hermano Isaías y Maxi- Dijo Brisda sin el
menor de los miedos, mientras intentaba soltarse de mi mano izquierda,
que con tanto recelo la sostenía.
Se quedó mirando hacía donde yo estaba, helado, con una mirada que
parecía humana, y su gran tamaño no ayudaba en mucho. Tras unos
segundos pensando, y recordando alguna que otra película, susurré
-Camina despacio hacia arriba y no le des la espalda-, a lo que Maxi
asintió con la cabeza. Subí en mis brazos a Brisda, que no dejaba de
decir que ese animal era Furfi y que no nos haría daño. El ciervo no
nos siguió, pero no dejó de mirarnos durante toda nuestra lenta
huida.
Llegamos a casa, y le contamos a nuestra madre lo sucedido, y el mal
comportamiento que había tenido nuestra hermana. Mi sorpresa aumentó
cuando toda la familia comenzó a contar que algunas noches se veía a
un ciervo quieto en medio de la calle, al frente de casa. Esa noche
tuve pesadillas en las que el protagonista principal era este animal,
pero con el particular detalle de que tenía alas, una negras,
disparejas y corroídas alas. Podría haber sido la peor noche de mi
vida, de no ser por las siguientes. Cada día las pesadillas eran
peores, el realismo que llegaban a tener nunca lo había sentido con
ningún sueño.
Una noche, desperté por una de estas pesadillas, y me encontré a
Brisda al lado de mi cama:
-Has soñado con Furfi otra vez, es porque está enfadado contigo por
alejarme de él- Yo quedé helado, esa sensación de no querer creer
en fantasías, pero que lo que diga una niña de 7 años sea lo más
lógico, jamás me había sentido así.
-Vale Bris, cuéntame más sobre tu amigo- Dije mientras me levantaba
a encender la luz.
-Él es mi amigo desde hace dos años, ¡Es genial!, en los sueños me
lleva volando por encima de las nubes-
-¿Sueñas con él?, ¿Qué más hacéis en estos sueños?-
-Visitamos a pequeños duendes que viven en una cueva, él se los
come, es muy divertido. Además me ha dicho que yo también tendré
mis alas cuando sea el momento-
Un escalofrío inevitable se apoderó de mi, pero mantuve la
compostura, y seguí preguntando:
-¿Te dijo su nombre real?, ¿Cuándo tendrás tus alas?, ¿Cómo le
conociste?- Mis nervios eran evidentes, Y Brisda lo notó.
-No te preocupes, cuando lo vea le diré que te deje en paz-
En ese momento apareció mi madre, con su pijama blanco -¿Qué
hacéis despiertos a estas horas?, Brisda, a la cama ya-, mi hermana
se levantó y se dirigió a su habitación, pero antes de salir por la
puerta dijo: -Su nombre real es Furfur- A lo que mi madre interrumpe
dirigiéndose a mi:
-Isaías hijo, te ves fatal, ¿Te está costando acostumbrarte?, dime
qué te sucede- Con una voz dulce como solo una madre puede decir las
cosas.
-No mamá, estoy algo cansado, eso es todo. Creo que necesito
despejarme un poco, ir a la ciudad-
-Vale hijo, pero ahora duerme un poco, ya mañana tendrás tiempo-
Esa noche la pasé sin pegar ojo, pensando solo en un nombre: Furfur.
Esto no podía estar pasándome, confiando de las palabras de una
niña imaginativa, pero aún así sabiendo que había algo de cierto
en sus palabras.
Apenas amaneció me preparé un café amargo, cogí prestado el auto
de Maximiliano, una Ford F100, cliché del pueblerino, y emprendí
viaje a la ciudad, que estaba a treinta minutos. Al llegar, la ciudad
ya no era una ciudad, sino un pueblo grande, quizás efecto de haber
vivido en una megalópolis por seis años. Pero mi móvil pillaba
señal y eso era más que suficiente. Me detuve a un lado, y le
pregunté al primero que pasó:
-¿Hay algún Cibercafé por aquí?-
-Claro, sobre esta avenida hay una- dijo sonriendo muy amable.
Me costó, pero la vi, un almacén de mala muerte, en una esquina,
atendido por una mujer muy bella, pero que perdía todos sus encantos
al hablar. Pedí un café y me dispuse a investigar sobre este amigo
de Brisda, lo cual no fue muy difícil, ya que con solo poner su
nombre en el buscador mi rostro se transformó de  una nada cansada y
con párpados caídos a una masa de músculos contraídos por el
horror. Un demonio...
Salí tan rápido como pude de ese cibercafé, decidido a volver al
pueblo y acabar con esto de una vez y por todas. Cuando llegaba a la
entrada del pueblo vi a mi padrastro Edgar, y recordé que él tenía
una Winchester que siempre mostraba con orgullo. Se la pedí prestada
sin mucho titubeo, y sin pedir más explicación subió a la Ford
-Acelera, la tengo en casa-, quizá porque vio mi cara de
desesperación, o porque sabía algo más.
Una vez con el arma, y armados además con cuchillos, fuimos directo
al campo donde le había visto antes. Sigilosamente bajamos la colina,
y nos sentamos a esperarle, los minutos pasaban para dejar paso a las
horas. No recuerdo a ciencia cierta cuánto tiempo le esperamos, pero
comenzaba a anochecer cuando escuchamos chapoteos que venían de una
de las orillas del arroyo. Era el ciervo, Furfur, jamás olvidaría su
mirada, se detuvo y al notar nuestras intenciones comenzó a correr
hacia nosotros. Sin dudar un momento disparé directo a su cabeza,
pero eso no le detuvo, efectué el segundo disparo y cayó desplomado
al suelo, aunque siguió por varios metros por efecto de la inercia.
El golpe de gracia lo hizo Edgar, el cual cortó la cabeza de este
ser. Para estar seguro de que esto se hubiera acabado, eché gasolina
al cuerpo y le hice arder.
Caminamos victoriosos hasta casa, pero esa sensación de haber salvado
el día se esfumó al ver la cara pálida y sollozante de Brisda, que
intentaba escapar delas manos de Maxi, quien intentaba contener su
llanto:
-¡¿Porqué le has matado?!, ¡Asesino!- No comprendía cómo lo supo
tan rápido.
-Él era un demonio, quería arruinar nuestras vidas- Dije muy
confiado de mi heroísmo.
-¡Te odio Isaías!, ¡Ya no eres más mi hermano!-
En ese momento sentí furia, porque era una niña, no comprendía lo
que yo había hecho por ella. Pero los días pasaban y ella no dejaba
de llorar, no comía, tampoco dormía. Intenté pedirle perdón en
varias ocasiones, pero parecía que yo no existía para ella.
Habían pasado ya seis días desde la muerte de Furfur, eran las
cuatro de la mañana, Brisda ya no sollozaba, y como era un sonido
común ya, me pareció extraño. Me levanté y me dirigí a su
habitación, que era la contigua a la mía. Ella ya no estaba en su
cama, y mientras miraba el vacío entre las sábanas, el sonido de un
fuerte aleteo entraba por la ventana abierta. Corrí para divisar qué
era, pero no vi nada más que la luna tapada por las nubes, y las
siluetas de los árboles dibujadas en negro. -¡Mamá!- grité, esta
vez con un tono diferente al primer día de visita. Mientras escuchaba
a todos subir las escaleras, cogí un trozo de papel que se encontraba
en la cama de Brisda. Al darlo vuelta lo vi, era su letra, torpe pero
inocente letra. No te preocupes, te perdono, ahora Furfur y yo vamos
a comer duendes.
puntos 22 | votos: 22
Todos me lo advirtieron, - pero yo quería que me destruyera él en persona.
puntos 13 | votos: 13
A veces quisiera dejar de querer -

puntos 11 | votos: 13
No me odio, - simplemente me soy indiferente.
puntos 7 | votos: 7
La vida no me enseñó a ser fuerte, - me demostró que no lo soy.
puntos 7 | votos: 9
Te lastimas por fuera - para intentar matar a los mounstros que llevas dentro.
puntos 18 | votos: 18
Ten cuidado cuando des una mano, - puede que te la dejen peor de lo que ya está.
puntos 8 | votos: 8
No pretendo estar rodeada de gente, - mas sí de una realidad.

puntos 19 | votos: 19
La sonrisa es una máscara - con la que puedes ocultar una parte de ti, mas no tu esencia.
puntos 19 | votos: 19
Eran tan diferentes - que se complementaban el uno al otro.
puntos 24 | votos: 24
Gracias por motivarme - Desmotivadores
puntos 7 | votos: 7
El amor nunca - ha roto realmente un corazón.
puntos 7 | votos: 11
Irónico es que algunas personas - hablen de experiencias que no han pasado como si las hubieran pasado,
y que aquellas que sí las pasan se queden calladas.





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