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![Malal, - conocido en la actualidad como Malicia, es un Dios del Caos renegado,
así como el Jerarca de la Anarquía y el Terror, aparecido en las
primeras ediciones de los universos ficticios de Warhammer Fantasy y
Warhammer 40,000. Según unas fuentes se trataría de una deidad
menor, pero según otras Malal sería un ser a la par de los
integrantes del panteón principal de los Dioses del Caos.
Malal, conocido también como El Dios Marginado, El Dios Perdido,
El Gran Vengador y El Dios Renegado, debido a su propia
naturaleza, es el aspecto del Caos más terrible, ya que es la
personificación última y definitiva de la tendencia indiscriminada y
anárquica del Caos hacia la destrucción, incluso de sí mismo y de
sus agentes, de la ciega venganza y la maldición eterna. La
naturaleza de los poderes de Malal es parasitaria, ya que el poder del
Dios Renegado solo aumenta cuando lo hacen los de los demás Poderes
Ruinosos.
Malal adora usar engaños y trucos para hacer que los Dioses del Caos
y sus seguidores se lancen los unos contra los otros. Un hechizo por
aquí, un vial roto por allá, una tela retirada inoportunamente, un
alzamiento o una simple palabra; estas son las herramientas que usa
Malal para minar y destruir a los Dioses del Caos. Malal toma su poder
de un grupo que lucha con relativo poco poder contra la figura de un
gran opresor.
Su símbolo es un cráneo, mitad blanco y mitad negro, que puede ser
estilizado, real o incluso uno bestial. El número sagrado de Malal es
el 11, y sus colores sagrados son el blanco y el negro.
Son muy pocos los que conocen la existencia de Malal y generalmente
son otros herejes caóticos. Si alguien tuviera el valor de
arriesgarse a echar un vistazo a las siniestras e impías páginas del
Libro de la Desesperación, el odioso tomo sagrado de los cultistas
del Caos, podría leer las siguientes líneas:
[...] y aquel que llegó antes se convirtió en el último, y aquello
que era blanco y negro e iba en todas las direcciones se precipitó
contra sí mismo. Indignado poderosamente por las palabras de los
Dioses, Malal volvió a su corazón en su contra y huyó a los vacíos
del espacio... Y desde entonces ningún hombre volvió su faz hacia
Malal, excepto aquellos que odian a quienes sirven, que sonríen ante
su propia desgracia, y que no albergan amor alguno excepto por los
malditos. Entonces, cuando el corazón de un guerrero se consagra a
Malal, todos los Dioses del Caos sienten como su miedo aumenta, y la
risa del Dios Exiliado llena el sepulcral espacio...
Hace eones, Malal fue expulsado del seno del Caos, pero nadie sabe si
esto sucedió por decisión de los demás Dioses, o si lo abandonó
por su propia voluntad. En cualquiera de los dos casos, posteriormente
pasó a habitar en su propio reino en la Disformidad. En cualquier
caso, la relación de Malal con los demás Dioses del Caos es bastante
peculiar, ya que su deseo final es destruirlos a todos y cada uno de
ellos, aunque con ello se debilite a sí mismo. Además, a pesar de su
pertenencia indiscutible al Caos , representa incluso un peligro para
sí mismo, debido a su consciencia autodestructiva. Sin embargo, nadie
sabe lo que ocurriría en caso de que Malal venciera a sus hermanos,
ya que hay tantas posibilidades de que se convierta en el dios supremo
del Caos, como de que se destruya a sí mismo o de que lo destruya
todo en una vorágine de destrucción. Nadie lo sabe, pero lo que es
seguro es que cuando llegue dicho momento, lo único que habrá será
una guerra eterna y sin final.
Al igual que sus otros hermanos, encarna una emoción engendrada de
los seres inteligentes. En su caso, representa el sentimiento que
posiblemente sea el más destructivo y poderoso de todos: el odio. Si
algo define esta emoción es su carácter autodestructivo, por lo que
convertirse en seguidor o paladín de esta deidad es una decisión
prácticamente suicida, por lo que sus seguidores tienen que estar
dispuestos a soportar grandes cantidades de sufrimiento, tanto físico
como espiritual. Malal es mucho más directo que las otras deidades.
Suele aparecerse a aquellos consumidos por el ansia de venganza y el
rencor (especialmente hacia los paladines de sus hermanos) y les
propondrá convertirse en sus seguidores. Es muy raro que le rechacen.
Se menciona en muy pocos textos, aludiendo casi siempre a su carácter
autodestructivo y a su inconmensurable odio hacia sus hermanos. Se le
representa como un ser cubierto de heridas, con cadenas atravesando
todo su cuerpo y suspendido en un vacío oscuro.
Todos y cada uno de los Dioses del Caos persiguen objetivos y
propósitos de su propia cosecha y elección que, posteriormente,
imponen a sus fieles. Sin embargo, el incomprensible credo de Malal
les sitúa, tanto a él mismo como a sus seguidores, en una posición
decididamente parasitaria. Los caóticos seguidores de Malal son
guerreros proclives a actos de anarquía, dedicados al derramamiento
de sangre y el asesinato, y que se implican en guerras y
enfrentamientos no solo con los servidores del Imperio como también
con seguidores y criaturas afiliadas con los Poderes del Caos. Es por
ello que Malal es a la vez temido y odiado por los demás Dioses del
Caos y, en una simetría especular, los seguidores de Malal son a la
vez odiados por los demás fieles y seres del Caos, quienes los
consideran renegados y marginados que no son apreciados ni por los
aliados ni por los enemigos del Caos, según sean los deseos más
ínfimos engendrados por la cambiante voluntad de su deidad
protectora. Pocos seres humanos adoran a semejante deidad, y muchos
menos permanecen con vida durante mucho tiempo a su servicio. Los
lazos que unen al señor con sus vasallos siempre acaban por drenar
las almas de los guerreros, y muy escasos seres humanos tienen lo que
hace falta para liberarse o debilitar los lazos creados por Malal una
vez forjados. Sin embargo, sus pocos seguidores son los más
serviciales y más entusiastas de los cultistas seguidores del Caos.
Cada siervo que trama contra su señor, cada trabajador que odia a su
jefe, cada paseante que mira con rabia y odio los palacios de los
ricos y poderosos, cada persona que grita con rabia contra los dioses
carentes de misericordia por su situación en el mundo, alimenta el
poder de Malal.
Al contrario que el resto de los Dioses Mayores del Caos, Malal puede
ser invocado directamente al Materium si se realizan los suficientes
sacrificios mortales y se le entrega un cuerpo que pueda actuar como
huésped demoníaco. Cuando adquiere forma física, Malal tiene un
aspecto humanoide con rasgos lobunos y de cocodrilo. Sus manos tienen
6 dedos y su rostro 3 ojos. De sus fauces sobresalen dientes como de
león, tiburón, vaca y rata.
Su siniestro templo está desierto y es poco ostentoso y recargado
(comparado con los de los demás Dioses). Fuegos encantados iluminan
las estancias del templo y se pueden vislumbran entre su parpadeos
partes del futuro. La más grande de sus salas muestra los trofeos
logrados: en su templo tiene un Señor de la Trasformación desplumado
y herido y aislado mágicamente en una jaula colgada del techo, a un
Devorador de Almas que está clavado a la pared con pinchos que
atraviesan sus miembros mientras ruge de furia e impotencia, a un
Guardián de los Secretos cegado, sin poder oír ni oler ni saborear
ni percibir sensaciones, que está flotando en el aire, y una Gran
Inmundicia encerrada en un sótano donde miles de cosas la atacan
constantemente solo para que se regenere para así poder volver a
atacarle, causándole un dolor mortal, continuo y aterrador. Por si
fuera poco hay docenas de Campeones de los otros Dioses exhibidos,
impotentes y aislados de sus amos. Múltiples acólitos corren en la
oscuridad inscribiendo las características de los que están siendo
exhibidos y colocando los nuevos que llegan.](http://img.desmotivaciones.es/201507/religion-godricvampire666-desmotivaciones-2.jpg)




