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Al otro lado de la vida -
puntos 4 | votos: 26
Al otro lado de la vida - 1x09 - 
Piso del señor y la señora Soto
28 de septiembre de 2008

Bárbara cayó al suelo golpeándose la espalda contra algo duro. Esa
mujer se diferenciaba del resto de los demás porque parecía sana.
Tan solo le delataban sus ojos rojos y la palidez de su piel; era
evidente que aún no se había alimentado, aunque estaba segura de
que eso se solucionaría enseguida. Bárbara se alegró de haberse
colocado los tejanos y la camiseta de manga larga; ahora tan solo sus
manos y su cabeza estaban en contacto con el exterior, y resultaría
mucho más difícil acabar infectada por ese ser. Colocó uno de sus
pies sobre el hombro del ansioso animal, frenándola por unos
momentos, mientras ella se afanaba por morderle a través de una
bamba y asía con fuerza uno de sus muslos.
	Todo se solucionaría en cuestión de segundos, de modo que era
crucial tomar las decisiones rápidamente. Desde ahí podía ver el
cuchillo, descansando tranquilamente sobre la mesilla de noche. Tan
cerca, y a la vez tan lejos. Resultaría imposible hacerse con él
sin permitir a ese ser hincarle el diente, pues ya le estaba costando
mucho trabajo retenerla. La lucha encarnizada parecía decantarse por
su enemiga, y Bárbara cada vez disponía de menos fuerzas para
seguir defendiéndose. Miró a su alrededor, pero tan solo vio
objetos inútiles desperdigados por el suelo; un teléfono móvil, un
paquete de pañuelos, una cajita de condones... Entonces notó que
algo le estaba pinchando en la espalda, que lo hacía desde que cayó
de espaldas.
	Se levantó un poco y agarró por el mango ese objeto. Era un
destornillador, un destornillador de estrella. No era el cuchillo,
pero serviría. Se armó de valor, apoyó su otro pie sobre la cabeza
de la señora Soto, y empujó con fuerza para llevarla más adentro
bajo la cama, el tiempo justo para levantarse, saltar torpemente
sobre la cama y correr hacia la puerta del baño. Respirando
acaloradamente, sosteniendo en su mano derecha el destornillador,
esperó que llegase con toda la sangre fría que pudo. Vio a esa
mujer arrastrándose con una habilidad inhumana bajo la cama, para
salir de ahí debajo y levantarse apoyándose en una rodilla.
	Se la quedó mirando un momento, con una extraña mueca en la cara,
que hubiera podido interpretarse como una sonrisa si ese ser todavía
dispusiera de humanidad. Bárbara dio un paso atrás, con la
adrenalina supurando por sus poros, atemorizada de pies a cabeza,
notando cada vez más cerca su final. Al ver como la señora Soto
salía corriendo en su busca, empuñó el destornillador y lo sostuvo
firmemente frente a sí, cerrando los ojos. A partir de ahí, todo
pasó muy rápido. Bárbara notó un fuerte empujón que la hizo
perder el equilibrio. Sintió como el destornillador dejaba de estar
en su poder.
	Cayó de costado al suelo, y vio como su contrincante entraba de
bruces en la bañera, llevándose la cortina por delante,
arrancándola de sus enganches del fuerte tirón. El borde de la
bañera se había teñido de un rojo intenso, y ahora esa mujer
luchaba por zafarse de la cortina. Bárbara corrió hacia la puerta,
y la cerró con fuerza, viendo en el último momento la figura de esa
mujer, con el destornillador clavado en un hombro teñido de rojo,
levantándose para volver a la carga. La puerta se cerró con un
portazo.
	Bárbara se apresuró en arrinconar la cómoda frente a la puerta, y
la cama contra la cómoda, confiando que así jamás pudiera salir de
ahí, oyéndola gritar con sonidos sin sentido, pero todavía humanos
en cierto modo, claramente femeninos, mientras golpeaba con furia la
puerta en sus embestidas. Se volvió a sentar en la cama, llevándose
una mano helada y temblorosa a la frente. Había sobrevivido una vez
más, pero eso no significaba nada. Ese era un mundo de locos. No
podía seguir así, era demasiada presión, demasiado miedo. Los
golpes se repetían sin perder intensidad ni frecuencia, puesto que
sabía que Bárbara todavía estaba ahí, la podía oler.
	Se levantó, dispuesta a salir de ahí, y se miró de arriba a
abajo. Todo parecía en regla. Por fortuna no le había mordido ni le
había arañado, lo cual hubiera resultado fatal. Tampoco le había
manchado con su sangre corrupta, de modo que seguía sana, aunque
sabía que era cuestión de tiempo que eso cambiase. Ella era una, y
ellos eran cientos, miles, millones. No había escapatoria alguna.
Echó un último vistazo alrededor, antes de salir de una vez por
todas de esa habitación, y reparó en un lápiz de labios que había
tirado en el suelo. Lo abrió y vio su color rojo intenso, el mismo
rojo de la sangre. Se acercó por última vez a la puerta y
escribió: Hay uno de ellos aquí dentro. Cerró el pintalabios y
lo tiró sobre la cama.
	Al salir de la habitación, dejando la puerta cerrada tras de si,
con el cuchillo en una mano la vela en la otra, pues ya era de noche,
sintió ganas de huir del piso. No paraba de oír esos golpes en la
puerta y las paredes, y estaba segura de que acabaría volviéndose
loca. Pero debía guiarse por el espíritu práctico, no sabía lo
que había ahí fuera, y  tal vez fuera peor salir que quedarse
dentro. Miró el estrecho pasillo y sopesó las posibilidades. Podía
dormir en el aseo, en el salón o en el estudio. Entró en el estudio,
y dejó la vela sobre el escritorio. Cerró la puerta con pestillo a
su paso, sintiéndose algo más segura, y se sentó en el sofá. No
era ni de lejos la mitad de cómodo que lo hubiera sido la cama de
matrimonio, pero desde ahí no se oían tanto los gritos y los
golpes, cada vez menos acusados.
	Miró concienzudamente dentro de un pequeño armario e incluso
debajo del sofá, aunque éste no se levantaba más de diez
centímetros del suelo. Sintió que se estaba volviendo paranoica,
sospechando de todo y de todos, y que jamás podría volver a tratar
con ninguno de sus semejantes, porque creía temer ya a toda la raza
humana. Poco a poco, el silencio se fue apoderando del edificio,
incluso la señora Soto acabó asumiendo la derrota y se puso a
dormir dentro de la bañera. Tan solo se oía el rozar de la suelas
de unos zapatos en la oscuridad de la noche. Bárbara se asomó por
la ventana y vio a la chica que horas antes había pedido auxilio,
aunque ya no era ella. Uno de sus brazos mostraba un aspecto
lamentable, faltándole gran parte de la carne. Ella la miró, y
Bárbara volvió a meterse dentro, cerrando la ventana.
	Se tiró de espaldas al sofá, cansada de todo, preguntándose una
vez más si debía sentirse afortunada o desdichada por seguir viva.
Cerró los ojos y trató de conciliar el sueño, creyendo oír
crujidos, pasos, voces provenientes tan solo de su subconsciente. Le
costó mucho conciliar el sueño, pero acabó durmiéndose sentada en
el sofá, con el cuchillo agarrado con ambas manos.
puntos 16 | votos: 26
Al otro lado de la vida - 1x10 - Piso del señor y la señora Soto
29 de septiembre de 2008

Bárbara despertó de un dulce sueño para encontrarse de nuevo con
la pesadilla. Le despertaron los mismos golpes que le habían hecho
prácticamente imposible conciliar el sueño la noche anterior. Se
incorporó sobresaltada, y posó un pie sobre el cuchillo que había
caído de sus manos mientras dormía. Dio un gran bostezo y estiró
los brazos para desperezarse; hoy le aguardaba una muy dura jornada.
Ya era de día, a juzgar por la luz que se filtraba por la ventana, y
por lo que decía el reloj de pared que había sobre la puerta.
Marcaba las nueve y media, pero eso carecía de importancia para
ella.
	Se levantó, asiendo de nuevo el cuchillo, y se acercó a la
ventana. Media docena de ellos se habían congregado en la acera de
enfrente. Uno de ellos estaba sentado en el suelo, rascándose una
herida que tenía en la cabeza. Parecían tan humanos, tan vivos, que
le costó hacerse a la idea que no lo estaban, que ya no eran personas
como ella. Uno de ellos se giró y la miró, con la cara iluminada por
la luz de la mañana. Bárbara cerró de nuevo la ventana. Ahora lo
que quería era salir de esa casa, no quería seguir siendo la
compañera de piso de la señora Soto.
	Todavía no había decidido si abandonaría la manzana ahora que
sabía que el lugar no era del todo seguro, o si se limitaría a
buscar otro piso que ocupar. Ambas alternativas parecían igualmente
peligrosas, pero quedarse ahí también lo era, de modo que saldría
del piso y luego se dejaría llevar por la inercia. Respiró hondo,
cuchillo en mano, y quitó el pestillo a la puerta. Abrió una
pequeña rendija, lo suficiente para comprobar que la puerta del
dormitorio seguía cerrada; no todo tenían que ser malas noticias.
Después de pasar por el baño, se dirigió a la cocina, tratando de
hacer el menor ruido posible.
	Prácticamente a tientas, sacó una caja de galletas y un cartón de
leche de la despensa, obligándose a no mirar al señor Soto, y
desayunó, acompañada tan solo por el trinar de los pájaros, que se
posaban en los árboles y en los balcones como si nada hubiera
cambiado. Todo estaba tranquilo, y una vez más esa tranquilidad le
hizo sospechar que algo malo se avecinaba. Se sació enseguida, no
tenía mucho apetito, y en más de una ocasión le sobrevino una
arcada. Tenía mal cuerpo desde hacía ya mucho, y lo achacó a los
nervios. Ese estado de tensión permanente al que estaba sometida no
le podía traer nada bueno.
	Con el estómago lleno y la cabeza fría, decidió que no
pospondría más su partida. La señora Soto podía salir en
cualquier momento del baño, y ella no quería estar ahí cuando eso
ocurriera. Echó un último vistazo a la casa, y abrió la puerta de
entrada. El sol todavía estaba muy bajo, y la escalera se encontraba
en penumbra, tan solo iluminada por la luz se filtraba por el
lucernario que la coronaba. Pero esa luz resultó ser suficiente para
mostrar a Bárbara una vez más que no estaba sola. Una mujer de unos
cincuenta años, con un moño y una bata, se encontraba de espaldas a
ella, a tan solo cuatro metros de la puerta. 
	Dio un paso atrás, contenta de no haber sido descubierta, asustada
no obstante, y se disponía a cerrar la puerta cuando vio a tres más
en la escalera. Uno de ellos la vio a ella, y con un gruñido alertó
a los demás. Bárbara cerró con un portazo y se apresuró a echar
una cadenita que tenía la puerta, al parecer el único método para
mantenerla bien cerrada, más que insuficiente a sus ojos. Los golpes
fueron casi inmediatos. Había cuatro de ellos aporreando la puerta, y
un par más se apresuraron a subir las escaleras al ver notar el
movimiento que había en los pisos superiores. Si antes intuía que
no existía ningún lugar seguro, una vez más había tenido la
ocasión de comprobarlo para asegurarse.
	Dio un par de pasos atrás, con el cuchillo en las manos, temblando
de pies a cabeza, sin saber que debía hacer dadas las
circunstancias. De repente un ruido la alertó a sus espaldas; de
nuevo la señora Soto tratando de abrir la puerta del baño, o  tal
vez del dormitorio. Se vio atrapada, pues no podía salir por la
puerta de entrada, y las escaleras de incendios no daban a la casa,
sino al final del pasillo que distribuía las cuatro viviendas de
cada piso. Tampoco era buena idea saltar por las ventanas puesto que
se encontraba en un sexto piso. Al parecer se había metido en un
callejón sin salida.
	Los golpes se hacían cada vez más frecuentes e intensos. Uno de
ellos era un hombre muy fuerte y musculoso en tiempos, que todavía
mantenía esas cualidades en su nueva vida. La puerta se movía sobre
sus goznes a cada golpe, pareciendo cada vez más frágil y
quebradiza, hasta que finalmente cedió. El último golpe arrancó
parte del marco y se llevó la puerta por delante, al tiempo que
Bárbara gritaba, sintiendo aflorar de nuevo el pánico y la
adrenalina de sus poros. Un brazo tostado por el sol, con un gran
tatuaje de una calavera emergió de la puerta, asiendo a una persona
invisible a su paso.
	La puerta había cedido, pero la cadena aún resistía, aunque no lo
haría por mucho tiempo. Miró la puerta, y pensó rápidamente cual
sería el paso más adecuado a dar, viendo que le quedaba muy poco
tiempo para decidirse. No podía encerrarse en alguna habitación
porque enseguida derribarían la puerta, y ese sería su fin.
Entonces miró el balcón que se encontraba al otro extremo del
salón. Si no había escapatoria no se dejaría matar, prefería
quitarse la vida; lo último que quería era ser uno de ellos.
Corrió hacia el balcón al tiempo que la cadena de la puerta era
arrancada con un nuevo golpe. La suerte ya estaba echada.
puntos 14 | votos: 16
Si alguien - ha talado un bonito árbol para hacer una guitarra
que sepa que la estamparé contra un amplificador en mi próximo concierto
puntos 10 | votos: 10
Di no al racismo porque - todos venimos del mismo sitio

puntos 37 | votos: 37
¿Sabes lo que pasa... - ...cuando escuchas música? Que lo tienes todo claro por un momento, y
en ese momento, su lenguaje te da coraje para arriesgarte, y ahí te
das cuenta de que nunca es tarde.
puntos 29 | votos: 29
Me han dicho - tantas veces no, que ahora ya
no tengo ganas de preguntar.
puntos 15 | votos: 15
Headbanging - la prueba de que el metal si tiene un baile
puntos 15 | votos: 15
Yo también me acojono - Cuando mi perro empieza a ladrar hacia una esquina donde no hay nada.
puntos 6 | votos: 6
Que estoy muy loco eh - Que cuando voy a mercadona me dejo el ticket en la caja

puntos 27 | votos: 27
¿Sabías que... - Las nutrias,conejos,chinchillas,visones y demás animales de los que
se hacen pieles,viven toda su vida en jaulas enanas estresados,hasta
que los electrocutan? ¿Y que a los mapaches les arrancan la piel
vivos? ¿Y que a las focas bebé las matan a palos y despellejan vivas
delante de sus madres?Ahora ya lo sabes,di NO a los abrigos de piel :)
puntos 11 | votos: 13
Sufrir es el modo... - De estar activo sin hacer nada.
puntos 14 | votos: 14
Por que - todos nos hemos reído alguna vez como él
puntos 30 | votos: 32
Como puedes - olvidar todo lo que hemos pasado juntos?
puntos 11 | votos: 21
 Los cantantes - ya no cantan para ti

puntos 17 | votos: 17
No encuentro el momento - para darte mi corazón...
puntos 3 | votos: 3
Y yo se  - Que el tambien la invento
puntos 7 | votos: 7
HUHG... - que tu mama quedo en embarazo solo para que le dieran el puesto en el metro
puntos 20 | votos: 20
Recuerdas.. - cuando estas eran nuestro alcohol y nuestras pastillas?
puntos 4 | votos: 6
ლ(ಠ益ಠლ) -

puntos 1924 | votos: 2012
No te he dado una bofetada - he chocado los cinco con tu cara.
puntos 12 | votos: 12
La Sonrisa más positiva - Del Mundo
por:
Neil Patrick Harris
puntos 32 | votos: 32
Cada chica tiene un príncipe, - pero éste no siempre tiene la sangre azul ni viene
con un caballo blanco.
puntos 9 | votos: 9
¡¡Hey Paco!! - ¡te invito a cagar un rato en mi casa, ¿que dices?!
puntos 23 | votos: 23
Niños... he traído caramelos... -

puntos 16 | votos: 16
Lo peor - Del primer amor, es cuando te dan tu primer Adios
puntos 11 | votos: 11
Ver uno de estos - y buscar la cámara por todos lados
puntos 18 | votos: 18
Desmotiva - Que busquen vida en Marte cuando
estan destruyendo la que queda en la Tierra
.Nach Scratch.
puntos -4 | votos: 8
DESMOTIVA...... - k comparen a Andy Sixx  con un oso   e.e
puntos 12 | votos: 14
- Te hiciste daño?? - -¿Cuando?   -Cuando te caiste del cielo , por que  eres un angel ....

puntos 12 | votos: 12
Si tu lloras..... yo lloro - Si tu te vas .... yo m voy contigo ..
puntos 8 | votos: 8
No soy emo ... - soy oscurito ...
puntos 3 | votos: 3
Gatopausia - Descripción Gráfica
puntos 21 | votos: 21
Besame - ¡Soy un principe!
puntos 25 | votos: 25
Lo que te hace diferente, - te hace hermoso.

puntos 0 | votos: 8
Andar 2km ciego no tiene precio - Oscar: ¿Que haces?
Yo: Tio que estoy en montgat. XD
Andrea: ¿Ves un tractor? 
Yo: Que tractor ni pollas XD
puntos 23 | votos: 23
Que bueno es el instante - antes de que pase algo.
puntos 21 | votos: 21
Cenicienta ... - perdio un zapato por su principe azul , yo perdi la cabeza por el mio
puntos 1419 | votos: 1591
Serán el lado oscuro de la fuerza - pero hay que reconocer que a veces son necesarios.
puntos 2077 | votos: 2181
Adivina quien es - el favorito de mamá

puntos 2080 | votos: 2174
-¿Este pantalón me hace gorda? - +No metas al pantalón en esto... Él no tiene nada que ver.
puntos 1403 | votos: 1489
¡Belen Esteban! - Tengo miedo...
puntos 11 | votos: 13
A Gliese 581g - Hemos de ir...
Con la fiesta, con la fiesta
puntos 16 | votos: 18
Pues, - ..sigue comiéndote el coco.
puntos 21 | votos: 21
No te imaginas - las locuras que soy capaz de cometer por ti

puntos 10 | votos: 12
La vida - Es como jugar al poker , aunque tengas buenas cartas si no las sabes
utilizar estas perdido . . .
puntos 12 | votos: 12
Ahora lo entiendo todo -
puntos 6 | votos: 6
Pareces una abeja - revoloteando de flor en flor, fecundándolas a todas.
puntos 10 | votos: 10
Yo tambien - Pienso que detrás de las cámaras come hamburguesas de el McDonalds
puntos 32 | votos: 36
Antes de los implantes - y la anorexia, había algo llamado SEXY





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