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Esto va por ti - No me importa lo que digas o lo que pienses de mi, simplemente lo dire:
Te amo
Nada cambiara ya este hecho, solo espero que lo entiendas
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Ese nudo en la garganta - cuando desaparece para siempre alguien importante
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No vuelvo a comer - las super tijuana mix.
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DESMOTIVACIONES... - ...tu página favorita, y cada día la de más gente
puntos 28 | votos: 36
Al otro lado de la vida - 1x02 - Respiró hondo, y posó la palma de sus manos sobre la trampilla de
madera. El corazón le dio un vuelco al comprobar que cedía sin
ninguna dificultad. Llegó a elevarse unos centímetros antes de que
la dejase caer de nuevo, asustada. Había recuperado la libertad,
pero eso no hacía más que ponerle las cosas todavía más
difíciles. Ahora debería prepararse de nuevo a comenzar la cruzada
en busca de la supervivencia, y como desde el primer momento, creía
no estar preparada para ello.
	No obstante algo tenía que hacer, no podía quedarse ahí
eternamente, así que decidió mover ficha. Por lo menos contaba con
la ventaja que no había oído a ninguno de esos monstruos en todo el
rato que llevaba despierta; trató de convencerse de que tal vez no
hubiese ninguno en los alrededores. Dio media vuelta en la oscuridad
del ataúd, y volvió a quedar de cara al acolchado. Con uno de sus
pies levantó un poco la tapa y aprovechó la posición que tenía
para echar un rápido vistazo por la rendija que había abierto. El
paisaje no le resultó familiar, y eso aún la descorazonó más.
	Una densa niebla lo cubría todo, pero lo que más le llamó la
atención fue que parecía estar en un bosque. Tan solo podía ver
las copas de algunos árboles cercanos, la niebla no le permitía ver
más allá. Levantó un poco más la tapa, y pudo ver con mayor
claridad lo que le envolvía. Docenas de lápidas se distribuían
aleatoriamente por el suelo cubierto por una verde capa de hierba.
Altos cipreses se extendían en todas las direcciones, dando sombra a
algunas de las tumbas. Aparentemente no había nadie cerca, y esa era
una muy buena noticia. Dejó caer la tapa de nuevo, y dio media
vuelta una vez más. Se armó de valor y, lentamente, la abrió por
completo, hasta que llegó un momento en el que cayó por su propio
peso hacia el otro lado, e hizo un algo de ruido.
	Cualquiera que la hubiera visto abrir la tapa de ese modo, la
habría confundido con uno de ellos, y de bien seguro se hubiera
llevado un balazo en la frente, pero ahí no había nadie. Hacía
largo rato que todos los supervivientes habían abandonado el lugar.
La sola visión de ese sitio le hizo poner el vello de los brazos de
punta. La niebla confería al camposanto un aspecto tenebroso, y el
no poder ver más que a unos pocos metros de distancia, aún la
ponía más nerviosa.
	Sentada como estaba, con las piernas desnudas estiradas sobre el
tejido mullido del ataúd, se disponía a echar un vistazo general a
su alrededor, cuando reparó algo que estaba a sus pies. Se agarró
al borde y miró hacia abajo con curiosidad. Otro ataúd, idéntico
al suyo, descansaba tirado en el suelo, con la tapa abierta y una de
las esquinas astilladas por el golpe. Eso había sido lo que le
había impedido abrir su féretro; por lo visto, alguien había
colocado ese otro ataúd encima, y su peso había hecho que no
pudiese levantar la tapa desde el comienzo. Un vistazo más
concienzudo le hizo darse cuenta que no estaba vacío.
	Medio cuerpo de un hombre adulto asomaba fuera del ataúd; el resto
del cuerpo había quedado bajo el peso de éste en la caída. Ese
hombre sí estaba muerto. Podía ver con claridad la parte trasera de
la cabeza de ese pobre infeliz. Tenía parte del cuero cabelludo
rapado, y mostraba una fea herida burdamente cosida. Ese simple
hecho, aunque la hizo sentir una nueva arcada, la tranquilizó
bastante. Su piel había adquirido un desagradable color violeta
pálido, y llevaba puesto un traje cortado en vertical de la nuca
hacia abajo. Tal vez había sido uno de ellos, o tal vez él mismo se
había quitado la vida, cosa de la que no se le podía culpar. Fuera
como fuese, lo importante era que ya no suponía ninguna amenaza.
	Trató de alejar esa imagen de su mente, y miró hacia otro lado.
Pudo distinguir entre la niebla lo que parecía la silueta de una
excavadora. La mayoría de las lápidas que reinaban en el lugar
estaban cubiertas de una fina capa de musgo, y algunas aún
conservaban ramos de flores marchitas. En todas direcciones crecían
altos árboles de vivos colores; la mayoría de ellos perderían su
follaje en pocas semanas. No tardó mucho en descubrir donde estaba,
aunque no podía explicarse como había llegado ahí. Hacía muchos
años que no visitaba el cementerio viejo de su ciudad natal.
	Seguía sin ver señal alguna de vida, de ningún tipo, y eso aún
la puso más nerviosa. Con el paso de los días había aprendido que
no existía ningún sitio totalmente seguro, y que estuvieras donde
estuvieses, si podías ver el cielo, estabas en peligro, y si no, la
mayoría de las veces, también. De modo que la prioridad ahora era
encontrar un refugio, antes de que su olor alertase a ninguno de esos
indeseables y acabase sirviéndoles de merienda. Se decidía a salir
por fin de ahí, cuando vio que estaba muy alta, miró hacia abajo y
vio que la habían colocado sobre una gran caja de hormigón. Sin
llegar a preguntarse qué era eso, sacó las piernas fuera del ataúd
y se ayudó de los brazos para tocar tierra firme.
	Al posar los pies sobre el suelo, se dio cuenta que estaba descalza.
Desde que se despertara, tan solo había pensado en cómo salir de
ahí, y no se había dado cuenta del estado en el que se encontraba
ella. Posó el otro pie en el suelo, y al mirarlo se fijó que
llevaba puesto un pequeño calcetín deportivo blanco, cuya suela
estaba negra, igual que la de su pie descalzo. Levaba unos tejanos
recortados por encima de las rodillas, y una camiseta desgarrada que
le hacía mostrar medio pecho. Todo eso no le importó lo más
mínimo, todavía podía correr, y eso era, a resumidas cuentas,
cuanto debía preocuparle.

puntos 24 | votos: 30
walt-k - yo soy tu cartel
puntos -50 | votos: 76
No se porque le insultais - A  si ,  si    lo  se  le  teneis  ENVIDIA
puntos 78 | votos: 88
Al otro lado de la vida. - Bárbara despertó sobresaltada, tomando una gran bocanada de aire que
le provocó una arcada. Estaba tumbada de espaldas sobre algo mullido.
No obstante, le dolían todos los huesos y las articulaciones, y
acarreaba una gran jaqueca. Ignoraba dónde estaba y dedujo que se
encontraría en algún lugar cerrado, puesto que no podía ver nada.
Empezó a sentirse incómoda y decidió salir de ahí cuanto antes,
pero al tratar de incorporarse se golpeó la frente contra algo duro
y cayó de nuevo sobre esa especie de colchón que, por otra parte,
era muy cómodo. Trató de mantener la calma pero le resultó
imposible. Quería salir de ahí, y quería hacerlo cuanto antes.
	Levantó las manos y tanteó arriba y a los lados, encontrando una
frontera en todas las direcciones posibles, hasta darse cuenta que
estaba encerrada por todos los flancos en una especie de caja hecha a
la medida de su cuerpo. No tardó mucho en darse cuenta que la habían
metido en un ataúd. Entonces empezó a ponerse nerviosa de verdad.
Trató de recorrer con la mente todo lo que había hecho antes de
perder el conocimiento.
	En su interior empezó a tomar fuerza la idea de que estaba
enterrada, al menos dos metros bajo tierra, y que jamás saldría de
ahí, que enseguida se le acabaría el oxígeno y se ahogaría,
enterrada en vida. Eso acabó por destrozarle los nervios. La
angustia y el miedo empezaron a hacer mella en su ya maltrecha
estabilidad emocional, y comenzó a golpear con fuerza y sin medida
la tapa del féretro que la contenía. Muchos fueron los esfuerzos,
mucho el daño que se hizo en los nudillos, pero todo resultó
inútil. Colocó las palmas de las manos en la tapa y empujó con
todas las fuerzas que le quedaban, pero el resultado fue el mismo.
	Empezó a respirar agitadamente, presa del pánico, tratando de
alejar de su mente la inevitable imagen de su muerte, y se dio media
vuelta. Al hacerlo vio que de la esquina inferior del cajón de
madera emergía un leve hilito de luz, proveniente del exterior. Ese
simple dato le dio fuerzas para seguir luchando cuando ya
prácticamente se había abandonado a la consternación. Creyó que
tal vez no fuera demasiado tarde para salir de ahí. Volvió a dar
media vuelta, notando cada vez más pequeñas las dimensiones,
sintiendo una extraña sensación, como si el espacio que la
albergaba se hiciese cada vez más pequeño. La claustrofobia
empezaba a filtrarse por sus poros.
	La mandíbula y las manos comenzaron a temblarle y empezó a sentir
frío en la punta de todos sus dedos. Luchó una vez más por abrir
la trampilla que le permitiría salir al exterior y al no
conseguirlo, se puso cada vez más nerviosa. Golpeó con furia y
empezó a gritar sin control, pidiendo ayuda desesperadamente,
confiando que alguien, que alguien sano, le oyese y fuera en su
ayuda. Sabía que así tan solo conseguiría atraer a quien no era
bienvenido, pero eso ya le daba igual, no quería morir ahí dentro.
Prefería salir aún a sabiendas que ahí estaría más segura y
tendría una muerte más digna que la de muchos que le precedieron
desde que empezó esa pesadilla.
	Todo esfuerzo resultó inútil. El llanto siguió al los gritos, y
los golpes se fueron haciendo cada vez más débiles, a medida que se
iba abandonando al pesimismo, con una convicción cada vez más clara
de que esa sería su tumba. Acabó por dejar de golpear la tapa y
notó como se le secaban las lágrimas que habían corrido por su
piel hasta mojar el interior de sus orejas. Fue tranquilizándose
poco a poco hasta que consiguió que su agitada respiración se
transformase en un ligero silbido. Consiguió tranquilizarse por unos
minutos, limitarse a pensar, intentando no dejarse llevar por el
pánico otra vez, pero todo esfuerzo parecía inútil.
	Entonces se dio cuenta que estaba inmersa en el más absoluto
silencio. Desde que despertase hacía ya casi media hora, no había
oído absolutamente nada. Fue el contraste el que le hizo percatarse,
al oír un ruido lejano que le devolvió rápidamente al mundo real.
Aguantó la respiración por unos segundos para oír mejor, y acabó
determinando que se trataba de un ladrido. Dondequiera que estuviese
había un perro, y si ese maldito perro había conseguido sobrevivir
al éxodo, ella no tendría porque ser menos. Se quedó oyendo unos
segundos más, pero ya no había rastro alguno del ladrido. Empezó a
creer que lo había imaginado.
	Sabía que si se quedaba ahí quieta no conseguiría nada más que
morir encerrada, de modo que decidió afrontar su destino, sin
importar cuales fueran las consecuencias. Los precedentes indicaban
que no conseguiría nada empujando la tapa, hasta ahí había llegado
su entendimiento de la situación, de modo que trató de buscar una
alternativa, aunque pareciese imposible dadas las circunstancias.
Empezó a golpear con los hombros los lados del ataúd, tratando de
impulsarse cada vez con más fuerza, sin saber muy bien lo que
pretendía conseguir con ello. Los primeros golpes resultaron
inútiles, pero luego ocurrió algo.
	Un nuevo impulso hizo que el ataúd cediese un poco, moviéndose
ligeramente hacia un lado. Tenía ya los hombros doloridos, pero esa
buena noticia le llenó de fuerzas para continuar luchando. Dio más
y más golpes. La mayoría de ellos resultaban igualmente
infructuosos, pero de vez en cuando veía como el ataúd se movía
ligeramente, lo cual aún le daba más fuerzas para seguir. Cada vez
más confiada, haciendo caso omiso al punzante dolor que acarreaba en
los hombros, continuó dando bandazos de un lado al otro, con mayor
fuerza y convicción a cada golpe, hasta que algo le hizo parar.
	Llegó un momento en el que oyó un fuerte golpe. Parecía como si
algo muy pesado hubiese caído al suelo y se hubiera roto, pero ella
apenas se había movido unos centímetros. Volvió a quedarse
callada, respirando agitadamente, con el corazón latiéndole a toda
velocidad. Fue entonces cuando comprendió lo que había ocurrido.
Una amplia sonrisa se dibujó en su ajada cara al tiempo que se
disponía a dar el siguiente paso, que no sería más que el comienzo
de una larga odisea.
puntos 19 | votos: 21
Desmotiva - Que los dodos se extinguieran.
puntos 11 | votos: 13
¿Quien decide - lo que está bien y lo que está mal?

puntos 7 | votos: 9
Padres Troll Recopilation - parte 2
puntos 9 | votos: 9
SPAM! - SPAM EVERYWHERE
puntos 9 | votos: 19
Al otro lado de la vida - 1x13 - Cubierta del edifico Astoria 37
29 de septiembre de 2008

Cruzó los dedos confiando no encontrar compañía en su viaje, y se
adentró en las entrañas de ese edificio desconocido. Disponía de
bastante claridad, gracias a las ventanas en fachada que se
distribuían por todos los pisos. La ausencia de olor, acompañada
del silencio, la calmaron un poco. Sin bajar la guardia, comenzó a
descender por las tranquilas escaleras, mirando las puertas cerradas
de todos los pisos y el ascensor inútil que le acompañaría hasta
abajo. Fue bajándolos uno a uno hasta que desde el primero vio a un
hombre que había caído desde muy alto descansando bocabajo al final
del hueco de la escalera en la planta baja. La visión le hizo
rememorar una escena que había prometido borrar de su memoria.
Estaba todo demasiado reciente, y los ojos se le llenaron de
lágrimas.
	Ahí todas las puertas estaban cerradas, y aparentemente no había
nadie. Pensó que hubiera sido mucho mejor entrar en ese edificio a
pasar la noche, pues parecía bastante seguro, pero ya era tarde para
mirar atrás. Llegó abajo, y esquivó a ese pobre infeliz, evitando
pisarle, dirigiéndose a la puerta de entrada. Los buzones rebosaban
de cartas que jamás llegarían a su destinatario. La puerta parecía
estar intacta. Se trataba de una puerta de rejas metálicas,
acristalada para hacerla estanca, que se veía muy fuere y
resistente. Giró el pomo sin mucha esperanza, y se sorprendió al
ver que cedía sin dificultad alguna. Todo estaba resultando
demasiado fácil, y eso no pudo menos que incomodarla todavía más.
	Salió de nuevo a la calle con una extraña sensación de calma al
saber que ya no podría caer al vacío desde arriba; se lo pensaría
mucho antes de volver a subir a un lugar tan alto. Se apresuró en
girar la esquina, al ver como esos seres todavía se estaban
ensañando con el cuerpo que ella les había facilitado.
Afortunadamente ninguno la vio. Tampoco parecía haber ninguno más
por ahí cerca, de modo que continuó su camino, por las calles
desiertas y desoladas, cubiertas por el manto del olvido. Viendo a lo
lejos en todo momento el gran supermercado, se fue acercando más y
más, mirando en todas direcciones sin ver signo alguno de
hostilidad.
	Alcanzó la bicicleta y la inspeccionó; parecía totalmente normal.
Una bicicleta infantil, de un color rojo intenso, con un lazo violeta
en el manillar. Empezó a creer que se trataba de una estúpida
coincidencia; habría cientos de bicicletas como esa en la ciudad, y
no tendrían porque responder a su borrosa visión del día anterior.
Sin embargo, vio algo que le acabó de convencer para seguir
indagando. El gran portón trasero del supermercado tenía una
pequeña rendija en su parte inferior, de poco más de 20
centímetros. Resultaría imposible de flanquear para uno de ellos,
pero para un niño no sería más que un... un juego de niños.
	Agarró el portón con las dos manos y trató de levantarlo un poco
para poder entrar, pero el esfuerzo resultó inútil. No tardó en
percatarse de que era mecánico, y necesitaba de electricidad para
subir y bajar. Echó un vistazo alrededor, y pese a no ver a nadie
cerca, sintió que no debía quedarse mucho tiempo ahí fuera; eso
resultaría demasiado temerario. Miró de nuevo la rendija, y sin
tenerlas todas consigo se tiró al suelo, aplastando sus pechos
contra el duro hormigón. Fue reptando, introduciendo primero las
manos, luego los brazos, luego la cabeza y después el tronco,
notando la presión de la puerta en su espalda. Tan solo podía
pensar en que la puerta acabaría por cerrarse y la partiría en dos,
o que uno de ellos aparecería bien fuera o bien dentro, o mejor, a
ambos lados, y se la iría comiendo mientras ella quedaba ahí
aprisionada, indefensa. Por fortuna, nada de eso ocurrió.
	Siguió arrastrándose hasta introducir las piernas, ladeándose un
poco, y para cuando quiso darse cuenta, ya se encontraba dentro. Se
levantó y se quitó el polvo de la ropa. Le pareció una fortaleza
inexpugnable. Si bien no la había visto, no era muy difícil pensar
que la puerta de acceso estaría cerrada a cal y canto. Después de
los primeros saqueos, todo dueño de un local comercial se había
encargado de impedir el paso a su tienda a los amigos de lo ajeno.
Con un poco de suerte, ese sería un lugar seguro, a no ser que
hubiese alguno de ellos dentro, lo cual lo transformaría en una
trampa mortal.
	Estaba en el almacén: un espacio enorme con un techo muy alto,
lleno de estanterías llenas de cajas cerradas, contenedores de
comida y demás enseres, y docenas de palés por el suelo. La puerta
cerrada de una oficina, medio oculta por una persiana veneciana, la
gran puerta metálica de la cámara frigorífica y la puerta
corrediza que daba al supermercado eran todas las alternativas que se
le presentaban. Optó por la última, al creer que esa hubiera sido la
misma opción que hubiese escogido esa supuesta niña. Arrastró un
poco la puerta, dejando una obertura suficiente para pasar al otro
lado, y entró al supermercado.
	Estaba en la sección de congelados, a juzgar por el olor a comida
pasada. El supermercado era muy grande, ella misma recordaba haberlo
visitado en más de una ocasión antes del holocausto, pero ahora
parecía distinto. Era demasiado sombrío, tan solo iluminado por los
lucernarios longitudinales del techo, demasiado vacío, pues ahora era
evidente que no había podido evitar el saqueo, y demasiado
silencioso, pues nada parecía perturbar la tranquilidad del
ambiente. La mayoría de las estanterías estaban vacías, y gran
parte de la mercancía descansaba en el suelo, dándole al lugar una
imagen de dejadez y olvido semejante a la del resto de la ciudad.
	Anduvo por los pasillos, caminando lentamente, tratando de hacer el
menor ruido posible. Todos los pasillos le parecían idénticos,
vacíos, muertos. Caminó de un lado a otro, cada vez con menor
esperanza de encontrar lo que había venido buscando. Entonces giró
otra esquina, y ahí estaba, hecha un ovillo, tirada en el suelo. En
un primer momento le pareció que estaba muerta, y el corazón le dio
un vuelco al pensar que podría levantarse y dirigirse hacia ella con
malas intenciones. La miró un poco más y se convenció de que no
podía ser así. Su pecho se movía lentamente, acompañado por su
suave respiración.
	No era más que una niña; no tendría más de diez años. Parecía
muy frágil y desamparada. Era delgada, con el pelo rojizo, bastante
largo, recogido en una coleta. Su pálida piel, lejos de parecerse a
la enfermiza palidez de la muerte, le daba un aspecto saludable y su
dulce cara infantil estaba manchada de pecas alrededor de su nariz.
Llevaba el mismo vestido rosa que Bárbara viera al salir del
cementerio. Dio un paso en su dirección, y golpeó sin querer una
lata. La lata rodó y se quedó a un metro de la chica. El ruido la
despertó. Entreabrió un poco sus preciosos ojos verdes, y miró
directamente a los de Bárbara. Entonces habló.
ZOE – ¿Mamá?
puntos 18 | votos: 18
Yo también creo - que no tenían ganas de ponerle nombre al sabor.
puntos 13 | votos: 13
Desmotiva...  - ver como tus amigos hablan con susu padres y que un puto cancer haya
acavado con el mio T.T

puntos 22 | votos: 28
Un aplauso  - para fer83
puntos 33 | votos: 33
Seguiremos cayendo - en las redes de la sociedad si no sacamos nuestro verdadero poder.
puntos 1523 | votos: 1709
Puntos de vista masculinos - y esto es así.
puntos 16 | votos: 16
Ojos que no ven - amigo que te lo cuenta, tuenti que te lo confirma, gilipollas que te lo niega
puntos 17 | votos: 27
Ojos que no ven...  - Hostión que te pegas.

puntos 22 | votos: 22
Padres Troll Recopilation - parte 1
puntos 215 | votos: 227
Antes de insultar a alguien - tranquilízate y cuenta hasta diez… ¡Así se te ocurrirán muchos más insultos!
puntos 22 | votos: 22
¡Lo siento! - + No puedes pasar vestido así! Hay que venir con disfraz de los años 80
- Tranquilo, vengo del futuro
puntos 14 | votos: 22
Si un día - la mujer que usted ama le es infiel, y usted está pensando en tirarse
de una ventana, recuerde:  ¡¡¡ Usted tiene cuernos, no alas !!!
puntos 24 | votos: 26
¿Steve? - Sigue cantando por favor

puntos 33 | votos: 33
Arrasa con lo que veas - y generoso no seas
puntos 18 | votos: 18
Para conseguir algo - no siempre hay que salir a buscarlo, o quedarse sentado pensando, 
muchas veces, lo que buscas te encuentra a tí
puntos 156 | votos: 158
Me gusta ser único - así tengo una razón por la que nadie me entiende
puntos 14 | votos: 14
Las cosas - no están bien o mal en si mismas,
todo depende de lo que hagamos con ellas
puntos 19 | votos: 19
Las decisiones - no siempre se toman pensando, a veces hay que esperar que algo suceda

puntos 13 | votos: 15
Uno no sabe lo que tiene - hasta que lo pierde
puntos 21 | votos: 21
En cada final - hay también un principio
puntos 19 | votos: 19
No hay mejor pincel - que la imaginación
puntos 1056 | votos: 1140
Si se aprende de los errores.. - ¿No habría que intentar equivocarse en lo máximo posible?
puntos 15 | votos: 15
ALONE IN THE DARK -

puntos 995 | votos: 1039
Escuchad un ruido en tu casa - en medio de la noche estando solo, levantarte para ver que ha sido, 
y sentirte el hombre más valiente del universo
puntos 45 | votos: 53
Cuando tu madre - te decia que no aceptaras caramelos a los extraños se referia a este
puntos 13 | votos: 15
Las grandes historias - las que realmente importan,  las que están llenas de oscuridad y de
constantes peligros, esas de las que no quieres saber el final,
porque; ¿cómo van a acabar bien?, las que piensas que cómo
volverá el mundo a ser lo que era después de tanta maldad como ha
sufrido. Pero en las que al final todo es pasajero.  Incluso la
oscuridad se acaba. Dá paso a un nuevo día. y cuando el sol brilla,
brilla más radiante aún. Esas, esas son las historias que llenan el
corazón. Porque tienen mucho sentido, aún cuando eres demasiado
pequeño para entenderlas. Yen la que los protagonistas, se
rendirían si quisieran, pero no lo hacen. Siguen adelante. Porque
todos luchan por algo. Todos por una buena causa.  J.R.R Tolkien
puntos 18 | votos: 18
Si quieres - un combate igualado, usa tu cerebro y no la violencia.
puntos 5 | votos: 11
Otra gran mentira - No tardo vuelvo en 5 minutos...

puntos 3 | votos: 5
¿Y que fué de esos míticos... - encuentra las diferencias?
puntos 23 | votos: 23
Assasins Creed - la mejor forma de aprender toda la historia de Italia en la antiguedad
puntos 12 | votos: 12
Por esos tiempos - en los que jugabamos al pilla pilla y deciamos que cualquier sitio era casa
puntos 11 | votos: 11
Si el hambre es ley - el saqueo es justicia.
puntos 40 | votos: 42
Nada más que decir. -

puntos 12 | votos: 22
Desmotiva - Ver a pijos/canis con esas gafas...
puntos 11 | votos: 15
No tiene sillín -
puntos 10 | votos: 10
Carnaval - La única época del año en la que nos quitamos las máscaras y nos
mostramos como realmente somos
puntos -3 | votos: 9
ESTO ES REALATIVDAD... - Pon tu mano en una estufa caliente durante un minuto y te parecerá
una hora, Sientate al junto a la chica que quieres una hora, y te
parecerá una hora.
puntos 12 | votos: 14
Inteligencia: - Cualidad que le atribuimos a una persona cuando está de acuerdo con nosotros.





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