En Desmotivaciones desde:
03.07.2011
Última sesión:
Votos recibidos:
bueno▲ 1615 | ▼malo 96
La razón de baneo:
varias cuentas
LOS MEJORES CARTELES DE
abrazos alegria alma amigos amistad amor animales anime arte ausencia ayuda besos bogota caracter casa celos cine comida confianza corazon chiste criticas debilidad deportes desamor deseos desmotivaciones destino dinero dios distancia dolor dormir enemigo enfados escuela espana esperanza examenes facebook fail familia felicidad fiesta filosofia fisico frases futbol gatos graciosas guerra hipster historia humor ideas idioma ignorancia imaginacion imposible infancia internet libertad literatura llorar locura madre madurar memes mentira mexico miedo motivaciones muerte mujer mundo musica naruto naturaleza navidad obstaculos odio olvidar padre padres pasado pensamientos pokemon politica problemas promesas recuerdos religion risa rock sentimientos sexo silencio simpsons sociedad soledad sonrisa sueños tatuajes tetas tonto trabajo tristeza tuenti verano vida videojuegos
Número de visitas: 12161098032 | Usuarios registrados: 2076122 | Clasificación de usuarios
Carteles en la página: 8021270, hoy: 8, ayer: 0
blog.desmotivaciones.es
Contacto | Reglas
▲▲▲
Carteles en la página: 8021270, hoy: 8, ayer: 0
blog.desmotivaciones.es
Contacto | Reglas
▲▲▲






![La niña o la vida - Un sicario asesinó a Miguel Ángel el mismo día que lograba la
tutela de su hija. Su exmujer está imputada por inducir al crimen.
Solo era un padre que quería ver a su hija. Miguel Ángel Salgado
Pimentel murió de tres disparos en la puerta de su garaje el mismo
día que los jueces le daban la custodia de la pequeña. Su exmujer,
abogada y madre de la niña, está en la cárcel, a la espera de ser
juzgada por contratar al sicario que apretó el gatillo
La noche antes de morir asesinado, Miguel Ángel se despertó
sobresaltado por un ruido de cristales rotos en el patio de su casa de
la calle de Caretos, en Ciempozuelos. No se oyeron pasos, nadie
encendió la luz de la escalera. Su novia Carmen, a la que conoció
después de separarse de su esposa, le restó importancia y volvieron
a dormirse. Al día siguiente estaba roto el cristal que asoma tras
los barrotes de hierro del portal. Cualquier mano podía deslizarse,
girar el pomo para abrir la puerta y entrar en el inmueble. Vaya
agujero, ¿te imaginas que han sido los locos?, le dijo a su novia.
Eloy ******* Barba, presunto intermediario: Quería darle un susto a
su marido... Temía que le quitaran a la niña
Hacía cuatro años que no veía a su hija. Se lo impedía una
denuncia por agresión sexual que fue desestimada
Habían decidido bautizar como los locos a los autores de ciertos
episodios extraños que estaban sucediendo en su vida. Unos
desconocidos llamaban a su casa a altas horas de la madrugada y
colgaban. Una moto Honda lo seguía del trabajo a casa desde hacía
más de un mes. Un vehículo que, dos meses antes, sacó de la
carretera al Citroën Saxo que conducía Miguel Ángel. Siniestro
total. El cristal roto del portal firmaba la sentencia de muerte de
Miguel Ángel.
El acoso y las agresiones comenzaron el 24 de enero de 2007. Ese día
quedó visto para sentencia el juicio por la custodia de la hija de
Miguel Ángel Salgado Pimentel y su exmujer, la abogada María Dolores
Martín Pozo. Parecía claro que el tribunal iba a fallar a favor del
padre y María Dolores perdió el control: ******* te tengo que
matar. Te tengo que ver muerto. Tres tiros acabaron con su vida dos
meses más tarde, el 14 de marzo de 2007.
La investigación de la Guardia Civil por el asesinato de Miguel
Ángel Salgado duró un año y dos meses. Acabó con tres imputados,
todavía hoy en la cárcel a la espera de juicio sin posibilidad de
libertad bajo fianza: María Dolores, como presunta incitadora del
crimen; Michael Guarín, como supuesto sicario, y Eloy ******* Barba,
conocido por ser el guardaespaldas de Ana Obregón, como presunto
intermediario del contrato.
Abogada con experiencia, María Dolores tenía fama de persona
difícil.
Estando ella ya en prisión, el vigilante que escoltó a Miguel
Ángel, testigo de cargo contra la letrada, recibió, según fuentes
policiales, llamadas que lo amenazaban de muerte. Él no ha querido
confirmarlo. Casi todos los que habían tenido problemas con ella
acababan sufriendo accidentes, relata uno de los testigos protegidos
del caso. En los 44 tomos del sumario se mencionan varios ejemplos,
aunque en ningún caso se ha demostrado una correlación clara con
María Dolores.
El registro de llamadas fue punto de partida de otras investigaciones
que se desgajaron de ese sumario. Una de las conversaciones más
publicadas es la de María Emilia Casas, entonces presidenta del
Tribunal Constitucional, que casi le costó la carrera a la juez. Los
padres de la magistrada eran viejos conocidos del padre de Dolores
Martín, por eso accedió a aconsejarle a dos abogadas que podían
ayudarla en la lucha por la custodia de su hija. La actitud de Casas
se transforma a mitad de la conversación, cuando Dolores le dice que
su exmarido había muerto asesinado semanas antes.
Amigos de la pareja describen a Dolores Martín como una persona
dominante hasta la humillación. Fuerte contraste con Miguel Ángel,
que de bueno era un calzonazos. Muchos rompieron la relación con la
pareja por conflictos con ella. Lo anulaba. Era dueña de la casa, y
más de una vez le dijo: Si te vas, te irás como has venido: con una
mano delante y otra detrás, recuerda uno de ellos,
que no trató de retomar su amistad con Miguel Ángel hasta que no
supo que el matrimonio se había separado en 2001.
Ambos habían rehecho su vida con otras parejas -Dolores había tenido
otro hijo-, pero continuaban los conflictos por la custodia. Todo
valía. También denuncias falsas por agresión sexual.
Agosto de 2003. María Dolores pasaba las vacaciones con la hija de
ambos en Torrevieja (Alicante) y acudió al hospital Vega Baja en
Orihuela para que atendieran una lesión con sangrado en la vulva de
la niña.
Basándose en el parte que firmó ese día la doctora Graciela Rinero,
Dolores interpuso una denuncia por agresión sexual que interrumpió
el régimen de visitas del padre. No sé por qué hice constar que la
agresión sucedió en Madrid, en aquel momento no era consciente del
significado del documento. Hice el parte al juzgado porque lo pidió
la mamá, declararía la médica.
La madre no mencionó que la niña tenía sinequia [labios vulvares
cerrados].
Una vez desestimada la denuncia por violación, todo cambió para
Miguel Ángel. Un informe elaborado por el equipo psicológico
adscrito al juzgado había afirmado que la niña sufría el síndrome
de alienación parental. Miguel Ángel estaba convencido de que iba a
conseguir la custodia. La asistente social ya había dado pistas:
Buscad colegio y psicólogos a la niña. Carmen, su pareja, había
dejado su trabajo para estar con ella los primeros meses.
En los cuatro años que estuvo con Miguel Ángel, Carmen solo había
visto una vez a la pequeña. La recuerda con los pies suspendidos
mientras su abuelo materno la asomaba por la barandilla del centro
comercial Éboli, en Pinto: Por allí va el que te ha hecho daño, el
que te violó. Miguel Ángel lloró. Hacía dos años que no veía a
su hija y pasó sin poder mirarla. No volvió a verla.
Lo asesinaron el 14 de marzo de 2007. Aparcó el coche en el garaje de
su casa, pero el sensor que encendía las luces automáticamente
estaba estropeado y accionó el interruptor. ¿Demasiados accidentes
un mismo día? Al abrir la puerta del cuarto del ascensor le salió al
paso un hombre.
Era, presuntamente, Michael Guarín, pero su nombre no le habría
dicho nada. Exmilitar con antecedentes policiales, Guarín dijo cuando
la Guardia Civil lo detuvo más de un año después: Esto debe de ser
por lo de la abogada amiga de Eloy [******* Barba]. Poco después de
la muerte de Miguel Ángel, Guarín había pasado una larga temporada
en Colombia. Su nombre no aparece en el sumario hasta septiembre de
2007.
Pese a que Dolores Martín y Michael Guarín han negado siempre su
implicación en el caso, Eloy afirmó en su declaración que se
habían visto una vez, en el Café & Té de la Gran Vía. Quería
darle un susto a su marido... Me llamaba muchas veces llorando
diciendo que le iban a quitar a la niña y por eso accedí, llegó a
confesar el escolta.
Fue un susto de tres balas. La primera atravesó la mano derecha de
Miguel Ángel que sujetaba la bandolera con el ordenador. El instinto
le hizo darse la vuelta e intentar huir. La segunda lo alcanzó por
detrás, a la altura de la columna, y lo derribó al suelo. Un último
disparo en el cráneo se aseguró de rematarlo. El garaje todavía
conserva la cicatriz de la última bala.
Ocurrió sobre las siete de la tarde. Carmen, que estaba en Pinto, en
casa de una amiga, había hablado con él sobre las cinco. Preparaban
una cena para aquella noche, un adelanto de su aniversario, que era
dos días más tarde. ¿Me vienes a buscar?, le había pedido. No,
te quiero esconder el regalito. Eran unas gafas de sol. Todavía las
lleva.
Los tribunales aún no lo habían notificado, pero ese día Miguel
Ángel había conseguido la custodia de su hija. -](http://img.desmotivaciones.es/201110/mm_820.jpg)










































