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GeekVeterano Nivel 3

puntos 14 | votos: 16
Fumar Mata Lentamente... - ¡¡ Pues yo no tengo prisa !!
puntos 10 | votos: 12
Mírame, abrázame -  y dame un beso que no pueda olvidar nunca..
puntos 16 | votos: 16
Esa extraña sensación - de estar caminando y sentir que eres tú el centro de atención
puntos 8 | votos: 8
Al otro lado de la vida 1x138 - Nave de las celdas de la prisión Kéle de Etzel
2 de octubre de 2008

Un trueno resonó en el ambiente, rebotando su sonido por las paredes
de la gran estancia.
MORGAN – No es nada personal, de verdad. Todo el mundo ha muerto,
¿vale? Mi mujer ha muerto, sus padres han muerto.
Zoe miraba al policía sin pestañear.
MORGAN – Ella también se ha quedado sola.
Bárbara asentía ligeramente con la cabeza, sin pestañear.
MORGAN – Ahora bien, puedes arriesgar también tu vida para ir a
buscar su cadáver, o asimilar que ya nada es como era. Puedes dejarte
matar o tratar de sobrevivir. Tú decides.
	Christian seguía sin dar crédito a lo que Morgan le contaba. Si
ellos habían conseguido sobrevivir a ese holocausto, su madre no
tenía porque ser menos. Ella era una mujer inteligente y sabría
mejor que nadie a lo que se enfrentaba, trabajando dónde trabajaba.
Aunque por otra parte, al trabajar donde trabajaba seria el blanco
más fácil para ellos. De cualquier manera, no estaba dispuesto a
rendirse. Se había propuesto encontrarla, y nada ni nadie le
impediría hacerlo.
MORGAN – Dios sabe que te estoy haciendo un favor ofreciéndote
venir con nosotros. A ella le costó mucho convencerme.
	Bárbara volvió a asentir, atenta a la conversación. Christian no
sabía cómo responderle. En realidad tampoco sabía a lo que se
enfrentaba. Se había formado cierta idea durante todo el tiempo que
tuvo para reflexionar, aunando las imágenes que había visto en la
televisión de la garita de Andrés, el reportaje del periódico y la
visita del propio Andrés dos semanas atrás. Si tal y como decía
Morgan las calles estaban llenas de gente como él, de personas
desmemoriadas, agresivas y violentas, debía asumir en parte la razón
del policía. Tal vez no fuera tan mala idea aliarse con un grupo de
personas armadas, personas armadas que al menos sabían a lo que se
enfrentaban.
MORGAN – Mira, hagamos una cosa. Antes de venir a Sheol yo estaba
aquí en Etzel, y dejé olvidados unos documentos sobre las bajas de
las primeras… dos semanas de la epidemia. Vente con nosotros a Etzel
y miremos si el nombre de tu madre está en la lista. A nosotros nos
viene de camino.
CHRISTIAN – ¿Y eso se supone que…?
MORGAN – Si no está, te prometo que no insistiré más y te dejaré
ir. Podemos llegar esta misma tarde. ¿Qué me dices?
	Christian miró a Bárbara.
CHRISTIAN – Digamos que acepto. Tendré que defenderme… ¿Tenéis
alguna pistola para mí?
MORGAN – No. Solo tenemos...
CHRISTIAN – La niña tiene una.
	Morgan miró a Zoe. Ella sacó la mano del bolsillo de su vestido.
MORGAN – Esa es suya. Yo se la di.
	Christian miró al policía, juzgándole por ello. Él ni se inmutó.
CHRISTIAN – Pero si no es más que una niña.
	Morgan esbozó una sonrisa.
MORGAN – Anda, como si tú no fueras un niño, también. Además,
ella ha demostrado merecérsela, créeme. La oferta sigue en pie, pero
no te puedo dejar ningún arma, tendrás que fiarte de nosotros.
	Zoe le miraba seria, enfadada por lo que había dicho. Christian
sopesó fríamente las posibilidades. Deseaba volver a Sheol cuanto
antes, pero si tal y como decían la gasolinera había explotado y su
casa se había venido abajo, no sabría por donde empezar a buscar.
Eso, y el hecho que estaría desarmado en unas calles llenas de
fanáticos dispuestos a hincarle el diente, acabaron por convencerle
que debía hacer caso a esa voz que insistía en ayudarle, aunque de
un modo algo rudo. Morgan notó en sus ojos cómo cedía, y le
ofreció su mano.
MORGAN – ¿Hay trato?
CHRISTIAN – Hay trato.
	Morgan estrechó la mano del muchacho, y acto seguido se la puso en
el hombro, invitándole a abandonar la celda en la que llevaba
encerrado casi un mes. Bárbara no se lo acababa de creer, pero no le
molestó demasiado que se les uniera. Si su mayor delito era el haber
robado en una tienda y su mayor preocupación la de encontrar a su
madre, no había motivos para desconfiar del chico. Zoe sin embargo no
le quería con ellos. Había conseguido caerle mal desde el primer
momento, y aunque sabía que su opinión no contaba, deseaba que no
les acompañase.
	Bárbara se quedó mirando el vaso turquesa que había sobre el
esqueleto de la cama inferior de la litera. Estaba lleno, lo que
respondía a la cuestión de cómo había podido aguantar tanto con
vida ahí encerrado. Llevaba ya mucho tiempo deseando ducharse,
deseando quitarse de encima la mugrienta ropa que llevaba. Notaba que
olía a demonios, y eso la disgustaba, por mucho que los demás
también lo hicieran, hasta el punto de acostumbrarse a ello e
ignorarlo. Morgan ayudaba a Christian a salir de la celda, pues al
chico le costaba caminar.
BÁRBARA – ¿Tenéis duchas?
	Christian se la quedó mirando.
CHRISTIAN – Buena idea. Seguidme.
	Los cuatro caminaron por el desierto y muerto pasillo, bajaron las
escaleras, y lucharon por evitar mirar la cabeza destrozada de
Andrés, sin conseguirlo. Al salir, la lluvia volvió a hacerse notar.
Christian miró el cielo como si jamás lo hubiera visto. No era el
precioso cielo azul con el que había soñado en su tiempo de
reclusión, pero para él era más que suficiente. El chico les guió
hacia el edificio en el que estaban las duchas, sorprendiéndose al no
encontrar ningún tipo de traba en el camino. Al parecer Cobra y
compañía habían hecho un buen uso de las llaves de Andrés antes de
partir.
	Tras cruzar unas cuantas puertas acabaron llegando a los vestuarios.
Ahí daba la impresión que nadie hubiera pasado en mucho tiempo. Todo
estaba limpio y recogido. Los hombres del grupo cedieron su turno a
las chicas, que se dirigieron hacia los baños sin demora. Se ducharon
juntas, abusando del champú y del gel, sintiéndose por un momento de
nuevo en la civilización. Cuando volvieron dónde los varones,
ataviadas con sendas toallas rodeándoles el cuerpo, les encontraron
afeitándose. Morgan se afeitaba la cabeza mientras Christian hacía
lo propio con la barba. 
El chico les enseñó un armario en el que había mudas limpias. Zoe
sólo se cambió la ropa interior, pues no había ropa de su talla.
Bárbara hizo lo propio, amén de apropiarse de unos pantalones
tejanos y una camisa blanca de su talla. Las chicas se quedaron
lavándose los dientes mientras los hombres, ya afeitados, tomaban sus
propias duchas. Al volver, vieron a Bárbara haciéndole una coleta a
Zoe. La niña se veía risueña, al fin había conseguido dejar a un
lado los fantasmas del pasado. Morgan siguió fiel a su traje de
policía. Christian, sin embargo, se vistió igual que Bárbara,
complaciéndose al poder quitarse de encima el uniforme de preso,
empezando a sentirse de nuevo libre. Después de llenar de agua las
botellas vacías que Bárbara había ido guardando en la mochila a
medida que las bebían, se dispusieron a abandonar la prisión, para
no volver jamás.
puntos 10 | votos: 10
-Ale ya he acabado de peinarme - -Peinarte el bigote?

puntos 12 | votos: 12
Por muy mal que lo pase - simpre hay razones por las que sonreir.
puntos 41 | votos: 41
Subir un cartel - y estar mirando todo el rato los votos que lleva
puntos 16 | votos: 16
La vida pasa muy rápido -
puntos 21 | votos: 21
El que no lloro  - al ver esta película  no tiene sentimientos
puntos 14 | votos: 14
Escuchar - la misma cancion TODO el verano,y terminar asqueado.¿A quien no le ha pasado?

puntos 21 | votos: 21
Si Soy Un Ave - ojala pudiera decir lo mismo
puntos 27 | votos: 27
Una despedida duele pero - Duele mas un Adiós definitivo.
puntos 14 | votos: 14
Después de un año con ella - me enseño que el amor no existe.
puntos 17 | votos: 17
Arriesgar - puede ser tu mejor partida
puntos 19 | votos: 19
No podrás... - tener un mejor mañana, si no dejas de pensar en el ayer.

puntos 12 | votos: 14
Fotos tuyas - que cuando las veo, me entran ganas de abrazarte
puntos 17 | votos: 17
Ketchup o Catsup -
puntos 5 | votos: 9
Pezon-foot - Temedle, temedle mucho...
puntos 8 | votos: 8
NI MIL PALABRAS - PODRÍAN EXPLICAR LO MUCHO QUE HE LLEGADO A AMARTE
puntos 6 | votos: 8
¡¡¿DÓNDE - ESTÁ MI PUTO TWINKIE?!!

puntos 9 | votos: 9
¿QUIERES - o no quieres controlar tu vida? ¿Quieres o no quieres ser el dueño
de todos tus momentos? ¿Quieres?
puntos 13 | votos: 15
No me arrepiento... - de ser lo que soy.
puntos 9 | votos: 9
¡POR UNA VEZ - QUE EL MUNDO CALLE!
puntos 22 | votos: 22
Di yacamamacas - con la o
puntos 8 | votos: 8
Podrá - tener todo el dinero del mundo, pero hay algo que jamás podrá
comprar... un dinosaurio

puntos 24 | votos: 24
Por más que aguardé... - nunca me viniste a buscar.
puntos 50 | votos: 54
Moraleja: - Un Amigo, quizas no sera capaz de levantarte...
pero...
el buscara la forma de no dejarte caer...
puntos 38 | votos: 40
Emilio y sus chistes 2 -
puntos 13 | votos: 13
Que triste sería ser - como quieren que seas.
puntos 8 | votos: 8
Aquí - Es donde paso todas las mañanas  durante el verano

puntos 15 | votos: 17
Si tú me dices ven lo dejo todo... - pero dime ven.
puntos 11 | votos: 11
Las cosas acaban... - pero siempre quedaran los recuerdos..
puntos 9 | votos: 9
Pasa un hombre  - caminando por un loquero y escucha del otro lado del paredón 51 51 51
el tipo intrigado por lo que escuchaba  trepa y asoma la cabeza. 
Salta un loco y le parte la cabeza de un ladrillazo y empieza a decir 52 52 52
puntos 21 | votos: 23
Por Que - Nunca se olvida a una persona
se aprende a vivir sin ella
puntos 5 | votos: 9
Al otro lado de la vida 1x110 - Frente a la prisión Kéle de Etzel
2 de octubre de 2008

El todoterreno siguió el camino hacia lo alto de la colina, haciendo
eses para salvar el gran desnivel, viendo cada vez más cerca el
objetivo. Zoe no entendía muy bien por qué iban ahí, al igual que
Bárbara, pero ella se limitó a asumirlo, sin darle más vueltas,
pues ellos eran adultos y sabrían lo que se hacían. Bárbara había
tenido ocasión durante el trayecto de pensar en lo que había hablado
con Morgan esa mañana. Si realmente no estaba infectada, quizá
Morgan acabaría dejándolas solas. Y a estas alturas le aterraba,
pues se había acostumbrado a su compañía protectora y prescindir de
ella relegaría de nuevo en ella toda la responsabilidad. Morgan, por
su parte, estaba demasiado concentrado en la carretera para pensar en
nada más.
	Llegaron al punto más alto, donde la colina se transformaba en un
terreno aplanado, para dar pie a un enorme parking en tres niveles,
que en sus buenos tiempos podría haber albergado más de cien coches,
pero que ahora estaba totalmente vacío. Morgan dirigió el coche
hacia la única parte del enorme muro de más de siete metros que
circundaba todo el recinto que tenía una abertura. Un par de puertas
enormes, ridículas en comparación al tamaño desproporcionado del
muro, se mostraba frente a ellos, abierta de par en par, invitándoles
a entrar. Morgan la encaró y metió el todoterreno en los terrenos de
la prisión.
	Un gran edificio se mostraba frente a ellos, con unos grandes y
frondosos jardines con rosales a lado y lado, impidiendo el paso a
cualquier vehículo. Se trataba de un gran edificio de duro hormigón,
oscurecido por la lluvia que lo había mojado todo. Debían entrar y
cruzarlo de extremo a extremo para llegar al otro lado, desde donde
tendrían acceso a la nave de los reclusos. El policía estacionó el
vehículo junto a la puerta de entrada, bajo una marquesina de
hormigón de más de tres metros, e indicó a las chicas que era el
momento de salir.
	Zoe y Morgan se dirigieron a la puerta de entrada, que estaba
entreabierta, maravillados por el agradable olor de la tierra mojada.
Morgan preguntó si había alguien, y al no recibir respuesta decidió
entrar. Bárbara los miró y esbozó una sonrisa. Eran los extremos
opuestos en sexo, estatura y color de piel, y resultaba muy
caricaturesco el verlos a ambos en la misma pose, con el arma en mano
esperando cualquier movimiento en falso para hacer fuego. Ahora que
veía a la niña con el revólver, no crecía en ella la sensación
que estaba haciendo algo mal, como había pensado en un primer
momento. No sabía si era porque había demostrado saber utilizarla en
un momento de necesidad, o el hecho que la había conocido ya como
superviviente y no la reconocía como quien fuera en su vida anterior,
pero eso le tranquilizó.
	Se miró en el espejo retrovisor del todoterreno, y comprobó que por
bien que tenía algo de ojeras, sus ojos tenían el blanco nuclear
acostumbrado, el mismo color marrón que le acompañaba desde que
naciera, veintiséis años atrás. Con la mochila a la espalda, y
ansiando una vez más convencerse que no tenía nada que temer, no
quiso hacer esperar más a sus compañeros y se adentró en el
edificio de la prisión, con la semiautomática preparada. Una vez
dentro notó cómo el ruido de la lluvia se apagaba y cómo sus
pupilas se dilataban al entrar en una zona más oscura.
Afortunadamente todavía permanecían en funcionamiento las humildes
luces de emergencia, y pudieron continuar su camino sin necesidad de
volver a buscar las linternas.
	El edificio era sombrío y tétrico, más por el ruido que formaba la
tormenta y la corriente de aire que ululaba por los pasillos. Se
notaba un cierto nivel de desorden, con parte del mobiliario tirado
por el suelo, algunos cristales rotos y demás, pero algo les decía
que eso no lo habían hecho los infectados; su firma era distinta.
Continuaron su camino, siguiendo una hilera de puertas abiertas o
entreabiertas que les guió al otro extremo del edificio, a una puerta
que les hizo volver a la lluvia.
	Al salir Zoe gritó, y sus guardianes se giraron para mirar lo que le
había asustado. Descansaba colgado del cuello al asta de metal de un
farol apagado que emergía de la fachada del edificio, pendiente un
metro del suelo. Estaba empapado de pies a cabeza y parecía llevar
muerto mucho tiempo, a juzgar por el aspecto de su cara, que miraba el
suelo. Sin embargo, no parecía haber resultado infectado en ningún
momento. Era un hombre delgado, con bigote, con apariencia de algo
más de sesenta años. Iba vestido con un traje sin chaqueta, una
camisa rosa y una corbata blanca que acompañaba en su cuello a la
soga que le había quitado la vida al dejarse caer de la escalerita de
tres peldaños que ahora restaba caída en el suelo.
	No era el primer muerto que veían ninguno de ellos, y estaban
convencidos que no sería el último, de modo que no le dieron mayor
importancia y decidieron continuar su camino, pues ya nada podía
hacerse por él. Desde ahí se veía una panorámica de todo el
recinto y de todos los edificios que lo conformaban, un total de
cinco, sin contar el que acababan de abandonar. Uno de ellos estaba
derrumbado, chamuscado hasta los cimientos por un incendio que no se
había propagado exclusivamente porque el edificio estaba aislado,
rodeado en más de veinte metros a la redonda de duro suelo de
cemento. Morgan enseguida supo que ese incendio hacía mucho que se
había extinguido por sí solo. Lo que no sabía era que se trataba de
la nave de los enfermos mentales, enfermos que habían muerto
chamuscados hacía ya dos largas semanas.
	El policía enseguida reconoció el edificio que había venido a
visitar. Era una nave rectangular de más de tres pisos de altura, una
simple caja de metal que albergaba las celdas dónde dormían y
pasaban la mayor parte del día los reclusos. Tuvieron que cruzar
media docena de puertas en verjas metálicas que separaban todo el
recinto en diferentes cuadrantes, pasando forzadamente por un gran
patio en el que en tiempos permitían salir a los reclusos a tomar el
aire, hacer algo de deporte o limitarse a sentarse en las gradas a ver
pasar las nubes. Lo que más le llamó la atención a Morgan fue el
hecho que había un camino, marcado por las puertas abiertas, que iba
de la nave de los reclusos a la salida de la prisión. Eso le hizo
pensar en lo que luego resultó una evidencia: los presos ya no
estaban ahí.
	Al entrar en la nave pudieron ver un alto muro de hormigón de más
de nueve metros que les llevó a una gran zona central desde la que se
veían las celdas, repartidas a derecha e izquierda, en tres pisos
comunicados por insignificantes escaleras metálicas. El lugar estaba
totalmente vacío y silencioso; silencio sólo mancillado por la
lluvia y los truenos que se repetían en el exterior, dando fe de que
el incendio que amenazaba con arrasar Sheol, ya había perecido a esas
alturas. Bárbara comenzó a girar su anillo, algo nerviosa. La zona
central estaba llena de papeles de váter que parecían tirados desde
los pisos superiores, algunos colchones chamuscados y demás enseres
rotos u olvidados por el suelo.
	Todas las celdas hasta dónde les alcanzaba la vista, estaban
abiertas. Abiertas y vacías. Creían haber llegado tarde hasta el
momento que oyeron una tenue voz que venía del segundo piso del ala
derecha. ¿Hola? Todos se giraron hacia el lugar de donde provenía
esa voz, repetida por el eco. Desde ahí no pudieron ver nada. ¿Hay
alguien ahí? Morgan no se lo pensó dos veces y se dirigió a las
escaleras, pasando junto al cadáver de uno de los guardas, seguido de
cerca por las chicas. Incluso estando en la segunda planta no pudieron
ver a esa persona que les increpaba desde su escondite. No te vayas.
Sube, por favor. El nuevo toque de atención les guió hacia donde se
encontraba el chico.
	Los tres se quedaron de piedra al verle a través de la puerta
abierta de su celda. Se trataba de un muchacho de unos dieciocho
años. Iba vestido con el uniforme de preso, de un intenso color
naranja. Se le veía desnutrido y cansado, con unas ojeras de
campeonato y una barba de al menos un mes. Tenía el pelo rapado,
mostrando una fea cicatriz en forma de ele sobre la oreja izquierda.
Pero lo que más les llamó la atención fue el hecho que tenía su
muñeca izquierda esposada al la bajante del agua de un humilde
lavamanos metálico. Los tres se quedaron mirándole, sin comprender
cómo podría haber llegado a esa situación. Entonces el chico
habló.
CHRISTIAN – ¿Tenéis comida?

puntos 19 | votos: 19
¿Por qué prestamos tanta  - atención a los famosos, que tienen de todo, en vez de a los pobres,
que no tienen nada?
puntos 27 | votos: 27
Mi nombre es Sarah - 
tres años de edad

mis ojos están hinchados 

no puedo mirar

debo ser estúpida

debo ser mala,

¿porqué otro motivo

mamá esta enojada?

Quisiera ser mejor,

quisiera fea no estar

entonces tal vez mi mami

me quiera abrazar; 

no debo hablar

no debo hacer mal,

de lo contrario

todo el día me van a encerrar.

Cuando despierto

siempre estoy sola,

la casa esta oscura

por horas y horas, 

cuando mami regrese

tratare de ser buena;

si ella me golpea,

que sea solo una vez,

no hago ni un ruido;

la puerta acabo de escuchar.

Mi papi ha llegado

borracho de un bar,

lo escucho enojado;

mi nombre gritar

y contra una pared,

me trato de resguardar,

trato de esconderme

de su horrible mirada,

no aguanto el llanto

me siento espantada.

Me encuentra llorando,

me grita, me insulta,

me dice que sus problemas

son por mi culpa.

Me empieza a golpear

me sigue gritando,

me logro soltar

y corro tropezando,

caigo al suelo; 

mis huesos me duelen.

Papá me dice palabras

que yo no le entiendo,

¡perdóname! Le grito,

pero ya es muy tarde,

su rostro desencajado

parece que arde.

Los golpes y las palabras

me duelen de verdad, 

le pido a Dios

misericordi a y piedad.

Por fin termina

y camina a la puerta,

Mientras yo, en el suelo

quedo casi muerta.

 

Mi nombre es Sarah,

tres años de edad,

esta noche, mi padre;

me mató sin piedad.
puntos 13 | votos: 17
Frikis, frikis everywhere - Los frikis y sus curiosas peticiones en una manifestación
puntos 7 | votos: 13
Por esas páginas, - que nos ocupan horas y horas sin aburrirnos..
puntos 25 | votos: 25
¿Por qué  - ahora le ha dado a todo el mundo por llamarlos Muffins?
Siempre han sido magdalenas de chocolate...

puntos 17 | votos: 21
El juego preferido - de Forever Alone!
puntos 5 | votos: 5
Decir que  - todos somos especiales es otra forma de decir que nadie lo es
puntos 22 | votos: 22
PD: - Nunca te des por vencido.
puntos 11 | votos: 13
Alto,bajo,guapo,feo,negro,blanco - que mas da dentro de 100 años todos calvos bajo tierre
puntos 21 | votos: 21
Daría todo lo que tengo - por haber podido despedirme de mi abuela

puntos 13 | votos: 13
Mi vida se divide en dos: - Cuando estoy contigo
Cuando pienso en ti
puntos 7 | votos: 13
No hay nada - más hermoso que tomar una coca-cola bien fría en verano
puntos 10 | votos: 12
Yo tambien - he abierto puertas que devian seguir cerradas
puntos 30 | votos: 30
Al final - todos los príncipes azules destiñen
puntos 22 | votos: 22
25 años - y me siguen llamando Zelda...





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