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18.03.2011

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¿Sabías que.. - las manzanas flotan en el agua porque están compuestas por un 25% de aire?
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La señora Thompson - Al inicio del año escolar una maestra, la
señora Thompson, se encontraba frente a sus
alumnos de quinto grado. Como la mayoría de
los maestros, ella miró a los chicos y les dijo
que a todos los quería por igual. Pero era una
gran mentira, porque en la fila de adelante se
encontraba, hundido en su asiento, un niño
llamado Jim Stoddard. La señora Thompson
lo conocía desde el año anterior, cuando había
observado que no jugaba con sus compañeros,
que sus ropas estaban desaliñadas y que
parecía siempre necesitar un baño. Con el
paso del tiempo, la relación de la señora
Thompson con Jim se volvió desagradable,
hasta el punto que ella sentía gusto al marcar
las tareas del niño con grandes tachones rojos
y ponerle cero. Un día, la escuela le pidió a la
señora Thompson revisar los expedientes
anteriores de los niños de su clase, y ella dejó
el de Jim de último. Cuando lo revisó, se llevó
una gran sorpresa.
La maestra de Jim en el primer grado había
escrito: “Es un niño brillante, con una sonrisa
espontánea. Hace sus deberes limpiamente y
tiene buenos modales; es un deleite estar cerca
de él”.
La maestra de segundo grado puso en su reporte:
“Jim es un excelente alumno, apreciado
por sus compañeros, pero tiene problemas
debido a que su madre sufre una enfermedad
incurable y su vida en casa debe ser una constante
lucha”.
La maestra de tercer grado señaló: “La muerte
de su madre ha sido dura para él. Trata de
hacer su máximo esfuerzo pero su padre no
muestra mucho interés, y su vida en casa le afectará
pronto si no se toman algunas acciones”.
La maestra de cuarto escribió: “Jim es descuidado
y no muestra interés en la escuela. No
tiene muchos amigos y en ocasiones se duerme
en clase”.
La señora Thompson se dio cuenta del problema
y se sintió apenada consigo misma. Se
sintió aún peor cuando, al llegar la Navidad,
todos los alumnos le llevaron sus regalos envueltos
en papeles brillantes y con preciosos
listones, excepto Jim: el suyo estaba torpemente
envuelto en el tosco papel marrón de las bolsas
de supermercado.
Algunos niños comenzaron a reír cuando ella
sacó de esa envoltura un brazalete de piedras al
que le faltaban algunas, y la cuarta parte de un
frasco de perfume. Pero ella minimizó las risas
al exclamar: “¡Qué brazalete tan bonito!”,
mientras se lo ponía y rociaba un poco de
perfume en su muñeca. Jim Stoddard se quedó
ese día después de clases sólo para decir:
“Señora Thompson, hoy usted olió como mi
mamá olía”.
Después de que los niños se fueron, ella lloró
por largo tiempo. Desde ese día renunció a
enseñar sólo lectura, escritura y aritmética, y
comenzó a enseñar valores, sentimientos y
principios. Le dedicó especial atención a Jim. A
medida que trabajaba con él, la mente del niño
parecía volver a la vida; mientras más lo
motivaba, mejor respondía. Al final del año, se
había convertido en uno de los más listos de la
clase.
A pesar de su mentira de que los quería a
todos por igual, la señora Thompson apreciaba especialmente a Jim.
Un año después, ella
encontró debajo de la puerta del salón una
nota en la cual el niño le decía que era la
mejor maestra que había tenido en su vida.
Pasaron seis años antes de que recibiera
otra nota de Jim; le contaba que había
terminado la secundaria, obteniendo el tercer
lugar en su clase, y que ella seguía siendo la
mejor maestra que había tenido en su vida.
Cuatro años después la señora Thompson
recibió otra carta, donde Jim le decía que,
aunque las cosas habían estado duras, pronto
se graduaría de la universidad con los
máximos honores. Y le aseguró que ella era
aún la mejor maestra que había tenido en su
vida.
Pasaron cuatro años y llegó otra carta; esta
vez Jim le contaba que, después de haber
recibido su título universitario, había
decidido ir un poco más allá. Le reiteró que
ella era la mejor maestra que había tenido en
su vida. Ahora su nombre era más largo; la
carta estaba firmada por el doctor James F.
Stoddard, M.B.
El tiempo siguió su marcha. En una carta
posterior, Jim le decía a la señora Thompson
que había conocido a una chica y que se iba a
casar. Le explicó que su padre había muerto
hacía dos años y se preguntaba si ella accedería
a sentarse en el lugar que normalmente está
reservado para la mamá del novio. Por supuesto,
ella aceptó. Para el día de la boda, usó aquel
viejo brazalete con varias piedras faltantes, y se
aseguró de comprar el mismo perfume que le
recordaba a Jim a su mamá. Se abrazaron, y el
doctor Stoddard susurró al oído de su antigua
maestra:
—Gracias por creer en mí. Gracias por hacerme
sentir importante y por enseñarme que
yo podía hacer la diferencia.
La señora Thompson, con lágrimas en los
ojos, le contestó:
—Estás equivocado, Jim: fuiste tú quien me
enseñó que yo podía hacer la diferencia. No
sabía enseñar hasta que te conocí.

no juzgues a las personas sin conocerlas, dales oportunidad para que
cambien tu vida.
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Que suerte - tengo seguro contra escaleras
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Ha-ha - No te subieron la imagen a la principal
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A esto... - Le llamo nochebuena

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Combates pokemon - Cuando y donde menos te los esperas




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