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21.11.2013

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El pasado siempre vuelve - porque no se erradican del todo los problemas del ayer.
puntos 15 | votos: 15
Por lo visto para ser héroe - no basta con llevar el traje sino también grabar tus hazañas.
puntos 7 | votos: 9
El largo camino que había recorrido - fue marcado por sus pisadas, que quedaron  como restos que pronto
desaparecerían en la nieve. Llevaba tres días, quizás más, desde
que dejó la capital y emprendió la vuelta a casa.

El rey insistió en dejarle escolta pero declinó la oferta alegando
que no la necesitaba. Lógico. El había asesinado al rey de los
monstruos. No había persona en el mundo pudiera hacerle frente.
Incluso pensar en ponerse en su camino era una temeridad. Así pues
también se despidió de sus compañeros, tras un largo año de 
travesías. Muchos de ellos fueron a buscar nuevas aventuras, otros
con la fortuna que amasaron se dispusieron a vivir una buena vida
rodeados de la alta cuna. El resto, entre los cuales se incluía,
decidieron al igual que él, regresar a sus respectivos hogares.

Su ciudad natal estaba situada en unas serie de cumbres que rodeaban
al reino de Tyrantum desde el norte. Para llegar a esta, había que
cruzar un camino pedregoso además de que la continua nieve
dificultaba aún más si cabe el acceso. Era un pueblo diminuto,
llamado Dawnfall debido a la nitidez con la que se podía ver la
aurora boreal en aquellas noches de invierno perpetuo. 

La población era muy diminuta, quizás no llegase a la centena. Sus
habitantes principalmente vivían de de la minería. Había una serie
de cuevas interconectadas en lo profundo de las montañas. Mayormente
extraían carbón, que usaban para sus hogares y que una pequeña
porción era entregado al reino a cambio de recursos básicos como
comida y agua. 

Pero un día las minas acabaron por agotarse. Sin su principal
sustento, Dawnfall  estaba sentenciado a muerte. Numerosas familias se
marcharon previniendo tan trágico fin. Fue entonces cuando el alcalde
por aquel entonces tomó una decisión que marcaría el rumbo de
todos. Decidió ampliar la zona de excavación con tan mala suerte que
acabó por toparse por un nido de monstruos que aún no habían
emergido a la superficie que masacraron a la mayor parte del pueblo.
Si no hubiese sido por la intervención del héroe, que cerró las
minas antes de que surgieran más monstruos, nadie del pueblo
seguiría con vida. Tras eso, fue a pedir una audiencia con el rey en
busca de auxilio pero para su desgracia su pueblo no había sido el
único bajo la amenaza de los monstruos. Había mucha más zonas que
habían sido arrasadas por estos. Sin ninguna opción más, formo un
fuerza para combatir a esos engendros y a su jefe, el mismo rey de los
monstruos. 

Así es cómo comenzó su periplo. Tras un largo año de penurias y
fatigas, de cruzar todo el continente e ir a lugares más allá de la
comprensión humana,  al final todo había acabado.  La paz volvía a
reinar en el mundo entero. Todo fue gracias a él. Sus acciones lo
habían llevado a este final de cuento. 

Un final feliz para todos. 

Inmerso en sus pensamientos, tocó por un momento una bolsa que
llevaba en su cintura. El tintineante ruido del dinero le devolvió a
la realidad. Con la cantidad que había conseguido  asesinando
monstruos podría reconstruir su pueblo. Incluso no habría necesidad
de que trabajasen más. Aunque por ahora solo llevase una minúscula
cantidad, cerca de diez mil monedas de oro, en unos días vendrían
unas caravana paras darle todo lo que había ido adquiriendo a lo
largo de su aventura.

Cuando se quiso dar cuenta, al final había alcanzando su destino. 
Todo estaba  como lo recordaba. El estanque congelado al lado de la
herrería, la taberna justo enfrente de la entrada, las casas de
madera exhalando humo por sus chimeneas. Aunque había resquicios de
la lucha que allí se había fraguado, Dawnfall aún seguía
conservando su  espíritu tranquilo t pacífico.  Dio un paso al
frente, esperando algún tipo de recibimiento caluroso. Pero no hubo
nada. 

Extrañado, siguió caminando  para ver si daba con alguien. Para su
fortuna, dos niños estaban jugando afuera, intentando hacer un
muñeco de nieve;  no poseía en nada a un humano sino mas bien a una
masa deforme y grotesca llena de tentáculos. Los niños advirtieron
de su presencia e intentaron echar a correr nada más verlo.  El
héroe los tuvo que atrapar para que les contase que allí estaba
sucediendo.

Eran dos chicos, gemelos, que no alcanzarían la edad de los 10 años.
Llevaban consigo un abrigo de lana, bufanda, guantes y gorro parejos
el uno con el otro lo cual hacía bastante difícil distinguirlos.

-Nos dijeron que no habláramos con desconocidos- dijo quien parecía
actuar con el rol del hermano mayor. Mientras, el otro, estaba a su
lado, a punto de sollozar. El héroe explicó quien era. Ambos se
quedaron atónitos cuando les  dijo que era un héroe. Nunca antes
habían visto a uno. 

-¡Mi nombre es Ulna!- salto de repente el chico que antes estaba
asustado de su presencia- Y este es mi hermano Hume. No solemos tener
mucho visitantes por aquí y por esos nos asustamos- su voz juvenil 
adquiría viveza a medida que hablaba-¡Qué chulo!- ahora se
percataba de que su armadura, hecha de un mineral  exportado de tierra
lejanas,  emitía un breve resplandor cuando era tocada por algún
copo de nieve.

-¿Cuánto tiempo vas a seguir mirándole?- Hume resopló angustiado
ante la actitud del hermano. Sin dejarle seguir hablando más con el
héroe. se lo llevó a rastras por el suelo. -Te diré una cosa,
Héroe- agregó, antes de marcharse del todo- las demás personas del
pueblo están reunidas en casa del alcalde. Creo que hoy había algún
tipo de asamblea o algo por el estilo. Si buscas a alguien, mejor que
lo hagas allí- se marchó sin ni siquiera despedirse.

Siguió caminando hasta llegar a la casa alcalde. Se distinguía de
las otras por estar asentada en una pequeña sima, algo más alejada
que el resto de casas. Tenía numerosos ventanales por los cuales
atisbaba, gracias a la luz que emanaba desde dentro, las siluetas de
numerosas personas. Parecían estar muy agitadas. Desde fuera, se
podían escuchar los gritos.

-¡Esto es serio!- sonó como la voz de un hombre de mediana edad- Si
no hacemos nada nuestro pueblo tendrá serios problemas. Apenas
tenemos para abastecernos Deberíamos pedirle ayuda a los pueblos
cercanos- se escuchó un notable golpe.

-Imposible- hablaba ahora un anciano-  Las aldeas cercanas nos temen.
Aunque ahora  esté sellada la entrada de las minas, creen que el
pueblo está bajo una maldición desde que salieron  monstruos de la
montaña. Además, últimamente  el tiempo ha sido muy desfavorable
por esta zona. Nadie se atrevería a venir a esta tierra remota.-

-¿Acaso estás diciendo que no hagamos nada?- ahora  un joven quien
había tomado la palabra- ¡A este paso todo el pueblo perecerá!-  el
murmullo se hizo eco por todo el hogar.  El héroe vio que debía
entrar ahora o nunca. En el mismo momento en el que estaba abriendo el
portón, una voz ominosa surgió de la multitud para calmar los
ánimos.

-Tranquilizaos todos, por favor. Estamos dando un mal ejemplo  a
nuestro reciente invitado- miraron todos hacia él extrañados de su
presencia.-Por favor, queridos conciudadanos, sigamos debatiendo esto
en otra ocasión- fueron marchándose uno a uno por la puerta no sin
antes mirar de reojo al héroe.

El último salir cerró la puerta de un gran golpe, dejando que algo
de nieve arrastrada por el viento entrara hacia dentro. Estando a
solas con la mujer, se acercó a ella entablar conversación.

Era de una complexión delicada, con un rostro fino y delgado. La
palidez de su piel se contrastaba con lo vivo de su maquillaje, con
los labios mojados bajo carmesí rojo y contornos más oscuros  en sus
ojos, sobresalientes debido a la claridez que emanaban. Una larga
cabellera negra ocultaba parte de su espalda y sus encogidos hombros.
En cuanto a su vestimenta, no llevaba un atuendo exagerado en
demasía.  Era una túnica blanca de manga ancha, que contaba con
ciertos motivos florales de color azul en su costado hasta caer
libremente hacia sus piernas, haciendo completamente imposible ver que
calzaba,  todo ello únicamente sujetado con un cinturón de seda
azul. 

-Me disculpo ante vos por tener que haber visto este espectáculo-
hizo una breve reverencia-

El héroe le respondió que no había necesidad de una disculpa, que
si acaso él era el que debería haberla dado por haber interrumpido
en tan aparentemente importante reunión.  La mujer se echó a reír,
no supo si por cortesía o porque realmente le hizo gracia su
comentario pero por lo visto aquella intervención hizo que rompiese
el hielo entre ambos.

Con la conversación entablada, ambos se marcharon de la entrada para
sentarse en una sala contigua, que parecía usarse para recibir
invitados. Era más pequeña y en ambos lados había pinturas y
estanterías repletas sobre libros, todo relacionado con el pueblo, En
mitad de este habitáculo, situado encima de una alfombra roja, había
dos sillones, mirando uno hacia al otro, separados por una mesa
rectangular tampoco demasiado grande. Ambos estaban junto a una
chimenea que se encontraba actualmente sin darle uso.Este hecho
extrañó bastante al héroe pues desde que habría entrado allí
notaba como el viento frio se dispersaba por cada rincón del hogar.

-Apenas hay árboles de los cuales sacar leña-dijo ella mientras
ambos tomaban asiento-Los Soldados vinieron con un edicto del rey
vinieron para que le entregásemos parte de nuestros suministros que
habíamos guardado. Aparte, con la cantidad de monstruos que había en
los bosques y zonas cercanas nadie se atrevía a recoger leña. Así
pues, estamos racionando lo poco que nos queda entre todos. Por eso es
que aquí no usamos fuego, para que los demás tengan más leña para
usar -el héroe prestaba con mucha atención lo que hablaba con la
mujer. Ciertamente, no era la primera vez que escuchaba un hecho
similar pero le asombraba con la entereza con la que lo afrontaba.

-De todas formas, tampoco es que lo necesite.- esbozó una sonrisa que
luego se congeló por completo-Mientras tenga la calidez de mis
aldeanos estaré bien- Fue entonces cuando uno de estos por estos
entró a la habitación.

-¡Héroe!- la voz juvenil le resultó juvenil.

-Ulna- llamó al joven a modo de réplica. El muchacho parecía
sentirse mucho más cómodo a su lado. Llevaba una bandeja con tazas y
un poco de té.-Debes llamar antes de entrar, ¿vale?- dijo finalmente
de forma cariñosa sin perder esa seriedad que la caracterizaba.

-¡Sí!- respondió con una sonrisa de oreja a oreja. Parecía estar
bastante entusiasmado en comparación al primer encuentro con el
héroe. Incluso se ofreció voluntario para servirles la taza. Aunque
en un principio la mujer se lo iba a negar, el héroe intercedió por
el para que lo hiciera. Con su tembloroso pulso, hizo todo lo posible
para no derramar ni una sola gota. Tras haberlo conseguido con éxito,
puso una gran cara llena de satisfacción.

-¡Señor héroe!¿Podría contarme alguna de sus historias?- le
brillaban los ojos del entusiasmo mientras los decía-Querría saber
cómo es el mundo de allá fuera- fue cortado en seco por la mujer que
lo volvio a nombrar por su nombre pero esta vez de forma más severa
que en la anterior de ocasión.-¡Perdón!- se disculpa con la mujer y
él-Ya hablaré con el héroe en otra ocasión- se fue marchando a la
puerta cabizbajo.

-Es un muchacho encantador- le dio un sorbo a su taza- pero a veces
deja llevarse demasiado. Quizás sea por la edad. Se preocupa porque
todos a su alrededor se encuentren bien. Verás- se propuso a contar
una historia- Perdonad que no me haya presentado antes. Mi nombre es
Crystal, soy la alcadesa de Dawnfall. Yo realmente no soy originaria
de aquí. Llegué a este pueblo hace nueve meses. Llegue perdida y
desorientada en una noche de terrible ventisca. En mi camino,
encontré un carromato que se había caído desde un peñasco. La
carroza estaba completamente destrozada y los caballos simplemente
había muerto con en la caída. Muchos enseres y otros objetos
personales estaban desperdigados por el suelo. No había indicios de
que hubiese superviviente alguno pero me decidí a mirar en su
interior. Entonces descubrí a dos hermanos gemelos, arropados el uno
con el otro con una manta de franela, en los brazos de su difunta
madre. Su padre se hallaba unos metros atrás, afuera, aplastado
también por la caravana. Nunca se me trato bien hablar con las
personas- el pesar de su historia se hizo notable en su rostro.-pero
la idea de que el fin llegase para aquellas dos criaturas que aún no
habían tenido la oportunidad de hacer algo en su vida derretiría
hasta el más helado corazón. Así que, ante todo pronóstico,
cargué como pude los dos chicos y los llevé a cuestas hasta el
pueblo. La situación era incluso peor en este. Como te dije antes,
soldados del reino habían venido a tomar la leña del poblado,
¿verdad? Bien, pues al no tener nada con lo que calentarse durante
esa terrible ventisca muchos de ellos murieron de frio. Lo más
aventurados intentaron huir del pueblo en busca de ayuda pero sin
éxito. Pase las noches intentando calentar como podía a aquellos dos
chicos, que más tarde conocería como Hume y Ulna. Días más tarde,
una vez cesada la tormenta, ayudé a los demás supervivientes a
recuperar lo que les había quedado, que era prácticamente nada. Fue
en aquel momento que me hicieron alcaldesa aún siendo una extraña -
sonrió nuevamente con algo de tristeza.-por lo visto el anterior
alcalde había muerto tambien a causa de aquellas circunstancias.
Parece que eso fue hace mucho tiempo- dijo mirando al fondo de la
habitación- Aunque la situacion no ha mejorado mucho, podemos decir
que seguimos con vida. Y bien héroe, ¿qué ha s venido a hacer
aquí?- preguntó con seriedad tras tal relato.

El héroe comenzó a contar también su historia. De que él era
originario de Dawnfall, como selló las minas, su viaje a la capital
del reino para hablar con el rey, la derrota del rey demonio y
prácticamente todas las cosas que fueron sucediendo a lo largo de su
camino. Acabo diciendo que regresó para ayudar en la reconstrucción
de su pueblo, e incluso le enseñó el dinero que llevaba encima y las
caravanas que vendrían dentro de unos días.

-Agradezco tus buenas intenciones Héroe, pero no creo que eso sea
buena idea- el héroe la miro extrañado, pidiendo una explicación-
Verás, a partir de aquel suceso un gran odio ha surgido contra el
reino de Tyrantum- Quizás ver ahora a soldados molestaría a los
aldeanos e incluso algunos ya mirarán con tu recelo tu regreso.
Siento decirte esto para ellos, ya no formas parte del pueblo. Puede
que creas que el pueblo no ha cambiado pero el interior de sus
habitantes ha cambiado radicalmente. Es lo que he podido comprobar
mientras tu estabas fuera. Pero no te preocupes- dijo serenamente- con
esto no quiero decir que te vayamos a repudiar. Simplemente que
pasarás a ser tratado como uno más, sin ningún tipo de distinción
honorifica. Tendrás que trabajar día a día, como hacen todos. Sé
que es una situación comprometida para ti asi que te dejo que te
hospedes aquí mientras te lo piensas. Además seguro que a esos dos-
refiriéndose a los chicos- les hará ilusión tenerte por aqui-
Crystal se levantó, indicando que la conversación había terminado.
Se dirigió con la puerta con el héroe.

-A propósito.- le dijo una vez afuera, en el pasillo-¿Cómo debería
llamarte? Supongo que héroe no es tu nombre real.-

-Mi nombre es...-
puntos 16 | votos: 16
Muchos dolores se podrían evitar - si nos acostumbráramos antes a los que nos hizo daño.
puntos 11 | votos: 13
¡Abajo el régimen de las verduras! -

puntos 6 | votos: 8
Intercambio uno por Shellder. -
puntos 32 | votos: 34
Encender la televisión y ver todos - los productos que no puedes comprar, sobre todo la felicidad de
aquellos que lo presentan.
puntos 6 | votos: 6
Aún no sabe que somos vegetarianos -
puntos 7 | votos: 7
Los personajes de Jojo - me siguen a todas partes.
puntos 12 | votos: 12
La cara que pones cuando hacen - un chiste que no tiene gracia si desconoces las circunstancias.

puntos 15 | votos: 15
Manos a la obra. -
puntos 11 | votos: 11
Querer irte en plena fiesta - porque prácticamente ya no queda nadie pero quedarte finalmente
porque unos de tus amigos se quedará contigo hasta que amanezca.
puntos 18 | votos: 18
Sentimos más cálido el tacto frío - que uno natural al encontrarse este usualmente ausente.
puntos 12 | votos: 16
En la otra vida, precisamente. -
puntos 14 | votos: 14
Por mucho bien que intentes hacer - siempre habrá alguien que salga perjudicado a causa de tus acciones.

puntos 9 | votos: 13
Aprende del maestro. -
puntos 20 | votos: 24
Alzar la voz no te otorga la razón - sino que hace más visible la escasez de veracidad en tus argumentos.
puntos 9 | votos: 13
Desde hace años, dos grupos - antagónicos han estado combatiendo entre sí para llevar a cabo sus
planes. Entre ellos está el equipo Magma, con su afán de expandir la
tierra para que haya más espacio habitable y el grupo Aqua, que aboga
por defender el mar, origen de toda la vida, y aumentarlo si es
necesario.

Ambos contendientes han elegido Desmotivaciones como campo para su
batalla final y tú puedes ser la pieza clave que desequilibre la
balanza hacia el lado de uno de estos.

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Busca entonces más información en comentarios.
puntos 10 | votos: 14
¿Título de la película? - Lo que el viento se llevó.
puntos 17 | votos: 21
Desmosummer Junio 2016. -

puntos 8 | votos: 12
Cuando participas en una corrida - y al acabarla tu pareja te dice que le ha gustado.
puntos 14 | votos: 16
¿Incluso si es para que más gente - se registre en Desmotivaciones?
puntos 10 | votos: 14
Y esto es lo que pasa - por no informarse de los dobles significados.
puntos 19 | votos: 21
Mientras se sigan destinando - pensamientos, los recuerdos de tu interior no desaparecerán.
puntos 9 | votos: 9
Las cosas claras enturbian aún más - la mente pues no se logra confiar en la sencillez que hay en estas.

puntos 10 | votos: 12
Nuestras desiciones siempre darán - de que hablar, por lo que al menos intentemos tomarlas con libertad.
puntos 11 | votos: 11
Porque si lo bueno durase - eternamente nunca nos daríamos cuenta de su auténtico valor.
puntos 28 | votos: 30
Ruidos nocturnos que disparaban - algo más que nuestra imaginación.
puntos 18 | votos: 20
Que lo único que te haga llorar - sea el poder compartir una inmensa felicidad con alguien más.
puntos 15 | votos: 17
Esa reacción alérgica a la estupidez - de algunos que no usan algo bueno por estar anticuado.

puntos 25 | votos: 29
Cada persona que pasa por tu vida - deja su huella pero eso no significa que debas seguirlas.
puntos 21 | votos: 25
En un mundo tan adulterado - lo que menos nos debería preocupar es el hecho de encontrar 
a personas falsas.
puntos 14 | votos: 20
Las imitaciones nunca serán reales - pero igualmente te pueden hacer feliz obviando ese detalle.
puntos 20 | votos: 24
Ningún recuerdo es tan bueno - como para resistirse a que la magia del olvido lo haga parecer mejor.
puntos 14 | votos: 14
España bien lo sabe - aunque no sabe distinguir cuál es cada uno.

puntos 8 | votos: 14
Con esto los dejaré UnHappy. -
puntos 10 | votos: 12
Lo rápido que se empieza un camino - no determina el valor que tendrá tras alcanzar su destino.
puntos 9 | votos: 11
No te puede fallar alguien - de quien no esperabas nada.
puntos 13 | votos: 15
Hay que dar tregua a uno mismo - para encarar descansado las batallas que se avecinan.
puntos 12 | votos: 16
Perder kilos para lucirte en el verano - no gracias a la operación bikini sino por quitarte la ropa que llevabas.

puntos 11 | votos: 11
Momentos en los que se toca fondo, - quedando uno abandonado a su propia suerte.
puntos 15 | votos: 15
Me siento muy solo. -
puntos 23 | votos: 23
Muchos disfrutan por aquellos - que no pueden mientras otros dejan todo de lado para ayudarlos.
puntos 7 | votos: 9
El querer ser uno con los ideales - te puede hace perder la imagen objetiva que tenias sobre estos.
puntos 17 | votos: 17
Siempre habrá oposición al vencedor - pero no entiendo cómo que no somos capaces de ponernos de acuerdo si
nadie ha ganado.

puntos 11 | votos: 13
Its Raining Somewhere Else 7 - -No debí de comportarme así- Mario hablaba consigo mismo sobre su
repentino ataque de ira ejercido contra Mylo.  Este se había marchado
a la salida del cementerio sin mediar palabra alguna más.

Mientras tanto, Mario volvió junto a Cristina, que seguía pensativa
en el mismo sitio que se encontraba antes. Se encontraban los dos
solos. Ni Chesa ni Ori acudieron al funeral. Desde la muerte de
Josephine, perdieron todo contacto con Chesa. Si acaso se puso en
contacto con Mario un día antes de perder todo contacto con ella.
Era una tarde con una habitual lluvia vespertina. Mario estaba como de
costumbre delante de sus libros, estudiando para las clases que daría
el  día de posterior. Como era costumbre en él, de fondo sonaba una
pieza de Chopin que le ayudaba a mantener la concentración en sus
estudios. Así pues, en su escritorio había una montaña de papeles,
la mayoría apuntes hechos a mano, apilados a un lado de los libros de
las materias del día posterior. En el otro extremo, se encontraba su
portátil con el cual disfrutaba de tan armoniosa música. En el
momento en cual los estaba revisando con suma minucia, una pequeña
vibración le sacó de su  estado de máxima tranquilidad. Estaba
recibiendo una llamada de su móvil. Obviamente, lo puso en
silenciador, por lo que al principio le costó interpretar aquel
molesto ruido como algo de importancia. No fue hasta mirar a su
ordenador, en el cual se encontraba conectado para recargar su
batería, que se dio cuenta que el causante de aquel ruido era su
móvil.
Fue al cogerlo que colgaron la llamada. Dejó por unos instantes sus
importantes estudios para ver de quién se trataba. Como reconoció
enseguida, se trataba del número de Chesa pues la tenía apuntada en
su agenda de contactos. Apresuradamente, la llamó. Sin embargo, esta
pareció rechazar su llamada pues saltaba el contestador de voz. 

Lo intentó hasta en tres ocasiones pero todas con el mismo resultado.
Desistiendo de ponerse en contacto con ella, volvió nuevamente a sus
quehaceres no sin que una parte de él siguiese preocupado por su
estado.

En los casi de dos años en los cuales mantuvo contacto con ella,
había forjado en su interior una perspectiva de ella muy concreta.
Era simple por fuera pero compleja por dentro. Es decir, sus ropas
nunca fueron nada ostentosas ni pretenciosas, con el fin de llamar la
atención. Tampoco sus modales ni forma de trato con los demás. Si
acaso era muy cortés y refinada con desconocidos pero aquello, según
palabras que le dijo a ella, era para mantener las distancias con la
gente con la cual no tenía un buen grado de confianza. Así pues, en
el fondo, pese a parecer una chica tímida y sin recursos, resultaba
ser una persona bastante expresiva cuando estaba en confianza. No
obstante, esta bipolaridad en su comportamiento, con aquellos que
tenía confianza con los que no, le había hecho adquirir una gran
sensibilidad que quisiese o no, marcaba bastante su personalidad. De
este modo, le afectaba todo lo que ocurriese al alrededor, aunque no
le afectase directamente a ella pero al forzarse a mantener una fría
distancia con los demás, a veces no podía abrir dichos sentimientos
con nadie por lo que los retenía en su interior hasta no poder más. 

Mario supuso que en esta ocasión había ocurrido eso mismo. Viéndose
incapaz de expresar adecuadamente sus sentimientos debido a la muerte
de un ser cercano, había optado por encerrarse del mundo, con el fin
de que nadie pudiese ver que estaba sufriendo.
Al cabo de un rato, el móvil volvió a sonar pero esta vez no se
trataba de una llamada sino de un mensaje de texto. Como concepto
llevaba un mero Hola. que parecía bastante solemne. Iba acompañado
del siguiente mensaje:

Hola, Mario. Quería decirte que necesito tiempo para mí misma, para
asimilar todo lo que está ocurriendo. Espero que sepáis perdonarme
por haber cortado relación de forma tan abrupta con vosotros. Espero
que cuando esto suceda, podamos volver a vernos. Hasta que se ese
momento llegue, os debo decir adiós.

Mario leyó el mensaje un par de veces antes de contestarlo. A juzgar
por las sensaciones que transmitía en sí, Chesa parecía encontrarse
bastante abatida. Quizás que le hubiesen insistido para que asistiese
al funeral no fue la mejor manera de ayuda. Es más, aquello
seguramente no hizo sino acrecentar su desconexión con el exterior. 
Así pues todo lo que puso para contestar fue lo siguiente:

De acuerdo entonces. Me alegra saber que no te has olvidado de
nosotros. Por favor, siéntete libre de hablar con nosotros si te hace
falta. Te estaremos esperando. Cuídate

Y envió el mensaje. Se dispuso a proseguir  con sus estudios
nuevamente aunque de vez en cuando miraba hacia un lado para ver si
había recibido otro mensaje. La tarde transcurrió sin que nada más
sucediese por lo que acabó su horario de estudio de la manera
habitual.

Horas antes, en otro punto de la ciudad, Chesa había recibido su
mensaje al instante. No obstante no vio de qué forma seguir con tan
fútil conversación. Había regresado al hogar de sus padres por lo
que se encontraba en su habitacion, acostada boca abajo en su cama,
con la almohada húmeda debido a las recientes lágrimas que parecían
escapar de forma desbordante de sus ojos. Realmente se sentía muy
mal, sobre todo tras enviar ese mensaje. No quería que pensasen que
no iba por una total falta de respeto o de vinculación con la anciana
que en tan numeradas ocasiones había sido amable con ella. Por una
parte, sentía que estaba obligada a ir a darle un último pero
también sentía la necesidad de apartarse de todo, con el fin de que
todo acabase pronto y así el extraño dolor que sentía en su pecho
también desapareciese de la misma forma. 

-Mario- Cristina pronunció su nombre, señalando hacia el horizonte.
Por lo visto, dos personas se estaban acercando.

-Ya lo sé- dijo intentando sacarse de sus propios pensamientos-¿Ya
es la hora?- miro nuevamente su teléfono para cerciorarse-Está bien,
marchemos a hablar con ella.- ambos se dispusieron a caminar hacia el
exterior del cementerio.

Justo en la salida, donde se encontraba como una especie de jardín
con flores de crisantemo plantadas, en el cual Cristina tuvo el
detalle de recoger una para ofrecer como obsequio a Josephine, había
dos mujeres esperándoles.
puntos 15 | votos: 17
Los elogios siempre pueden esperar - pero las críticas no pues con su existencia te avisan de que algo
estás haciendo bien.
puntos 18 | votos: 18
El corazón escapa de toda tangencia - que reina en el mundo pues para sentir con este no hace falta tocarlo.
puntos 22 | votos: 26
Por muy grande que sea la ayuda, - de nada sirve si va destinada a alguien que dice no necesitarla.
puntos 14 | votos: 14
Its Raining Somewhere Else 6 - El cielo gris había dejado de llorar. Aún así, no había indicios
de que fuese a salir en sol. Era un día mustio, sin vida. En este
territorio de mortales, se hallaba un grupo de tres personas, todas
vestidas de un impoluto negro, para ofrecer su último adiós a la
persona que había partido de aquel mundo rodeado de barro y fango.

Sus miradas estaban perdidas en el féretro que tenían delante de sus
ojos. Era de madera negra, de ébano, con remates de oro. En el centro
de su tapa, había un ángel, de apariencia femenina, incrustado. Sus
manos, alzadas al cielo, parecían indicar que estaba custodiando el
alma de aquella persona que estaba dentro del ataúd, para que no se
perdiese de su camino al cielo. Entre estas, unos de los espectadores,
que era Cristina, ofreció un crisantemo blanco a la persona de la
cual se despedían, para que llevase, allá donde fuese, un bello
recuerdo sobre ellos. Tras poner cuidadosamente la flor en el regazo
del ángel, dio unos pasos atrás para que el féretro fuese engullido
por la tierra.

Tras eso, apareció brevemente el encargado del cementerio. Era un
hombre asocial, sin ninguna característica digna de mención. Una
pala que llevaba colgada en su espalda era su única compañera. Con
un leve asentimiento con la cabeza, comenzó a tapar el lugar que
ocupaba el féretro. Una vez hecho, nuevamente se despidió y se fue
de forma tan silenciosa como había venido.

El silencio seguía reinando entre los que seguían presentes de aquel
socavón tapado.Porque podría haberse llenado el vacío de la tierra
con más de esta pero el que ahora mismo había en sus corazones era
uno que no podría rellenarse. Solo el tiempo, y tras que su paso
erosione lo suficiente tanto sus mentes como corazones, podrían
olvidar.

No es que la conocieran a fondo. Tampoco que hubiesen tenido un trato
íntimo con ella pero seguramente fuesen los últimos en verla con
vida, a los cuales ofreciera una cálidas palabras de bienvenida.En
algún lugar dentro suya, tenían la obligación de no olvidar todo
aquello y la mejor manera que se les ocurrió de responder fue acudir
a su entierro y posterior velatorio.

Curiosamente, fue en su muerte cuando prestaron más atención a los
detalles de su vida. Su nombre era Josephine Montblanc, aunque tras
casarse adoptó el apellido de su marido, Erik Staal, que descansaba
en un nicho contiguo, haciéndole compañía en su sueño eterno en un
nicho contiguo. Tampoco ella había nacido en esta ciudad, sino en un
pequeño pueblo de Italia cuyo nombre había sido borrado de la
historia, pues principalmente fue uno de los tantos pequeños lugares
rurales que acabaron siendo mancillados, saqueados y posteriormente
destruidos a causa de la segunda guerra mundial. Viviendo su infancia
en plena guerra, tardó poco tiempo en perder su inocencia. Quizás
este fuese el motivo, de haber sufrido tanto en su niñez, que en su
vejez no quisiese que nadie sufriera ninguna precariedad o rechazo de
algún tipo. Años más tarde, una vez con el régimen acabado y con
Europa recuperándose de sus cicatrices, viajó por todo el
continente, explorando cada rincón de este. En unos de sus viajes
conocería al hombre con el cual compartiría el resto de su vida y el
de más allá. Erik era un joven holandés que también había
emprendido la huida de su hogar pero no por las mismas razones que
Josephine. En un alto del camino, tuvieron tiempo para enamorarse y
dar rienda suelta a la pasión que ardía en sus jóvenes cuerpos.
Así pues, ambos decidieron dar por finalizada su viaje por el mundo,
siguiendo los dictados del corazón, y buscaron empezar una vida desde
cero en una ciudad desconocida por todos, un lugar sin nombre donde
ninguno de los dos estuviese atado a nada, salvo el amor que sentía
el uno por el otro.

Así pasaron los años. La ciudad fue creciendo al igual que ellos.
Pero pronto la desgracia se cebaría con ellos. Erik, que trabajaba
como constructor para el progreso de la ciudad, murió en un fatídico
accidente a la temprana edad de 33 años. Josephine, destrozada por
dentro, se alejó de todas las amistades que construyeron durante ese
tiempo pues hablar con ellas le producía el dolor de saber que nunca
más volvería a verlo.Puso a la venta todas sus posesiones, excepto
las que para ellas guardaban más recuerdos y compró un inmueble, con
apenas una planta baja y otra superior. Años más tarde todo aquella
zona, que antes era completo prado, se convertiría en unas de las
zonas más valorizadas de la ciudad. En ella vivió 58 años, hasta
que volvió, hace pocos días, a reunirse nuevamente con su marido.
Un encuentro bajo el frío manto de la muerte que sin embargo con la
calidez que desprendía su apenas era notable.

-Descansa en paz-musitó levemente Mylo.Con aquella leve interacción,
pudo sacar de su estado a Cristina y Mario, que seguían cautivados
con la repentina muerte de la dueña.

-Es muy triste.- la voz de Mario salió entrecortada, en parte porque
hasta hace un momento había estado llorando-Nadie salvo nosotros supo
de su existencia. Ni tan siquiera nadie de esta ciudad supo lo que
hizo por esta. Solo de pensar en lo sola que se debió de sentir y
aún así seguir ofreciendo una sonrisa para nosotros, día tras día.
Es simplemente-fue interrumpido por Cristina, que le ofreció un
pañuelo para secar las lágrimas.

-Debió ser feliz hasta sus últimos momentos.- le digo Cristina a
Mario cuando este le devolvía su pañuelo- De lo contrario, no
hubiera estado viviendo así durante tanto tiempo sin cambiar-

-De todas formas eso ya da igual- se apresuró a continuar a decir
Mylo.-Ya está muerta.- sonrió descaradamente mientras gesticulaba
con la manos.

Lo que no puedo predecir es que un acto de furia, recibiera un duro
puñetazo por parte de Mario. No es que le hiciese mucho.
Comparándolos, Mario estaba en mucha peor forma que Mylo. Este no
tendría que emplearse a fondo para darle una buena paliza. Pero
siendo las circunstancias que eran, decidió recibir el golpe en la
cara. Apenas lo hizo tambalear. Es más, Mario era quien parecía
estar peor. Justamente, fue ese repentino ataque lo que usó de
pretexto para dejar solos aquellos dos.

-¡Miserable!- grito con un tono de voz inusual en él. Quizás la
única oportunidad que tuviese de expresar lo que sentía. 

Con Mario gritandole a lo lejos, Mylo se despidió de Cristina que
miraba apaciguada la relación de ellos dos. Ciertamente, todos
estaban actuando extraños el dia de hoy.





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