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28.09.2013

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GeekVeterano Nivel 3

puntos 5 | votos: 5
Los jueves, descansaba. - Las niñas no estaban y él desaparecía.
Hacía tiempo, sin embargo,
que sabía que su marido veía a otra. Otro capricho fugaz, dotado de
juventud y ardiente de deseo. Los primeros años, le dolió.
Pero poca importancia le daba ahora. Los jueves podía, por fin,
respirar.
Se ataba una soga al cuello, se desnudaba, y abría la ventana.
Allí había un árbol de hojas rosáceas como sus mejillas, y ella lo
miraba pensativa. Encendía un cigarro. Encendía dos, tres, y los
sostenía entres los labios hasta que sentía el calor abrasante de la
colilla. La rutina era siempre la misma. Después de reflexionar, de
buscarle un significado a la vida, cogía una banqueta y con rapidez
ataba el extremo de la cuerda a una viga del techo. Así, su cuello y
aquel trozo de robusta madera se unían en armonía. Permanecía en
esta posición una hora. A las seis en punto, le pegaba una patada a
la banqueta, que caía con un ruido sordo al suelo y la dejaba
colgando en el aire, sin poder respirar. A las seis en punto llegaba a
casa el criado, que era también conocedor de los curiosos pasatiempos
de su señora, y subía corriendo las escaleras para descolgarla,
antes de que se asfixiara.
(...)
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¿Cómo desespero - todo lo que te he esperado?
puntos 2 | votos: 2
Le conocí en Tinder, - un tío majo.
Después de dos citas de Borges y otras dos en el café de su tía
Emilia, me invitó a pasar la noche en su casa.
Yo estaba como obnubilada, sólo podía pensar nuestro encuentro de
esa noche. Además, tenía tantas pretendientes que me pidió que no
le contara a nadie que nos íbamos a ver. Yo lo entendí, total en el
pueblo todo se sabe, y sentía que llevar un romance secreto era algo
digno de novela victoriana. Por eso decidí comprar un vestido a lo
Elizabeth Bennet y dejarme llevar por la emoción del momento.
El Uber me dejó en la puerta de su casa, un chalet apartado y un poco
viejo que pertenecía a su abuela Matilde. Alegre y con el andar un
poco torpe (nunca fui de tacones) me deslicé hasta la entrada y
llamé a la puerta. Allí estaba él, más guapo que nunca.
Me recibió un poco serio, algo distinto a las otras veces. Iba muy
bien vestido pero olía raro, como a hierro. Mientras me quitaba el
abrigo en la entrada eché una (disimulada) ojeada dentro de la casa y
en un cuarto al fondo, apenas visible por la oscuridad, vi un
cadáver.
Me quedé helada. Literalmente vi un cadáver.
¿Pasa algo? - me preguntó
Rápidamente y con la voz temblorosa, le dije
Nada, es que acabo de recordar que me he dejado el gas encendido.
Tengo que irme
Y recé para que no sonara a excusa.
Pero si algo me gustaba de Enric era su perspicacia,
y si algo le gustaba a Enric de mí, era mi transparencia
Tranquila, seguro que no y se dibujó una mueca siniestra en su cara
Era oficial: acababa de conocer a un asesino, y todavía más oficial:
estaba encerrada en su casa.
puntos 4 | votos: 4
Me has olvidado este lunes - y me ha venido mal. Tenía un examen. La preocupación me ha podido,
estaba nerviosa y me sudaban las manos. Lo he dejado en blanco. Un 0
en matemáticas aplicadas, cómo me la has liado. A todos los que
olvidáis a una chica: ¿podéis hacerlo cuando no haya un examen? La
próxima vez que planees desterrarme de tu corazón, pídeme una cita,
concrétame una fecha...
En fin, ¿ahora qué hago con tanto desamor? Mi madre dice que no nos
lo podemos quedar, cuesta mucho de cuidar y además, no podemos
dejarlo sólo en casa. El vecino ha dicho que tampoco lo quiere, que
ya tiene de eso. Ni siquiera el gato quiere acercarse. Por eso he
decidido devolverte el olvido. El problema es que ya no te recuerdo y
no sé cómo dártelo o dónde encontrarte.
Si algún día me lees y decides recordarme, ven que te debo un olvido
puntos 9 | votos: 11
A veces los humanos creen - que por comprarte una camita nueva y cara tú te vas a tumbar en ella.
Pero recuerda siempre que la esencia de todo gatito es ignorar los
regalos y arañar las cortinas. En eso consiste la vida

puntos 3 | votos: 3
Liberia Café Pub - Y las historias de amor baldío de la calle Duquesa.

Una noche deambulamos por Granada
como dos gatos callejeros

Y en una calle estrecha, cerca de las tres
vimos las luces de un local
distinguiéndose del resto

Tú entraste resuelta,
buscando mesa libre
y allí alguien que hablaba del destino
nos invitó por cortesía

Yo bebí para asombrarte
con expresión triunfante y sonrojada
a causa de la embriaguez

Pero olvidé lo malo que es beber 
sin querer, y queriendo 

y te miré con tanto cariño
que temí que me vieras
y te plantearas por qué

Ahora que ya lo sabes
y han pasado tantas noches de aquello
me pregunto si en Liberia
siguen vagando, errantes
los gatos callejeros.
puntos 3 | votos: 3
Poeta fui la noche - que escribí tu nombre en la Luna.

Y el cielo quejumbroso
me llamó traidor

y las estrellas, que te envidían
me llamaron pecador

Poeta fui la noche
que escribí tu nombre en la Luna

y la Luna, prendada
te iluminó la frente

y el Sol, anheloso,
quiso salir

Poeta fui la noche
que escribí tu nombre en la Luna

y el universo, que te miraba
eclipsó.
puntos 4 | votos: 4
Tengo mil ideas - y se me escapan 999.

La restante la dejo quieta
en esta jaula que tengo por cabeza.
Pero entonces me apeno por apenarme,
por el placer de estar triste,
y las ideas vuelven a volar.

Verás, nunca he sabido hablarle a una chica
con esas maneras propias.
Pero sí sé mirarlas con atención
y eso me divierte.

A lo mejor mañana
duermo en tu portal,
en algún florero o en tu cama.

Quién sabe,
¿lo sabes tú?
puntos 3 | votos: 3
Para ti de mí, - aunque jamás lo leas:

A mí me enseñaron a creer
que eras un hombre ocupado,
borracho, malo,
y que los hombres como tú
nunca pueden ser buenos del todo.

Me enseñaron a pensar mal,
a temer y a rabiar
pero a querer; como un perro de caza asustado.

Y en parte por eso
soy tu niña enfadada, tosca y callada.

Pero te quiero con el corazón
y sin reparos,
con tus más y con tus menos
aunque no sepa decírtelo.

Te quiero como el cielo te ha querido a ti
y más.



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