En Desmotivaciones desde:
12.05.2013

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¿A quién echaremos - la culpa de algo que no fue culpa de nadie?
puntos 61 | votos: 67
Personas tan persistentes - que eligen seguir creyendo las mismas mentiras, simplemente aguardando
que entre tantos, alguno diga la verdad.
puntos 7 | votos: 7
Se masca la tragedia... -
puntos 11 | votos: 11
Durante la guerra fria - Una sola arma valía mas que tú vida.
puntos 3 | votos: 3
Diosito mio - que este finde nunca termine

puntos 85 | votos: 95
La diferencia entre una meta - y un sueño, es si somos o no capaces de olvidar el quizás
puntos 117 | votos: 119
Hay personas que no aceptan - un no como respuesta.
puntos 65 | votos: 67
Es muy fácil cuestionar - los principios de los demás cuando no tienes ninguno.
puntos 62 | votos: 72
La soledad se sobrelleva fácilmente - hasta que la imaginación te hace pensar que es mala.
puntos 73 | votos: 73
Hay personas que se conocen - en el momento equivocado, algunas tardan en darse cuenta, otras lo
hacen cuando una de ellas ya partió.

puntos 8 | votos: 10
Día del Botón - Laura fue despertada por su padre, algo que no había ocurrido desde
que era pequeña. A medida que sus pensamientos adquirían prominencia
en su mente, se sintió segura de que había dormido sin ropa, y que
su padre la había visto; pero para su alivio traía puesta su pijama
celeste. Dios, ¿qué estaba haciendo aquí?

—Vamos —dijo él alegremente, abriendo las cortinas y dejando que
la luz solar entrase—. Es el Día del Botón, ¿lo recuerdas?
Vístete, ponte algo bonito. Nos vamos en una hora.

—Papá, ¿qué demonios? ¿No pudiste simplemente tocar? ¿Y si
dormía desnuda?

No la volteó a ver, estaba muy ocupado admirando su jardín desde la
ventana.

—Créeme, no es nada que no haya visto antes. Soy tu bendito padre,
te he limpiado el culo demasiadas veces ya.

—No es el punto, papá —Laura se incorporó, refregándose los
ojos, y recordó lo que su padre acababa de decir—. Papá, ¿acaso
dijiste «Día del Botón»?

—Eh, sí. Qué, ¿se te olvidó? —Rió mientras se dirigía hacia
la puerta—. No parabas de hablar sobre ello anoche.

Laura frunció el ceño, sin entender.

—¿De qué estás hablando?

Él negó con la cabeza, todavía sonriente mientras salía de la
habitación.

—Vístete. El desayuno está listo.

La dejó sentada en la cama, con la sábana hasta sus pechos, y una
mirada de confusión en su rostro. Eventualmente se levantó de la
cama y empezó a probarse ropa que tenía a mano. Sonidos familiares
le llegaban desde abajo: el traqueteo de ollas y sartenes, la
televisión por lo bajo, las voces de su familia hablando entre sí,
una breve y estridente risa —su hermano, sin dudas riéndose de la
televisión—.

Subió la cremallera de sus pantalones y esperó pensativa un momento,
antes de finalmente decir, «¿Día del Botón?».

En la planta baja, su madre estaba lavando los platos, tarareando para
sí misma. Su padre y su hermano estaban sentados en la mesa, comiendo
tostadas; su hermano vestía con una camisa blanca, y él nunca usaba
camisas. Dudaba de que incluso tuviese una. Era una de su papá, la
reconoció.

—¿Qué con la camisa? —preguntó, tomando una tostada, y los ojos
de su hermano no se alejaron del televisor, lo que era típico de él.

—Es el Día del Botón, ¿no? —murmuró con la boca llena de
tostada, y su madre se volvió para regañarlo.

—Mark, no hables con la boca llena —Vio a Laura y suspiró—.
Laura, podrías haberte puesto algo mejor que eso. Al menos haber
hecho el esfuerzo.

—¿Para qué? —dijo Laura; luego miró al techo, irritada—. Oh,
espera, déjame adivinar. Día del Botón. ¿Me estoy perdiendo de
algo?

Su madre negó con la cabeza, retomando su quehacer.

—No seas tan infantil, Laura. No te luce. Por favor, asegúrate de
cambiarte antes de irnos.

—Quería ver a Michael hoy. No iré con ustedes, lo siento.

El silencio cayó sobre la cocina en lo que todos abandonaron lo que
estaban haciendo, y la miraron sorprendidos. Con cautela, Laura dijo:

—¿Qué tiene?

—¿Estás loca? —la cuestionó su hermano—. No puedes salir hoy,
¡vendrás con nosotros!

—Laura, ¿has hecho planes? ¿Hoy, de entre todos los días?
—preguntó su padre, cansándola.

—¡Sí, hice planes! ¿Qué demonios está sucediendo esta mañana?

Nadie le respondió. La miraban como si hubiese perdido la cabeza.

—¿Saben qué? Olvídenlo.

—Laura, detén esto, ahora mismo —le reclamó su madre—. Sabías
perfectamente lo que íbamos a hacer hoy. Fue planeado desde hace
mucho tiempo. Puedes simplemente llamar a Michael y explicarle por
qué no puedes ir a verlo.

—¡De eso se trata! —gritó Laura—. ¿Qué le digo? ¡No sé por
qué no puedo ir!

—Es el Día del Botón —dijo su hermano—. Ésa es la razón.

—¿Día del Botón? —voceó ella—. ¿De qué diablos están
hablando? ¡Nunca oí sobre el Día del Botón! Todos están actuando
como si… —Se detuvo de repente, comprendiendo. Su familia le
estaba jugando una broma. Era un chiste. Sosegándose, le pareció
como si un gran peso hubiese sido removido de sus hombros.

—Muy divertido, chicos —dijo ella, con su voz tranquila y
serena—. En serio caí. —Se giró y salió del cuarto,
dirigiéndose hacia la puerta principal. Mientras iba, escuchó la voz
de su madre llamándola.

—¡Laura! Por favor regresa en una hora, no podemos irnos sin ti,
¿está bien?

—Claro, claro —respondió yéndose—. No querría perderme el
Día del Botón, ¿verdad?

Podía ver la casa de Michael desde aquí, con la cerca blanca y el
amplio jardín de la entrada. Empezó a trotar, ansiosa por verlo. Al
cruzar la calle la puerta principal se abrió y Michael salió con una
expresión de sorpresa en su rostro. La había visto venir desde su
casa.

—Hey, ¿qué ocurre? —preguntó Laura, y para su aflicción, él
se veía ligeramente enojado.

—No deberías estar aquí —le dijo.

—¿Qué, nos peleamos, y lo olvidé?

—Me dijiste que hoy era el Día del Botón de tu familia —dijo, y
hubo un movimiento detrás de él.

Laura parpadeó, con la boca entreabierta por la impresión. Una chica
rubia fue hacia la puerta y escabulló su brazo alrededor de Michael.
Estaba usando una camisa para dormir y nada más, y su cabello estaba
despeinado.

—Vete a casa —dijo la rubia, y Laura retrocedió, parpadeando para
contener las lágrimas. Michael no le devolvió la mirada, así que se
dio la vuelta y corrió.

Se topó con su madre justo cuando iba a entrar a su cuarto. Ella
atrajo a Laura a su cuerpo, sosteniéndola mientras sollozaba.

—Lo sé, lo sé. Déjalo salir —le acarició el cabello,
meciéndola un poco.

—Los hombres son unos bastardos, ¿no es así? —Laura retrocedió
para mirar a su madre, sobándose las lágrimas—. ¿Te enteraste…?

—Acabas de volver de su casa en un mar de lágrimas. No hace falta
un genio para entender lo que pasó.

—Se consiguió una rubia. ¡Una rubia! ¡Apuesto que por eso quería
que me tiñera el cabello!

Lloró un rato más, y su madre la sostuvo.

—Ya está, ya está. Vamos. Empecemos a cambiarte para nuestro
viaje.

—¿Así que vamos a salir?

—¡Por supuesto que sí! Aquí tienes, ésta es una blusa linda. La
mejor que tienes, me parece. Pruébatela, quiero que nos veamos como
nunca para nuestro Día del Botón.

De inmediato recordó a Michael mencionando también el Día del
Botón. Esto no era una broma. Era real. Todo era real, y no tenía
idea de lo que estaba pasando.

—Mamá, escúchame un momento. Algo está mal.

—Lo sé. En serio te gustaba, sé que sí. Es terrible que te haya
molestado en este día justamente.

—Eso es, Mamá: no sé nada sobre el Día del Botón. Nunca lo oí,
¡y desde esta mañana pienso que soy la única persona que no tiene
ni la más remota idea de qué está sucediendo!

—Bueno, siendo honesta, yo tampoco soy una experta. Sé que fue una
idea del Gobierno para combatir la…

—No, no. Me refiero, a que no sé de él. En lo absoluto.

Transcurrió un silencio incómodo, en el cual su madre la miró por
un largo tiempo. Su boca formaba una línea rígida. Cuando finalmente
habló, su voz estaba calmada.

—Sé que estás triste, así que no le haré caso a tu pequeña
broma, ¿está bien? Sólo cámbiate; aquí está tu blusa, te veré
en el auto en cinco minutos. Te estamos esperando.

Su madre se marchó, dejando a Laura sola y asustada, con su mejor
blusa entre sus manos temblorosas.

Lo siguiente que recuerda es que estaba en el coche. Todo acontecía
de una manera tan fluida y despreocupada que cada vez se sentía más
incómoda. Podía ver su entorno con extremo detalle, a cámara lenta:
la pelusa en la manga de su madre, un poco de barba que la máquina de
afeitar de su padre había dejado, una grieta en el pavimento mientras
andaban. De pronto se sintió más lúcida de lo que jamás se había
sentido en toda su vida; pero era incapaz de hablar, siendo impedida
por su propio cuerpo.

En alguna parte de lo más profundo de su ser, aún creía que todo
era una broma, un enorme y elaborado engaño. A medida que se
estacionaban frente a un edificio blanco con forma de caja, esa
esperanza se desvaneció.

—Aquí estamos —dijo su padre con alegría, y actuando como si
estuviesen en la playa, su familia salió del coche, charlando
animadamente. Se dirigieron hacia la puerta principal y les siguió el
paso. Un letrero se alzaba frente a ellos: «PROPIEDAD DEL GOBIERNO.
MANTÉNGASE ALEJADO». Vio las cámaras de seguridad filmándolos, y
se apresuró a la entrada.

—Hola, somos los Krandalls. Estamos aquí para nuestro Día del
Botón —dijo su papá, y la recepcionista le sonrió.

—Siga, señor. Sólo continúe caminando hacia allí.

Su padre le agradeció, y se fueron por un largo pasillo iluminado,
decorado con placas de bronce que brillaban. Había algo grabado en
todas ellos, bloques y bloques de texto, y Laura se acercó mientras
caminaba para ver de qué iban —vio su reflejo mirándola de vuelta,
y bajo las intensas luces fluorescentes, se veía demacrada—.
Nombres. Cientos, miles de nombres, uno después de otro. Hogg.
Wilson. Carpenter. Buxton. Bell. Palmer. Rowe. Brown. La lista
seguía, aparentemente sin fin.

El pasillo los condujo a un salón blanco con cuatro pequeños
pilares, cada uno con un botón rojo encima, y más allá había un
largo y pulido escritorio negro, con tres funcionarios del gobierno
esperando. La insignia del Gobierno colgada en una enorme pancarta en
la pared. El cuarto permanecía en silencio, y estéril.

Laura vio a su familia caminar todos hacia un pilar, mirando
expectantes a los funcionarios, guardando un pilar para ella. Con su
propio botón. Temerosa, caminó hacia él, notando al llegar que el
suelo estaba ligeramente inclinado en dirección a un desagüe del que
no se había percatado antes. Uno de los funcionarios habló y su voz
resonó en el espacioso cuarto.

—Familia Krandall. El Gobierno ha decidido que éste sería su Día
del Botón. Les agradecemos por el sacrificio que hacen por su país,
y por su gente. Sus nombres se unirán a aquellos en el largo pasillo
dedicado a su honor.

—Nos enorgullece —dijo su padre, y su madre asintió, con
sinceridad. Su hermano se veía como si estuviese a punto de llorar
por la emoción.

El funcionario continuó.

—Entonces por favor, a su debido tiempo, presionen los botones. Que
Dios esté con ustedes.

Su padre se volvió para mirar a su esposa, su hijo, su hija, y
sonrió.

—Iré primero, para mostrarles lo fácil que es. —Presionó el
botón de su pilar, y éste se hundió con un ruidoso y satisfactorio
clic.

Mientras Laura observaba, la cara de su padre se tornó roja, como si
hubiese estado corriendo. Recordó con qué rapidez él se ruboriza al
hacer ejercicio, y supuso que simplemente había caminado muy deprisa
en el pasillo, o algo así. Fue entonces cuando una lágrima carmesí
se deslizó por su mejilla, y cayó en el duro suelo blanco.

Laura miró, petrificada, cómo empezó a derramarse sangre de los
ojos, nariz, orejas y boca de su padre. Corría por su camisa, por el
cinturón que le había regalado para su cumpleaños y por sus
pantalones. Salpicaba el suelo. A un mismo tiempo, sus ojos reventaron
como ciruelas pasadas y colgaron de sus mejillas, aún conectados a su
cuerpo por filamentos rojos.

En lo que él se desplomaba, su madre y su hermano se miraron
sonriendo, y presionaron sus botones. Se giraron hacia Laura,
sosteniendo sus manos, mientras sangre caía de sus ojos y nariz, y
manaba de su boca. Asumieron que ella había apretado el suyo,
también.

Laura tomó aire para gritar, pero el suave «pop» de los globos
oculares de su hermano y su madre le hicieron un nudo en la garganta.
Cayeron de espaldas, aterrizando uno sobre el otro. La sangre se
canalizaba en el drenaje, que bebía tranquilamente.

Todo fue silencio.

—¿Señorita Krandall?

Paralizaba, vio a los funcionarios observándola con atención.

—Señorita Krandall, la sobrepoblación está destruyendo nuestras
ciudades y pueblos. Su país necesita de su acción hoy.

Los miró con los ojos completamente abiertos. A su lado, la mano de
su hermano tembló, el último de los impulsos nerviosos se
desvaneció. La sangre ya estaba empezando a coagularse en las cuencas
de sus ojos.

El funcionario se paró lentamente, y ella notó que era un hombre
alto. Más alto que la mayoría, sin duda.

—La humanidad ha llamado —dijo, con un tono de voz que descendió
a casi un susurro. El mundo se había reducido al botón bajo sus
dedos. Era suave y rojo. Presionable.

—¿Va a responder?
puntos 7 | votos: 11
Candle Cove - Skyshale033
Subject: Candle Cove, show infantil local?
¿Alguien recuerda este programa infantil? Se llamaba Candle Cove, y
tenía 6 o 7 años cuando salía. No he podido encontrar ninguna
referencia sobre este programa, pero creo que salía en los canales
nacionales por ahí de 1971 o 1972. Vivía en Iroton en ese entonces.
No me acuerdo del canal, pero me acuerdo que salía por ahí de las
16:00.

mike_painter65
Subject: Re: Candle Cove, show infantil local?

Me parece muy familiar… crecí en las afueras de Ashland y tenía 9
años en el 72. Candle cove… ¿era de piratas? Me acuerdo de una
marioneta pirata en la entrada de una cueva, hablando con una niñita.

Skyshale033
Subject: Re: Candle Cove, show infantil local?

¡Sí, de pelos, no estoy loca! Me acuerdo del pirata Percy. Me daba
como que miedo. Lucia como que estaba construido de partes de otros
muñecos, como de muy bajo presupuesto. Su cabeza era una muñeca bebe
de porcelana, que se veía muy antigua y no combinaba con el cuerpo.
¡No me acuerdo del canal! no creo que fuera en WTSF.

Jaren_2005
Subject: Re: Candle Cove, show infantil local??

Siento revivir este viejo tema, pero se exactamente de qué programa
hablas, Skyshale. Creo que Candel Cove salió solo por un par de meses
en el 71, no en el 72. Tenía 12, y lo vi algunas veces con mi
hermano. Era en el canal 58. Mi mamá me dejaba ponerlo después de
las noticias. Deja me ver lo que me acuerdo:

El lugar era en Candle Cove, y era de una niñita que se imaginaba a
si misma siendo amiga de piratas. El barco pirata se llamaba
Laughingstock, y el pirata Percy no era un muy buen pirata, porque se
asustaba fácilmente. Y había música constantemente. No me acuerdo
del nombre de la niña. Janice o jade o algo así. Creo que era
Janice.

Skyshale033
Subject: Re: Candle Cove, show infantil local??

Gracias Jaren!!! Me llegaron memorias cuando mencionaste Laughinstock
y el canal 58. Me acuerdo de la proa del barco, tenía una cara
sonriente, con la quijada de abajo sumergida. Me acuerdo en especial
de cómo era raro cuando cambiaban el modelo de plástico/madero, a la
versión de marioneta para que la cara hablara.

mike_painter65
Subject: Candle Cove, show infantil local?

ha ha ya me acorde también. te acuerdas de esto skyshle: “tienes
que… ir… ADENTRO.”

Skyshale033
Subject: Re Candle Cove, show infantil local?

Ugh mike, me dieron escalofríos al leer eso. Si me acuerdo. Era lo
que el barco le decía siempre a Percy cuando tenía que ir a algún
lugar tétrico, como a una cueva o un cuarto obscuro donde estuviera
un tesoro. Y luego la cámara hacia acercamientos a la cara de
Laughinstock pausadamente. TIENES QUE… IR… ADENTRO. Con sus ojos
viscos y su quijada que como que se caía. Ugh. Se veía tan altivo y
horrible.

Alguien se acuerda del villano? Tenía una cara que era solamente un
bigote hecho con un manubrio sobre un montón de dientes delgados?

kevin_hart
Subject: Re: Candle Cove, show infantil local?

Yo honestamente, creía que el villano era el pirata Percy. Tenía
como 5 años cuando salía este programa. Combustible de pesadillas.

Jaren_2005
Subject: Re Candle Cove, show infantil local?

Ese no era el villano, la marioneta del bigote. Ese era su compinche,
Horacio Horrible. También tenía un monóculo, pero estaba sobre el
bigote. Me acuerdo que creía que solo tenía un ojo.

Pero si, el villano era otra marioneta. El roba-pieles. No puedo creer
las cosas que nos dejaban ver antes!

kevin_hart
Subject: Re: Candle Cove, show infantil local?

Jesucristo, el roba-pieles. ¿Qué clase de show infantil veíamos?
Realmente no podía ver la pantalla cada vez que el roba-pieles
aparecía. Simplemente decencia de la nada con sus hilos, era un
esqueleto sucio que vestía ese sombrero alto café y una capa. Y sus
ojos de vidrio eran demasiado grandes para su cráneo. Dios
poderosísimo!

Skyshale033
Subject: Re: Candle Cove, show infantil local?

No estaban su sombrero y capa, cocidos locamente? No se suponía que
era piel de niños?

mike_painter65
Subject: Re: Candle Cove, show infantil local?

Sí, eso creo. Me acuerdo que su boca no se abría ni cerraba, su
mandibular solo se movía de un lado a otro. Me acuerdo que la niñita
dijo “porque tu boca se mueve así” y el roba-piel no miró a la
niñita, si no a la cámara y dijo “PARA TOMAR TU PIEL”.

Skyshale033
Subject: Re: Candle Cove, show infantil local?

Me siento tan aliviada de que la gente se acuerde de este horrible
show!

Solía tener este horrible recuerdo, como un mal sueño donde al
terminar la canción del inicio del show, el show aparecía de una
pantalla negra, y todos los personajes estaban ahí, pero la cámara
como que cortaba a cada una de sus caras, y todos estaban gritando, y
las marionetas se movían de manera extraña, y solo había gritos,
gritos. La niña solo se quejaba y lloraba como si llevara horas
soportando todo esto. Me desperté muchas veces con esta pesadilla.
Solía mojar mi cama cada vez que la tenía.

kevin_hart
Subject: Re: Candle Cove, show infantil local?

No creo que fuera un sueño. Me acuerdo de eso. Me acuerdo que era un
episodio.

Skyshale033
Subject: Re: Candle Cove, show infantil local?

No, no, no, no es posible. No había historia ni nada, digo,
literalmente estaba yo estaba parada llorando y gritando durante todo
el show.

kevin_hart
Subject: Re: Candle Cove, show infantil local?

Quizá estoy fabricándome memorias porque dijiste eso, pero juro por
dios que me acuerdo ver lo que tu describiste. Ellos solo gritaban.

Jaren_2005
Subject: Re: Candle Cove, show infantil local?

Oh Dios. Si la niñita, Janice, me acuerdo haberla visto temblar. Y el
roba-pieles gritaba a través de sus delgados dientes, su quijada se
movía tan agresivamente que creía que se iba a desprender de los
hilos de metal que la sostenían. Me acuerdo que le apague y fue la
última vez que vi el programa. Corrí para decirle a mi hermano y no
tuvimos el valor para encenderla tele otra vez.

mike_painter65
Subject: Re: Candle Cove, show infantil local?

Visité a mi mamá hoy en el asilo. Le pregunte sobre cuando era
pequeño a principios de los 70 cuando tenía 8 o 9 y le pregunte si
se acordaba de un programa infantil, candle cove. Ella se sorprendió
que me acordara yo de eso y le pregunte porque, y ella me dijo
“porque se me hacía rarísimo que me dijeras voy a ver candle cove
mamá y luego ponías la tele en un canal estático y vieras pura
estática por 30 minutos. Tenías una enorme imaginación con tu
programilla de piratas hijo.”
puntos 12 | votos: 14
Querida Abby - Querida Abby,

Nunca antes nos habíamos conocido, así que tal vez esto te parezca
un poco raro, pero siento que es necesario. Mi nombre es Jay, para
empezar. Trabajo en la caja cinco del supermercado de la Calle 67
—¿conoces el que tiene un estacionamiento demasiado grande para la
tienda en sí? Ése mismo—. Tengo veinticuatro años, bastante alto
y con un aspecto un poco desaliñado. Probablemente no me
reconocerías si te hablase, no tengo una cara muy memorable. Je,
realmente no sé por qué te estoy diciendo esto si te soy sincero…
pero esta no es la razón por la cual te escribo.

Estaba trabajando hasta tarde ayer, fue un día normal la mayor parte
del tiempo, pero estarías impresionada de saber lo interesante que
este empleo puede ser a veces. Había estado leyendo un libro que mi
compañero de la caja siguiente dejó olvidado. Una muy mala novela de
misterio llena de clichés. Realmente aburrido si me preguntas. Pero,
algo es algo supongo. Cuando te presentaste, sin embargo, mi noche
entera cambió. No sé exactamente qué fue lo que llamó mi atención
de ti, pero cuando te vi sentí una extraña sensación. Una mezcla
entre la excitación y el terror, que sería la mejor manera en la que
puedo describirla. Te vi entrar en mi línea y rápidamente me
incorporé. Fue sólo en lo que te acercabas cuando me di cuenta de
eso que me llamó la atención… eras totalmente hermosa. Te me
pusiste en frente, dijiste «Hola» y me diste tu carrito. Pude notar
por la forma en que hablabas y caminabas que no habías dormido muy
bien, aunque no era extraño teniendo en cuenta la hora. Después de
un segundo o dos de silencio incómodo, me percaté de que me habías
saludado, y forcé un casual «H-Hola» para responderte. Me maldije
mentalmente por eso.

Me quedé en mi lugar por un segundo, tratando de concentrarme.
«¿Cuál es tu nombre?», dije. Un poco más tarde me di cuenta de lo
raro que eso te podría haber sonado… Me alegro de haberlo hecho, de
todos modos. Recuerdo que dijiste que te llamabas Abigail Marrot, pero
que podía decirte Abby, ya que era tu nombre de pila. Abby, parecía
encajar tan perfectamente. El nombre pareció rodar fuera de mi lengua
mientras lo repetía en silencio. Era como miel dulce, se sentía bien
con tan sólo decirlo. Parecías perpleja cuando te volví a ver, y me
pregunté si había hecho algo que te hubiese molestado. «¿No
deberías estar empacándolos?», dijiste, y apuntaste hacia los
productos que pensabas comprar. De inmediato, sorprendido y
avergonzado, me volteé en tu dirección y me disculpé, para luego
empezar a guardar torpemente los productos en las bolsas lo más
rápido que podía. No lo creía, ¿que tan estúpido era? Pero cuando
vi arriba, me di cuenta de que estabas riéndote.

«Eres muy lindo», dijiste. Traté de mantener la compostura, pero
estaba obviamente emocionado. «Tú también lo eres», dije, mientras
acababa de llenar las bolsas con los alimentos que sobraban. A medida
que te ibas, te diste la vuelta cuando abrías la puerta y dijiste
«Buenas noches». Me imagino que parezco muy estúpido escribiendo
todas estas cosas, probablemente lo recuerdas, quiero decir, pasó
ayer. Pero me fui a casa estático esa noche y con toda la confianza
del mundo. Siento que es casi irreal, escribiéndolo aquí.

De cualquier forma, quería escribir esta carta Abby, para decirte que
te amo. No sé qué fue lo que sentí esa noche, fue una mezcla rara
de emociones. Pero de lo que estoy seguro es que en esa pequeña
interacción que tuvimos, sentí que había algo entre nosotros.

Te haré llegar esta carta en breve.

Atentamente, Jay.

 

Querida Abby,

Ha pasado una semana desde que te mandé mi carta y todavía no he
recibido ninguna respuesta, pero eso no importa. ¿Cómo has estado?
Mi vida ha estado igual de normal que siempre, levantarse, ir a
trabajar, ir a la cama. Vivo en un departamento de mierda, pero
supongo que eso es lo que consigues cuando trabajas de cajero en un
supermercado. Pensé en ti demasiado últimamente, y a veces me
pregunto si sigues recordándome.

Te vi de nuevo hoy en el trabajo, esta vez a una hora más razonable,
por suerte. Viniste a mi línea de nuevo, lo que me hizo quedar
totalmente encantado. Ahora estaba menos nervioso, iba a actuar
normalmente, no importa qué dijeses o hicieses. Mientras caminabas
hacia mí murmuraste algo tan silenciosamente que no pude entenderlo,
y esperaste en el final de la barra a que guardase tus productos…
Esto evidentemente no era lo que esperaba, pero tampoco era tan malo.
De hecho, no parecías sentir nada en absoluto. Estaba esperando que
me hablases o evitases como si tuviese la peste, pero seguiste tu
camino como si yo fuese cualquier extraño. Esto me hace dudar de si
recibiste mi carta, quizá deberías chequear tu buzón más a menudo.

Poco después de que terminase de empacar tus cosas, pagaste y
caminaste hacia la salida. Claro, éste es un proceso muy normal para
mí ya que lo hago 50 veces al día, pero me había determinado desde
la noche que te escribí mi primera carta a socializar más contigo la
próxima vez que te viese. No estaba satisfecho, tenía que lograr un
progreso. Hay un pequeño cuarto en el extremo izquierdo opuesto a la
entrada del supermercado, designado para el personal. Allí guardan
todo el contenido tomado por las cámaras de seguridad, acerca del
cual el personal hemos sido instruidos en nuestra inducción. Para mi
suerte, hay una cámara situada justo al lado de mi línea.

Esperé a que el supermercado cerrase, y después entré. Tras
inspeccionar algunas pantallas de televisión encontré la que daba
vista de mi línea. Y luego de unos minutos de escanear, te encontré.
Di pausa en el mejor ángulo que pude captar. Verte por tanto tiempo
me hizo darme cuenta de lo perfecta que eras; cada rasgo de tu cuerpo,
tu pelo, tu cara, tus piernas… Tu pecho, era simplemente
perfección. Puse en reversa la toma de cuando pasaste por mi línea
un par de veces, no podía evitarlo. Mis ojos estaban perdidos en la
pantalla.

Después de algunos minutos de consideración, saqué la cinta, la
puse en mi bolsillo, y volví a mi casa. Sabía que no estaba
permitido, bien podía ser despedido por tales acciones, pero no
podía evitarlo, Abby, te amo. Amo todo sobre ti. Pienso
constantemente en ti. ¿Sientes lo mismo por mí, Abby?

Por favor, escríbeme de vuelta pronto.

Sinceramente, Jay.

 

Querida Abby,

Ya pasaron tres días y todavía no obtengo una respuesta. ¿Por qué
no quieres hablarme? Sigo dudando de si te llegaron mis otras dos
cartas, por favor dime si te llegaron.

Así que me han despedido, encontraron la cinta que faltaba. Recibí
una llamada del jefe de la tienda a las seis de la mañana del lunes y
me dijo que debía ir inmediatamente. Me convocó a una junta
obligatoria para todo el personal. Cuando llegué, la mayoría se
hallaban reunidos alrededor de una mesa con mi jefe a la cabeza de
ésta. Una vez que no faltaba nadie nos dijo que se había producido
un robo ayer, nos habían robado cerca de dos mil dólares en
mercancías y las pruebas estaban en la cinta que había tomado…
Sólo mi suerte. Nos dijo que nadie iba a salir de la habitación
hasta que alguien confesase. Después de algunos minutos, finalmente
cedí. Le conté todo, cómo me sentía sobre que tú y yo tuviésemos
una conexión. Luego de contar mi historia, todos en la sala me veían
asombrados. Esperé. De pronto, mi jefe rompió la tensión. «Jay,
estás despedido. Vete y no vuelvas jamás», dijo.

Ese maldito idiota, siempre me trató como mierda. Ha estado sobre mis
talones desde el día que me dieron el trabajo, juro que estaba
esperando que cometiese algún descuido para poder justificar
despedirme. Y la única vez que tengo un desliz se entera. ¿Por qué
no me comprende? ¿Acaso no entiende que estamos hechos el uno para el
otro? Cualquier hombre hubiese entendido, cualquiera en mi puesto
hubiese hecho lo mismo, ¿verdad?

Te he estado buscando mucho últimamente, sin trabajo tengo todo el
tiempo del mundo para aprender cosas sobre ti. Hoy conduje hacía tu
departamento, se ve muy bien, mucho mejor que el mío. ¿Sabías que
vives a sólo kilómetro y medio de mi edificio? Pregunté para verte
muchas veces, pero me dijeron que no pasabas ahí todo el tiempo. Me
sentía más y más desanimado, pero estaba decidido a verte de nuevo.

Después de unas horas de preguntar, opté por quedarme en el
estacionamiento esperando a que vinieses, y después de varias horas
esperando lo hiciste. Era tarde por la noche, creo que alrededor de
las nueve. Te vi parquear tu coche y salir. Sentí una oleada de calor
al ver tu cara de nuevo, sé que tengo la cinta para verte pero no se
compara con verte en vida real. Me aseguré de grabarlo para más
tarde cuando esté en mi casa, esta vez con una cámara de muy buena
calidad. Quería capturar tantos detalles como fuesen posibles, no
tenía idea de cuándo sería la próxima vez en que te vería y la
cinta ya no era suficiente para mí.

No puedo sacarte de mi cabeza nunca más, nunca. Todo lo que hago es
ver ese video que grabé de ti una y otra vez. Abby, quiero que estés
conmigo siempre. Quiero despertarme en las mañanas y tenerte a mi
lado.

No puedo esperar a verte de nuevo.

Con amor, Jay.

 

Querida Abby,

Tengo noticias muy emocionantes Abby, ¡me estoy mudando a tu
departamento! ¿No estás emocionada? Podremos pasar horas y horas
juntos, va a ser simplemente perfecto.

Déjame explicar, mi trabajo pagaba sólo lo suficiente como para que
pudiese cancelar la mensualidad del alquiler y comprar alimentos cada
semana. Debido a esto, he tenido poco o ningún dinero en mis ahorros,
no estaba en condiciones de durar mucho más. Fui capaz de postergarlo
algunos días, pero hoy fui desahuciado. Aunque me aseguré de traer
conmigo mis cintas de ti y fotografías, y mi cámara por supuesto.

Realmente deberías decirle a tu casero que mejore su personal, pude
pasar a los de seguridad fácilmente. Subí a tu habitación y toqué
la puerta, pero nadie contestó, así que decidí entrar por otros
medios. Me di cuenta de que hay un conducto de ventilación en la
esquina inferior de tu habitación; no es raro teniendo en cuenta el
calor que puede hacer aquí en verano. Supuse que tenía que haber
algún tipo de escotilla por la que pudiese meterme. Después de
algunos minutos de buscar, encontré una puerta al final de tu pasillo
que se veía como un cuarto para el personal, y por suerte había una
forma de entrar a los conductos desde ahí.

Me arrastré a lo largo de ellos hasta llegar a tu cuarto, era muy
estrecho y era también muy difícil moverse por ahí, pero me las
arreglé. Cuando llegué, sentí una oleada de éxito. Como las luces
estaban apagadas y no alcancé a verte comprobé que no estabas en
casa, pero soy paciente. Recorrí con la mirada todos los rincones de
tu habitación, tratando de memorizar cada detalle. Tu olor me abrumó
cada instante que pasé ahí, el cual había percibido las dos veces
que viniste a mi línea en la tienda, pero nunca tan intensamente. Fue
fascinante, no pude poner mi dedo en ello, pero me recordaba a algo,
era casi como melocotones. Me he condicionado a ser extremadamente
paciente, así que te esperé por horas. Puedo permanecer inmóvil por
varias horas consecutivas, sin mover un músculo; nadie iba a fijarse
en mí.

Entonces, finalmente llegaste a casa. Sentí una amplia sonrisa
formarse en mi cara al segundo en el que oí la puerta abrirse. Allí
estabas, mi amor. En ningún momento advertiste mi presencia, la luz
en tu habitación parecía estar en el ángulo indicado para que no
vieses nada en la rendija de la ventilación más allá de los
primeros centímetros. Traté de contener mi excitación, pero empecé
a respirar muy pesadamente. Traté de ocultarlo lo mejor que pude pero
me fue difícil… De repente miraste directo a la rendija. Me
silencié completamente. Después de unos segundos parecía que
habías perdido el interés, eso me hizo sonreír. Este era el lugar
perfecto.

Pude notar que te había incomodado sin embargo, durante toda la noche
te levantabas para dar una mirada a la rendija. Las personas parecen
tener un sentido que les hace saber si alguien está observándolas,
puede llevarlas a tener un ataque de pánico. No trates de fingirlo
Abby, puedo darme cuenta de cuando alguien está despierto, de cuando
está tan asustado que se le hace imposible dormir. ¿Por qué estás
tan asustada, en todo caso? Soy yo, ¿por qué te asustaría? Sabes
que te amo. Lo sabes, ¿cierto?

Estoy ansioso por pasar todos los días contigo de ahora en adelante
Abby; escribe de vuelta si puedes.

Con amor, Jay.

 

Querida Abby,

Te he visto despertar esta mañana, yo no pegué un ojo en toda la
noche. Eres demasiado apasionante, me pasé la noche entera
mirándote. No pude evitarlo… cada vez que intentaba apartar la
mirada, mis ojos se dirigían de vuelta hacia ti en unos segundos.
Tuve la tentación de salir para tener una mejor vista de ti varias
veces en la noche, pero me resistí. No podía dejar que me
descubrieses, no por ahora al menos.

Me pareció que te pasaste demasiado tiempo en el baño por la
mañana, asumí que dándote una ducha o poniéndote maquillaje. No,
¿por qué harías eso Abby? Cualquier cosa que pueda cambiar tu
aspecto natural sólo ocultaría tu verdadera belleza. ¿No quieres
que todos vean lo que yo veo de ti?

Te marchaste poco después a trabajar, o eso creo. Tras reflexionarlo
un momento, decidí salir del conducto. Deslicé mi mano por una de
las rendijas y saqué los tornillos. La superficie de la rendija era
muy lisa, así que fue fácil encontrarlos. Agarré uno y lo retorcí
tanto como pude, y finalmente lo pude sacar. Hice esto con los otros y
retiré la rendija.

La primera cosa que hice fue ir al baño. Me deshice de todo lo que
pudieses usar para cubrir tu cara, esas cosas me repugnan. De esta
forma todos verían cómo eres realmente. También encontré algo más
ahí, tu cepillo para el cabello. Lo agarré y lo atraje a mi cara
para examinarlo; era de un azul apagado, con un mango redondo de mucho
espesor. Pero eso no me interesaba, los cabellos… eso era lo que me
interesaba. Me tomé unos minutos sacando todos los que podía ver, y
los alineé en tu repisa. Los conté, obtuve 59. Esto me satisfizo
enormemente; los recogí y los guardé en mi bolsillo.

Pasé el resto del día revisando tus cosas para aprender más sobre
ti, tus intereses y tal. Veo que eres una gran fanática de las
películas. Encontré tu colección detrás de tu armario, tengo que
admitir que es muy impresionante. Pero he encontrado algo allí que me
hizo enfadar, una foto tuya con otro hombre. Me desgradó tan sólo
mirarlo, abrazándote cómo si le pertenecieses. No te hará falta.

A eso de las ocho de la noche me pareció que lo mejor sería regresar
al conducto de la ventilación, siempre sueles llegar a esa hora…
Luego tuve otra idea. Miré hacia tu cama, las mantas estaban colgando
por lo bajo, lo suficiente como para rozar el suelo. Así no podrías
ver bajo la cama, a menos que las acomodases. Primero puse la rendija
en su lugar, y luego me deslicé por debajo de tu cama con una sonrisa
en mi cara. Cuando volviste estabas completamente pálida, y me di
cuenta de que venías con alguien más. Te decía que escuchó ruidos
venir de tu apartamento mientras no estabas. Me grité a mí mismo
mentalmente, debía de ser más cuidadoso. Ir bajo la cama había sido
una buena idea después de todo, ya que, obviamente, tu primer idea
fue ir a ver por la rendija. Agradeciste a la persona y se fue. Por
fin, estábamos a solas.

Aguardé en silencio hasta que te fuiste a la cama, me pareció una
eternidad hasta que lo hiciste. Esa noche sería mi oportunidad de
tenerte más cerca; pero fui cauteloso, esperé hasta que estuvieses
profundamente dormida, y sólo entonces me deslicé fuera de la cama.
Y te vi ahí postrada, te veías increíble. Cada curva de tu cuerpo
era perfecta, cada pequeño detalle era hermoso. Te acerqué mi mano y
empecé a acariciarte la cara, era tan suave como la seda. Estaba muy
excitado, tu belleza era abrumadora. Poco a poco me bajé el pantalón
y empecé a tocarme, traté de controlarme para no despertarte, pero
me fue imposible. Sentía el más puro éxtasis, todo sobre ti era
perfecto.

Regresé a mi lugar poco antes de que amaneciera. Me aseguré de
prestar atención estos días, no viste mi carta más reciente Abby,
simplemente no debes de chequear tu buzón. Haré un cambio, voy a
dejar ésta en tu repisa.

Ah, me olvidé, estoy preparándote una sorpresa. Fíjate en tu
armario después de leer esto.

Tuyo siempre, Jay.

 

Querida Abby,

Hoy pasé mi tiempo dándole los toques finales a tu sorpresa mientras
estabas en el trabajo, realmente vas a amarlo. He puesto todo mi
esfuerzo en ello, ¿sabes? Llegaste a casa a las ocho treinta de
nuevo, y viste mi carta casi inmediatamente. Empecé a sonreír
mientras la abrías, esperando a ver tu reacción. Te veías
confundida al principio, después alarmada, y finalmente horrorizada.
Empezaste a temblar violentamente y vi que empezabas a llorar… ¿No
te gusto, Abby? ¿Por qué llorabas? ¿No me amas? ¿NO ME AMAS ABBY?

Todo lo que pasó después de eso fue un borrón. Volteaste al armario
sin dejar de sollozar, como contemplando la opción de abrirlo o no.
En su lugar, pasaste corriendo entre el armario y la puerta. Cuando
volviste tenías todas mis cartas, que no tardaste en leer… bueno.
En algún momento parecía que ibas a romperte y a hacerte un ovillo
en el suelo. Estabas desesperada por decir algo, pero totalmente
paralizada por el miedo. Después de unos diez minutos, te vi mirar
bajo la cama, en el conducto de la ventilación, en cualquier lugar en
el que pudiese estar. Verás, Abby, soy más inteligente que eso.
Sabía que ibas a buscarme en esos lugares, así que encontré un
mejor lugar después de terminar tu sorpresa. Nunca me encontrarás
aquí, nadie lo hará. ¿No es genial? Puedo observarte para siempre y
no hay nada que tú u otros puedan hacer.

Aunque, todavía no viste tu sorpresa Abby. Sé que aún seguías
pensando en ello, te vi mirar al armario repetidamente. ¿Qué podría
haber ahí? ¿Qué ibas a encontrar? Esto no podía durar para
siempre, tú y yo lo sabíamos. Vi que caminabas lentamente hacia el
armario buscando a tientas el mango para abrirlo. De súbito, lo
agarraste firmemente y lo abriste.

Era un libro de recuerdos, de ti y de mí. Te vi pasar las páginas,
parecías sorprendida. Nos saqué fotos juntos cuando no estabas
mirando, fotos de ti durmiendo, fotos de ti en la computadora;
esparcí los cabellos que coleccioné en él. También pegué
fotografías de parejas juntos, con nuestros rostros, por supuesto. Y
la fotografía de ti y ese estúpido al fondo, con su cabeza
desgarrada. ¿No terminas de entenderlo, verdad, Abby? Nadie, NADIE
puede tenerte excepto yo. Estamos hechos el uno para el otro, y para
nadie más.

Te vi llorar por otros treinta minutos, y luego te paraste y corriste
fuera de tu departamento. Volviste con muchos policías. Eso me
desconcertó. ¿Por qué traerías a esas personas a nuestro cuarto?
Ellos nunca me encontrarán, pero si lo hiciesen podrían arruinar
todo. Todo mi trabajo en las últimas semanas sería en vano. Tú no
quieres eso, Abby.

Estoy exhausto por el trabajo de hoy, y por más que te ame, necesito
dormir.

Buenas noches Abby.

Con amor, Jay.

 

Querida Abby,

¿Ves lo que has hecho Abby? ¿VES LO QUE HAS HECHO? Me desperté a
las ocho de la mañana y te vi haciendo tus maletas frenéticamente;
estaba confundido al principio, pero luego entendí. Me estabas
dejando. Ya no me amabas. ¿Cómo pudiste hacerme esto, Abby? Fuiste
la única persona a quien quise en toda mi vida. No tenía una razón
para vivir, pero cuando te conocí tuve un último deje de esperanza.
Pensé que al fin tenía un propósito para continuar con mi vida de
mierda. Y fuiste y tiraste todo eso por la borda. ¡¿Cómo pudiste
Abby?!

Unos segundos después saliste de tu habitación. Yo salí de mi
escondite y te seguí. Vi que arrojaste tus maletas en el baúl y te
disponías a entrar a tu coche. ¿En serio creías que podrías
librarte de mí Abby? No iba a dejar que te alejases, nunca dejaría
que eso pasase. Tuve que golpear tu cabeza y noquearte para que
detuvieras tu escándalo.

Estaba preparado en caso de que reaccionaras así. Reservé uno de los
depósitos en las afueras de la ciudad el día en que decidí mudarme
contigo. Nos llevé con tu auto hasta allí, te agarré y te traje
dentro conmigo. Me tomó poco tiempo así que seguías inconsciente,
me aseguré de revisar en tus bolsillos que no tuvieses tu celular. Te
senté en la parte de atrás del pequeño cuarto y cerré la puerta.
Llamé al propietario y le dije que había visitado mi depósito la
otra vez y me había olvidado de cerrarlo, y le pregunté si no le
molestaría cerrarlo por mí. Por supuesto, él dijo que sí y
colgué. Luego tiré el celular en el suelo y lo pisoteé, para
asegurarme de que nunca más funcionase. Poco después lo escuché
venir y cerrar la puerta.

Alrededor de una hora más tarde, vi que empezabas a despertarte. La
primera vez escuché un quejido muy débil, luego tu pierna empezó a
moverse. Un poco después estabas completamente despierta. Cuando
viste mi cara, empezaste a gritar, lo que luego disminuiste a un
gemido, y luego a un murmullo. Ahí fue cuando lo viste, la otra cosa
en el cuarto. Mi cuchillo. Era obvio qué hacía aquí, y después de
un segundo de entendimiento te precipitaste a recogerlo.

Vi la muerte en tus ojos y dije «Abby, te amo»… y luego sentí el
dolor punzante del cuchillo siendo introducido en mi cuerpo. Creo que
lo sacaste y lo clavaste de nuevo con mucha fuerza. Pude sentirlo en
cada momento, como un fuego ardiente en mi pecho. Caí en el suelo,
riendo mientras tosía sangre. Te vi retroceder, temblando, y sentarte
de nuevo en tu rincón.

Y ahora, mientras me siento sobre un charco de mi propia sangre
escribiendo esto, me pregunto cómo saldrás. ¿Usarás el cuchillo
para tomar tu propia vida? ¿O vas a dejar que el hambre te mate? De
cualquier manera, estaremos juntos en la muerte Abby. Juntos desde el
día en que te vi, hasta el día que ambos morimos. Y mientras estás
sentada ahí, llorando, puedo decirte que llegué a una conclusión.
Abby, esto es todo lo que quería, y por eso quiero decirte gracias.

Con amor, Jay.
puntos 79 | votos: 79
Lo que mejor hacemos - es imaginar lo que haríamos mientras no hacemos nada
puntos 93 | votos: 93
En el momento en que una persona - ha perdido todas las ganas de conocer a otras, la vida la ha derrotado.

puntos 10 | votos: 10
Sobre estas realidades gastadas. - Si entendieses lo que no entiendo
no sería necesario explicar nada.
puntos 6 | votos: 6
Con el Paso - Del Tiempo le perdí el  miedo ala Muerte
puntos 9 | votos: 9
prepárate para pasar - desapercibido el resto de tu vida
puntos 105 | votos: 115
Las madres están evolucionando. - ¡Cada vez son más listas!
puntos 90 | votos: 92
Marcharse antes de lo debido - huyendo de las despedidas que te pueden hacer quedarte.

puntos 32 | votos: 50
Cuando en tu casa no te quieren. -
puntos 51 | votos: 61
No hay deber que descuidemos tanto - como el deber de ser felices
puntos 70 | votos: 72
Dejar que lo que hacías - por placer caiga en obligación es un error que te hará perder mucho.
puntos 89 | votos: 91
Hay personas que intentaron - enseñarnos cosas en un momento de nuestras vidas, y terminamos
entendiendo su mensaje muchos años después.
puntos 18 | votos: 18
El viaje en metro - vo en el Reino Unido. Una compañera de trabajo se enteró de esto por
su novio. Él trabaja con alguien que le contó que la amiga de su
hermana se subió al metro para ir a su casa hace algunas semanas.
Cuando entró notó que había cinco filas de asientos vacíos,
excepto por la última fila, que tenía a tres personas. Como le dio
un poco de miedo, se sentó en el lado opuesto a estas personas, a
varias filas de distancia. Se acomodó y dirigió su mirada a la mujer
que venía con los hombres, que la veía fijamente.

Sacó su libro y comenzó a leerlo, pero cada vez que volteaba a la
mujer ésta parecía seguirla viendo. El metro se detuvo en la
siguiente estación y se subió un hombre: observó detenidamente el
interior del metro, la vio a ella y a las personas en el lado opuesto
y se fue a sentar con ella. En tanto el metro partía a la siguiente
estación, el hombre se inclinó hacia ella y le susurró en el oído,
«si sabes lo que es bueno, te bajarán en la siguiente estación
conmigo». Ella estaba helada, pero supuso que lo mejor sería hacerle
caso, pues en la siguiente estación habría bastante gente.

Llegaron a la estación y ella se bajó con el hombre, quien empezó a
decirle, «gracias a Dios. Lo siento, no quise asustarte, pero tenía
que sacarte de ahí. Soy doctor, y la mujer sentada en los últimos
asientos estaba muerta y los dos hombres a su lado la habían
arreglado». De acuerdo al tipo que contó la historia, la chica y el
doctor llamaron a la policía, quienes detuvieron el metro en la
siguiente estación.

puntos 8 | votos: 8
El curioso caso del Sr. Thompson - Noches atrás el viejo hombre yacía ebrio y destrozado en el sillón
de su casa por la muerte de su querida Abigail; él no lo podía
creer, hace sólo unas semanas habían celebrado su duodécimo
cumpleaños y ella reía y saltaba como si su vida sería próspera
por muchos años más. Pero por hechos del destino, y caprichos que
muchos aún no pueden digerir, ella se fue, dejando un hoyo gigantesco
en Richard Donovan Thompson.

La muerte de la única hija de Rick fue realmente espeluznante para
nuestro pequeño pueblo de Bigtown, en Colorado. La noticia rodeó no
sólo el lugar, sino que revoloteó por todo el país como un terrible
caso de asesinato y violación, pues según los forenses la pequeña
sufrió de múltiples ataques de violación y tortura; su pequeño
cuerpo fue hallado maltrecho y destrozado en las afueras del pueblo,
en un paraje desolado del bosque. Las descripciones de los
profesionales indicaron que fue torturada con varios instrumentos
quirúrgicos básicos de un cirujano, como bisturíes, dilatadores y
lancetas, para rasgar su delicada piel, y su inocencia. Lo más
desagradable y horripilante del caso fue que hallaron el cuerpo de
Abigail decapitado y bañado en sangre, y una marca sucia y de
protagonismo estaba dibujada en su espalda con carboncillo, el bastón
de Esculapio.

Yo estuve en la escena del crimen al llevar a Rick preocupado por lo
de su hija, sin saber lo que le esperaba ahí. Según me contaba en el
trayecto, su hija había salido a las nueve de la noche a la casa de
una amiga a una fiesta que ésta ofrecería con sus padres. Le
pregunté por qué no la había acompañado hasta la casa de la
cumpleañera, y ahí fue cuando el hombre se puso nervioso y comenzó
a sentirse terrible y culpable por el caso. Tartamudeando y pegando la
mirada a varios lados a la vez, me contó algo que no le creí al
principio, me dijo que «ella ya estaba lo suficiente grandecita como
para poder ir sola a la calle, que confiaba mucho en su suerte, y que
la zona a donde iba no era para nada peligrosa». Yo lo vi con una
mirada de asombro, y pensé, «eres una mierda de padre, Rick».

Sabía cómo se portaba el hombre, fue mi vecino por más de quince
años y conocía sus actividades, hasta la más minúscula. Trabajaba
en obras de construcción y casi todos los días llegaba a casa ebrio
a altas horas de la noche sólo a golpear a su esposa Margaret, por
distintas razones estúpidas. Escuchaba los gemidos de su esposa y sus
llantos, y a veces había noches en que no podía conciliar el sueño
porque Margaret me buscaba y me pedía ayuda con los maltratos de su
esposo. Me molestaba el caso, pero… no era algo en lo que me
correspondía meterme.

Después del nacimiento de su única hija, pasaron seis años para que
Margaret se hartara del viejo Rick y lo dejara con la pequeña. Hizo
muy mal al hacer eso, y era raro en ella, ya que amaba tanto a su hija
que era difícil verlas separadas. Que de la noche a la mañana se
esfumara del pueblo sin dejar rastro alguno le pareció raro a los
vecinos, y en especial a Rick; todos esos hechos dejaron consternado
al viejo y lo endurecieron en un odio total contra el género
femenino, blasfemando y diciendo que eran de lo peor. Comenzó a
hundirse más en el alcohol y yo veía con frecuencia las prostitutas
baratas que llevaba a casa. Según entendía, la preocupación por
Abigail era mínima y la que siempre velaba por ella era la vieja
señora Smicht, una anciana bonachona y gentil que vivía al frente de
los Thompson.

Cuando llegamos al paraje desolado del bosque vimos una multitud de
gente rodeando la escena y a varias patrullas en la zona. Al pasearse
por el lugar del macabro hecho, Rick reconoció los pequeños zapatos
de charol que estrenaría la niña en la fiesta de su amiga bañados
en su sangre, ya seca. El hombre quedó anonadado y se puso en blanco;
yo intenté pararlo, pero me consternó su actitud, pues se puso
furioso y comenzó a decir estupideces. Maldición, fue una escena
sacada de un maldito cuento: en vez de llorar por su hija, sacaba en
cara lo estúpida que fue en vida; y la gente no lo creía, el padre
no lloraba por la muerte de su hija.

El entierro de Abigail fue algo desconcertante, del viejo Rick no
brotaba ni una sola lágrima y la única que lloraba desconsoladamente
enfrente del ataúd era la señora Smicth, mientras que los presentes
le daban el pésame al viejo hombre y él sólo asentía sin decir
palabra alguna. La escena me dio tanta pena y coraje a la vez que
partí del cementerio del pueblo y fui a mi hogar a tomar unas
bocanadas de humo de cigarro, pensando en el curioso caso. Pasadas las
once de la noche, Rick llegó totalmente alcoholizado con una vieja
rubia mal maquillada con ropas de ramera de quinta; ese tipo era de lo
peor, ni siquiera en el día del funeral de su hija dejaría el
alcohol y el sexo comprado por luto.

Esto lo cuento en forma de pasado, ya que hace un par de días fue
hallado el cuerpo de Rick, frío y tieso en la parte trasera de su
casa; tal vez fue justicia divina. El cadáver fue hallado desnudo y
con quemaduras en varias partes de su obeso cuerpo, con los genitales
mutilados, faltándole uno de sus brazos y su rostro era irreconocible
por los horrendos martillazos que el homicida le propinó. Lo que les
pareció más curioso del caso a los forenses, y los dejó
consternados, fue que hallaron la misma marca que encontraron en su
difunta hija; pero esta vez con una frase escrita, también con
carboncillo, en su calva y regordeta cabeza: «Así mueren los
cerdos».

Nadie asistió a su funeral, al parecer todos en el pueblo lo odiaban
por cómo era él y por su actitud con todo lo que rodeó la muerte de
su hija. Los policías buscaron pistas para hallar al «Asesino
Médico»; sí, así lo apodaron por la escabrosa imagen que
impregnaba en sus víctimas. Por mi parte, tampoco podía creer lo
sucedido; padre e hija muertos. Escribí unas notas sobre el caso y
las actividades que había percibido en la casa de los Thompson y se
los mandé a la policía por si les era útil. Lamentablemente, yo
estaba en una de mis conferencias en la universidad en el momento del
asesinato de Richard, y no pude escuchar ni ver nada.

Por otro lado, después de tantos años aún no puedo creer que
Margaret me abandonara por ese perdedor. Pensándolo más a
profundidad, el viejo Rick tal vez sí merecía la muerte; fue por
eso, tal vez, que en una de esas noches en las cuales Margaret me fue
a buscar le destrocé el cráneo con la base de una lámpara, e hizo
que aún conserve el cuerpo embalsamado en el viejo baúl de mi
sótano desde hace más de seis años, y aún tiene esa apariencia que
me enamoró en mi juventud. Fue por eso tal vez que me crucé con la
pequeña Abigail aquella noche, cuando ella salió desacompañada e
indefensa a la casa de su amiga, y la secuestré y disfruté
torturándola y violándola constantemente, mientras ella lloraba y
clamaba por su tan pequeña vida; y por capricho mío me quedé con su
cabeza como trofeo de guerra, ahora apilada con los restos de su
querida madre. Pero honestamente, lo que me parece más gracioso e
irónico de todo este caso, es que no fui yo quien llevó a la muerte
al viejo Richard Thompson.
puntos 5 | votos: 7
El sr bocón - Durante mi niñez, mi familia era como una gota de agua en un gran
rio; Nunca permanecíamos en un solo lugar por mucho tiempo. Nos
mudamos a Rhode Island cuando tenía 8 años, y permanecimos ahí
hasta que fui a la Universidad en Colorado Springs. La mayoría de mis
memorias son de cuando vivía en Rhode Island, pero hay fragmentos en
mi mente de los muchos hogares en los que habite, cuando era mucho
más joven.

La mayoría de estas memorias son poco claras y sin sentido – Como
el perseguir a otro niño en el patio de una casa en Carolina del
Norte, intentar construir una balsa detrás de un departamento en el
que viví en Pennsylvania, y cosas como esas. Pero hay un puñado de
memorias que permanecen tan claras como el vidrio, como si hubiesen
ocurrido ayer.

Vivíamos en una casa en las afueras de la bulliciosa ciudad de New
Vineyard, Maine. Era una casa grande, en especial para una familia de
tres. Había una serie de cuartos que estaban totalmente desocupados,
a los cuales no entre durante el tiempo en el que viví en esa casa.
Supongo que era un desperdicio de espacio, pero era lo único que pudo
rentar mi papa que le quedar cerca de su trabajo. Recuerdo que, en el
día después de mi cumple años, tuve una fiebre tremenda. El doctor
dijo que tenía Mononucleosis lo que, para mí, significaba mas fiebre
y no poder salir a jugar por al menos, tres semanas. Era un momento
terrible para estar atado a la cama; Estábamos empacando para
mudarnos a Pennsylvania, y la mayoría de mis cosas ya estaban dentro
de cajas, dejando mi cuarto casi vacío. Mi mama me traía agua
mineral y libros varias veces al día, los cuales servían como único
entretenimiento durante estas semanas.

No recuerdo exactamente como conocí al Sr. Bocón. Creo que fue una
semana después de que diagnosticaron la Mono. Mi primera memoria de
la pequeña creatura fue de cuando le pregunte su nombre. Me dijo que
lo llamara Sr. Bocón, porque tenía una boca enorme. De hecho, ahora
que lo pienso, todo en su cara era enorme en comparación a su cuerpo-
Su cabeza, sus ojos, sus arrugadas orejas-. Pero su boca, sin duda era
lo mas grande. Te pareces a un Furby”, le dije mientras miraba uno
de mis libros.

El Sr. Bocón se detuvo y me miro extrañado. “Furby? Que es un
Furby?” – Me pregunto.

“Tu sabes… El juguete peludo con orejas enormes, lo puedes
acariciar y alimentar, casi como una mascota real.”

“Oh!.. Tu no necesitas uno de esos. No es lo mismo que tener un
amigo real”.

Recuerdo que el Sr. Bocón se desaparecía cada vez que mi mama iba a
mi cuarto a revisarme. Se ocultaba bajo mi cama y me decía: “No
quiero que tus papas me vean, tengo miedo de que ya no nos dejen jugar
juntos”.

No hicimos mucho durante los primeros días. El Sr. Bocón, solo veía
mis libros, fascinado con las imágenes e historias. Por ahí del
tercer o cuarta noches desde que lo conocí, me despertó con una gran
sonrisa en su rostro. “Vamos a jugar un nuevo juego”, me dijo.
“Pero tenemos que esperar hasta después de que tu mama venga,
porque es un juego secreto”.

Después de que mi mama me trajera mas libros y refresco, a la hora de
siempre, el Sr. Bocón se deslizo desde debajo de la cama y tomo mi
mano. “Tenemos que ir al cuarto que esta al final del pasillo”, me
dijo. Me negué al principio, pero el Sr. Bocón, insistió hasta que
cedí.

El cuarto en cuestión, no tenía ni muebles ni tapiz. Lo único que
lo distinguía era una ventana del lado opuesto a la puerta. El Sr.
Bocón corrió a través del cuarto, y le dio un firme empujón a la
ventana, dejándola un poco abierta. Entonces, el, me insistió en que
mirara hacia el piso, afuera.

Aunque estábamos en el segundo piso de la casa, la caída era más
alta debido a que estábamos en una colina. “Me gusta jugar a fingir
aquí”, me explico el Sr. Bocón. “Finjo que hay un suave y enorme
trampolín allá abajo, y brinco. Si lo crees con todas tus fuerzas,
vas a ver qué rebotas hasta acá arriba, como una pelota. Quiero que
lo intentes!”

“Es muy alto”, le dije.

“Pero eso es lo divertido! No sería tan divertido si fuera una
caída corta. De ser así, mejor si rebotaras en un trampolín
real!”

Recuerdo haber jugado con la idea; Dejarme caer en el fresco aire, y
rebotar en algo que mis ojos no podían ver. Pero el realista en mi,
prevaleció. “Quizas en otra ocasion”, le dije. “No se si tenga
tanta imaginacion. Podria lastimarme”.

La cara del Sr. Bocón se contorsiono con un gruñido, pero solo por
un momento. Decepcionado, se metió debajo de mi cama, donde estuvo
quieto el resto del día.

La mañana siguiente el Sr. Bocón llego con una pequeña caja.
“Quiero enseñarte malabares”, me dijo. “Aquí hay algunas cosas
que puedes usar como practica, antes de que te de tu primera
lección”.

Mire la caja; Estaba llena de cuchillos. “Mis papas me mataran!”,
le grite horrificado de que el Sr. Bocón había traído cuchillos a
mi cuarto- Objetos que mis papas no me dejarían tocar nunca!

El Sr. Bocon gruño. “Es divertido jugar con esto. Quiero que lo
intentes”.

Aleje la caja de mi. “No puedo. Me regeñaran. Los cuchillos no son
seguros para aventarse”.

Las cejas del Sr. Bocón se cerraron, molesto. Tomo la caja con los
cuchillos, y se metió debajo de la cama, otra vez durante todo el
día. Me empezaba a preguntar que tan seguido se la pasaba debajo de
mi.

Desde ese entonces, empecé a tener problemas para dormir. El Sr.
Bocón, me despertaba en la noche diciéndome que había puesto un
trampolín real debajo la ventana, uno enorme que no podía ver en la
obscuridad. Siempre me negué y trataba de volver a dormir, pero el
Sr. Bocón persistía. Algunas veces, se quedaba a mi lado hasta el
amanecer, animándome a saltar.

Ya no era tan divertido jugar con él.

Una mañana, mi mama fue hacia mi cuarto, y me dijo que tenía permiso
de ir a caminar afuera. Pensaba que el aire fresco sería bueno para
mí, especialmente después de estar confinado a mi cuarto por tanto
tiempo. Con emoción, corrí hacia el patio, esperando poder sentir el
sol en mi cara.

El Sr. Bocón me estaba esperando. “Hay algo que quiero que veas”,
me dijo. Debí darle una mirada fea, porque entonces me dijo: “Es
seguro, no pasa nada, te lo prometo”.

Lo seguí hasta un viejo camino que corría a través de los bosques
detrás de mi casa. “Este es un camino importante”, me explico.
“Tengo muchísimos amiguitos de tu edad. Cuando estubieron listos,
lo lleve por este camino. A un lugar especial. Todavía no estás
listo, pero algún día, espero, lo estarás”.

Regrese a mi casa preguntándome, que tipo de lugar existía más
allá de aquel camino.

Aproximadamente dos semanas después de conocer al Sr. Bocón,
empacaron la última carga de cajas en el camión de mudanzas. Me fui
adelante con mi papa, en un largo recorrido hacia Pennsylvania. Había
considerado en decirle al Sr. Bocón que me iba, pero aun teniendo 5
años, sospechaba mucho de las intenciones de la creatura, a pesar de
lo que me decía. Fue por esta razón que decidí no mencionar nada de
mi mudanza.

Eran la 4:00 am cuando mi papa y yo estábamos en el camión. Mi papa
esperaba llegar a Pennsylvania para la hora de la comida al día
siguiente, con ayuda de una larga dotación de café y bebidas
energéticas. Recuerdo que se parecía mas a un tipo que estaba a
punto de correr una maratón, que un tipo que se la pasaría sentado
por un par de días.

“Muy temprano para ti, verdad?”

Afirme con mi cabeza, mientras la ponía en la ventana, esperando
dormir un poco antes de que saliera el sol. Sentí la mano de mi papa
en mi hombro. “Esta será la última mudanza, lo prometo. Sé que es
difícil para ti, especialmente estando con esa enfermedad. Una vez
que obtenga mi promoción, podremos quedarnos en un solo lugar, y
hacer amigos”.

Cuando el camión comenzó a moverse, vi la silueta del Sr. Bocón en
la ventana de mi cuarto. Parado, inmóvil, se despidió lastimosamente
con su mano. No me despedí. Años después, regrese a New Vineyard.
El terreno donde se encontraba mi casa estaba vacío, a excepción de
los cimientos. Resulta que la casa se quemo algunos años después de
que yo y mi familia nos fuimos. Por curiosidad, busque el camino que
el Sr. Bocón me enseño, y al encontrarlo, decidí seguirlo. Una
parte de mi esperaba que el Sr. Bocón saltara sobre mí de repente, y
me espantara dándome un infarto, pero tenía la sensación de que el
Sr. Bocón, ya no se encontraba en ese lugar, como si de alguna manera
el estuviese atado a la casa que ya no existe,

El camino llevaba a uno de los cementerios de New Vineyard.
puntos 67 | votos: 71
No te trates como víctima, - sino como superviviente.
puntos 82 | votos: 86
Envidio a aquellos que tienen - a alguien que intenta hacerles sonreír sin importar lo que cueste.
puntos 57 | votos: 61
No deseches experiencias, - el camino es largo y no sabes cuándo podrás necesitarlas.

puntos 55 | votos: 61
Las respuestas están en nuestras - manos, solo nos falta emplearlas de modo correcto.
puntos 77 | votos: 79
El primer requisito para sobrevivir - en este mundo es aprender a convivir con uno mismo.
puntos 80 | votos: 84
Mi reacción - cuando empiece septiembre.
puntos 65 | votos: 79
Cuando vas a una fiesta - y saludas a todos menos a tu ex.
puntos 74 | votos: 76
Al llegar a la vejez - no sufres por las cosas que hiciste, sino por las que dejaste de hacer

puntos 76 | votos: 82
Yo al único ridículo que conozco, - es al orgullo.
puntos 87 | votos: 95
A veces es mejor no preguntar. -
puntos 39 | votos: 41
Siempre creí quererte - como tú querías que te quisieran, hasta que te ví con él.
puntos 82 | votos: 88
Amigos que te joden siempre, - todos los tenemos.
puntos 72 | votos: 78
Si la vida es una fiesta, - preparémonos para la resaca.

puntos 101 | votos: 109
Ir apoyado en la ventana del bus - con cara de melancolía. Pasar por un bache, darte un cabezazo
con el cristal. A tomar por culo melancolía.
puntos 11 | votos: 23
Entras en una habitación. - La recuerdas con nostalgia.
Tocas cada mueble, te apoyas en cada pared, observas cada esquina.
Pero nunca antes la habías visitado.
puntos 21 | votos: 21
Ojos rojos - Un hombre fue a un hotel y se dirigió a la recepción para
registrarse. La señora que atendía le dio su llave y le comentó que
en el camino a su habitación, había una puerta sin número, que
estaba cerrada y que a nadie le estaba permitido entrar. En especial
que tampoco debían mirar adentro del cuarto, bajo ninguna
circunstancia. El sujeto siguió las ordenes de la recepcionista y se
fue directo a su habitación.

La siguiente noche, su curiosidad no lo dejaba en paz, así que el
hombre decidió ir a revisar esa puerta sin número. Cruzó el pasillo
y legó al cuarto; trató de abrir la perilla, desde luego estaba
cerrada. Se agachó y miro por el cerrojo. Sintió una brisa fría en
su ojo. Lo que vio fue simplemente una habitación común y corriente
como la de él, pero en la esquina de esta, había una mujer cuya piel
estaba completamente blanca. Estaba recargada con su cabeza contra la
pared. El tipo se confundió un poco. Estuvo a punto de tocar, pero
decidió no hacerlo.

Esta decisión salvó su vida. Se retiro y volvió a su cuarto. Al
día siguiente, volvió a la puerta sin número y volvió a mirar por
la rendija de la perilla. Esta vez solo veía rojo. No podía hacer
nada más que ver solo un color rojo que no se movía. Pensó que tal
vez la gente del cuarto lo habían descubierto y que probablemente
habían tapado la mirilla del otro lado con algo rojo.
Para este punto, el sujeto fue con la señora a preguntarle y calmar
su curiosidad. Ella suspiró y preguntó: “¿Miraste por la mirilla
de la puerta?” El le contestó que sí, a lo que ella le comentó:
“Supongo que puedo contarte la historia: Hace tiempo un hombre
asesinó a su esposa en esa habitación y desde entonces el espíritu
de esa mujer merodea ese lugar. Pero esta gente no era ordinaria,
tenían la particularidad de que su piel era completamente blanca, lo
único que les resaltaba era que sus ojos eran rojos“
puntos 14 | votos: 14
Ciudad sin luz - ¿Hay alguien en tu vida que odies? ¿Alguien por quien darías
cualquier cosa para hacerle daño, por quien pagarías cualquier
precio a cambio de venganza? Si es así, quizá deberías considerar
ir a la Ciudad Sin Luz.

Para ir ahí, ve a cualquier ciudad relativamente grande y busca un
callejón abandonado por la noche. Entra en él, y cierra tus ojos lo
más fuerte que puedas. Di en voz baja «Ciudad Sin Luz» y
concéntrate en la oscuridad. Probablemente has notado que ves colores
difuminados y figuras abstractas si enfocas tu vista cuando tienes los
ojos cerrados; observa esas imágenes. Luego de unos minutos,
deberían empezar a volverse más claras y brillantes.

Cuando esto ocurra, irán tomando formas concretas: imágenes de
asesinatos violentos, animales deformados y semejantes. No importa lo
que veas, mantén tus ojos cerrados. Comenzarás a perder la noción
del tiempo, pero eventualmente las imágenes se detendrán y sólo
verás oscuridad absoluta, nada más que un tono negro profundo, sin
otros colores ni formas. Cuando estés seguro de que has alcanzado
este punto, abre tus ojos.

Ahora te encontrarás en una ciudad bastante oscura, no habrá una
sola luz o estrella en el cielo. Deberías poder ver las siluetas azul
oscuro de los edificios a tu alrededor. Sal del callejón y camina tan
silenciosamente como te sea posible por la acera, sin ir en ninguna
dirección en particular.

Si escuchas algún movimiento, aléjate tan rápido como puedas del
ruido. En la Ciudad Sin Luz habitan animales. Estará muy oscuro como
para distinguir bien sus rasgos, pero son del tamaño de los grandes
felinos y matarán a cualquier humano que atrapen. Sigue caminando
hasta que llegues a un área con edificios más pequeños; el límite
de la ciudad.

Te encontrarás con un niño, cuyo rostro emitirá un débil brillo,
permitiéndote ver que no tiene ojos.

Te preguntará, «¿Compartirás tu luz conmigo?».

Di que sí, y el niño acercará sus manos a tu rostro y te sacará tu
ojo derecho. Será doloroso, pero esto no te dejará ningún tipo de
herida ni sangrarás. Luego te dará las gracias y se irá. Sigue
caminando, y un hombre alto aparecerá frente a ti.

«¿La luz de quién deseas tomar?».

Di el nombre de la persona que odias, y tan pronto lo hagas esa
persona quedará completa y permanentemente ciega.

«¿Tu odio ha sido satisfecho?», te preguntará el hombre. Si es el
caso, di que sí, y despertarás en el callejón. Si la respuesta es
negativa, di que no, y el hombre desaparecerá. Sigue caminando. Te
encontrarás con otro niño sin ojos.

«¿Compartirás tu luz conmigo?».

Di que sí y te sacará tu ojo izquierdo, dejándote ciego. Sigue
caminando y el hombre alto se te aparecerá de nuevo, aunque por
supuesto ahora tendrás que depender del sonido de su voz.

«¿La vida de quién deseas que la oscuridad reclame?».

Di el nombre de la persona que odias, y esa persona morirá. No se te
preguntará si tu odio ha sido satisfecho esta vez, y no serás capaz
de volver al callejón. Te advertí que te aseguraras de que realmente
odiabas a alguien antes de hacer esto, porque pasarás el resto de tu
vida vagando por la Ciudad Sin Luz, ciego, con sólo tu odio para
reconfortarte.

Para algunas personas, eso es suficiente.
puntos 13 | votos: 13
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puntos 14 | votos: 14
Oscuridad - Todo comenzó cuando me mudé a mi nueva casa. Sí, es un poco
trillado. Créanme, lo sé, pero es lo que pasó. Nunca había
experimentado nada sobrenatural antes y, aunque tenía interés por
ello, nunca esperé que realmente me sucediera algo.

Conseguí rentar la casa a un muy bajo precio. No le di importancia
porque era una casa vieja, ni tampoco estaba ubicada en el mejor de
los vecindarios, así que supuse que era un buen trato. Luego de
trasladar mis cosas, todo marchó bien por un tiempo.

No recuerdo cuándo fue exactamente que comenzó porque para ese
tiempo no era nada grave. A veces dejaba la luz de la cocina o del
baño encendida y al volver la encontraba apagada. Sinceramente,
pensaba que tan sólo me había olvidado de que la había apagado
antes de irme. Luego de un tiempo comenzó a intrigarme, y empecé a
dejar una que otra luz encendida deliberadamente. A veces, nada
sucedía. A veces, encontraba las luces apagadas cuando regresaba.

Para ese momento ya pensaba que algo andaba mal. No estaba asustado,
sino confundido. Pensaba que quizás le pasaba algo a la corriente
eléctrica. Comencé a dejar luces encendidas con mayor frecuencia
porque creí que me ayudaría a identificar el motivo por el que se
apagaban aleatoriamente. Entonces la situación tomó un curso
distinto.

La primera vez que recuerdo que pasó algo extraño fue cuando dejé
encendidas la luz de la cocina y de la sala antes de ir a dormir. Esa
noche fui despertado por un gruñido profundo y estrepitoso que
provenía de la cocina. Recuerdo que desperté creyendo que había
algún animal en la casa. Desde mi cuarto se puede ver al final del
pasillo la sala que está al lado de la cocina; noté que la luz en la
sala se había atenuado, como si alguien hubiese apagado el
interruptor de la cocina. Se escuchó otro gruñido, esta vez desde la
sala, y casi grito al creer ver algo al final del pasillo antes de que
la luz de la sala se apagase; aunque no pude distinguir lo que era.
Simplemente se veía como algo parecido a una sombra, en realidad no
me importaba, era presa del pánico. Me tiré de la cama hacia el
interruptor de la luz, creyendo que alguien estaba en mi cuarto y se
estaba preparando para hacerme daño.

Nada. No había nadie en mi cuarto. Dejé escapar un leve suspiro y
luego caminé lentamente hacia la sala. Una vez que llegué al final
del pasillo, prácticamente me abalancé contra el interruptor para
encender la luz. De nuevo, nada. La cocina seguía, y, de nuevo,
¡nada!

Estaba comenzando a creer que lo había soñado todo cuando iba a
apagar el interruptor de la luz de la cocina, pero me detuve. Soy un
adulto, pero tenía miedo de apagar el interruptor. Y lo voy a
admitir, esa noche dormí con todas las luces de la casa encendidas.

Ése fue un error.

Cuando desperté a la mañana siguiente, todas las luces estaban
apagadas de nuevo. Quise levantarme de la cama, y di un quejido porque
me sentía adolorido. Aparté las sábanas para descubrir largas
marcas rojas a lo largo de mis piernas y brazos. Parecía como que si
algo me hubiese aruñado mientras dormía. Eso me horrorizó, pero no
tanto como cuando vi lo que había pasado.

Cada luz que dejé encendida estaba rota. Cada bombilla que estaba
encendida la noche anterior estaba hecha añicos, cada lámpara estaba
caída y destrozada. Se me cortó la respiración en tanto miraba
alrededor. Algo terrible estaba sucediendo ahí, y alguien intentó…
bueno, me hizo algo mientras dormía. Pedí el día libre en el
trabajo e inmediatamente fui a reemplazar las bombillas.

No sabía qué hacer luego de eso. Consideré irme de la casa, pero
—y sé que probablemente sonará estúpido— ésa era mi casa. Era
la primera vez que vivía separado de mi familia y ésa era mi casa.
No me podía dar por vencido. Así que… me quedé.

Incluso cuando se puso peor.

Aunque estaba comenzando a tenerle pánico a la oscuridad, no podía
dormir con la luz de mi cuarto encendida. Dejaba otras luces
encendidas, como la del pasillo o la de la sala, que iluminaban lo
suficiente como para que pudiera ver bien en mi cuarto. Y, casi todas
los días, despertaba a la mitad de la noche por un gruñido o el
sonido de algo merodeando la sala, y luego las luces se apagaban. No
quería ir a ver. Me aterrorizaba la idea de compartir el mismo
espacio con lo que fuese que estuviera ahí. Así que me acurrucaba en
mi cama y rezaba para que nunca se acercara.

Una noche, luego de que esto estuviera pasando por un tiempo, me
harté. Compré una pistola y encendí cada luz de la casa. Luego me
senté en el medio de la sala con el arma en mi regazo y un bate de
béisbol a mi lado. Esperé. No pasó nada por mucho tiempo, pero
alrededor de las dos de la madrugada comencé a escucharlo.
Curiosamente, estaba detrás de mí. Me giré y eché un vistazo hacia
mi habitación, y pude escuchar ese familiar gruñido. Tragué saliva
y tomé la pistola con una mano y el bate con la otra, y lentamente
empecé a caminar para poder visualizar mejor mi cuarto. Cuando
empezaba a ver la cama, escuché un ruido sordo seguido de un rugido
inhumano. Yo, siendo el hombre valiente que era, di un salto hacia
atrás y me alejé del pasillo. Quería terminar con eso de una vez
por todas, ¡pero por Dios que no quería confrontar a esa cosa!
Podía escuchar el sonido de mis pertenencias siendo rasgadas y
apaleadas, y no sé cómo fue que lo capté, pero pude escuchar un
leve clic. Y luego nada. Lentamente, volví a echar un vistazo a mi
cuarto desde el pasillo y la luz estaba apagada de nuevo. Tomé aire y
seguí caminando, con mis armas listas.

Al llegar a mi cuarto y encender el interruptor de la luz, di un grito
ahogado. Mi cama estaba completamente arruinada, partida por la mitad.
Fue como si un animal hubiera saltado en ella y simplemente la hubiera
hecho pedazos. Me acerqué para ver la condición del resto de mi
cuarto y sólo me quedé ahí pasmado por quién sabe cuánto. No fue
hasta que escuché el sonido del familiar gruñido que me di la
vuelta. Parado a un lado de mi puerta, junto al interruptor de la luz,
fue cuando finalmente lo vi.

Era un hombre, un hombre caucásico y mugriento con un cuerpo
sumamente lacerado, parecía que había sido el juguete de un oso.
Estaba demasiado sorprendido como para alzar mis armas. Me miró
fijamente sólo por un momento, y luego… apagó la luz. Grité. Ni
siquiera siento pena de admitirlo. Grité y salí corriendo, no me
importó que hubiera un… hombre… ahí parado. Pasé corriendo por
donde lo había visto, sacudiendo mi bate como un maniático. Casi
rompo el marco de la puerta en lo que corría hacia la seguridad de la
luz del pasillo. Luego de un momento me di la vuelta, a tiempo para
verlo parado de nuevo al lado del interruptor de la luz. Apagó la del
pasillo también. Para entonces, ya no quería enfrentarlo; quería
estar a salvo. Irrumpí en la sala y no me detuve hasta llegar a la
claridad de la cocina.

Escuché el ruido de gruñidos y rasguños desde todas las direcciones
y entonces supe que iba a regresar. Me giré, para ver de nuevo el
pútrido y magullado cadáver de un hombre bajar el interruptor de la
luz con su dedo roto, dejándome entre la terrorífica oscuridad. Me
precipité a la sala.

Ésa sería mi última parada. Tenía que enfrentarlo ahí. Me fui
acercando a la lámpara de la mesita que era mi última línea de
defensa. Esperé a que viniera a apagarla, pero… nunca lo hizo.
Miré alrededor y… silencio. Nada más que silencio. Entonces me
volteé a ver el brillo esperanzador de la lámpara que se rehusaba a
ceder. De un momento a otro me encontraba riendo, una risa frenética
pero vivaz, y pensaba que todo había terminado. Me acerqué todavía
más y juro que casi abrazo a esa lámpara.

Hasta que lo oí. Primero escuché el gruñido provenir no desde
detrás de mí, sino desde enfrente. De la lámpara. Mis ojos se
agrandaron y me le quedé viendo mientras la luz se intensificaba.
Retrocedí y, no sé lo que pasó, pero creo que tropecé con algo. Lo
siguiente que recuerdo es que estaba de espaldas sobre el suelo viendo
esa luz brillante e intensa. Ya no era reconfortante; sólo caliente y
pesada y brillante… pensé que me iba a calcinar. Y entonces
sucedió.

No tengo palabras para describir lo que surgió de la luz de esa
lámpara. Era horrible, retorcido y lleno de ira. Pero sé que nunca
olvidaré sus ojos: brillantes, calientes, blancos… dos círculos
resplandecientes de malicia pura. Me odiaba. Odiaba todo sobre mí; y
no sólo a mí, nos odiaba a todos, a cada ser humano. E iba a atacar
a lo que tuviera enfrente. A mí. No sé cómo es que supe esto,
pero… lo supe. Se abalanzó contra mí y me preparé para una muerte
dolorosa.

CLIC.

La luz se apagó. Una vez más, oscuridad. Me quedé en el suelo por
varios minutos, permitiéndole a mis ojos acostumbrarse sin despegar
la mirada de donde estaba mi lámpara. Conforme pasaban los segundos,
empecé a distinguirlo. Ese cuerpo magullado parado junto a la
lámpara, con una mano en el interruptor mientras me miraba.

Entonces lo comprendí. Comprendí lo que significaba todo lo que
había pasado. El hombre retiró su mano de la lámpara y apuntó su
dedo roto hacia ella, moviendo su cabeza de un lado a otro. Sólo pude
responder asintiendo.

No era él quien trataba de hacerme daño. Todo ese tiempo, todas esas
veces, él estaba tratando de protegerme. La criatura sólo podía
aparecer en la luz, y ese hombre había estado tratando de mantenerme
a salvo. No quería que nadie más repitiese sus errores.

Me mudé ese mismo día y nunca miré atrás. Lo que sea que fuese,
estaba confinado a esa casa, y, hasta el día de hoy, nada ha vuelto a
surgir de ninguna fuente de luz. Sin embargo, esa cosa siempre
permanecerá grabada en mi mente. Cada noche en mi nuevo apartamento
tengo el hábito de recorrer los cuartos, cerciorándome de que cada
luz esté apagada, cada cortina cerrada, y me cubro de silenciosa,
reconfortante y absoluta oscuridad.
puntos 78 | votos: 80
La riqueza es como el agua salada - cuanto más se bebe, más sed produce.
puntos 78 | votos: 78
No necesitas ser el mejor - para dar siempre lo mejor ti cuando haces lo que te gusta.
puntos 106 | votos: 110
Es un alivio saber - que aún hay gente que intenta ayudar con pocos recursos, 
pero con mucha esperanza.
puntos 15 | votos: 15
Me lo imaginaba -





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