En Desmotivaciones desde:
12.05.2013

 Última sesión:

 Votos recibidos:
bueno 34332 | malo 803
CampeonSuperDesmotivadorGeekPrincipalero Nivel 3VIPComentador Nivel 3Clasificación Nivel 3Veterano Nivel 3Usuario del mes

puntos 19 | votos: 19
Dejamos de buscar - monstruos bajo la cama, cuando descubrimos que estaban dentro de
nosotros mismos.
puntos 37 | votos: 39
¿Cuál te gustó más? -
puntos 11 | votos: 11
Me gustaría volver a ser pequeña, - donde nada importa, no existen los problemas, donde todo era una
aventura, donde nadie te juzgaba por las apariencias,solo se acercaba
y os tratabais como si os conocierais de siempre. Ahora que una va
creciendo, se da cuenta de que se echan de menos esos momentos de la
vida, de que antes no sabías ni que existía la palabra amor y ahora
está en ti todos los días, intentando olvidarla, preguntándote el
por qué de las cosas , y por más que buscas alguna respuesta, no la
encuentras. Buscando la respuesta de porque sientes algo tan grande
por él y él no lo siento por ti. Volvería al pasado donde nada de
esto importa, donde estaba tranquila, donde mi corazón seguía entero
y donde no existía el sufrimiento ni el dolor.
puntos 9 | votos: 9
Los sueños - son la razón por la que seguimos viviendo.
puntos 12 | votos: 12
Puede que tal vez - mis sentimientos nunca te revelare.
Pero ten la confianza de que siempre para ti estare

puntos 9 | votos: 9
SOMOS LO QUE COMEMOS - Descripción gráfica.
puntos 9 | votos: 9
Más vale - cuanto más cuesta.
puntos 14 | votos: 14
Temo más a - la complejidad de la vida que a
la sencillez de la muerte
puntos 17 | votos: 17
El amor que nos hace fuerte - nos vuelve muy vulnerables...
puntos 7 | votos: 7
La vida continúa - incluso en la oscuridad

puntos 63 | votos: 67
La tristeza es un sentimiento - muy pesado para llevar de medalla.
puntos 52 | votos: 54
Nunca fuimos tan buenos para seguir - consejos, como lo fuimos para seguir ejemplos.
puntos 88 | votos: 92
El problema de muchos es considerar - como error a todo aquello que solo fue una mala experiencia.
puntos 9 | votos: 9
Y es que al final - uno acaba hasta conviviendo con sus penas,
uno acaba sólo con ganas de cortarse las venas.
puntos 10 | votos: 10
Las estrellas se cayeron de los cielos, - ya era hora de que alguien cumpliera sus deseos.

puntos 11 | votos: 11
Todas las puertas de la vida - está abiertas. Es tu responsabilidad abrir la indicada. Puede que si
te equivocas tu historia nunca llegue a comenzar verdaderamente.
puntos 6 | votos: 6
No te acerques mucho, - está oscuro adentro.
puntos 0 | votos: 2
y a los mallorez all k rezpetarloz -
puntos 3 | votos: 5
Mierda... - ¡Esta noche no duermo!
puntos 8 | votos: 8
Suele confundirse - la falta de interés con la falta de expresividad,
sólo en humanos

puntos 10 | votos: 12
La vida - es de los valientes.
puntos 11 | votos: 15
Suspiro. - Mientras el cielo se cae, una mujer lee un poema que se queda con un
silencio sofocante tras una coma. En un eterno Suspiro, llega una
noche callada donde el infinito se precipita y hace un río de sueños
rotos que desemboca en un mar de tormento. Una llamada perturba el
silencio de la calma tras la tormenta, haciendo un remanso de vida en
una madrugada suicida. La voz recita un par de líneas faltantes al
poema en la carta. El silencio invade la línea sin que se corte la
llamada…  “Vengo de chicharle al infinito que te necesito”…
Una confesión tardía del otro lado línea, una que la muerte
ignora... So pena del alma que se pierde tras la otra parte la
llamada, que ante la incertidumbre de la no respuesta y los clavos de
la ignorancia, ha seguido como un guion de drama la última parte del
poema y sale al escenario ya vacío porque el teatro ha cerrado. La
llamada que no se ha cortado hace un puente para dos almas ya libres
que en la incertidumbre de la distancia, el amor y la añoranza,
aniquilaron sus cadenas: sus cuerpos. La ignorancia es olvido, el
olvido es muerte; y en cada uno de ellos hay un suspiro de amor.
puntos 18 | votos: 30
Cuando se habla por hablar - se acaba hablando sin decir nada.
puntos 11 | votos: 13
Hay una teoría que dice... - ... que si el tiempo y el espacio son infinitos, todo está destinado a ocurrir. 

Incluso lo imposible.
puntos 26 | votos: 28
Muuuuuyyy dificil -

puntos -1 | votos: 9
Dios mío! - Qué le hicieron a mi hermosa Rena?!
puntos 64 | votos: 70
Amar no es sentir que te han robado - el corazón, 
sino sentir que lo tienes de vuelta.
puntos 13 | votos: 13
Ese momento tan frustante - En el que van a dar una película en la tele para mayores de 18 y tu
madre te dice:
- Aún tienes diecisiete.
puntos 90 | votos: 92
Si tú realmente sabes quién eres - y lo que haces, no deben de preocuparte los dichos de los demás.
puntos 16 | votos: 18
Ante el ¿Qué dirán? - deberíamos responder: ¿Qué me importará?

puntos 11 | votos: 11
¿Recuerdas cuando el mundo - te parecía un lugar mágico?
puntos 11 | votos: 11
La racionalidad es - esa capacidad humana que permite pensar, 
evaluar y actuar mediante el uso de la razón, 
se supone que esta característica es la que nos diferencia de los
animales, 
pero la realidad que ven mis ojos 
hace que no pare de hacerme esta misma pregunta una y otra vez, 
¿Quiénes son los verdaderos animales aquí?
puntos 14 | votos: 14
Solemos quejarnos de nuestras - obligaciones sin pensar que las de otros pueden ser mucho peores
puntos 89 | votos: 89
Y en un lugar como este mundo - no saber defenderse es una tortura segura.
puntos 12 | votos: 12
AVISO IMPORTANTEEEEEEE - Lee la descripción si estás interesad@.

puntos 20 | votos: 20
Poner la música - lo suficientemente alta como para que no te oigan llorar.
puntos 8 | votos: 8
Cual efecto domino - una decisión puede llevar a tu destrucción.
puntos 11 | votos: 11
Y que nadie tiene derecho a decir - que cada uno no puede ser como quiere.
puntos 8 | votos: 10
Nunca necesité de nadie - que me ayude a sonreír, siempre conseguí fingir solo.
puntos -3 | votos: 11
Para ti imbécil :) -

puntos 29 | votos: 29
Las grietas de mi corazón - me recuerda que una vez fue habitado.
puntos 81 | votos: 93
Que no entre - ningún mosquito.
puntos 8 | votos: 8
Todos estamos en un mismo cielo, - pero no todos miramos al mismo horizonte
puntos 65 | votos: 67
El problema de que una persona - sea sobreprotegida es que luego le costará aprender a autodefenderse.
puntos 4 | votos: 6
Psicosis - Domingo

No estoy seguro de por qué escribo esto en papel y no en mi
computadora. No es que no confíe en mi computadora, sólo… necesito
organizar mis ideas. Poner todos los detalles en un lugar objetivo, un
lugar en donde sepa que lo que escribo no puede ser borrado o
alterado… no que eso haya pasado.

Estoy comenzando a sentirme agobiado en este diminuto apartamento.
Quizá ése es el problema. Sí, tenía que ir y comprar el
apartamento más barato, el único en el sótano. No he salido en
varios días porque he estado enfrascado en este proyecto de
programación; supongo que quería acabarlo de una buena vez. Estar
sentado frente a un monitor por horas puede hacer que cualquiera se
sienta extraño, lo entiendo, pero no creo que sea por eso.

No estoy seguro de cuándo comencé a sentir que algo andaba mal. Ni
siquiera puedo definir qué es. Probablemente por no haber hablado con
nadie en este tiempo; eso fue lo primero que me inquietó. Todos mis
contactos con los que chateo habitualmente por Messenger mientras
programo han estado ausentes, o simplemente desconectados. El último
mensaje que recibí fue de un amigo diciéndome que charlaría conmigo
cuando volviera de la tienda, y eso fue ayer. Lo llamaría desde mi
celular, pero aquí la señal es terrible.

Sí, eso es. Sólo necesito llamar a alguien. Voy a salir.

 

Bueno, eso no se dio tan bien. A medida que mi temor se desvanece, me
empiezo a sentir un poco ridículo por haberme asustado en primer
lugar.

Me miré en el espejo antes de salir, pero no me afeité la barba de
dos días que me ha crecido, después de todo saldría únicamente
para hacer una llamada. Pero sí me cambié de camisa, ya que era hora
de almorzar y supuse que me podría encontrar con algún conocido. O
al menos eso era lo que quería… ojalá lo hubiera hecho.

Cuando salía, abrí ligeramente la puerta de mi apartamento; una
sensación de ahogo evacuó mi cuerpo en ese instante, de alguna
forma. Me asomé por el deslucido corredor, tan deslucido como el
corredor de un sótano puede ser, apenas iluminado por un trío de
lámparas de neón que no dejan de chasquear. En el otro extremo, la
gran puerta metálica que lleva a la sala principal del edificio
—cerrada, por supuesto—, y dos oxidadas máquinas expendedoras a
su lado. Estoy bastante seguro de que nadie más en el edificio sabe
que esas máquinas están aquí abajo, que a mi tacaña casera
sencillamente no le interesa reabastecer.

Deslicé mi puerta con suavidad y seguí el camino procurando no
emitir sonido alguno. No tengo idea de por qué decidí hacer eso,
pero era divertido rendirse al absurdo impulso de no perturbar el
letárgico zumbido de las máquinas expendedoras, al menos por el
momento. Llegué al primer descanso de escaleras y subí hasta la
puerta principal del edificio. Miré por la cuadrada ventanilla de la
puerta y, para mi gran sorpresa, definitivamente no era hora de
almuerzo. La penumbra de la noche envolvía las calles de la ciudad, y
las luces de los automóviles que daban la vuelta en la intersección
alumbraban desde la distancia como faroles. Nubes púrpuras y negras
por el brillo de la ciudad colgaban inmóviles del firmamento. Nada se
movía a excepción de los pocos abedules de la acera mecidos por el
viento. Recuerdo haber temblado aunque no tenía frío, quizá por el
viento de afuera; podía oírlo vagamente a través de la puerta y
sabía que era ese particular tipo de viento de media noche, ése que
es constante, frío y callado, salvo por la dulce melodía que
provocaba cuando se abre paso entre las incalculables hojas de los
árboles.

Decidí no salir. En su lugar, levanté mi celular a la altura de la
ventanilla y revisé el medidor de señal. Las barritas llenaron el
medidor, y sonreí. «Tiempo de escuchar la voz de alguien más»,
recuerdo que pensé, aliviado. Era algo tan extraño, el tenerle miedo
a nada. Negué con la cabeza riéndome de mí mismo en silencio.
Marqué el número de mi mejor amiga, Amanda, y acerqué el teléfono
a mi oreja. Sonó una vez… y entonces se detuvo. Nada pasó.
Escuché el silencio por unos veinte segundos, y colgaron. Fruncí el
ceño y miré el medidor de señal; todavía lleno. Estaba marcando su
número de nuevo cuando el teléfono sonó en mi mano, sacándome un
buen susto. Lo pasé a mi oreja.

—¿Diga? —pregunté, reteniendo el leve shock de oír la primera
voz en días, aun si se trataba de la mía. Me había acostumbrado a
los sonidos regulares del edificio, de mi computadora y el de las
máquinas expendedoras en el corredor. No hubo ninguna respuesta a mi
saludo en un principio, pero luego, una voz se escuchó.

—¿Qué hay? —dijo claramente un joven desde el otro lado de la
línea—. ¿Quién habla?

—Juan —le respondí, confundido.

—Ah, perdón, número equivocado —contestó, y colgó.

Bajé el celular lentamente y recargué mi cuerpo contra la pared. Eso
fue extraño. Revisé mi registro de llamadas; el número era
desconocido. Antes de que pudiera reflexionar sobre ello, el celular
sonó de nuevo, asustándome una vez más. Esta vez miré el número
antes de contestar; también era desconocido. Coloqué el aparato
junto a mi oído, sin decir nada. Todo lo que escuché fue el usual
ruido de fondo de un celular. Entonces, una voz familiar acabó con mi
tensión.

—¿Juan? —Fue la única palabra, por la voz de Amanda.

Suspiré aliviado.

—Hey, eres tú —contesté.

—¿Quién más iba a…? Ah, el número. Estoy en una fiesta en la
Séptima Avenida y mi teléfono murió justo cuando me llamaste. Éste
es el teléfono de alguien más, naturalmente.

—Ah, bueno.

—¿Dónde estás? —me preguntó.

Paseé los ojos por los muros y su pintura descarapelada; la puerta
que tenía frente, con su pequeña ventanilla.

—En la entrada de mi departamento —Suspiré—. Me sentía un poco
sofocado. No sabía que era tan tarde.

—Deberías venir aquí —me dijo, riendo.

—No…, no estoy de humor para caminar solo a estas horas —dije,
mirando por la ventanilla a la tranquila y airosa calle que
secretamente me causaba un poco de temor—. Creo que voy a seguir
trabajando o me iré a dormir.

—¡Tonterías! —contestó—. ¡Puedo ir a traerte! Tu
departamento queda cerca de aquí, ¿cierto?

—¿Qué tan ebria estás? —le pregunté divertido—. Tú sabes en
dónde vivo.

—Ah, claro. Supongo que puedo llegar ahí caminando, ¿no?

—Puedes, si quieres desperdiciar media hora.

—Cierto —contestó—. Bueno, me tengo que ir, ¡suerte con tu
trabajo!

Bajé el teléfono de nuevo, viendo a los números parpadear mientras
la llamada finalizaba. El insistente zumbido de las máquinas se
reprodujo en mi mente. Las dos llamadas extrañas y la vista a esa
tétrica calle terminaron por encarrilarme de vuelta a mi soledad en
esta vacía sala. Tal vez por haber visto tantas películas de terror
tuve la súbita idea de que algo inexplicable podría asomarse por la
ventanilla de la puerta y verme, alguna clase de entidad horrible que
pasa orbitando los confines de la soledad, esperando el momento para
arrastrarse hasta algún ser humano que se ha alejado demasiado de los
de su clase. Sabía que era un miedo irracional, pero no había nadie
cerca, así que… bajé las escaleras corriendo por el pasillo hasta
mi cuarto, y cerré la puerta tras de mí lo más velozmente que pude,
procurando mantener el silencio.

 

Como dije, me siento un poco ridículo por haber estado asustado de
nada, y el temor ya se ha desvanecido. Escribir esto me ayuda mucho,
me hace darme cuenta de que nada anda mal. Filtra mis pensamientos
inconclusos y miedos, dejando sólo hechos concretos y objetivos: es
tarde, recibí una llamada de un número equivocado y al teléfono de
Amanda se le agotó la carga, por lo que me devolvió la llamada con
otro teléfono. Nada extraño está pasando.

Aun así, hubo algo… inusual en esa conversación. Sé que pudo
haber sido por el alcohol que había tomado… ¿o fue a ella a quien
sentí extraña? O… sí, ¡eso es! No me di cuenta hasta ahora,
hasta escribirlo. Sabía que hacer esto ayudaría. Ella dijo que
estaba en una fiesta, ¡pero lo único que escuché de trasfondo fue
silencio! Claro, eso no significa nada en particular, puesto que pudo
haber ido afuera a tomar la llamada. No… eso tampoco pudo ser: ¡no
escuché el rumor del viento! ¡Necesito ir a ver si el viento está
soplando!

 

Lunes

Olvidé terminar de escribir anoche. No sé qué esperaba encontrar
cuando crucé por el pasillo y asomé el rostro por la ventanilla. Me
siento ridículo. El miedo de anoche me parece vago e irrazonable
ahora. No puedo esperar para salir y ver la luz del día. Voy a
revisar mi correo, afeitarme, darme un baño ¡y finalmente salir de
aquí!

Un momento… creo que escuché algo.

 

Era un trueno. Todo eso sobre la luz del día y el aire fresco no
pasó. Subí por el tramo de escaleras, sólo para encontrar
decepción. El cristal de la puerta principal era azotado por la
corriente de lluvia torrencial que se desataba afuera. Quise quedarme
a esperar a que un relámpago iluminara la intemperie; pero la lluvia
era muy fuerte y no podía visualizar nada más que siluetas
indistinguibles paseándose por ángulos extraños de la corriente de
agua bañando la ventanilla. Decepcionado, me di la vuelta, pero no
quería volver a mi cuarto. En su lugar, deambulé por las escaleras,
al primer piso, al segundo. Llegué al tercer piso, el más alto del
edifico.

Caminé por el alfombrado del piso. Las diez o tantas puertas de
madera, pintadas de azul hace mucho tiempo, estaban todas cerradas.
Escuché atentamente mientras caminaba, pero era medio día, no me
sorprendió oír poco más que el sonido de la lluvia afuera. En lo
que permanecí ahí parado, en ese turbio lugar, tuve la extraña y
fugaz impresión de que las puertas eran como silenciosos monolitos de
granito, esculpidos por una antigua y olvidada civilización para un
insondable propósito de guardines. Cayó un relámpago que iluminó
el pasillo, y pude haber jurado que, sólo por un momento, las viejas
y deterioradas puertas azules se vieron como piedra áspera. Me reí
de mí mismo por dejar que mi imaginación jugara así conmigo, pero
entonces se me ocurrió que el resplandor de ese rayo debía de
significar que había ventanas cerca. Me llegó una memoria distante,
y de inmediato recordé que el tercer piso tenía una alcoba con una
puerta corrediza de cristal al final del pasillo en donde estaba.

Emocionado por ver la ciudad desde lo alto en medio de la lluvia y,
quizá, ver a otra persona, caminé velozmente hacia la alcoba,
encontrándome con la delgada y larga puerta corrediza. Era bañada
por la corriente como la ventanilla de la puerta principal. Acerqué
mi mano a la manija, pero dudé. Tuve la rarísima sensación de que
si la abría, vería algo completamente terrible del otro lado. El
último par de días había sido tan extraño… así que ideé un
plan, y volví aquí para traer lo que necesitaría. No pienso que
realmente lograré algo con esto… pero no tengo nada más que hacer,
llueve y me estoy volviendo loco de remate.

Regresé por mi cámara web. De ninguna forma el cable llegará hasta
el tercer piso, por lo que, en su lugar, voy a ocultarla entre las dos
máquinas expendedoras, pasar el cable por debajo de mi puerta y
ponerle cinta de aislar encima para camuflarlo en la tira de plástico
negra que se extiende por la base de las paredes del corredor. Sé que
es tonto, pero estoy muy aburrido…

 

Bueno, nada sucedió. Dejé abierta la puerta de mi apartamento, me
llené de valor, fui hasta la puerta metálica, la abrí y corrí como
alma que lleva el Diablo de vuelta a mi cuarto y azoté la puerta.
Miré atento por la cámara web de mi computadora, viendo en la
transmisión al pasillo y una parte de las escaleras. Sigo observando
en este momento, y no aparece nada interesante. Desearía que el
ángulo de la cámara fuera distinto, que pudiera ver al menos una
parte de mi puerta. ¡Hey, alguien se conectó!

 

Usé un modelo de cámara más antiguo que tenía en mi clóset para
charlar con mi amigo. No supe explicarle por qué quería que fuera
una llamada de video, pero se sintió bien ver la cara de otra
persona. No se quedó a hablar por mucho tiempo, y no hablamos de nada
importante, pero me siento mucho mejor. Mi absurdo temor casi se ha
ido. Ya lo habría dejado completamente de lado, de no ser por la
extraña manera en que se dio la conversación. Sé que he dicho que
todo me ha parecido extraño, pero sus respuestas fueron tan vagas…
no puedo recordar una sola cosa específica que me haya dicho; ningún
nombre, lugar o evento en particular. Aunque sí me pidió mi
dirección de correo, para mantenerse en contacto. Un momento, me
llegó un correo.

 

Estoy a punto de salir. Recibí un correo de Amanda para pedirme que
nos reuniéramos en «el lugar al que siempre vamos». Me encanta la
pizza, y he estado comiendo de las sobras que había en lo que una vez
fue una alacena decorosa, así que no puedo esperar. De nuevo, me
siento ridículo por mi conducta de estos últimos días. Debería
quemar este diario cuando regrese.

Otro correo.

 

Oh, por Dios. Casi ignoro el correo y abro la puerta. Estuve a punto
de abrir la puerta. Estuve a punto, pero leí el correo primero. Era
de un amigo que llevo un tiempo sin ver, y fue enviado a muchísimos
correos que deben de ser cada contacto que tiene registrado. Omitió
el título, y decía, únicamente: «ve con tus propios ojos no
confíes en ell».

¿Qué demonios puede significar eso? No me lo puedo sacar de la
cabeza. ¿Es un mensaje enviado para advertir de que algo ocurrió?
¡La frase claramente se mandó sin terminar! En cualquier otro día
lo hubiera tomado como spam, pero las palabras «ve con tus propios
ojos»… no puedo evitar releer este diario, repasar los últimos
días, y caer en cuenta de que no he visto a ninguna persona con mis
propios ojos o hablado con alguien cara a cara. La conversación en
línea con mi amigo fue tan extraña, tan vaga, tan… misteriosa,
ahora que lo pienso. ¿En serio fue misteriosa?, ¿o es el miedo que
está turbando mi memoria?

Mi mente juega con los sucesos que he organizado aquí, apuntando a
que no ha habido ni un tan solo dato que haya adicionado sin
sospechar. El «número equivocado» que obtuvo mi nombre y la
subsecuente llamada de Amanda, el amigo que pidió mi dirección de
correo… Yo lo saludé primero cuando vi que estaba conectado, y
luego recibí un correo apenas terminó la conversación… ¡Oh, por
Dios! ¡La llamada de Amanda! ¡Le dije por el teléfono, le dije que
estaba a media hora de la Séptima Avenida! ¡Ellos saben que estoy
cerca de ahí! ¿Qué si están tratando de encontrarme? ¡¿Dónde
está todo el mundo?! ¡¿Por qué no he visto o escuchado de nadie en
días?!

No, no, esto está mal. Es de locos. Necesito calmarme.

 

No sé qué pensar. Recorrí mi apartamento desesperado, sosteniendo
mi celular en cada rincón para ver si podía obtener algo de señal.
Finalmente, en el baño, cerca de una de las esquinas superiores: una
barrita. Sosteniéndolo a esa altura envié un mensaje de texto a cada
número de mi lista. Consideré la probabilidad, el peor escenario
posible, lo peor que podía imaginar. Envié: «¿Has visto a alguien
cara a cara últimamente?».

Para este punto, lo único que necesito es una respuesta. No me
importa cuál sea, de quién o si me dejé en ridículo al hacer eso.
Intenté hacer una llamada, pero no podía elevar mi cabeza lo
suficiente, y si bajaba el teléfono siquiera un centímetro perdía
la señal. Luego recordé mi computadora y fui directo por ella.
Envíe un mensaje a todos mis contactos conectados. La mayoría estaba
ausente u ocupado; nadie respondió. Se agotó mi paciencia. Empecé a
inventar pretextos para justificar que vinieran hasta aquí. No me
importa nada a estas alturas, ¡sólo necesito ver a otra persona!

Desbaraté mi apartamento tratando de encontrar algo que haya pasado
por alto, alguna forma de contactar a otro ser humano sin abrir la
puerta. Sé que es demente, sé que es irracional, pero es posible,
¡es posible!, y necesito estar seguro. Fijé mi celular al techo por
si acaso.

 

Martes

El celular timbró. Exhausto por el alboroto de anoche, debí de
haberme quedado dormido. Me despertó el tono de mi celular; corrí al
baño, me paré en el retrete y lo alcancé para contestar la llamada.
Era Amanda, y ahora me siento mucho mejor. Estaba muy preocupada por
mí y aparentemente ha intentado contactarme desde que la dejé
plantada. Viene para acá, sí, sabía en dónde estoy sin necesidad
de que se lo dijera. Estoy muerto de la vergüenza. Definitivamente
voy a tirar este diario antes de que alguien lo vea, ya ni sé por
qué sigo escribiendo en él. O bueno, quizá porque ha sido el único
tipo de comunicación que he tenido desde… Dios sabe cuándo.

Me veo terrible. Me di un vistazo en el espejo antes de volver aquí.
Mis ojos están hundidos, mi barba más grande y parece que estoy
enfermo. Mi apartamento también está hecho un desastre, pero no voy
a limpiarlo. Creo que necesito que alguien más vea por lo que he
pasado. Estos últimos días no han sido normales, por donde lo vea.
No soy de los que imaginan cosas. He sido víctima de la probabilidad.
Seguramente me faltó poco para ver a otra persona en varias
ocasiones, nada más fue que salí muy tarde por la noche, o al medio
día, cuando todo el mundo está trabajando. Ahora sé que no hay
problema. Además, encontré algo ayer que me ayudó tremendamente:
¡un televisor! Lo conecté justo antes de sentarme a escribir esto, y
lo escucho sonar de fondo. La televisión siempre ha sido un escape
para mí, y me recuerda que afuera de estos muros un mundo sigue
andando, crea lo que crea.

Me alegra que Amanda haya sido la única que me contactó luego de
haber mandado todos esos mensajes absurdos. Ha sido mi mejor amiga
durante años. Ella no lo sabe, pero cuento al día en que la conocí
como uno de los mejores que he tenido en toda mi vida. Fue un tibio
día de verano; pareciera como si el recuerdo estuviera arrancado de
un mundo distinto del que me encuentro ahora. Sentí que pasaron días
enteros en ese parque, al que ya estábamos demasiado grandes para ir,
hablando con ella solamente. Todavía puedo volver a ese momento en
veces, y me recuerda que este lugar no es lo único que existe… Al
fin, ¡llaman a la puerta!

 

Pensé que era raro que no la hubiera visto por la cámara que
escondí en el pasillo. Supuse que fue por la perspectiva, similar a
no poder ver mi puerta. Debí saber que eso sería un problema.
Después de que tocara, grité en tono de broma que tenía la cámara
entre las máquinas… vaya que había dejado a mi paranoia ir lejos.
Vi su imagen acercarse y bajar la vista hasta dar con ella. Sonrió y
saludó con una de sus manos.

—Qué hay —dijo alegremente, mirando curiosa.

—Lo sé, es raro —hablé por el micrófono conectado a mi
computadora—. He tenido una mala racha —agregué.

—Seguro —contestó—. Ábreme Juan.

Dudé. ¿Cómo podía estar seguro?

—Sígueme un poco la corriente, ¿sí? Dime algo sobre nosotros,
para probar que eres tú.

Miró a la cámara, se tocó la barbilla y volteó hacia arriba; sacó
un papel y un lápiz. Escribió en ellos. Enseñó el papel para que
pudiera verlo en la cámara:

«Ya estábamos muy grandes para ese parque».

Suspiré profundamente, la realidad volvía, el miedo se disipaba.
Joder, había sido tan ridículo. ¡Por supuesto que era Amanda! Ese
recuerdo no estaba en ningún otro lugar más que en mi memoria. Nunca
he hablado con nadie de ese día, y no por vergüenza, sino por
tenerlo como un nostálgico recuerdo. Si había alguna entidad
desconocida que trataba de engañarme, como temía, de ninguna forma
podría saber sobre ese día.

—Bueno, dame un segundo —le dije entre risas.

Corrí a mi pequeño baño y peiné mi cabello lo mejor que pude. Me
miraba terrible, pero ella entendería. Riendo por mi tonto
comportamiento, y el desorden en el que estaba, caminé hacia la
puerta. Puse mi mano sobre la perilla y di un último vistazo a mis
espaldas. Comida mordisqueada regada por el suelo, el bote de basura
caído y la cama que había volcado hacía unas horas buscando… Dios
sabrá qué estaba buscando. «Tan tonto», pensé.

Antes de girar la perilla, mis ojos notaron una cosa más: la cámara
que usé para charlar con mi amigo. La esfera negra estaba sobre su
costado y el lente apuntaba a la mesa en donde este diario se
encontraba. Un terror enorme se apoderó de mí en cuanto pensé que
si algo podía mirar a través de esa cámara, vería lo que había
escrito acerca de ese día. Le pedí una cosa, cualquier cosa acerca
de nosotros, y ella escogió la única en el mundo que creí que eso o
ellos no sabrían… pero lo hacen, lo saben, ¡hasta pudieron haberme
observado todo este tiempo!

No abrí la puerta. Grité. Grité sin parar. Arranqué la cámara y
la estampé contra el suelo. La puerta tembló y la perilla intentó
girar, pero no escuché la voz de Amanda al otro lado. ¿Sí era ella
quien estaba afuera? ¿Quién más pudo ser sino Amanda? ¿Quién
demonios estaba afuera? ¿Qué demonios estaba afuera?

La vi por la cámara, la escuché por mis parlantes, ¿pero fue real?
¡Cómo saberlo! Grité alarmado por ayuda. Aseguré la puerta con
todos mis muebles. Por ahora se ha ido.

 

Viernes

Al menos creo que es viernes. He roto todos mis aparatos
electrónicos. Destruí mi computadora. Cualquier cosa en ella podía,
a fin de cuentas, ser manipulada por medio de la red. Sé de eso, soy
un programador. No podía arriesgarme. Cada pequeño dato respecto a
mí, mi nombre, mi correo, mi ubicación, todos fueron cosas que he
dicho. He releído lo que he escrito una y otra vez. He intentado
juzgar lo que he escrito, bailando entre el miedo y el escepticismo. A
veces me consta que una entidad está decidida en el simple objetivo
de hacerme salir de aquí: desde el principio, Amanda no hizo más que
pedirme que abriera la puerta y saliera. Puedo leerlo, puedo leerlo
claramente ahora.

Trato de ver las cosas desde todos los ángulos. Por un lado, soy un
lunático que ha interpretado una convergencia de probabilidades
extremadamente improbables, pero factible: no asomarme en el momento
adecuado, no ver a otra persona por mero azar, recibir un correo
extraño como los miles que es posible recibir, pero en el momento
preciso. Por el otro, esa convergencia de probabilidades es la única
razón por la cual lo que sea que está afuera no me ha atrapado aún:
no abrí la puerta corrediza del tercer piso, y tal vez nunca debí
abrir la puerta metálica al final del corredor. No volví a abrir la
puerta de mi apartamento después de abrir la puerta metálica. Lo que
sea que esté allá afuera —si es que está allá afuera— nunca
«apareció» en el pasillo antes de que la abriera. Tal vez se había
dedicado a cazar a todas las personas que se encontraban al
descubierto y luego esperó, hasta que delaté mi existencia al tratar
de llamar a Amanda… una llamada que no se concretizó hasta que eso
me hablara y preguntara mi nombre.

Mi temor literalmente me abruma cada vez que intento acoplar todas las
piezas de esta pesadilla. Ese correo —corto, cortado— era de
alguien intentando decir algo. ¿Una advertencia aliada, intentando
llegar a mí antes de que fuera muy tarde? Ver con mis propios ojos,
no confiar. Puede que tenga dominadas a todas las cosas electrónicas,
que haya elaborado una enorme red para engañarme y hacerme salir.
¿Por qué no puede entrar? Tocó la puerta, así que al menos,
parcialmente, es sólido. La puerta. La idea de esas puertas como
monolitos guardianes en el tercer piso aparece cada vez que mis
pensamientos siguen este rumbo. Si hay alguna entidad etérea
intentando que salga a la intemperie, quizá esa entidad es incapaz de
cruzar las puertas.

No paro de pensar en todos los libros que he leído, en todas las
películas que he visto, tratando de encontrar la respuesta a esto.
Las puertas siempre han sido gatillos de la imaginación humana,
plasmadas en numerosas ocasiones como portales de singular importancia
¿O quizá la puerta es muy gruesa? Yo no podría derribar ninguna de
las puertas de este edificio, especialmente las del sótano. Dejando
eso a un lado, ¿por qué me quiere a mí? Incluso yo puedo imaginar
al menos una docena de formas de matarme, incluyendo dejar que me
pudra aquí abajo y muera de hambre. Quizás eso es precisamente lo
que está haciendo. Está llenándome de miedo; pero, ¿y si no quiere
matarme?, ¿y si puede hacer algo peor? Dios, ¡¿cómo salgo de esta
pesadilla?!

Llaman a la puerta…

 

Le dije a la gente del otro lado de la puerta que necesitaba unos
minutos más para pensar las cosas y saldría. Sólo estoy escribiendo
esto para decidir qué hacer. Al menos esta vez he escuchado sus
voces. Mi paranoia —sí, reconozco que estoy siendo paranoico— me
hace pensar en todas las formas que una voz humana podría fingirse
por algún medio electrónico. El pasillo podría estar lleno de
altavoces simulando voces humanas. ¿Realmente les tomó tres días
venir a hablar conmigo? Se supone que Amanda está ahí afuera, junto
con dos policías y un psiquiatra. Tal vez les tomó tres días pensar
en qué decirme. La explicación del psiquiatra sería muy
convincente, si decidiera pensar que todo esto no ha sido nada más
que un extraño mal entendido, y dejar fuera de la ecuación a la
entidad que intenta engañarme para abrir la puerta.

El psiquiatra tiene la voz de un viejo. Autoritaria pero sensible. Me
agrada, me recuerda a la de mi propio padre. Dice que sufro de algo
llamado «cyberpsicosis», y soy sólo uno más de una enorme epidemia
que se cuenta por miles, detonada por un correo sugestivo que «se
filtró de alguna forma». Juro que lo dijo así: «Se filtró de
alguna forma». Creo que intenta decir que se esparció por todo el
país inexplicablemente, pero sospecho demasiado que a la entidad se
le ha resbalado algo. Dijo que soy parte de una ola de
«comportamiento emergente»; que muchas personas más están
enfrentando mi mismo problema, y el mismo miedo, aunque nunca nos
hayamos comunicado.

Eso explica el correo que recibí sobre ver con mis propios ojos. No
recibí el correo detonante original, recibí un derivado. Mi amigo
pudo haber perdido la razón también, y ha intentado advertir a todo
el mundo sobre su paranoico miedo. Así es como el problema se
esparce, afirma el psiquiatra. Pude haberlo esparcido también con el
mensaje que envié por el celular y los que mandé por Messenger.
Alguno de todos esos contactos podría estar volviéndose tan loco
como yo después de haber leído uno de esos mensajes, y ahora estar
interpretando la realidad en la forma en la que yo lo estoy haciendo.

El psiquiatra me dijo que no quería «perder uno más». Que la
inteligencia de gente como yo es precisamente nuestra perdición.
Trazamos conexiones tan bien, que incluso las trazamos en donde no
deberían estar. Dice que es fácil comenzar a acumular paranoia en el
mundo en el que vivimos ahora, un lugar en constante cambio en donde
cada vez mayor parte de nuestra interacción es simulada…

Hay que admitirlo, es una explicación hermosa. Reúne y explica todo.
Lo explica perfectamente, de hecho. Tengo todas las razones del mundo
ahora para sacudirme este horror atávico de que algo se encuentra del
otro lado de la puerta lista para capturarme y llevarme a un destino
peor que la muerte. Sería tonto, tras oír esa explicación,
permanecer aquí hasta morir de hambre para evitar a esa entidad que
quizá ya haya atrapado a todos los demás. Sería tonto pensar, tras
oír esa explicación, que yo sería una de las pocas personas que
restan en un mundo vacío, escondiéndose en la seguridad de su
sótano, jodiendo a una impensable y engañosa entidad que juega a ser
omnipotente con tan sólo rehusarme a abrir una puerta. Es una
explicación perfecta para cada evento extraño que he escrito aquí;
tengo todas las razones del mundo para dejar ir mis miedos, y abrir
esa puerta.

Y es exactamente por eso que no lo haré.

¿Cómo puedo estar seguro? ¿Cómo puedo saber qué es real y qué un
engaño? Todas estas malditas cosas con sus cables y sus señales que
nacen de un origen imperceptible y llegan hasta ti, ¡no son reales,
no puedo estar seguro! ¡Señal de video, de celular, correos! Incluso
la televisión, ahora silenciosa, partida por la mitad, en el suelo.
¿Cómo podría saber qué es real? Todo mensaje no es más que
energía, ondas, luz… la puerta. ¡Está golpeando la puerta!
¡Intenta entrar! ¿Qué alimaña mecánica podría estar empleando
para simular a una persona golpeando una puerta tan perfectamente? Al
menos ahora podré verlo con mis propios ojos. No queda nada con lo
que pueda engañarme; no puede engañar a mis ojos, ¿o sí? Ve con
tus propios ojos, no confíes en ell… un momento, ¿ese mensaje
trataba de decirme que confiara en mis ojos, ¡o advertirme sobre mis
ojos también!? Oh, por Dios, ¿cuál es la diferencia entre una
cámara y mis ojos? Ambos transforman la luz en señales eléctricas,
son… ¡lo mismo! No puedo permitir que me engañe, Dios, ¡no puedo
permitir que me engañe! No voy a permitirlo, no puedo estar seguro.
¡Necesito estar seguro!

 

Fecha desconocida

He pedido tranquilamente una pluma y un papel, por el día, por la
noche, hasta que finalmente me los dio. No que importe, ¿qué voy a
hacer? ¿Sacarme los ojos de nuevo? Los vendajes se sienten como una
parte de mí ahora. El dolor se ha ido. Supuse que ésta sería una de
mis últimas oportunidades de escribir legiblemente, puesto que sin mi
vista que corrija errores, mis manos progresivamente olvidarán el
mecanismo involucrado. Es un capricho, escribir… un vestigio de otra
era, porque evidentemente ha asesinado al resto del mundo.

Me siento contra la pared día y noche. La entidad me trae comida y
agua. Se disfraza como una amable enfermera, como un antipático
doctor. Sabe que mi oído se ha agudizado considerablemente ahora que
estoy en oscuridad; finge conversaciones en el corredor, con la
intensión de que lo escuche. Una de las enfermeras habla sobre tener
un bebé pronto, uno de los doctores perdió a su esposa en un
accidente de auto. No que importe, nada de eso es real. Nada me llega,
no como ella lo hace.

Ésa es la peor parte, la parte que casi no puedo soportar. Esa cosa
viene a mí enmascarada como Amanda. Su recreación es perfecta. Suena
exactamente como Amanda, se siente exactamente como ella. Hasta
produce una simulación admirable de sus lágrimas, que me obligó a
sentir sobre sus tibias mejillas. En un inicio, cuando me trajo aquí,
me dijo todas las cosas que quería escuchar. Me dijo que me amaba,
que siempre lo había hecho, que no entendía el porqué de esto, que
todavía podíamos tener una vida juntos, ir al parque todos los
días, si quería.

Con la condición de que dejara de insistir sobre la farsa. Quería
que creyera. No, necesitaba que lo hiciera. Que era real, que era
ella. Jamás sabrás qué tan cerca estuve de ceder a ese acto tuyo.
Dudé de mí mismo por mucho tiempo; pero eres un perfeccionista, todo
era demasiado real o lo que entiendes por real, y, ¿sabes?, la
realidad tiene otras cosas que aún no alcanzas a captar, quizá
porque ni siquiera nosotros mismos logramos hacerlo del todo, ni
representarlo.

La falsa Amanda venía todos los días, luego cada semana, hasta que
por fin dejó de joderme con ella… pero no creo que la entidad se
rinda. El juego de esperar es otro de sus trucos. Lo resistiré por el
resto de mi vida, si es necesario. No sé qué fue lo que le ocurrió
al resto del mundo, pero sí sé que esta cosa necesita que caiga. Si
es así, entonces tal vez, sólo tal vez, soy una piedra en su camino.
Quizá Amanda sigue con vida en algún lado, mantenida con vida
únicamente por mi voluntad de resistir el engaño. Me sostengo a esa
esperanza, meciéndome hacia adelante y hacia atrás en mi celda para
pasar el tiempo. Nunca me rediré. Nunca caeré. Soy… ¡un héroe!

===

El doctor leyó el papel en el que el paciente había escrito. Apenas
podía entenderse, escrito con la temblorosa mano de un ciego. Quería
sonreír ante la firme determinación del joven, un recordatorio de la
voluntad humana de querer sobrevivir, pero sabía que el paciente
estaba completamente delirante.

Después de todo, una persona sana hubiera caído en el engaño hace
mucho tiempo.

El doctor quería sonreír. Quería susurrar palabras de ánimo al
delirante joven. Quería gritar, pero los delgados filamentos
conectados a los nervios de su cabeza y en sus ojos se lo impedían.
Su cuerpo caminaba a la celda como una marioneta, y le decía al
paciente, una vez más, que estaba equivocado, y que no había nadie
tratando de engañarlo.

puntos 9 | votos: 9
Yo triunfo diciendo lo que los demás - piensan.
puntos 8 | votos: 8
Si Dios hubiera querido - que me inclinara, habría puesto los diamantes en el suelo.
puntos 67 | votos: 69
Los que un día me insultaron - y despreciaron, serán los que vean con más detalles mis progresos.
puntos 12 | votos: 12
Buscando la felicidad nos perdimos, - y perdidas la encontramos.
puntos 15 | votos: 15
Tenían el mundo - en sus manos y lo único que hicieron fue lavárselas.





LOS MEJORES CARTELES DE

Número de visitas: 12207762485 | Usuarios registrados: 2076300 | Clasificación de usuarios
Carteles en la página: 8021687, hoy: 19, ayer: 12
blog.desmotivaciones.es
Contacto | Reglas
▲▲▲

Valid HTML 5 Valid CSS!