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por ese sentimiento - que le da a uno de desaparecer durante un tiempo,sin que nadie sepa de el
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Al otro lado de la vida 1x76 - Frente a la escuela primaria Sagrado Corazón, Etzel
17 de septiembre de 2008

Al salir al aire libre esa calurosa mañana de verano, se
sorprendieron muy gratamente al ver que no tenían compañía alguna.
Las calles estaban vacías, como preparadas para darles vía libre
para irse de ahí. Subieron en los cinco vehículos todo cuanto
necesitaban de lo que tenían a su alcance, repartiendo los alimentos
en cinco partes, por si tenían que separarse. Aún tras esas vallas
que tanta seguridad les habían ofrecido el tiempo que habían estado
ahí dentro, se subieron y cerraron las puertas tras ellos, confiando
que cuando volvieran a abrirlas estarían de nuevo a salvo en un
lugar mejor.
	Morgan se acercó al portón de entrada y quitó el candado. Abrió
las puertas de par en par y ese pequeño convoy comenzó a desfilar
sin mirar atrás. Cuando los cuatro primeros vehículos hubieron
salido, el quinto, un viejo coche conducido por Rafael, se paró para
permitir a Morgan sentarse en el asiento del copiloto. Después de
cerrar de nuevo el portón con el mismo candado, dejando junto a él
su llave, se dirigió al coche. El portazo dio fe de que ya no
tenían nada más que hacer ahí, y acto seguido se pusieron en
marcha, en fila india, nerviosos pero entusiasmados y optimistas por
el cambio.
	Al cruzar la primera esquina, se encontraron con el primero de
muchos que querían sumarse a la fiesta. Una mujer salió de detrás
de la cristalera rota de una frutería en cuya puerta había un
cartel que rezaba “Cerrado indefinidamente, disculpen las
molestias.”. Llevaba un moño y un delantal, y era con diferencia
la más limpia de cuantos resucitados habían visto. De no ser por la
manera de correr y los extraños gritos que surgían de su garganta,
la hubieran podido confundir con alguien sano.
	Pero ellos eran más listos, pues eran más rápidos, y no tardaron
mucho en dejarla atrás, incluso a perderla de vista detrás de otra
esquina. Tristemente, ella no era la única que les esperaba, pues al
pasar junto a un aparcamiento público, vacío en su totalidad de
coches, más de veinte hombres y mujeres que habían estado
descansando a la sombra bajo la marquesina se levantaron a toda prisa
y comenzaron a perseguirles corriendo tanto como se lo permitieron sus
piernas.
	Siguieron adelante tratando de ignorarles, acelerando más de la
cuenta, pues tenían que sortear un montón de coches abandonados o
accidentados que había por la calle, amén de cadáveres y demás
desperdicios que les dificultaban el paso. No llevaban ni dos minutos
de camino cuando el grupo de gente que les seguía a toda prisa
superó las tres cifras. Parecían estar llamándose unos a otros,
anunciándoles que había venido el furgón de los helados y que
podrían servirse ellos mismos tantos cucuruchos como quisieran, de
todos los sabores, y gratis.
	Algunos les pillaron de sorpresa por delante, y tuvieron que
atropellarlos para asegurarse que no les molestarían más de la
cuenta. El furgón policial, que era quien iba a la cabeza, tuvo que
accionar el limpiaparabrisas para quitar de en medio la sangre que
habían dejado todos aquellos a quienes se habían llevado por
delante. Lo hacían como venganza por todo cuanto les habían hecho
sufrir, pero estaban disfrutando, estaban disfrutando mucho
atropellando a toda esa gente por la calle, y lo que más les
sorprendió es que no surgió en sus interiores el menor
remordimiento por ello. Niños, adultos o ancianos, tanto daba, todos
sucumbirían al parachoques, partiéndose los huesos y gritando de
rabia, que no de dolor.
	Cuado alcanzaron las afueras, ya no se podía mirar atrás. De lo
contrario, se hubieran meado encima del pánico. Parecía que todo el
pueblo se hubiese puesto de acuerdo para darles caza. Se podían
contar por docenas, y daba la impresión que a cada momento el
número subía y subía. En realidad no eran ni una centésima parte
de los infectados que había en las calles cercanas, pero les
quintuplicaban, y eso ya era suficiente motivo de temor. Ellos
llevaban un ritmo mucho más rápido y se encontraban a una distancia
más que suficiente para estar tranquilos. Sin embargo, los gritos y
el sonido irregular pero unísono de sus zapatos y sus pies descalzos
al chocar contra la calzada parecían indicar lo contrario.
	Por mucho que tuvieron que atropellar a unos cuantos y quitarse de
encima a base de balazos a un par de ellos que se habían conseguido
subir al capó y luchaban por entrar como fuese dentro del vehículo,
todo fue relativamente bien hasta que cruzaron el límite municipal
del pueblo. A esas alturas ya habían dejado muy lejos a los
infectados que les perseguían, ahora la mayoría ni se veían y el
resto eran como hormiguitas en el horizonte. Al parecer no había
ninguno merodeando por ahí; preferían quedarse en los núcleos
urbanos. Sin bajar la guardia siguieron adelante medio kilómetro
más hasta que algo les hizo frenar contra su voluntad.
	Esa maldita carretera transcurría por una zona de un terreno muy
escarpado e irregular, llegando incluso a ser excavada en la roca. El
lugar donde se vieron obligados a parar, tenía un muro de piedra de
más de tres metros a un lado, y una pendiente del cien por cien en
el otro. Al parecer había habido un accidente, presumiblemente
propiciado por algún infectado, a juzgar por las pisadas de sangre
seca que había por doquier por ahí cerca. Más de diez coches
barrían el paso, algunos de ellos tan solo el esqueleto negruzco de
lo que fue en vida. No podían seguir adelante ni bajar la pendiente
con el coche. No solo por los quitamiedos sino porque la pendiente
era tan grande que lo más seguro es que hubieran acabado volcando.
Tampoco podían dar marcha atrás, pues con la que se les venía
encima hubiera sido correr en dirección a la boca del lobo. Eran
demasiados para atropellarles y hacerse paso. Los cadáveres de los
primeros hubieran frenado el coche y para los demás, hubiera sido
pan comido acabar con ellos.
	Morgan se sintió estúpido, pues al pasar por esa misma carretera
cuando vinieron pensó que podría resultar una trampa mortal. Ahora
ya era tarde para arrepentirse, y todo pintaba muy pero que muy mal.
Se giró y se cruzó con la mirada de Rafael que tenía una
expresión asustada en la cara, mientras una gota de sudor cruzaba su
sien. Sin mediar palabra Rafael apagó el motor del coche y los cuatro
salieron del vehículo, viendo como el resto de los que les
acompañaban también lo habían hecho. Se quedaron quietos y en
silencio durante un momento, mirando al horizonte. Ahí no había
nada. Todo estaba tranquilo y silencioso. Demasiado.
	Durante unos instantes llegaron a pensar que les habían despistado,
que se habían cansado de perseguirles y habían vuelto a la ciudad, a
dormir tranquilos sin que nadie más les molestase. Pero nada más
lejos de la realidad. No tardaron mucho en ver a los primeros
infectados asomar tras el tramo de montaña que les había invitado a
soñar. Eran pocos, pero venían acompañados. Pronto vieron a lo
lejos como se acercaban todos cuantos les habían perseguido desde
que salieran de la escuela, si no más.
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Por los que... - por lo que nunca se han enamorado tengan la edad que tengan, pero que
tampoco nadie se ha sentido enamorado de ellos, yo soy una de esas
perdonas...
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desmotiva que te digan esto: - tu para mi eres mi mejor amiga
¿yo para ti lo soy?
digamos que no tengo mejores amigos
:(
puntos 9 | votos: 9
Aunque el mar se la llevo - El aun oye su voz susurrándole frases de amor.

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A todo desmotivaciones - Propongo que este cartel se utilice para recordar a un ser querido
(animal o persona) que ya no esté entre nosotros, animaos y dejad un
recuerdo para las personas o animalos que llevais en vuestro corazón
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Magic the gathering - el juego mas facil para hacer trampa.
puntos 17 | votos: 25
La cola - casi siempre tiene mejores carteles que la principal
puntos 3 | votos: 5
nunca, nunca, pero nunca... - esta muerto quien pelea.
puntos -12 | votos: 20
LO SÉ - se quien me vota negativo asi que o me votais positivo todos o os voto
yo negativo a todos los vuestros ¬.¬

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a mi  - también me duele nada mas pensar en que amo a alguien que no crea yo
mismo que la pueda conseguir
puntos 8 | votos: 8
de pequeños eramos nosotros - impulsivos.
Ahora somos como la sociedad quiere que seamos.
pues yo digo:
QUE TE JODAN
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Chuck Norris  - ha contado hasta infinito... dos veces!
puntos -2 | votos: 8
preparad vuestras casas - si esto llega a la principal
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sexo sin proteccion - pokemon + digimon

puntos 8 | votos: 8
chuletas - fomentando el compañerismo desde tiempos inmemoriales
puntos 2 | votos: 6
ostia epica en - 3,2,1...
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Ahora si... - ¡ Busca al Sr.Desmotivaciones y acaba con el !
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Almuerzo  - en 3,2,1...




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