En Desmotivaciones desde:
07.08.2011

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Todo queda mejor - con un pelo Pantene.
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- Mi cielo es tu cuerpo ... -   mi sueño tu sonrisa, mi droga tus besos, mi obsesión tus caricias,
mi camino tu felicidad y mi objetivo... tu amor.
puntos 8 | votos: 8
Cuando estás estudiando - y tu gata elige por ti
puntos 10 | votos: 10
no vuelvas  - a tocarme con esa mano
puntos 16 | votos: 16
Si la vida te da la espalda - dale una colleja y verás cómo se gira.

puntos 5 | votos: 5
No te odio, -  porque el odio es un sentimiento y yo no siento nada por ti.
puntos -7 | votos: 17
Que vote positivo - Aquel que piense que tuenti es el peor entretenimiento que un ser
humano podria crear para la adolescencia. Y que vote negativo, el que
piense lo contrario. ;)
puntos 4 | votos: 4
Si la vida te ofrece  - Una oportunidad, no la dejes escapar... A lo mejor al día siguiente no tiene solución
puntos 11 | votos: 19
Por todas las personas  - Que te llaman friki por leer manga cuando ellos no saben ni
 por donde abrir uno.
puntos 4 | votos: 6
Yo también - Yo también quiero una historia de amor como la de Baby y H

puntos 5 | votos: 7
que la gente te juzgue - hasta el punto en el que ya no sabes lo que eres  y no te aprecias a ti mism@
puntos 2 | votos: 12
Halloween - Malfoy no podía creer lo que veían sus ojos, cuando vio que Harry y
Ron todavía
estaban en Hogwarts al día siguiente, con aspecto cansado pero muy
alegres. En
realidad, por la mañana Harry y Ron pensaron que el encuentro con el
perro de tres
cabezas había sido una excelente aventura, y ya estaban preparados
para tener otra.
Mientras tanto, Harry le habló a Ron del paquete que había sido
llevado de Gringotts a
Hogwarts, y pasaron largo rato preguntándose qué podía ser aquello
para necesitar una
protección así.
—Es algo muy valioso, o muy peligroso —dijo Ron.
—O las dos cosas—opinó Harry
Pero como lo único que sabían con seguridad del misterioso objeto
era que tenía
unos cinco centímetros de largo, no tenían muchas posibilidades de
adivinarlo sin otras
pistas.
Ni Neville ni Hermione demostraron el menor interés en lo que había
debajo del
perro y la trampilla. Lo único que le importaba a Neville era no
volver a acercarse
nunca más al animal.
Hermione se negaba a hablar con Harry y Ron, pero como era una
sabihonda
mandona, los chicos lo consideraron como un premio. Lo que realmente
deseaban en
aquel momento era poder vengarse de Malfoy y, para su gran
satisfacción, la posibilidad
llegó una semana más tarde, por correo.
Mientras las lechuzas volaban por el Gran Comedor, como de costumbre,
la
atención de todos se fijó de inmediato en un paquete largo y
delgado, que llevaban seis
lechuzas blancas. Harry estaba tan interesado como los demás en ver
qué contenía, y se
sorprendió mucho cuando las lechuzas bajaron y dejaron el paquete
frente a él, tirando
al suelo su tocino. Se estaban alejando, cuando otra lechuza dejó
caer una carta sobre el
paquete.
Harry abrió el sobre para leer primero la carta y fue una suerte,
porque decía:
NO ABRAS EL PAQUETE EN LA MESA Contiene tu nueva Nimbus 2.000,
pero no quiero que todos sepan que te han comprado una escoba, porque
también querrán una. Oliver Wood te esperará esta noche en el campo
de
quidditch a las siete, para tu primera sesión de entrenamiento.
Profesora McGonagall
Harry tuvo dificultades para ocultar su alegría, mientras le
alcanzaba la nota a Ron.
—¡Una Nimbus 2.000! —gimió Ron con envidia—. Yo nunca he
tocado ninguna.
Salieron rápidamente del comedor para abrir el paquete en privado,
antes de la
primera clase, pero a mitad de camino se encontraron con Crabbe y
Goyle, que les
cerraban el camino. Malfoy le quitó el paquete a Harry y lo examinó.
—Es una escoba —dijo, devolviéndoselo bruscamente, con una mezcla
de celos y
rencor en su cara—. Esta vez lo has hecho, Potter. Los de primer
año no tienen permiso
para tener una.
Ron no pudo resistirse.
—No es ninguna escoba vieja —dijo—. Es una Nimbus 2.000. ¿Cuál
dijiste que
tenías en casa, Malfoy, una Comet 260? —Ron rió con aire
burlón—. Las Comet
parecen veloces, pero no tienen nada que hacer con las Nimbus.
—¿Qué sabes tú, Weasley, si no puedes comprar ni la mitad del
palo? —replicó
Malfoy—. Supongo que tú y tus hermanos tenéis que ir reuniendo la
escoba ramita a
ramita.
Antes de que Ron pudiera contestarle, el profesor Flitwick apareció
detrás de
Malfoy
—No os estaréis peleando, ¿verdad, chicos? —preguntó con voz
chillona.
—A Potter le han enviado una escoba, profesor —dijo rápidamente
Malfoy.
—Sí, sí, está muy bien —dijo el profesor Flitwick, mirando
radiante a Harry—. La
profesora McGonagall me habló de las circunstancias especiales,
Potter. ¿Y qué modelo
es?
—Una Nimbus 2.000, señor —dijo Harry, tratando de no reír ante
la cara de horror
de Malfoy—. Y realmente es gracias a Malfoy que la tengo.
Harry y Ron subieron por la escalera, conteniendo la risa ante la
evidente furia y
confusión de Malfoy.
—Bueno, es verdad —continuó Harry cuando llegaron al final de la
escalera de
mármol—. Si él no hubiera robado la Recordadora de Neville, yo no
estaría en el
equipo...
—¿Así que crees que es un premio por quebrantar las reglas? —Se
oyó una voz
irritada a sus espaldas. Hermione subía la escalera, mirando con aire
de desaprobación
el paquete de Harry
—Pensaba que no nos hablabas —dijo Harry.
—Sí, continúa así —dijo Ron—. Es mucho mejor para nosotros.
Hermione se alejó con la nariz hacia arriba.
Durante aquel día, Harry tuvo que esforzarse por atender a las
clases. Su mente
volvía al dormitorio, donde su escoba nueva estaba debajo de la cama,
o se iba al campo
de quidditch, donde aquella misma noche aprendería a jugar. Durante
la cena comió sin
darse cuenta de lo que tragaba, y luego se apresuró a subir con Ron,
para sacar; por fin,
a la Nimbus 2.000 de su paquete.
—Oh —suspiró Ron, cuando la escoba rodó sobre la colcha de la
cama de Harry.
Hasta Harry, que no sabía nada sobre las diferencias en las escobas,
pensó que
parecía maravillosa. Pulida y brillante, con el mango de caoba,
tenía una larga cola de
ramitas rectas y, escrito en letras doradas: «Nimbus 2.000».
Cerca de las siete, Harry salió del castillo y se encaminó hacia el
campo de
quidditch. Nunca había estado en aquel estadio deportivo. Había
cientos de asientos
elevados en tribunas alrededor del terreno de juego, para que los
espectadores
estuvieran a suficiente altura para ver lo que ocurría. En cada
extremo del campo había
tres postes dorados con aros en la punta. Le recordaron los palitos de
plástico con los
que los niños muggles hacían burbujas, sólo que éstos eran de
quince metros de alto.
Demasiado deseoso de volver a volar antes de que llegara Wood, Harry
montó en
su escoba y dio una patada en el suelo. Qué sensación. Subió hasta
los postes dorados y
luego bajó con rapidez al terreno de juego. La Nimbus 2.000 iba donde
él quería con
sólo tocarla.
—¡Eh, Potter, baja!
Había llegado Oliver Wood. Llevaba una caja grande de madera debajo
del brazo.
Harry aterrizó cerca de él.
—Muy bonito —dijo Wood, con los ojos brillantes—. Ya veo lo que
quería decir
McGonagall, realmente tienes un talento natural. Voy a enseñarte las
reglas esta noche y
luego te unirás al equipo, para el entrenamiento, tres veces por
semana.
Abrió la caja. Dentro había cuatro pelotas de distinto tamaño.
—Bueno —dijo Wood—. El quidditch es fácil de entender; aunque
no tan fácil de
jugar. Hay siete jugadores en cada equipo. Tres se llaman cazadores.
—Tres cazadores —repitió Harry, mientras Wood sacaba una pelota
rojo brillante,
del tamaño de un balón de fútbol.
—Esta pelota se llama quaffle —dijo Wood—. Los cazadores se
tiran la quaffle y
tratan de pasarla por uno de los aros de gol. Obtienen diez puntos
cada vez que la
quaffle pasa por un aro. ¿Me sigues?
—Los cazadores tiran la quaffle y la pasan por los aros de gol
—recitó Harry—.
Entonces es una especie de baloncesto, pero con escobas y seis
canastas.
—¿Qué es el baloncesto? —preguntó Wood.
—Olvídalo —respondió rápidamente Harry
—Hay otro jugador en cada lado, que se llama guardián. Yo soy
guardián de
Gryffindor. Tengo que volar alrededor de nuestros aros y detener los
lanzamientos del
otro equipo.
—Tres cazadores y un guardián —dijo Harry, decidido a recordarlo
todo—. Y
juegan con la quaffle. Perfecto, ya lo tengo. ¿Y para qué son ésas?
—Señaló las tres
pelotas restantes.
—Ahora te lo enseñaré —dijo Wood—. Toma esto.
Dio a Harry un pequeño palo, parecido a un bate de béisbol.
—Voy a enseñarte para qué son—dijo Wood—. Esas dos son las
bludgers.
Enseñó a Harry dos pelotas idénticas, pero negras y un poco más
pequeñas que la
roja quaffle. Harry notó que parecían querer escapar de las tiras
que las sujetaban dentro
de la caja.
—Quédate atrás —previno Wood a Harry. Se inclinó y soltó una
de las bludgers.
De inmediato, la pelota negra se elevó en el aire y se lanzó contra
la cara de Harry.
Harry la rechazó con el bate, para impedir que le rompiera la nariz,
y la mandó volando
por el aire. Pasó zumbando alrededor de ellos y luego se tiró contra
Wood, que se las
arregló para sujetarla contra el suelo.
—¿Ves? —dijo Wood jadeando, metiendo la pelota en la caja a la
fuerza y
asegurándola con las tiras—. Las bludgers andan por ahí, tratando
de derribar a los
jugadores de las escobas. Por eso hay dos golpeadores en cada equipo
(los gemelos
Weasley son los nuestros). Su trabajo es proteger a su equipo de las
bludgers y
desviarlas hacia el equipo contrario. ¿Lo has entendido?
—Tres cazadores tratan de hacer puntos con la quaffle, el guardián
vigila los aros y
los golpeadores mantienen alejadas las bludgers de su equipo
—resumió Harry.
—Muy bien —dijo Wood.
—Hum... ¿han matado las bludgers alguna vez a alguien? —preguntó
Harry,
deseando que no se le notara la preocupación.
—Nunca en Hogwarts. Hemos tenido algunas mandíbulas rotas, pero
nada peor
hasta ahora. Bueno, el último miembro del equipo es el buscador. Ese
eres tú. Y no
tienes que preocuparte por la quaffle o las bludgers...
—Amenos que me rompan la cabeza.
—Tranquilo, los Weasley son los oponentes perfectos para las
bludgers. Quiero
decir que ellos son como una pareja de bludgers humanos.
Wood buscó en la caja y sacó la última pelota. Comparada con las
otras, era
pequeña, del tamaño de una nuez grande. Era de un dorado brillante y
con pequeñas alas
plateadas.
—Esta dorada —continuó Wood— es la snitch. Es la pelota más
importante de
todas. Cuesta mucho de atrapar por lo rápida y difícil de ver que
es. El trabajo del
buscador es atraparla. Tendrás que ir y venir entre cazadores,
golpeadores, la quaffle y
las bludgers, antes de que la coja el otro buscador, porque cada vez
que un buscador la
atrapa, su equipo gana ciento cincuenta puntos extra, así que
prácticamente acaba siendo
el ganador. Por eso molestan tanto a los buscadores. Un partido de
quidditch sólo
termina cuando se atrapa la snitch, así que puede durar muchísimo.
Creo que el record
fue tres meses. Tenían que traer sustitutos para que los jugadores
pudieran dormir...
Bueno, eso es todo. ¿Alguna pregunta?
Harry negó con la cabeza. Entendía muy bien lo que tenía que hacer;
el problema
era conseguirlo.
—Todavía no vamos a practicar con la snitch —dijo Wood,
guardándola con
cuidado en la caja—. Está demasiado oscuro y podríamos perderla.
Vamos a probar con
unas pocas de éstas.
Sacó una bolsa con pelotas de golf de su bolsillo y, unos pocos
minutos más tarde,
Wood y Harry estaban en el aire. Wood tiraba las pelotas de golf lo
más fuertemente
que podía en todas las direcciones, para que Harry las atrapara.
Éste no perdió ni una y
Wood estaba muy satisfecho. Después de media hora se hizo de noche y
no pudieron
continuar.
—La copa de quidditch llevará nuestro nombre este año —dijo Wood
lleno de
alegría mientras regresaban al castillo—. No me sorprendería que
resultaras ser mejor
jugador que Charles Weasley. Él podría jugar en el equipo de
Inglaterra si no se hubiera
ido a cazar dragones.
Tal vez fue porque estaba ocupado tres noches a la semana con las
prácticas de
quidditch, además de todo el trabajo del colegio, la razón por la
que Harry se sorprendió
al comprobar que ya llevaba dos meses en Hogwarts. El castillo era
mucho más su casa
de lo que nunca había sido Privet Drive. Sus clases, también, eran
cada vez más
interesantes, una vez aprendidos los principios básicos.
En la mañana de Halloween se despertaron con el delicioso aroma de
calabaza
asada flotando por todos los pasillos. Pero lo mejor fue que el
profesor Flitwick anunció
en su clase de Encantamientos que pensaba que ya estaban listos para
empezar a hacer
volar objetos, algo que todos se morían por hacer; desde que vieron
cómo hacía volar el
sapo de Neville. El profesor Flitwick puso a la clase por parejas para
que practicaran. La
pareja de Harry era Seamus Finnigan (lo que fue un alivio, porque
Neville había tratado
de llamar su atención). Ron, sin embargo, tuvo que trabajar con
Hermione Granger. Era
difícil decir quién estaba más enfadado de los dos. La muchacha no
les hablaba desde el
día en que Harry recibió su escoba.
—Y ahora no os olvidéis de ese bonito movimiento de muñeca que
hemos estado
practicando —dijo con voz aguda el profesor; subido a sus libros,
como de
costumbre—. Agitar y golpear; recordad, agitar y golpear. Y
pronunciar las palabras
mágicas correctamente es muy importante también, no os olvidéis
nunca del mago
Baruffio, que dijo «ese» en lugar de «efe» y se encontró tirado
en el suelo con un búfalo
en el pecho.
Era muy difícil. Harry y Seamus agitaron y golpearon, pero la pluma
que debía
volar hasta el techo no se movía del pupitre. Seamus se puso tan
impaciente que la
pinchó con su varita y le prendió fuego, y Harry tuvo que apagarlo
con su sombrero.
Ron, en la mesa próxima, no estaba teniendo mucha más suerte.
—¡Wingardium leviosa! —gritó, agitando sus largos brazos como un
molino.
—Lo estás diciendo mal. —Harry oyó que Hermione lo reñía—.
Es Win-gar-dium
levi-o-sa, pronuncia gar más claro y más largo.
—Dilo, tú, entonces, si eres tan inteligente —dijo Ron con rabia.
Hermione se arremangó las mangas de su túnica, agitó la varita y
dijo las palabras
mágicas. La pluma se elevó del pupitre y llegó hasta más de un
metro por encima de sus
cabezas.
—¡Oh, bien hecho! —gritó el profesor Flitwick, aplaudiendo—.
¡Mirad, Hermione
Granger lo ha conseguido!
Al finalizar la clase, Ron estaba de muy mal humor.
—No es raro que nadie la aguante —dijo a Harry, cuando se abrían
paso en el
pasillo—. Es una pesadilla, te lo digo en serio.
Alguien chocó contra Harry. Era Hermione. Harry pudo ver su cara y le
sorprendió
ver que estaba llorando.
—Creo que te ha oído.
—¿Y qué? —dijo Ron, aunque parecía un poco incómodo—. Ya
debe de haberse
dado cuenta de que no tiene amigos.
Hermione no apareció en la clase siguiente y no la vieron en toda la
tarde. De
camino al Gran Comedor, para la fiesta de Halloween, Harry y Ron
oyeron que Parvati
Patil le decía a su amiga Lavender que Hermione estaba llorando en el
cuarto de baño
de las niñas y que deseaba que la dejaran sola. Ron pareció más
molesto aún, pero un
momento más tarde habían entrado en el Gran Comedor; donde las
decoraciones de
Halloween les hicieron olvidar a Hermione.
Mil murciélagos aleteaban desde las paredes y el techo, mientras que
otro millar
más pasaba entre las mesas, como nubes negras, haciendo temblar las
velas de las
calabazas. El festín apareció de pronto en los platos dorados, como
había ocurrido en el
banquete de principio de año.
Harry se estaba sirviendo una patata con su piel, cuando el profesor
Quirrell llegó
rápidamente al comedor; con el turbante torcido y cara de terror.
Todos lo contemplaron
mientras se acercaba al profesor Dumbledore, se apoyaba sobre la mesa
y jadeaba:
—Un trol... en las mazmorras... Pensé que debía saberlo.
Y se desplomó en el suelo.
Se produjo un tumulto. Para que se hiciera el silencio, el profesor
Dumbledore tuvo
que hacer salir varios fuegos artificiales de su varita.
—Prefectos —exclamó—, conducid a vuestros grupos a los
dormitorios, de
inmediato.
Percy estaba en su elemento.
—¡Seguidme! ¡Los de primer año, manteneos juntos! ¡No
necesitáis temer al trol si
seguís mis órdenes! Ahora, venid conmigo. Haced sitio, tienen que
pasar los de primer
año. ¡Perdón, soy un prefecto!
—¿Cómo ha podido entrar aquí un trol? —preguntó Harry,
mientras subían por la
escalera.
—No tengo ni idea, parece ser que son realmente estúpidos —dijo
Ron—. Tal vez
Peeves lo dejó entrar; como broma de Halloween.
Pasaron entre varios grupos de alumnos que corrían en distintas
direcciones.
Mientras se abrían camino entre un tumulto de confundidos
Hufflepuffs, Harry
súbitamente se aferró al brazo de Ron.
—¡Acabo de acordarme... Hermione!
—¿Qué pasa con ella?
—No sabe nada del trol.
Ron se mordió el labio.
—Oh, bueno —dijo enfadado—. Pero que Percy no nos vea.
Se agacharon y se mezclaron con los Hufflepuffs que iban hacia el otro
lado, se
deslizaron por un pasillo desierto y corrieron hacia el cuarto de
baño de las niñas.
Acababan de doblar una esquina cuando oyeron pasos rápidos a sus
espaldas.
—¡Percy! —susurró Ron, empujando a Harry detrás de un gran
buitre de piedra.
Sin embargo, al mirar; no vieron a Percy, sino a Snape. Cruzó el
pasillo y
desapareció de la vista.
—¿Qué es lo que está haciendo? —murmuró Harry—. ¿Por qué
no está en las
mazmorras, con el resto de los profesores?
—No tengo la menor idea.
Lo más silenciosamente posible, se arrastraron por el otro pasillo,
detrás de los
pasos apagados del profesor.
—Se dirige al tercer piso —dijo Harry, pero Ron levantó la mano.
—¿No sientes un olor raro?
Harry olfateó y un aroma especial llegó a su nariz, una mezcla de
calcetines sucios
y baño público que nadie limpia.
Y lo oyeron, un gruñido y las pisadas inseguras de unos pies
gigantescos. Ron
señaló al fondo del pasillo, a la izquierda. Algo enorme se movía
hacia ellos. Se
ocultaron en las sombras y lo vieron surgir a la luz de la luna.
Era una visión horrible. Más de tres metros y medio de alto y tenía
la piel de color
gris piedra, un descomunal cuerpo deforme y una pequeña cabeza
pelada. Tenía piernas
cortas, gruesas como troncos de árbol, y pies achatados y deformes.
El olor que
despedía era increíble. Llevaba un gran bastón de madera que
arrastraba por el suelo,
porque sus brazos eran muy largos.
El monstruo se detuvo en una puerta y miró hacia el interior. Agitó
sus largas
orejas, tomando decisiones con su minúsculo cerebro, y luego entró
lentamente en la
habitación.
—La llave está en la cerradura —susurró Harry—. Podemos
encerrarlo allí.
—Buena idea —respondió Ron con voz agitada.
Se acercaron hacia la puerta abierta con la boca seca, rezando para
que el trol no
decidiera salir. De un gran salto, Harry pudo empujar la puerta y
echarle la llave.
—¡Sí!
Animados con la victoria, comenzaron a correr por el pasillo para
volver, pero al
llegar a la esquina oyeron algo que hizo que sus corazones se
detuvieran: un grito agudo
y aterrorizado, que procedía del lugar que acababan de cerrar con
llave.
—Oh, no —dijo Ron, tan pálido como el Barón Sanguinario.
—¡Es el cuarto de baño de las chicas! —bufó Harry.
—¡Hermione! —dijeron al unísono.
Era lo último que querían hacer; pero ¿qué opción les quedaba?
Volvieron a toda
velocidad hasta la puerta y dieron la vuelta a la llave, resoplando de
miedo. Harry
empujó la puerta y entraron corriendo.
Hermione Granger estaba agazapada contra la pared opuesta, con aspecto
de estar a
punto de desmayarse. El personaje deforme avanzaba hacia ella,
chocando contra los
lavamanos.
—¡Distráelo! —gritó Harry desesperado y tirando de un grifo, lo
arrojó con toda su
fuerza contra la pared.
El trol se detuvo a pocos pasos de Hermione. Se balanceó, parpadeando
con aire
estúpido, para ver quién había hecho aquel ruido. Sus ojitos
malignos detectaron a
Harry Vaciló y luego se abalanzó sobre él, levantando su bastón.
—¡Eh, cerebro de guisante! —gritó Ron desde el otro extremo,
tirándole una
cañería de metal. El ser deforme no pareció notar que la cañería
lo golpeaba en la
espalda, pero sí oyó el aullido y se detuvo otra vez, volviendo su
horrible hocico hacia
Ron y dando tiempo a Harry para correr.
—¡Vamos, corre, corre! —Harry gritó a Hermione, tratando de
empujarla hacia la
puerta, pero la niña no se podía mover. Seguía agazapada contra la
pared, con la boca
abierta de miedo.
Los gritos y los golpes parecían haber enloquecido al trol. Se
volvió y se enfrentó
con Ron, que estaba más cerca y no tenía manera de escapar.
Entonces Harry hizo algo muy valiente y muy estúpido: corrió, dando
un gran salto
y se colgó, por detrás, del cuello de aquel monstruo. La atroz
criatura no se daba cuenta
de que Harry colgaba de su espalda, pero hasta un ser así podía
sentirlo si uno le clavaba
un palito de madera en la nariz, pues la varita de Harry todavía
estaba en su mano
cuando saltó y se había introducido directamente en uno de los
orificios nasales del trol.
Chillando de dolor; el trol se agitó y sacudió su bastón, con Harry
colgado de su
cuello y luchando por su vida. En cualquier momento el monstruo lo
destrozaría, o le
daría un golpe terrible con el bastón.
Hermione estaba tirada en el suelo, aterrorizada. Ron empuñó su
propia varita, sin
saber qué iba a hacer; y se oyó gritar el primer hechizo que se le
ocurrió:
—¡Wingardium leviosa!
El bastón salió volando de las manos del trol, se elevó, muy
arriba, y luego dio la
vuelta y se dejó caer con fuerza sobre la cabeza de su dueño. El
trol se balanceó y cayó
boca abajo con un ruido que hizo temblar la habitación.
Harry se puso de pie. Le faltaba el aire. Ron estaba allí, con la
varita todavía
levantada, contemplando su obra.
Hermione fue la que habló primero.
—¿Está... muerto?
—No lo creo —dijo Harry—. Supongo que está desmayado.
Se inclinó y retiró su varita de la nariz del trol. Estaba cubierta
por una gelatina
gris.
—Puaj... qué asco.
La limpió en la piel del trol.
Un súbito portazo y fuertes pisadas hicieron que los tres se
sobresaltaran. No se
habían dado cuenta de todo el ruido que habían hecho, pero, por
supuesto, abajo debían
haber oído los golpes y los gruñidos del trol. Un momento después,
la profesora
McGonagall entraba apresuradamente en la habitación, seguida por
Snape y Quirrell,
que cerraban la marcha. Quirrell dirigió una mirada al monstruo, se
le escapó un gemido
y se dejó caer en un inodoro, apretándose el pecho.
Snape se inclinó sobre el trol. La profesora McGonagall miraba a Ron
y Harry
Nunca la habían visto tan enfadada. Tenía los labios blancos. Las
esperanzas de ganar
cincuenta puntos para Gryffindor se desvanecieron rápidamente de la
mente de Harry.
—¿En qué estabais pensando, por todos los cielos? —dijo la
profesora
McGonagall, con una furia helada. Harry miró a Ron, todavía con la
varita levantada—.
Tenéis suerte de que no os haya matado. ¿Por qué no estabais en los
dormitorios?
Snape dirigió a Harry una mirada aguda e inquisidora. Harry clavó la
vista en el
suelo. Deseó que Ron pudiera esconder la varita.
Entonces, una vocecita surgió de las sombras.
—Por favor; profesora McGonagall... Me estaban buscando a mí.
—¡Hermione Granger!
Hermione finalmente se había puesto de pie.
—Yo vine a buscar al trol porque yo... yo pensé que podía
vencerlo, porque, ya
sabe, había leído mucho sobre el tema.
Ron dejó caer su varita. ¿Hermione Granger diciendo una mentira a su
profesora?
—Si ellos no me hubieran encontrado, yo ahora estaría muerta. Harry
le clavó su
varita en la nariz y Ron lo hizo golpearse con su propio bastón. No
tuvieron tiempo de ir
a buscar ayuda. Estaba a punto de matarme cuando ellos llegaron.
Harry y Ron trataron de no poner cara de asombro.
—Bueno... en ese caso —dijo la profesora McGonagall, contemplando
a los tres
niños—... Hermione Granger; eres una tonta. ¿Cómo creías que
ibas a derrotar a un trol
gigante tú sola?
Hermione bajó la cabeza. Harry estaba mudo. Hermione era la última
persona que
haría algo contra las reglas, y allí estaba, fingiendo una
infracción para librarlos a ellos
del problema. Era como si Snape empezara a repartir golosinas.
—Hermione Granger, por esto Gryffindor perderá cinco puntos —dijo
la profesora
McGonagall—. Estoy muy desilusionada por tu conducta. Si no te ha
hecho daño, mejor
que vuelvas a la torre Gryffindor. Los alumnos están terminando la
fiesta en sus casas.
Hermione se marchó.
La profesora McGonagall se volvió hacia Harry y Ron.
—Bueno, sigo pensando que tuvisteis suerte, pero no muchos de primer
año
podrían derrumbar a esta montaña. Habéis ganado cinco puntos cada
uno para
Gryffindor. El profesor Dumbledore será informado de esto. Podéis
iros.
Salieron rápidamente y no hablaron hasta subir dos pisos. Era un
alivio estar fuera
del alcance del olor del trol, además del resto.
—Tendríamos que haber obtenido más de diez puntos —se quejó
Ron.
—Cinco, querrás decir; una vez que se descuenten los de Hermione.
—Se portó muy bien al sacarnos de este lío —admitió Ron—.
Claro que nosotros
la salvamos.
—No habría necesitado que la salváramos si no hubiéramos
encerrado esa cosa con
ella —le recordó Harry.
Habían llegado al retrato de la Dama Gorda.
—Hocico de cerdo —dijeron, y entraron.
La sala común estaba llena de gente y ruidos. Todos comían lo que
les habían
subido. Hermione, sin embargo, estaba sola, cerca de la puerta,
esperándolos. Se
produjo una pausa muy incómoda. Luego, sin mirarse, todos dieron:
«Gracias» y
corrieron a buscar platos para comer.
Pero desde aquel momento Hermione Granger se convirtió en su amiga.
Hay
algunas cosas que no se pueden compartir sin terminar unidos, y
derrumbar un trol de
tres metros y medio es una de esas cosas.
puntos 36 | votos: 36
Ten cuidado con a quien - le das tu confianza.
Puede ser un fantasma del pasado
que a vuelto a cobrar venganza.
puntos 13 | votos: 13
Air wick - Dándonos sustos cuando estamos solos en casa desde tiempos inmemoriales
puntos 24 | votos: 24
Viajar al año 3000 - y reirse de los que tengan que estudiar historia.

puntos 21 | votos: 21
Tocar guitarra sin guitarra - Todos, Repito, TODOS lo hemos hecho
puntos 20 | votos: 20
Te Secuestrare - Y no pedire rescate ♥
puntos 14 | votos: 16
Todos quieren felicidad - sin nada de sufrimiento,
 pero no se puede tener un arco iris sin un poquito de lluvia.
puntos 10 | votos: 12
madres que se creen medicas - +hijo , tu no te preocupes , sana sana culito de rana si no sana hoy
sanara mañana  -mama que me han espirpao un huevo ¡¡¡ no va a
sanar mañana
puntos 12 | votos: 12
Seamos realistas, - nada es para siempre, pero mientras dure disfrutemos cada momento,
cada instante...   =)

puntos 16 | votos: 16
Desmotiva esforzarte mucho - en algo y que a nadie le importe
puntos 788 | votos: 872
Me gusta pasear bajo la lluvia - porque así nadie nota cuando lloro
puntos 997 | votos: 1073
-Oh, sí, Alejandro... - -Em... no me llamo Alejandro
-¿Fernando?
-No...
-¡Eso, Roberto!
puntos 50 | votos: 50
Nada peor que la impotencia, - no poder hacer algo por más que lo desees.
puntos 12 | votos: 12
Imágenes que - destruyen tu infancia

puntos 10 | votos: 10
por esas personas - por esas personas que creiamos que no podiamos vivir sin ellas y sin
embargo no pudimos evitar su perdida
puntos 8 | votos: 8
Piensa, -  que sentido tiene la vida, si no estás aquí.
 Te aseguro que podías resumirmelo en una palabra.
 Te doy una pista  Empieza por na, y acaba por da.
puntos 16 | votos: 16
Semáforos - Que se creen árboles
puntos 9 | votos: 9
Por esas palabras - sin sentido,que se inventan con los colegas , :) y son la ostia xD
P.D:aunque sedan una tontería siempre acaban por decirlas algunas personas :P
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Coca-cola o pepsi - 
La lucha mas larga de la historia por tu paladar.

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Crees conocerme - pero solo sabes lo que yo quiero que sepas




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