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18.08.2012

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GeekVeterano Nivel 3

puntos 9 | votos: 9
Mundo gris de falsa dicha - El eco de un grito de angustia muere en el aire. El dolor del mártir
fantasma se ve etéreo, distante a los ojos del ignorante. 
Las olas que arrastran consigo la sangre de la herida sangrante pasan
desapercibidas en la soledad de la eterna noche.
La falsa explosión de colores que inunda la vana dicha del iluso
oculta el mundo gris de la realidad.
Pero el espectro carga con una cruz tan real como su horrible pasado.
puntos 7 | votos: 7
Me arrojas - a la silenciosa oscuridad de mi soledad, al intenso castigo contra el
que tanto luché.  Traté de aferrar un cielo que nunca tendré, quise
llenar mi desdichado corazón con la esencia de la inexistente
felicidad en la que este iluso llegó a creer. Pero el tiempo borra
todas las esperanzas que soy capaz de crear, y ahora me dejas a merced
de mis demonios internos, de los susurrantes miedos, de un futuro que
se cierne negro como los despojos de esta triste alma.
puntos 10 | votos: 10
Gran ciudad llamada Heciraposí - Como cada día, siguiendo la rutina,
salen cuando el Sol está en lo alto a pastar por las aceras.
De vez en cuando alguna brisa repentina
se cuela entre los adoquines saltarines.
El viento en la cara. Cálido aroma a tubo de escape.
Es el olor del “hogar dulce hogar”.

El cielo está adoquinado. ¿Quién lo desadoquinará?
El desadoquinador que lo desadoquine buen desadoquinador será.

Aquí los ladrillos caen del cielo, se amontonan solos y forman gigantes.
 Gigantes que se pelean por ser los más altos. 
Seguro que algún día alcanzarán el Sol.
Aquí la lluvia cae hacia arriba. 
Brota del suelo adoquinado y te moja los pies. 

No es agradable tener los pies mojados y fríos todo el día.
Igual de desagradable que la dismenorrea primaria
o un dolor de muelas. 
Muelas… muelas… muelas… muelas… muelas.
Siempre que repites mucho una palabra
al final acaba sonado rarísimo.
Casi tan raro como encontrar buenas personas.
Que amen la Tierra y a los delfines y no cacen liebres
y reciclen las latas de atún.

¿Te crees más afortunado que un atún enlatado?
Cajas y cajas de atún enlatado. Cajas y ladrillos. Y farolas y latas.

· · ·

Pequeños falsos soles.
Sois pura imitación.
¡Devolvednos el cielo nocturno!
Devolvednos la Luna y las estrellas.
Las que brillan de verdad.
puntos 17 | votos: 17
No son los besos - lo que echo de menos, aunque el roce de los labios siempre me ha
fascinado. Tampoco es el sexo; eso, hoy en día, solo cuesta dinero y
un poco de autoestima. No es un precio muy alto. Igual echo un poco de
menos la ilusión. Tal vez la putada de hacerse mayor sea olvidarse de
creer en las hadas.
puntos 14 | votos: 14
Que se mueran, - una a una, esas ambiciones de poder y gloria a las que llamáis
sueños. Que se mueran de pena, de asfixia, de hambre y del odio que
les profeso. Que se marchiten, poco a poco, que agonicen, que les
duela, que os duela, que os joda la vida por detrás. Y por delante. A
la vez. Como a todos. Enterradlos y lloradles, como todos antes que
vosotros.

Esforzaos, esforzaos por pasar a formar parte de ese grupo al que
llaman “los triunfadores”, aunque nadie sabe muy bien quiénes
son. ¿Qué es triunfar? No tenéis ni puta idea, pero os
estrellaréis contra los muros del sistema mil veces más antes de
desistir, lucharéis al menos una vez más por salir de este agujero
de mierda y mentiras en que vivimos, sin saber que por arriba está
tan cerrado como por abajo. Las mentiras están demasiado
entrelazadas. Hundíos, hundíos en la miseria, en la certeza de que
no hay escape posible. Y cuando estéis derrotados, culpad al destino
o a Dios, y en el fondo sabeos causantes de casi cada desdicha propia,
porque no es tan fácil desprenderse de la noción de la libertad y de
que los actos tienen sus consecuencias directas.

Y cuando estéis derrotados del todo, sin deseos ni voluntad, empezad
a rezar para tratar de recuperar un poco de la esperanza perdida.
Rezadle a Dios para que os ayude, porque tampoco hay nadie más en la
tierra que pueda. Envolveos en esas nuevas (viejas) mentiras, hundíos
más en el pozo del que hace tan poco tratabais de salir, y soñad
otra vez con un mundo de paz eterna, un edén perfecto, del cual (sin
que os fijéis) ya os han dicho que mantiene la estructura social que
tenemos aquí mismo, con una jerarquía establecida y que, además, es
eterna. Y conforme pasen los años, acrecentad esa creencia, sentíos
seguros en su seno, alimentaos de esa esperanza marchita mientras se
marchitan vuestros cuerpos.

Pagad y tendréis una lápida. Formad vuestro bosque de lápidas, para
mayor gloria de Dios, y creed que formaréis parte de su séquito. Y
en cincuenta años, si tenéis suerte, moho, musgo y olvido. Si no,
que os jodan a vuestras lápidas, a vuestra vida eterna y a vosotros,
que forrarse siempre es más importante.

Si queréis ser útiles, donad vuestros órganos. Los que sirvan para
algo. No vuestros cerebros. Ni mi corazón. Los bulbos raquíticos de
mi corazón se pudren por exceso de humedad.

Que nadie escriba mi epitafio.

puntos 12 | votos: 12
Todas las noches - seguían la misma rutina. La baraja, las copas, el siete de copas y el
siete abierto (según le habían dicho hacía años) en el corazón, a
pesar de que no sangrara.

Baraja, la española, que hay que apoyar el producto de la tierra,
aunque, no nos engañemos, era la única que sabía usar. Las copas
variaban cada noche; el anís y el aguardiente eran las habituales, y
él siempre prefería la ginebra. El siete de copas le gustaba, porque
lo combinaba todo: la baraja, las copas, y el otro siete. Aunque rara
vez acababa la noche sin haberse tomado siete copas de las de verdad.

El plan siempre era el mismo. Después de un día en la obra,
necesitaba a alguien con quien charlar y echarse unas risas. Y echarse
unos tragos. Y echarse unas partidas. Y apostarse algo. Y apostarse
algo. Y nunca apostarse nada. Porque él no había estudiado, pero
sabía que el dinero, solo, no vale nada. Y, total, en algo había que
gastarlo.

Se sentaban, pues, a jugar, siempre en la misma mesa en el rincón del
bar, siempre con una copa en la mano derecha, siempre en las mismas
posiciones, mientras a él, entre carta y carta, le hipnotizaban las
luces parpadeantes de la tragaperras. Y así pasaba la noche, y otra
noche, y otra noche, y otro verano, hablando de toros, de fútbol, de
tetas y de la parte de la economía que todos entendían, que era la
de que estaban jodidos y así iban a seguir, porque hay cosas que no
cambian nunca, hasta que se despedían y se iba, solo, por su lado.

Y llegaba a casa borracho, y le escribía cuatro versos de esos,
cutres, estúpidos, a sus labios. Y pensaba en lo que le explicó
aquella vez el cura, de lo que era la monogamia, que era querer solo a
una persona, y se preguntaba si es que él era monógamo, porque no
quería. Porque la quería. Y le hacía daño. Y pensaba en otro día,
en levantarse e ir al trabajo, en subir ladrillos para arriba, cargar
sacos para abajo, en mezclar cemento, levantar paredes, comerse su
bocadillo de chorizo subido en el andamio, en mirar pasar la vida,
oír los silbidos y piropos de sus compañeros a cada mujer que pasa
por abajo, en volver a quemarse la nuca y joderse la espalda currando,
en ir al bar por la noche, en beber hasta acabar borracho, en hablar
de tetas y fútbol, en apostar nada de vez en cuando, en volver a casa
solo y escribir cuatro versos, de esos, cutres y estúpidos, a sus
labios.

Y pensaba en su sonrisa. Y sonreía. Y se dormía soñando…
puntos 18 | votos: 18
Tan solo quiero dormir. - Dormir y no despertar.
Permanecer en mis sueños hasta mi  último aliento.
puntos 15 | votos: 15
Hace un año, - entre, por primera vez, como usuaria en desmo.
Gracias a esto, el año se me ha hecho más llevadero.
Me sentía sola y ya no... Gracias a la gente que he conocido aquí.
Miau.
puntos 4 | votos: 8
Desde el polvoriento trono - que se alza sobre las runas, el viejo monarca contempla el cadáver de
su reino. Castigado por los dioses a los que desafió, la arrogancia
del joven que fue so tornó sabiduría, nacida del más puro dolor y
arrepentimiento. Ahora, la eternidad es su condena, fría y pesada es
la cadena que lo ata. Vio a su gente morir, todo lo que fue suyo se
desvaneció, todo lo que amó se deshizo como ceniza en sus manos.
Ahora es el rey de la eterna soledad, el rey maldito. 
El rey de un reino muerto.
puntos 10 | votos: 10
Y como una exhalación - la esperanza se esfuma rompiendo toda tonta ilusión. Todo el color se
desvanece en un mundo creado por sueños dibujados en el polvo de una
retorcida realidad nacida  de la grotesca soledad . La luz se apaga,
condenándome otra vez a la oscura celda donde el silencio se tragará
mis gritos,  donde el frío helará mi alma y donde la  tristeza me
arrebatará la cordura.

puntos 6 | votos: 6
potatoe - potatoe potatoe potatoe potatoe potatoe
“tu rostro no eres tú”
potatoe potatoe
potatoe
puntos 6 | votos: 8
¡Pobres árboles trasnochadores! - Tú no eres tú, yo no soy yo. 
Y estos pobres árboles del parque ¿son ellos? 
Se les cae la hoja antes, 
mucho antes que a sus hermanos del monte, 
y se quedan en esqueleto, y estos esqueletos
 proyectan su recortada sombra sobre los empedrados
 al resplandor de los reverberos de luz eléctrica.
 ¡Un árbol iluminado por luz eléctrica!
 ¡Qué extraña, qué fantástica apariencia
 la de su copa en primavera cuando el arco voltaico ese 
le da aquella apariencia metálica! 
Y aquí que las brisas no los mecen… 
¡Pobres árboles que no pueden gozar 
de una de esas noches del campo, 
de esas noches sin luna, 
con su manto de estrellas palpitantes! 
Parece que al plantar a cada uno de estos árboles
 en este sitio les ha dicho el hombre: “Tú no eres tú”. 
Y para que no lo olviden 
les han dado esa iluminación nocturna por luz eléctrica… 
Para que no se duerman…
puntos 8 | votos: 8
En una vieja calle sin nombre, - llena de recuerdos que descansan en el olvido, deambula un hombre que
perdió el rostro en el camino. Un alma condenada a la perpetua
soledad por los errores que marcaron su carne. Las cicatrices de la
vida lo conviertieron en un monstruo consumido por el odio y ahogado
por la nostalgia. Tan solo un corazón que añora un hogar donde
descansar, un refugio para librarse de su dolor y penas. 
Para matar a lo que la vida ha hecho de él.
puntos 6 | votos: 6
He caminado - en silencio los yermos que se extendían a lo largo de mi alma, en un
intento de encontrar las duras verdades que en mi corazón albergaba.
Allí por donde pasaba solo veía desolación y desesperanza y tan
solo me podía preguntarme: ¿Alguna vez hubo vida en esos páramos o
fueron espejismos que me vi obligado a crear?
Pero ahora solo deseo pararme y contemplar lo que en su día me
mantuvo en pie, aquellos ojos que me dieron la oportunidad de seguir
caminando. Oír la voz que me guiaba por la oscuridad.
puntos 6 | votos: 6
Y parto - hacia la batalla en medio del fervor de mis tropas. Solo el Monstruo
Espagueti Volador y El Unicornio Rosa Invisible me guían en este
camino de muerte y castores que lleva a la gloria. Mis fieros patos y
gansos no temen a la muerte y el agudo chillido de  Turkey El Bramador
resuena en todo el valle desafiando a toda criatura libre de su yugo.

puntos 14 | votos: 14
Se llena el mar de necios - Se amontona el polvo en los años y aún nos creemos invencibles
(¿pero de qué color es el alma de un gorrión?). Pero es cierto que
han muerto más flores que humanos, y queremos mantener la función
sin cambios, así que si muere Sísifo condenaremos a un nuevo
Sísifo.
Se amontonan los años en el polvo, en una inconsciencia perfecta. De
ser consciente se habría vuelto loco. Aumentan los despropósitos
(¿pero de qué color es el alma de un poeta?), pero si gano dinero y
por ello me llaman bueno, seamos todos millonarios.
Se acumula, pues, la historia en el polvo, y ya no hay forma de
besarla sin ensuciarse.

****

Se habían ido. No volvían. Estaba solo. Me habían abandonado. No
querían volver. No habían vuelto. No iban a volver. Estaba solo.
Esperaría.

Se han ido. No vuelven. Estoy solo. Me han abandonado. No quieren
volver. No han vuelto. No van a volver. Estoy solo. Esperaré.

Se habrán ido. No volverán. Estaré solo. Me habrán abandonado. No
querrán volver. No habrán vuelto. No irán a volver. Estaré solo.
Habré esperado.

Me quedaré solo.

****

Los peces y los pecios nadan en mi memoria.
Nada Nadia con nadie, se esconden en las sombras,
se esconden entre corales, entre tantas estadísticas rotas;
estadísticas que decían que podía recuperar mi historia,
pero Nadia nada con nadie, y a mí se me acaban las horas.

****

Definamos grupo como un conjunto de varones tales que todos ellos son
amigos entre sí. Consideremos un grupo de n varones, numerados según
el índice k. Supongamos que cada varón tiene una pareja (femenina)
que indexaremos con la misma k del varón.
Durante un tiempo, la k-ésima mujer tiene relaciones sexuales con k-1
varones diferentes del grupo, además de su pareja, sin que esta lo
sepa, para todo k entre 1 y n. Después de un tiempo, todas las
relaciones se hacen públicas.
a) Calcule el tamaño del grupo más grande que puede quedar.
b) Concluya que el conjunto inicial, en vista de los hechos, no podía
ser un grupo.

****

Maldigo cada uno de los suspiros que se escapan de mis labios cuando
recuerdo esos ojos alegres, y ese lunar en tu rostro, y esa manera en
que el sol se derrite por tocar tus labios, y la noche, por abrazar tu
sombra. Y es que vigilo cada sonrisa, cada paso, cada repiquetear de
tus dedos contra la mesa, y te protegería del viento si amenazase con
estropear tu ausencia de prisas, y contra cientos de alientos que te
quieran llevar a la cama, y contra dagas y agujas que intenten dañar
tu hermosura. Y es que en tu presencia se ruborizan los ángeles y
lloran las hadas por envidia a tu andar de mariposa, y me transformo
en caballero, y cuando te pienso ya no escribo más que mierdas
empalagosas.
puntos 22 | votos: 24
~ - No quiero escribir más poesías falsas esta noche.

No me quiero estrujar el cerebro buscando formas bonitas de explicar
algo que no siento. No quiero escribirle a la belleza que lo domina
todo en este mundo, porque llega un momento en que me canso. No quiero
inventarme historias de caballerías protagonizadas por hombrecillos
de caballerosidad galante y virtud exquisita que nunca podrán
existir. No quiero contaros mi vida, ni ninguna de mis vidas
imaginarias. No quiero hacer más críticas vacías a las que no tengo
derecho, porque yo tampoco hago nada. No quiero pintar un futuro de
oro, ni el pasado de gris. No quiero escribir de hadas a las que no
sabréis apreciar. 
Solo quiero dormir. 
Y, tal vez, soñar.
puntos 24 | votos: 24
~ - “Voy a escribir el poema más triste del mundo”,
decía, y juraba que no usaría palabras.
Lo decía a la noche, cuando nadie escuchaba,
frente a un vaso de whisky y rodeado por el humo
de los puros y gritos de ánimo al Madrid.

“Voy a escribir el poema más gris del mundo”,
lloraba, y a ratos se le escapaban suspiros
cuando recordaba el día que cruzasteis caminos,
el día que entre libros y un bosque de susurros,
dando tumbos, conoció una flor de alhelí.

“Voy a escribir el suicidio más bello del mundo”,
y empezó a escribirse tu nombre en las venas,
tachando con él cada una de las penas.
Dijo que se había cansado de vivir de luto,
y que te lo contara cuando le viera morir.
puntos 19 | votos: 19
Hagamos un experimento. - Solo necesito un poco de tu tiempo, tu imaginación y que no tengas
prisa. Párate. Ve con calma.

Imagina que estás en el pico de un monte, en un día soleado, y que
te pones de cara al viento. Imagina que te despeina, que seca el sudor
del esfuerzo de llegar hasta allí. Imagina que el sol te ciega, pero
te calienta, y disfrutas del paisaje.

Imagina que pierdes un partido de fútbol ante la mirada reprobatoria
de tu padre, que se avergüenza de lo mal que juegas.

Imagina que te vuelves a enamorar por primera vez,
y que no tienes ni idea de qué es eso que sientes.

Imagina que tiras tu puto móvil al váter.

Imagínate en una cama de hospital, con la cabeza apoyada en las
manos.
Te acaban de diagnosticar cáncer terminal.

Imagina que tienes todos los motivos del mundo para sonreír.

Vuelves a ser un niño. Ves con alegría cómo tu padre sopla,
hinchando un globo rojo, y cómo tu madre le hace un nudo y, con un
hilo, te lo ata a la muñeca. Corres con tu globo rojo, de un lado
para otro, feliz.
Tu globo explota.

Estás por fin de vacaciones.

Estás teniendo sexo con alguien a quien no amas, buscando solo tu
propio placer. Sin condón, porque no importa. Te corres tres veces en
una noche.

Estás en mitad de un gran concierto,
mientras tu grupo preferido toca tu canción favorita.

Es tu primer día en un instituto nuevo, en el que no conoces a nadie.
Sientes inseguridad ante las posibilidades que se abren ante ti.

Estás en el andén, ya te has despedido de todos.
Subes al tren con la tristeza del que se va. Arranca.
Te despides de los que se quedan con la mano, 
sin saber cuándo les volverás a ver.

Imagina que cae una bomba en el edificio de enfrente.

Imagina que no hay nada.
Ves nada, oyes nada, sientes nada.
Todo es vacío, no existe.
Tú no eres.

Imagina que el hada más bella que puedas imaginar se acerca
y te besa en los labios.



Espero que lo hayas disfrutado.
puntos 5 | votos: 7
Agonía - ¿Mereces lo que tienes? ¿Tienes lo que mereces?
Cuán cambia el significado del contexto con el orden de las palabras
Desgarradora tortura en sinónimo de una respuesta ausente
Martillazos sobre un yunque que no hace más que destrozar el alma

Buscando sin encontrar, muerto en vida que deambula
Campo inerte sin fin bañado un oceano negro de dudas
Sol sin luz que a los días niega su presencia, noches frías sin el reinado de la Luna
El vapor de los pulmones ya no acuna aire alguno sino amargura

La paciencia desborda la cordura, en una espera sin final
Rezando plegarias a toda y ninguna divinidad
Futiles intentos en espera del desdichado jinete segador
Que con su guadaña desciende a hacer sus dominios con el terror

puntos 5 | votos: 5
Caigo en medio del camino - gritando desesperado tu nombre, esperando respuesta alguna. Pero lo
único que oigo son los susurros de mi locura, que me instan a que
abandone. Helado y abatido me dejo arrastrar por la oscuridad,
mientras mi alma se congela a medida que tu cálido recuerdo se apaga
,arrastrado al olvido por la dolorosa realidad.
puntos 3 | votos: 3
Observo - en soledad desde mi ventana. Recluido en mi demencia ,veo como cada
uno de esos ignorantes son felices en su ineptitud, están ciegos,
pasan de sus problemas y no quieren ver la mediocridad en la que
viven. Y yo, que he abierto los ojos, soy apartado, aislado y
apaleado. Pero eso se acabará, pronto tendré lo que es mio.
puntos 13 | votos: 13
Tinta - Cada corte en la piel,
cada alfiler clavándose en mi mente, 
cada sollozo ahogado y enterrado
me hace sangrar.
Mas, no hay lugar para la sangre en mis heridas
pues tinta negra es lo que fluye por mis venas.
Y cuando escribo,
vuelco mi corazón como un tintero.
Derramando así mis sentimientos.
Extendiéndolos sobre papel.
puntos 11 | votos: 11
Círculos perfectos - Cuanto más hables, 
más dolerá.
Cuanta más sangre tragues, 
más vomitarás.
Cuanto más fuerte grites,
más te ignorará.
Y cuando ya no puedas más, 
te dormirás.
puntos 9 | votos: 9
ø - Tristes vuelan los aviones que despegan de tus ojos.

Y lloran.

Y nublan tu mirada marchita.

puntos 5 | votos: 5
000604 - …helado de piña, yogur de piña, zumo de piña, 
tarta de piña, mermelada de piña, piña de piña, 
café de piña, filetes de piña, vinagre de piña, fideos de piña, 
espinacas de piña, cacahuetes de piña, salmón de piña, 
lechuga de piña, pimiento de piña, anchoas de piña, 
pavo de piña, jamón de piña, paté de piña, mantequilla de piña, 
pollo de piña, kiwi de piña, maíz de piña, hígado de piña, 
perejil de piña, guisantes de piña, madera de pino, patatas de piña, 
natillas de piña, garbanzos de piña, chorizo de piña, 
cebolla de piña, mayonesa de piña, mortadela de piña…
puntos 5 | votos: 5
Respeto. - Interesante palabra, me parece que con los años ha ido perdiendo su
significado, para mi se ha esfumado y ha dejado vergüenza a su paso,
vergüenza por ver como los mas pequeños faltan al respeto a sus
mayores ya que saben que estos poco harán. Esto me lleva a otro
punto, EDUCACIÓN, ¿acaso los padres de hoy en día no enseñan esto
a sus menores? Quizás de eso tenga la culpa la justicia, en los
jóvenes de hoy en día se han dado cuenta de que la justicia estará
con ellos si se sobrepasan y reciben consecuencias físicas las
cuales a pesar de estar justificadas y de ser una gran lección para
la vida se toman como algo ilegal e inmoral.

¿Es acaso un delito enseñar a alguien lo que nadie se atrevió a
enseñarle?
puntos 9 | votos: 9
miau -
puntos 12 | votos: 12
En un principio - creía que había que salir a buscarte, mi querida Felicidad. Y he
estado caminando demasiado hasta que me he dado cuenta de qué eras
realmente. Un simple fantasma al que creí conocer fugazmente una vez,
y que me veo obligado a buscar, solo porque mi alma ansía volver a
verte. Pero cada vez que trato de aferrarte tú te desvaneces entre
mis dedos, dejando una esencia vacía que el viento se lleva junto a
mis esperanzas.
puntos -3 | votos: 5
♥ Comer Oreo Con Tenedor ♥ - ♥ ES COSA DE SELENATORS ♥

puntos 4 | votos: 4
¿Me propones casarme - contigo y me darás nutella todos los días? Me casaria sin
Pensarlo dos veces
puntos 12 | votos: 14
Amistad - Ese auténtico y preciado tesoro que tan poco se suele valorar y con
tanta facilidad decimos tener.
Fácil de crear, complicado de mantener y difícil de demostrar.
puntos 39 | votos: 39
~ - Decía que no le gustaban los poetas. Que eran unos farsantes de
palabras bonitas, que siempre se transformaban tras puertas cerradas.
Que los cuentos en verso solo engañaban a los ingenuos. Que las
plumas estaban mejor en los gansos, la tinta en los pulpos y las
metáforas en el suelo. 

Decía que no le gustaban los dioses. Que si eran tan poderosos no se
deberían esconder entre los faldones de los hombres. Decía que no le
gustaban los hombres, que si eran tan inteligentes no deberían
esconderse tras los faldones de los dioses.

Decía que estaba cansada de enamorarse. Cansada de sietes en el
corazón, catorces en los febreros y veintiuna alhajas que tiraban de
ella hacia el suelo. Cansada de camas de alquiler vacías en cada
llanto. Decía que no le gustaban los hombres, que solo le daban malos
tragos y promesas menos consistentes que el humo de los bares. Decía
que nunca quiso enamorarse.

Decía que llevaba demasiadas noches rotas a la espalda, demasiadas
fotos y comidas atrasadas. Que odiaba las estrellas y la luna, porque
en ellas no había brisa que le agitase el pelo. Decía que era una
asesina, y una suicida, y que nunca sería madre. Que no tenía
suficiente viento en el vientre, ni en el corazón. Decía que llevaba
demasiadas malas pasadas.

Decía que pensaba cambiar las cosas. Que no iba a seguir así. Que
rompería las esquinas de las noches y se colaría por las grietas,
para ver lo que ocultaba ese telón negro. Que no lloraría lágrimas,
sino melodías de armónica. Que el alféizar de su ventana era un
hueco demasiado pequeño para anidar, y que las golondrinas, atrapadas
en sus nidos, parecían demasiado tristes. Que prefería alzar el
vuelo, estrellarse contra el cielo. Que prefería ser mariposa, y
morir entre flores vivas, que era mejor que vivir entre flores
muertas. Decía que brillaría como el sol.
puntos 11 | votos: 11
Eggs! Fried eggs! - Se giró y se vio, y se volvió y se volvió y ya no estaba. Estaba,
pero no era él. Era él, pero estaba muerto. Porque entre vuelta y
vuelta vio dos ojos verdes, ¿sabes?, verdes, como la hierba, como los
pinos, como el diablo, verdes, como la sangre que quedaba después del
atropello, como el verde. Y el resto de colores pasaron a ser
estúpidos. Pero ya no estaban. No estaban. Ni los demás colores, ni
los ojos, ni la sangre, ni el verde, ni él (que estaba, pero no era),
ni la vuelta entre vuelta y vuelta, entre verde y no volver a verte.
puntos 2 | votos: 2
Egoismo - Realmente todo sería mas fácil siendo egoísta, solo preocupándome
por mi mismo, sin que me importasen los problemas de los demás.
Escuchar las quejas de los demás sobre lo mal que les trata la vida y
pensar pues me la suda busca a alguien que le importe, que te griten
por salir victorioso donde muchos fallaron y que no te importe. Todo
sería mas simple, sin amigos que estén preocupados por su futuro y
que te comen la cabeza con frases como no tengo futuro con estas
notas, debería estudiar mas, ¿me podrías ayudar?  o viviré
sin rumbo, mi futuro es negro como el carbón. Como odio que cuando
me digan esas cosas me preocupe y me pase toda la tarde comiéndome la
cabeza, odio la empatía y odio sentir que debo ayudar a los demás.

puntos 7 | votos: 7
Mediocridad -
puntos 18 | votos: 20
Random, otra vez sales tarde - Sólo te quedan 7 minutos. 
Intentas parar el tiempo con tus superpoderes de fruta exótica
pero fracasas estrepitosamente. 
Y cuando llegas corriendo a la parada con los pulmones en la mano
 ves que el tren llega 240 segundos tarde... otra vez. 
Y maldices por lo bajo mientras vuelves a colocarte los pulmones en su sitio. 

¿Alguna vez te has tragado un puñado de chinchetas?
Yo tampoco… pero seguro que se siente lo mismo que al tragarse medio puñado.
puntos 7 | votos: 7
Dame tu harma, premoh -
puntos 6 | votos: 8
“Día treinta y 3” - Las personas son extrañas. Siempre han sido un misterio para mí. 
Por eso, a veces escucho sus conversaciones  a escondidas.
 Hoy, mientras estaba en la frutería les oí hablar otra vez… 
Por qué dicen que les gustan los melocotones si en realidad los odian?! 
Se les nota en la mirada que los apuñalarían si tuvieran ocasión.
 Y por qué hablan mal de las lechugas mientras éstas se echan la siesta? 
Luego hacen como si nada y les dan los buenos días...
Estúpidos y sensuales humanos...

                                                                                        Fdo: Piña :D
puntos 21 | votos: 21
Cae una lágrima. - Cae una lágrima. Cae una lágrima.

¿Por qué me siento tan vivo?

Cae una lágrima. Cae una lágrima.

Me ahogo en mis sollozos.
Caen lágrimas y sollozo. ¿Por qué estoy tan vivo?

Cae una lágrima. Cae otra. Cae. Cae. Cae; cae, cae, cae.
Llueven todas en torno a mis manos.

Sollozo, lágrima, sollozo. Me atraganto.

Yo tan vivo, y ella tan muerta.

Cae una lágrima, y veo al Sol y a la primavera reírse de mi suerte.

puntos 24 | votos: 24
Ser humano, - ser inútil que no vuela, ser inútil que ahora vive solo para
trabajar, inconsciente de la pérdida de sueños por complejos
deprimentes y obsesión por los billetes que tenemos que olvidar.
puntos 3 | votos: 3
DIE WITH A BEER - IN YOUR HAND, BITCH
puntos 7 | votos: 9
Never really here -
puntos 5 | votos: 5
El monte de las Animas - La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las
campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta
tradición que oí hace poco en Soria.
     Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la
imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de
la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto
lo hice.

     Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito
volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los
cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.

     Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.

I

     -Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se
reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se
acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las
Ánimas.

     -¡Tan pronto!

     -A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de
lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero
hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los
Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su
campana en la capilla del monte.

     -¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?

     -No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país,
porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos.
Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure
el camino te contaré esa historia.

     Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los
condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y
todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la
comitiva a bastante distancia.

     Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la
prometida historia:

     -Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los
Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los
Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a
los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la
ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus
nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como
solos la conquistaron.

     Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos
de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio
profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban
caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus
placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el
coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con
espuelas, como llamaban a sus enemigos.

     Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en
su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La
proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las
fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron
sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una
batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a
quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por
último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de
tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los
religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron
juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.

     Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye
doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los
muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una
cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos
braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos
silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas
de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le
llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él
antes que cierre la noche.

     La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos
jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por
aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después
de incorporárseles los dos jinetes, se perdió por entre las
estrechas y oscuras calles de Soria.

II

     Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta
chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía un
vivo resplandor iluminando algunos grupos de damas y caballeros que
alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento azotaba
los emplomados vidrios de las ojivas del salón.

     Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general:
Beatriz y Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago
pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la
hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz.

     Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.

     Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos,
cuentos tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban
el principal papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a
lo lejos con un tañido monótono y triste.

     -Hermosa prima -exclamó al fin Alonso rompiendo el largo
silencio en que se encontraban-; pronto vamos a separarnos tal vez
para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus costumbres toscas
y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales sé que no te
gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por algún galán de
tu lejano señorío.

     Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de
mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados
labios.

     -Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has
vivido -se apresuró a añadir el joven-. De un modo o de otro,
presiento que no tardaré en perderte... Al separarnos, quisiera que
llevases una memoria mía... ¿Te acuerdas cuando fuimos al templo a
dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que viniste a buscar
a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu
atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura
cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló
a la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar... ¿Lo quieres?

     -No sé en el tuyo -contestó la hermosa-, pero en mi país una
prenda recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia
debe aceptarse un presente de manos de un deudo... que aún puede ir a
Roma sin volver con las manos vacías.

     El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó
un momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:

     -Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo
ante todos; hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar
el mío?

     Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano
para tomar la joya, sin añadir una palabra.

     Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a
oír la cascada voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos
y el zumbido del aire que hacía crujir los vidrios de las ojivas, y
el triste monótono doblar de las campanas.

     Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a
anudarse de este modo:

     -Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así
como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad,
dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? -dijo él clavando una mirada en
la de su prima, que brilló como un relámpago, iluminada por un
pensamiento diabólico.

     -¿Por qué no? -exclamó ésta llevándose la mano al hombro
derecho como para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha
manga de terciopelo bordado de oro... Después, con una infantil
expresión de sentimiento, añadió:

     -¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y
que por no sé qué emblema de su color me dijiste que era la divisa
de tu alma?

     -Sí.

     -Pues... ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela
como un recuerdo.

     -¡Se ha perdido!, ¿y dónde? -preguntó Alonso incorporándose
de su asiento y con una indescriptible expresión de temor y
esperanza.

     -No sé.... en el monte acaso.

     -¡En el Monte de las Ánimas -murmuró palideciendo y dejándose
caer sobre el sitial-; en el Monte de las Ánimas!

     Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:

     -Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad,
en toda Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún
podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he
llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi
juventud, todo el ardor, hereditario en mi raza. La alfombra que pisan
tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco
sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con ellas de día y de
noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha
visto huir del peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por
esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta
noche... esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las
campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las
ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos
cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas... ¡las ánimas!,
cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente,
tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su
fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se
sepa adónde.

     Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó
en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un
tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba
y crujía la leña, arrojando chispas de mil colores:

     -¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte
por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y
cuajado el camino de lobos!

     Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial,
que Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido
como por un resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente,
como para arrancarse el miedo que estaba en su cabeza y no en su
corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose a la hermosa, que
estaba aún inclinada sobre el hogar entreteniéndose en revolver el
fuego:

     -Adiós Beatriz, adiós... Hasta pronto.

     -¡Alonso! ¡Alonso! -dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero
cuando quiso o aparentó querer detenerle, el joven había
desaparecido.

     A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba
al galope. La hermosa, con una radiante expresión de orgullo
satisfecho que coloreó sus mejillas, prestó atento oído a aquel
rumor que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por
último.

     Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas
aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas
de la ciudad doblaban a lo lejos.

III

     Había pasado una hora, dos, tres; la media noche estaba a punto
de sonar, y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no
volvía, cuando en menos de una hora pudiera haberlo hecho.

     -¡Habrá tenido miedo! -exclamó la joven cerrando su libro de
oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber intentado
inútilmente murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en
el día de difuntos a los que ya no existen.

     Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles
cortinas de seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto,
ligero, nervioso.

     Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre
sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas, tristísimas, y
entreabrió los ojos. Creía haber oído a par de ellas pronunciar su
nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El
viento gemía en los vidrios de la ventana.

     -Será el viento -dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón,
procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más
violencia. Las puertas de alerce del oratorio habían crujido sobre
sus goznes, con un chirrido agudo prolongado y estridente.

     Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas
que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con
un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador.
Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio
de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos
ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de
pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que
se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten,
estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que
no se ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.

     Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las
cortinillas y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba
la mano por la frente, tornaba a escuchar: nada, silencio.

     Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis
nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando
dilatándolas las fijaba en un punto, nada, oscuridad, las sombras
impenetrables.

     -¡Bah! -exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre
la almohada de raso azul del lecho-; ¿soy yo tan miedosa como esas
pobres gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al
oír una conseja de aparecidos?

     Y cerrando los ojos intentó dormir...; pero en vano había hecho
un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más
pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las
colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas
pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas
era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía
crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y
se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz
lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría,
escondió la cabeza y contuvo el aliento.

     El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente
lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de
los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la
ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblan tristemente por
las ánimas de los difuntos.

     Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche
aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta
de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz.
Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la
luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y
ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un
sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez
mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto
sangrienta y desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la
banda azul que fue a buscar Alonso.

     Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la
muerte del primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido
devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la
encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las
columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la
boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de
horror!

IV

     Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado
que pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las
Ánimas, y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera,
refirió cosas horribles. Entre otras, asegura que vio a los
esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria
enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la
oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de
corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y
desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando
gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.
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¿De verdad quieres saberlo? - He visto mares secarse en las mejillas de niños pequeños. He visto
fronteras entre países, entre clases, entre personas; he visto
guerras, he visto cada puto gobierno que ha pasado por el mundo. Veo
violaciones cada día, bolsillos llenos de hambre y justicia para los
ricos. Veo un puto mundo competitivo en el que solo importa tener más
que el vecino. He visto Hiroshima y Nagasaki, y todo lo que ha pasado
en Guantánamo. He visto Chernóbil y las razones del desastre, y vi
al Prestige hundirse y arrasar con toda una economía. Vi nazis, y
ahora veo neonazis y me pregunto de qué sirve estudiar historia. He
visto trenes volando por los aires después de una explosión y dos
grandes torres venirse abajo en medio de un atentado, y las pilas de
cadáveres que quedaron detrás. He visto evolucionar los métodos de
tortura, convirtiéndose cada vez en algo más cruel. He visto
política, joder. He visto política. Te he visto a ti ignorándolo
todo. He visto a hipócritas reírse de todo, y me he reído con
ellos. Joder, ¿qué coño quieres que te diga? He visto demasiados
hombres como para creer que vamos a cambiar.

He visto niños con las barrigas hinchadas de muerte, y madres
esqueléticas demasiado deshidratadas como para llorar. He visto, al
salir de mi casa, a una mujer que dormía en el portal mientras la
salpicaba la lluvia. He visto a la personificación del terror rezando
en voz alta a unos dioses que nunca contestaron mientras llovían
bombas del cielo. Y he visto a gente pidiendo en la calle, y a chicos
patearlos hasta dejarlos sin sentido. He visto la evolución de
vuestras putas ideas racistas, y sexistas, y homofóbicas, y cómo han
convertido a tanta gente en esclavos. Y he visto a soldados y
policías, perros, matar a palos a hombres y mujeres, sin cuestionarse
jamás su propia hombría. He oído las órdenes que llegan de arriba,
y sé que las cloacas esconden más mierda de lo que parece. He visto
al país que lleva por bandera la libertad subyugar a tiros a todo el
que se le opone, y esclavizar a sus propios súbditos mediante el
atontamiento de sus mentes. He visto eso a lo que llaman progreso y
sé que solo es la consumación del más vil capitalismo y de la más
cruenta corrupción. He visto las caras de las mujeres de los hombres
que no volvieron de la guerra. Os he visto encogeros al pasar al lado
de mendigos, sin mirarlos, como si prefirieseis que no estuviesen
ahí, porque a todos nos incomoda la verdad. He visto a un niño reír
mientras chutaba un balón en el que aún se podrían encontrar los
rastros de las lágrimas del niño que lo cosió, y he visto al que se
enriqueció por en medio comprarse un coche de lujo para presumir con
sus amigos y, tal vez, ligarse a la tía más banal, más llena de
Botox y con las tetas más grandes que pueda encontrar a la salida de
un bar de copas del centro de Los Ángeles.

He visto a David crecer mil veces para convertirse mil veces en
Goliat.

¿Y sabes lo que he hecho?


Nada.

puntos 3 | votos: 7
How can I not smell your lie? -
puntos 10 | votos: 10
Its a lesson to me - The Ables and the Bakers and the Seas
The ABCs we all must face
To try to keep a little grace

Its a lesson to me
The Deltas and the East and the Freeze
The ABCs we all think of
To try to win a little love

I know the rent is in arrears
The dog has not been fed in years
Its even worse than it appears
But its all right

Cow is giving kerosene
Kid cant read at seventeen
The words he knows are all obscene
But its all right
                                                                                  Grateful Dead
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La única bandera - que me pone en pie
son la bragas de una mujer.
El único himno que me hace estremecer
son dos birras y esperar a amanecer.
                                                                             Mägo De Oz
puntos 13 | votos: 13
Im breathing. - So I guess I’m still alive.
puntos 9 | votos: 9
22:01 - Y no me atreví a mirar el cielo cuando estaba en llamas...





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