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Nombres... - Creo que intentan decirnos algo.
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Al otro lado de la vida 1x64 - Bosque de Pardez
31 de agosto de 2008

La ambulancia no tardó mucho más en llegar, aunque ya poco podía
hacer para ayudar a nadie. Los trabajadores de la ambulancia
recogieron con sumo cuidado el cadáver desfigurado de Nerea y lo
metieron en una bolsa para cadáveres. Cerraron la cremallera mirando
a otro lado y enseguida escondieron la bolsa negra en el vehículo.
Después de un exhaustivo interrogatorio a los dos únicos
supervivientes de la masacre por parte de la agente Ponce y el agente
Delgado, los dejaron ir; ya habían pasado por suficientes
tribulaciones. Nicolás les contó todo lo que había pasado ese
fatídico día; lo que Sara y Nerea le habían contado sobre el
viejo, lo que había sucedido con Mario y Sara, y donde podría
encontrarles. Durante toda la explicación Yu se limitaba a asentir.
Ahora lo único que tenía en la cabeza era volver a casa y no volver
a pisar ese país de locos jamás.
Los llevaron al hospital Shalom y les hicieron varias pruebas, para
acabar considerando que estaban sanos y que podrían volver a casa.
Yu abandonó el hospital esa misma tarde, despidiéndose de Nicolás
muy fríamente. Se dirigió al aeropuerto y cogió el primer vuelo de
vuelta a Japón, donde llegó al día siguiente, con fuertes dolores
de cabeza. A los pocos días comenzó a enfermar, pues Nerea le
había infectado de lo mismo que ella había muerto. Pasaron cinco
días antes de que perdiese la vida en la misma cama en la que había
sido engendrado, para transformarse acto seguido en uno de ellos,
llevándose por delante tanto a sus padres como a sus tres hermanas
al despertar. Nicolás se quedó en el hospital esa tarde, pues el
mordisco que le había dado Sara se le había infectado y prefirieron
tenerle en observación algo más de tiempo para hacerle algunas
pruebas más, dada la naturaleza del incidente. Desde entonces no
hizo más que empeorar, hasta que su cuerpo no pudo lidiar más con
ese virus tan potente, y perdió la vida, para disgusto de los
trabajadores del turno de noche.
	Pero ese trágico día aún no había acabado. Los refuerzos que
había mandado venir el agente Delgado no tardaron en llegar, de
hecho se cruzaron con la ambulancia al alcanzar la cabaña. Dos
agentes por vehículo en un total de cuatro coches patrulla. Iban
armados y estaban preparados para cortar el problema de raíz, pese a
que no tenían ni idea de a qué se estaban enfrentando. Se separaron
después de escuchar las recomendaciones y las instrucciones de
quienes habían lidiado con Nerea, y peinaron la zona en busca de
hostilidad.
	No tardaron mucho en encontrar el cadáver de Mario, que aún tenía
la rama clavada en la cabeza. Seguía en el mismo sitio, en la misma
posición que recordaba Nicolás, solo que algo más empapado por la
lluvia que todavía caía con fuerza. Pero a su lado no había nadie,
no había rastro alguno de Sara, más que un poco de sangre a unos
metros del cadáver de su novio, prácticamente invisible después
del barrido de agua. Había huido después de morder a Nicolás, y
para cuando empezaron a peinar la zona, ella estaba ya muy lejos. Fue
la primera en llegar a las afueras de Sheol, un par de días después,
cuando ya se la daba por desaparecida. Consiguió infectar a una
docena de personas y matar a un par de niños pequeños antes de que
la policía nacional le abatiese a tiros en plena plaza pública.
	No fue hasta media tarde ese día, cuando la lluvia empezó a
amainar, que dieron con el verdadero culpable de todo lo que se
avecinaba. Estaba junto al río, agazapado entre unos matojos,
ayudándose de las manos para beber la cristalina agua que por ahí
fluía. Llevaba el mismo traje que había lucido en su funeral un par
de días antes, solo que ahora estaba empapado y algo sucio de barro y
de sangre, que se resistían a abandonarlo pese a la insistencia de la
lluvia de las últimas horas.
	El agente Lorente, Goyo para los amigos, llevaba ya largas horas
deambulando por el bosque sintiéndose cada vez más estúpido. Todos
habían oído con atención la historia de Paloma y Daniel, pero
ninguno de ellos le había dado mucho crédito; esas majaderías solo
pasaban en las películas de serie B, de modo que no podía tratarse
más que de un trágico malentendido. No obstante aún le quedaban un
par de horas para el relevo, y decidió tomarse un descanso en ese
paraje idílico. Nadie le podría echar nada en cara, pues el más
cercano de sus compañeros no debería andar a menos de un kilómetro
a la redonda. Sacó un cigarro del paquete de tabaco, aprovechando que
acababa de parar de llover, y se lo llevó a la boca para luego
encenderlo con su viejo mechero.
	No había saboreado ni la primera calada cuando el viejo, el
infectado original, le agarró de los hombros y lo tiró al suelo,
llenándolo de barro y haciéndole tragar medio cigarro. Gonzalo se
levantó como pudo. El viejo no paraba de tantearle y él luchaba por
zafarse, al tiempo que trataba de encontrar el arma en sus pantalones
manchados de lodo. Se llevó un buen mordisco en el bíceps del brazo
izquierdo antes de que la primera bala agujerease el caro traje negro
del señor cano. Gonzalo se giró a tiempo de ver a Paloma empuñando
su arma unos pasos por detrás. 
Se apartó para darle mejor ángulo de tiro y su compañera siguió
disparando al cuerpo del viejo, que aguantaba algo mal los embates
dada su avanzada edad. No le dieron tiempo a justificarse, aunque
tampoco lo hubiera hecho. Entre los dos le acribillaron a balazos,
haciéndole sangrar por doquier, hasta que uno de ellos le acertó en
la frente. El viejo cayó de espaldas al río en el que había saciado
su sed minutos antes, y tiñó de rojo el agua que por ahí corría,
para acabar encallado entre dos rocas y media docena de troncos y
ramas.
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Seguro que a ti también - se te queda esa cara al ver eso
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A mi k no me interroge este tio - Este tio esta loco incluso mas loco k laura
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Cher  - Y las cosas q se olvida en un aeropuerto

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The terminal - vamos a comer cantalones
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Esto es Publicidad Subliminal - y lo demás tontería



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