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¿Tenéis problemas? - ¡Pues escuchad nuestro lema!
Para proteger al mundo de la globalización
Para unir a todos los pueblos blancos en una sola nación
Para gasear a los enemigos del nazismo y de Dios
Para extender nuestro poder más allá del espacio exterior
Adolf
Hitler
El nazismo despega a la velocidad de la luz
Rendíos ahora o preparaos para luchar
jeauuwwwwww  ¡bien dicho!
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Que, que?! - que el barsa ganara el triplete¿?¿?¿?
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Por Eso - Yo No No Soy Una De Las Fans De Bieber
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Haz reír al contable. - Misión imposible 5.
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Al otro lado de la vida 1x148 - Carretera interurbana S-56
3 de octubre de 2008

Esa mañana parecía especialmente tranquila. En la parte trasera del
furgón los chicos veían pasar las nubes y alguna que otra farola
apagada por los pequeños ventanucos, mientras notaban en sus traseros
el traqueteo de las ruedas contra la calzada. Zoe y Christian
compartían asiento en el mismo banco, al igual que compartían el
más absoluto silencio. La niña detestaba tener que estar junto a ese
chico raquítico, y el chico detestaba tener que compartir el espacio
con la personificación de su mayor error. Había pasado un día desde
que la conociera, pero no podía sacarse de la cabeza la imagen de
Jéssica al ver a Zoe, por mucho que no se pareciesen en absoluto. Por
ello se mostraba hostil con ella, y no facilitaba en absoluto ningún
acercamiento. 
Desde la carretera, alejados de cualquier núcleo de población, las
cosas se veían desde otro ángulo. Bárbara pudo vislumbrar por un
momento cual sería la vida que tendría ocasión de vivir en el mundo
que le había tocado. Hasta entonces no había tenido ocasión ni
necesidad de planteárselo, pues estaba demasiado asustada y dolida
para ello, pero ahora, desde ese asiento, viendo pasar los campos de
cultivo y las ya inútiles señales de tráfico, vio una vida muy
diferente a la que tenía planeada antes de la catástrofe.
Radicalmente diferente, pues todo lo que tenía hasta el momento se lo
había llevado el viento. No obstante, todavía miraba al futuro con
optimismo, y era la compañía la que le ayudaba a seguir adelante. Se
miró de nuevo el brazo derecho; no fue capaz de encontrar lo que
buscaba.
	Morgan también tuvo ocasión de reflexionar. Jamás lo admitiría,
pero se encontraba bien con sus compañeros de viaje. Tal vez fuera
porque estaba demasiado acostumbrado a cuidar de gente y ahora que se
había quedado sin trabajo, la nueva situación le acercaba un poco a
lo que fuera su vida en tiempos. Estaba seguro que le sacarían de
quicio una y otra vez, y que tendría que estar pendiente de ellos
prácticamente todo el tiempo, pero al igual que Bárbara, la
compañía le hacía más fuerte. Había podido saborear lo que era la
soledad, y al compararla con lo que ahora tenía, se sintió
afortunado.
	Hacía ya un rato que habían abandonado el límite municipal de
Etzel, cuando se cruzaron con un coche que iba a toda velocidad.
Apenas tuvieron ocasión de ver que se trataba de un coche deportivo
carísimo, seguramente saqueado de un concesionario. Morgan calculó
que iría a unos 230 kilómetros por hora. Pasó junto a ellos visto y
no visto, al otro lado de la mediana, pero Morgan estaba seguro de que
les había visto. Al parecer eso no fue motivo suficiente para parar,
pues no frenó ni un ápice. Morgan sí aminoró un poco la marcha,
algo descolocado, ya que no se esperaba ver a nadie más en el camino.
Bárbara le miró, mostrando su idéntico desconcierto, y sin mediar
palabra, continuaron su camino.
	Vieron algún que otro coche abandonado en la cuneta, pero ninguna
señal de vida, de ningún tipo. Bárbara comenzó a mirar el
salpicadero, hasta que encontró lo que buscaba. Compartió con Morgan
su hallazgo y apretó el botón. Aparentemente no pasó nada, pero
cuando preguntó a los chicos si las luces estaban encendidas, ambos
respondieron con un sonoro si. Ante la nueva perspectiva, Zoe empezó
a leer uno de los libros que había cogido de la escuela. Christian,
por su parte, sacó una lata de refresco de la mochila de Bárbara y
se la fue bebiendo con tranquilidad. Todavía notaba los estragos que
le habían dejado el tiempo que permaneció en ayunas, y por bien que
empezaba a recuperarse, sentía la necesidad de beber y comer más de
lo habitual.
	Bárbara encendió la radio, y comenzó a girar el dial en busca de
algo. Cruzó la FM de un extremo a otro sin encontrar más que
estática. Idéntico resultado con la AM; ni una triste sintonía con
música clásica, que aunque detestaba, hubiera dejado puesta de buen
gusto. La apagó. Al levantar la vista del salpicadero, vio frente a
sí un enorme cartel que pendía atado por tres de sus cuatro esquinas
a una señal indicativa ahora ilegible. La cuarta esquina ondeaba al
viento, pero eso no impidió que leyese lo que decía: CAMPAMENTO DE
REFUGIADOS MIDBAR OESTE: 10 Km. Abajo, en letras algo más pequeñas,
ponía: El ministerio de defensa vela por su seguridad. Todo ello
aderezado con el escudo real. Bárbara y Morgan cruzaron las miradas
un momento.
BÁRBARA – ¿Crees que siga en pie?
MORGAN – No sé que decirte. No lo creo, la verdad. Nosotros éramos
un grupo muy grande y muy preparado, y acabamos… No lo sé,
Bárbara.
BÁRBARA – ¿Te parece que…?
MORGAN – Si, si claro. Estamos buscando un lugar seguro en el que
quedarnos, si ese es uno, no hay más que hablar.
BÁRBARA – Ojalá siga en pie y podamos acabar de una vez por todas
de huir.
MORGAN – Yo no me haría muchas ilusiones.
BÁRBARA – No, no me las hago, créeme. Yo ya no espero nada. Si
viene, bienvenido sea, pero no te preocupes que no me ilusionaré.
MORGAN – La ilusión es para los ilusos.
BÁRBARA – Me gustaría que todo esto acabase cuanto antes, pero por
Zoe. Y el chico. Son demasiado jóvenes para pasar por todo esto.
MORGAN – Nadie está preparado para esto, da igual la edad que
tengan.
BÁRBARA – Si pero… Como que sabe peor, si son jóvenes. Nosotros
hemos tenido una vida… mejor. Ellos apenas han tenido oportunidad de
saborear la suya.
MORGAN – No sé la tuya, pero mi vida tampoco era un cuento de
hadas.
BÁRBARA – Ni la mía, créeme, pero…
MORGAN – Si te entiendo, pero es lo que nos ha tocado. Nosotros por
lo menos estamos entre los buenos, ¿verdad?
	Morgan miró a Bárbara, la entonación lo decía todo.
BÁRBARA – No traté de engañarte, te lo juro.
MORGAN – Yo no he dicho eso.
BÁRBARA – Ya, pero…
MORGAN – Pero ahora estás bien, ¿verdad?
BÁRBARA – Si… Supongo que solo fue el susto.
MORGAN – Pues me alegro. No me gustaría tener que encargarme de la
niña.
	Bárbara miró al policía. Sabía que no sentía lo que decía, que
sólo lo hacía por mantener la imagen que se había forjado.
BÁRBARA – ¿Cuánto calculas que tardaremos en llegar?
MORGAN – Cinco o diez minutos, si no encontramos sorpresas en la
carretera.
BÁRBARA – Dios no lo quiera.
MORGAN – Si Dios no lo hubiera querido, no estaríamos donde
estamos.
	Morgan cambió de marcha. Bárbara miró por el retrovisor.
BÁRBARA – ¿Tú crees?
	Morgan la miró, pero ella no se giró.
MORGAN – Lo hacía, hasta hace un mes. Si Dios existiera realmente,
no permitiría tal cantidad de sufrimiento.
BÁRBARA – Quizá se vengara por todo el mal que habíamos hecho.
MORGAN – No, este no es su estilo. Y tú, ¿eres creyente?
BÁRBARA – No.
	De nuevo la cabina quedó en silencio, y siguió así hasta que
recorrieron los diez kilómetros que les separaban de la porción de
terreno donde se había asentado el campamento de refugiados que
anunciaba la señal que habían visto hacía tan poco. De nuevo se
miraron el uno al otro, y después de respirar hondo y cruzar los
dedos metafóricamente, se dirigieron hacia la entrada del campamento.

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COCA              COLA - definicion grafica
puntos 20 | votos: 20
Por esa energía inigualable - De un concierto en directo de tu grupo favorito
puntos 14 | votos: 14
Quién negó que un te quiero - es para siempre, tal vez no aprendió a soñar
puntos 21 | votos: 23
¿Por qué - a todo el mundo le importa la condición sexual de las personas?
Él es homosexual, sí, pero aun así, sigue siendo mi dios.
puntos 1 | votos: 15
anda - no seas perro y pulsa el boton verde que ay encima de mi nariz

puntos 9 | votos: 9
Carpe Diem. - No solo es una frase en latín.
Es una forma de vida.
puntos 4 | votos: 6
El verano. - En él te pueden pasar cosas maravillosas,  así que,
aprovéchalo, que tarde o temprano, se irá.



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