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21.11.2013

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La felicidad tiene un precio - y eres tú el que lo fija.
puntos 12 | votos: 16
Si hay algo peor que ordenar - tu habitación es tener que clasificar los pokémon guardados en el PC.
puntos 13 | votos: 13
Capítulo XXX: Lazos - Hoy unos bandidos nos atacaron. Habíamos tomado un desvió hacia el
bosque pues los humanos no nos querían entre ellos. Eran un grupo de
veinte hombres muy armados. Los salteadores de camino habían hecho
rapiña de los soldados caídos en la guerra. Muchos de ellos portaban
armaduras bolladas, hachas y espadas de filo desgastado. Se acercó a
nosotros lo que parecía su jefe. Era un hombre tosco, de gran
anchura. Estaba muy sucio y zarrapastroso así que su tez parecía
oscura. Sostenía un gran hacha. Hacía curiosos aspavientos con la
intención de adementarnos. Su voz era grave y apenas se le entendía
al hablar. 

Era imposible razonar con ellos. Le pedí a Darky que cerrara sus
ojos. Noqueé de un golpe a su jefe y entonces todos fueron a por mí.
Esquivé sus ataques. Eran demasiado toscos comparado con los enemigos
que había enfrentado. Tomé el arma de uno de ellos rompiéndole la
nuca y posteriormente el cuello. Decapité a tres seguidos con tan
solo con desenvainar el arma. 
Se acercaron dos por detrás. Incrusté la espada en la cabeza de uno
de ellos mientras perforaba con las manos desnudas la armadura del
otro. Un grupo de seis me redujo mientras los demás se abalanzaban
sobre Darky. Usando la magia, aspiré el aire que había en sus
pulmones haciendo que estallarán por dentro. Corrí rápidamente a
donde estaba Darky. Sin pensarlo, volé la cabeza de cada uno de
ellos. Una lluvia de sangre nos mojó a Darky y a mí. Ello titubeó
un poco pero abrió sus ojos. No se vio inmutada pese a estar cubierta
completamente de sangre. Es más, sus ojos solo parecían 
fijarse en los míos. 

-Es cierto-le dije- Cuando nos conocimos llovía de esta misma manera-


Telyg bajó de su cama. Estuvo leyendo un buen rato uno de los diarios
de Master. Había llegado a la conclusión de que Master había sido
el guardián de Darky tiempo atrás y de que ambos no eran humanos.
Los hechos que relataba en sus historias se remontaban a la Guerra del
Consejo ocurrida hace siete siglos. Telyg suspiraba. Había muchas
partes que no comprendía. La relación de Darky con Master, y la
extraña aparición de Magica. Nada encajaba. Y luego estaba los que
les contó Jess durante la noche de Walpurgis.

Sonó la puerta interrumpiendo sus pensamientos 

-Hermano, han llegado los nuevos miembros- dijo secamente

-Gracias por venir a avisarme, Moi-

Ambos tomaron rumbo a la puerta principal. Ninguno de los dos se
dirigió más la palabra. Estaban avergonzados de su comportamiento el
anterior día pero su ego no les permitía disculparse. Ambos
compartieron miradas preocupantes. Parece ser que no hizo que
intercambiaran palabras para disculparse uno al otro. Se reconciliaron
con una sonrisa.


Parecía que el ambiente enrarecido que había imperado en los
últimos días iba desapareciendo. El campamento estaba casi
restaurado. Para suplir las bajas que habían sufridos, otros
destacamentos insurgentes  les había enviado una brigada voluntario.
Los Escorpiones Rojos contaban con tres campamentos, siendo el de
Telyg el de mayor prestigio. Aparte, contaban con un sinfín de
patrulleros que inspeccionaban las zonas que había entre cada uno de
ellos.
Hoy, iban a venir un grupo de soldados voluntarios 
del campamento vecino. 

Había una gran multitud de curiosos allí reunida. A fin de cuentas,
no estaba de más intentar olvidar todo lo que había ocurrido aunque
tan solo fuese un instante. La multitud estaba jocosa.
Todos parecían haber recuperado algo de su buen estado de ánimo. La
puerta se abrió Moi y Telyg estaban detrás de todo tumulto No fueron
capaces de ver nada. Tuvieron que contentarse con escuchar los
comentarios del público y formar parte de los cánticos y vítores.
Por un momento, sus cabezas permanecieron despejadas de cualquier
preocupación. Era un grupo de cuatro personas que iban montadas a
caballo.

-Maldita sea, no se ve quienes son desde aquí- farfulló Telyg con
descaro.

-Vamos, hermano, es normal. La mayor parte de los soldados han venido
a recibirlos aquí-

-¿Y eso?-

-Bueno- dijo Moi con una voz melosa- Dicen que uno de ellos es una
chica.¡Y lo mejor de todo, se dice que su belleza es despampanante!

-No deberías hacer mucho caso a los rumores- respondió Telyg entre
carcajadas-siempre suelen exagerarse. Ya estoy harto-dijo a
continuación- voy hacerme hueco a ver quienes son nuestros nuevos
compañeros.

-¡Hermano!- dijo Moi viendo como Telyg se sumergía entre la
muchedumbre

Telyg se agazapó entre las piernas de las personas. Recibió
pisotones y codazos a  partes. Al final, consiguió colocarse en
primera fila. Estaban pasando muy cerca de él muy pronto los vería.
Sin darse cuenta, se había dejado llevar por la emoción del momento.
Entonces las masa de personas estrujó con más fuerza. Una mano
inocente empujó a Telyg hacia fuera.

Se cruzó en el camino de los recién llegados. Su repentina
aparición asustó a los caballos hasta el punto que estuvo a ser
arrollado.

Inmediatamente, uno de aquellos jinetes le propició una patada a
Telyg para quitarlo de en medio. Se bajo de su montura y comenzó a
tranquilizar los caballos. Luego se acercó de Telyg.
Su cara mostraba un gran grado de enfado.

-Dos años. Llevo dos años sin verte. Dos años que te alistaste a
los Escorpiones Rojo para seguir mis pasos y por lo que veo - dijo
tomándole del cuello- no has progresado absolutamente en nada. Dime
¿cuánto tiempo más me he de sentir avergonzada para que estés
satisfecho?-

La voz le resultaba familiar. Cuando abrió los ojos, vio una chica
con el mismo color rojizo de su cabello el con una pequeña trenza
detrás en la nuca  Deberían tener la misma altura pero
sorprendentemente ella parecía tener un mayor porte. Elevaba en el
aire a Telyg con sus dos manos. Era tosca en su forma de actuar cosa
que contrastaba con la delicadeza que habitaba en su rostro. Sus ojos,
verdes como las esmeraldas, encandilaban a cualquiera que los mirase. 
Eran muy brillantes.

Entonces Telyg se percató de quien era. Tragó saliva.


-Perdóname, hermana- dijo en un intento de súplica.

-¿Hermana?- dijo mofándose de él mientras lo dejaba caer al suelo-A
partir de ahora no seré más tu hermana. Llámame Angel, desde hoy
seré tu superior directo-
puntos 12 | votos: 12
Capítulo XXIX: Fragmentos - La habitación seguía estando igual de desordenada como si estuviera
aún aguardando a su dueño. Todo estaba tirado por el suelo siguiendo
las líneas de un caos ordenado. Telyg tomó unas cajas de cartón que
había por allí. Lentamente, fue tomando los papeles y cualquier cosa
que pareciese importante y las fue metiendo dentro, sin importarle lo
arrugadas y viejas que estuvieran. Recogió toda la habitación hasta
que pareció nueva. Ahora podía observarse el suelo. Era de listones
de maderas con un color muy opaco.  Sonó un leve crujido chirriante.
Había algo detrás de la larga alfombra roja que recorría la
estancia. La enrolló hacia un lado.

-¿Qué es esto?- pensó Telyg.

Había encontrando una trampilla en el suelo. Los listones que lo
recubrían era de un negro más intenso que el resto. Eran
independientes al resto de conjunto. Teniendo la misión en mente y
con cierta curiosidad rondando por su cabeza, Telyg abrió la
trampilla. Su cara se vio empañada por un montón de polvo. Tras
quitarse toda la mugre que había cubierto su rostro, inspeccionó el
espacio que había abierto. Era muy pequeño. En el ni  siquiera
cabría una persona. Dentro de la trampilla solo había una caja de
metal. Telyg la tomó con cuidado. Notó que pesaba bastante a pesar
de su envergadura. Estaba cerrada con dos candados, cada uno con la
cerradura correspondiente a su llave. Para suerte de telyg, el paso de
los años las había oxidado así que no le haría falta buscar las
llaves para abrirla. Las quito con suma facilidad. Dentro de aquella
caja de metal, escondida en aquella rebuscada trampilla oculta en la
más  profunda de las moradas de La Forja, solo había un cuaderno. 

Telyg se mostró desilusionado. Pensaba que habría encontrado algo
valor. Intentó leerlo, pero la mayoría de los textos estaba escrito
en un lenguaje que desconocía. Había unos pasajes que si entendía
aunque les costaba examinarlos apropiadamente. Se tumbó en el suelo,
tomándose un merecido descanso y comenzó a leer.

La guerra enloquece a los hombres. No dejes que te arrastre consigo.
Esas palabras resuenan en mi cabeza cada noche. Han pasado siglos
desde que moriste pero aún así conservo un nítido recuerdo sobre
ti. Esas últimas palabras que me dedicaste y la misión que me
encargaste han sido mi credo  hasta el día de hoy. Tu hija está a
salvo, tal y como te prometí. Ha heredado la voluntad de su madre. Es
muy tenaz y tiene una gran aptitud con la magia pero su personalidad
retraída ha hecho que se encuentre sola. Quizás haya sido mi culpa.
Tan solo soy una sustitución mediocre de sus auténticos padres. He
intentando enseñarle todo lo que sé y debo de admitir que sus
conocimientos superan ya los míos. Deberías haberla visto con su
primer libro. Pesaba como el doble de ella y le ganaba en estatura.
Era bello contemplar como ese frágil cuerpo portaba una carga tan
grande. Eliza, nunca podré agradecerte lo que mas otorgado. Siempre
estaré en deuda contigo.

-Es un diario- pensó Telyg mientras buscaba otra página 
que pudiese comprender-

He destrozado tantas vidas que no hay dioses en el cielo que puedan
perdonarme. Ya no tan solo en la guerra sino en mi busqueda de la paz
mis manos se han visto manchadas de sangre. Todo el mundo al verme me
teme. Me lanzan miradas odiosas. Ayer pasamos por un pueblo y
estuvieron a punto de apedrearnos. A veces lo siento. Sí, esa
imperiosa necesidad de acabar con todo lo me que rodea. Sería tan
fácil barrer un pequeño pueblo del mapa. Todas esas ideas me
acuchillan como afiladas navajas pero todas quedan disipadas cuando le
miro al rostro. Tan inocente, tan puro. Ella no se merece ser
arrastrada por la guerra. Darky, es la única razón 
por la que sigo existiendo.

Telyg no daba crédito a lo que leía. Aún asi, no podia apartar su
mirada del cuarderno. Siguió.Siguió leyendo aunque sentía que
estaba traicionando la privacidad de Master.



Aún no es suficiente. Todos mis esfuerzos no han valido la pena. Día
tras día, me encuentro con un muro infranqueable, imposible de
superar. Cada experimento que realizo me acerca más a ti pero a la
vez me aleja más de Darky. Dice que estoy obsesionado con fantasmas
del pasado. Si supiera que todo lo que hago y lo que he hecho ha sido
por vosotras . Yo, la verdad, sigo combatiendo 
en el campo de batalla.

Cerro el libró con firmeza. El resto del libro no lo comprendía.
Telyg se sentía algo cohibido. Nunca hubiera imaginado que Master se
sintiera de esa manera. Ahora se sentía avergonzado de haber
rebuscado en sus recuerdos. Volvió a depositar el cuaderno donde lo
había encontrado. Entonces se percató de que la caja tenía un doble
fondo. Al abrirlo descubrió un montón de cuadernos exactamente
iguales al que había visto. Tomo la caja para sí y llevando consigo
las otras dos de cartón, salió  rápidamente de La Forja.

Lanzo el resto de documentos a una hoguera improvisada. Los echaba en
pequeños montones para controlar la llama del fuego. Miraba fijamente
las zigzagueantes chispas que surgían. Se había hecho de noche. El
campamento se encontraba inundado por la penumbra. Los papeles ardían
con gran viveza. Había dejado apartado la caja de metal. Tras que las
llamas acabaron por consumirse, fue a comunicarle el fin de su tarea a
Mouser. Dejo la caja antes de entrar en su despacho e intercambió
pocas palabras para que no sospechara nada. Se marchó del centro del
mando directo a los barracones. Vio ligeramente la biblioteca. Las
vidirieras de sus ventanas estaban completamente iluminadas sin
embargo no había ninguna silueta detrás de ellas. Paso al lado del
barracón de Moi, 
que estaba cerca del suyo.

-Mejor que hable con él mañana. Seguro que estará más tranquilo-

Llego al fin a su barracon. Estaba vacío. La mayoría de su 
compañeros ya no estaban ahí. 

Hizo un agujero en suelo, justo debajo de su cama y oculto allí los
diarios de Master. Luego, se acostó en la cama. Le parecía  más
tosca de lo habitual. Hacía frío esa noche. Había una enorme grieta
por la cual no dejaba pasar la corriente. Cogió el harapo que tenía
como manta y se la echó por encima. Intentó dormir pero no podía.
Tomó de nuevo la caja de metal y extrayó un diario. Buscaba calmar
sus nervios a través de la lectura.

Hoy las he presentado una las otras. Pensé que sería favorable que
Darky se relacionaran con chicas de su edad, u al menos que alcanzasen
un cierto paralelismo en su desarrollo metanl. Fue un caso error. No
sé como se sucedieron los hechos. Tan solo fue algo increíble. Dos
enormes manos aparecieron de la espalda de Darky, Eran colosales y
estaban hechas de sangre.
Sin lugar a dudas era magia arcana. Jamás pensé que a su edad
podría controlar dicho poder.Quizás controlar no sea la palabra
exacta. Era como si toda la magia que residiera en ella hubiera salido
en tromba. Mató a Magica, oprimiéndola con sus manos. Tan solo
quedó su cabeza que rodó por el suelo hasta llegar a mis pies.
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Capítulo XXVIII: Epitafio - El cielo aún no había despertado. Era una mañana gris. Las nubes se
apoderaron del firmamento ese día. Grandes manchones oscuros
imperaban por encima de sus cabezas.Ninguno de ellos alzaba su mirada.
Caminaban como presos dirigidos a su ejecución. Todos en fila, sin
desviarse del camino. Iban ataviados con trajes de un impoluto negro.
Venían a decirle su último adiós.

La mayoría de los restos estaban en un estado irreconocible.
Quemados, mutilados o simplemente devorados por los cuervos que
merodeaban entre las derruidas cumbres. No eran más que un amasijo de
carne y huesos en descomposición. Fueron tirados a una fosa común.
Era bastante profunda. Al menos habría cincuenta metros de tierra
hasta llegar a la superficie. Aún así, los muertos se desbordaban de
aquella extensa tumba. Había al menos cinco u siete de ellas. Una vez
ocultados con una gran masa de tierra, los hombres comenzaban a
moverse alrededor suya.

Mucho se arrodillaban y sollozaban, algunos se quedaban firmemente de
pie conteniendo sus lágrimas y haciendo que sus labios escupieran
sangre. Había otros en cambio que simplemente estaban allí, sin
saber que hacer de ahora en adelante con sus vidas. La mayoría se
aglutinaba en grandes grupos alrededor de aquellas funestas tumbas
improvisada. Dos de aquellas figuras se estaban alejando de tan
macabro tumulto.

-Hermano, ¿crees que esto está bien?  Es decir, lo del viejo, quiero
decir, lo de Master, la muerte de don Zaloog, la reunión con Mouser,
la desaparición de Magica, el asilamiento de Darky. Hay muchas cosas
que andan mal-

-No, no están bien. ¿Pero que otra cosa podemos hacer si no
aceptarlo?-

Es verdad, pensó Telyg. Todo el mundo que conocía cambió muy
deprisa. No fue solo la noche de Walpurgis lo que sacudió a los
Escorpiones Rojos sino también los sucesos posteriores. La fuerza
central del campamento había salido en una expedición que duraría
tres días. Deberían haber llegado para aquella misma noche. Nunca
sucedió. Antes de que las tropas llegasen fueron atacados por el
imperio de Gandalf. Sí, tras llevar a la extinción a las mayorías
de las razas del continente, ahora los humanos se enfrentaban entre
sí. Don Zaloog murió. Nadie supo el cómo ni el por qué. Tan solo
se comentó que en la plenitud del combate tuvo un desfallecimiento 
que le hizo caerse del caballo. Fue pisoteado hasta la muerte por su
propio corcel. El poder pasó directamente a Mouser, que se encontraba
en segunda posición de mando según la jerarquía militar. Aunque
ordenó la retirada inmediata, mucho de sus hombres no consiguieron
huir. Huir de la muerte para encontrarla luego de frente. Eso les
pasó a muchos soldados cuando regresaron. El campamento estaba
destruido. Las cifras de pérdidas, ya fuesen de bienes o humanas,
fueron incalculables. Se llevó una comisión para esclarecer los
hechos ocurridos pero nunca se dio a la luz. Solo quedaba la reunión
con Mouser.

Estaba en su despacho. Había un enorme tragaluz en el techo. Las
estanterías estaban tiradas por los suelos. Solo se mantenía en su
sitio inalterable la mesa y silla donde se sentaba Mouser. Les quitó
un poco de polvo pasando por encima su mano. Se sentó como de
costumbre, como si nada hubiera cambiado e hizo pasar a sus invitados.
Habló largo y tendido con Telyg y Moi sobre  Azul, Jess y Kendizzle.
Omitieron los detalles de que habían tomado a Darky para drenar su
sangre y que Master, en su intento por salvarla, se convirtió en un
monstruo que acabo siendo destruido a manos de Magica. Era una
historia poco creíble pero le contaron de que Master se había
sacrificado por ellos. Mouser arqueó las cejas. Era bastante
inverosímil lo que le habían contado pero no había necesidad de
investigar más. Tan solo les pidió que guardara silencio sobre todo
lo que ha ocurrido.

-¡Telyg!- dijo Moi gritándole-Yo no puedo permitir eso. Darky lleva
encerrada en la biblioteca hace días. Sus sirvientas nos cortan el
paso cada vez que vamos a verla. Seguramente lo esté pasando fatal
por la muerte de Master. Y tú-dijo agarrándolo del cuello- ¿me
dices que lo deje pasar?-

-¡No es ella la única que sufre!-dijo zafándose de Moi- Todos han
perdido un ser querido para ellos- 

-¿Y qué ocurre con Magica? ¿También debemos olvidarla? Por favor,
hermano, reacciona. ¿Tú tambien lo viste, verdad? Estaba hablando,
con él, con Master, ¡como si estuviera vivo! Se llevo de ahí su
cuerpo y desde entonces nadie ha vuelto verla ¿De verdad crees que
está bien?-

Telyg golpeó a Moi.

-Hermano- dijo incrédulo Moi -¡Eres un idiota!- dijo 
marchándose llorando.

No lo pudo evitar. Estaba de acuerdo con todo lo que él le había
dicho pero saberlo no iba a cambiar las cosas. No tuvo el poder
suficiente para proteger a nadie. Ni a Darky, ni a Magica ni a Master,
ni a Moi ni tan siquiera a él mismo. Saber que estaba vivo gracias a
la ayuda de su enemigo, Jess, le repugnaba. Tan solo podía hacer una
cosa, obedecer órdenes. 

Mouser le había encargado desalojar la habitación de Master dentro
de La Forja. Dentro de unos días, un nuevo ingeniero, procedente de
otro campamento, ocuparía su lugar. Debía de llevarse todos sus
objetos personales y deshacerse de sus objetos personales. -Master no
ha existido nunca- Esas fueron las palabras que recitó Mouser tras
encagarle la tarea. Aunque le habían ocultado parte de la verdad del
incidente, Mouser no era tan estúpido. Seguramente ya habría
encajado todas las piezas del rompecabezas.

Suspiro hondamente. Se sentía como un peón dentro de un juego de
ajedrez. Continuó con sus pasos hasta llegar La Forja. Sintió un
pequeño hormigueo. -¿Y allí estuviese Magica?- pensó súbitamente.
Se cruzó con una enhiesta sombra.

-¿Magica? ¿Cómo estás?-

No respondió.

-Sobre Master- dijo con una débil voz.

-No está. Lo he estado buscando por todas partes y no lo encuentro.
Que raro, ¿verdad? Hoy llegaba un nuevo pedido de piezas y recambios
pero no estaba en su habitación. Suele desaparecer pero siempre
vuelve cuando más se le necesita-

-No va a volver, Magica. El está-

-¡Ya lo sé!- dijo derramando un montón de lagrimas- pero no puedo
aceptar que se haya ido.

-¿Qué hiciste con su cuerpo?- preguntó sin rodeos.

-Lo llevé al único lugar donde podía descansar-

Tras esas últimas palabras, la figura de Magica se desvaneció entre
la niebla. Telyg miró al infinito. Todo le parecía tan frágil
ahora. Se adentró en La Forja sin mirar atrás. Llego hasta lo más
profundo de la fábrica. Le parecía una auténtica mazmorra
deshabitada. Alcanzó la puerta. La abrió con incertidumbre, como si
esperase al que estuviera dentro le invitase a pasar.

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Refranes de madre. - Llevados a su extremo pueden ser mortales.
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Capítulo XXVII: Una libre marioneta - -¿Así que realmente ya no te acuerdas de mí?- preguntó Magica
levantándose. Sus heridas habían sido superficiales. Un fina capa de
magia que recubría el cuerpo mitigó las heridas.-Entonces ya no hay
marcha atrás- dijo tras una breve pausa. Sacó una enorme guadaña de
su mano.

-Esa magia- contestó impresionado- ¿Quién te la he enseñado?-

-Fuiste tú-

-¿Yo? Imposible. Solo mi ama sabe controlar esa magia. Estoy harto de
ti. Acabaré contigo- dijo lanzando púas que emanaban sobre su cuerpo
hacia ella. 

-¡Cuidado!- gritó Telyg sacando a Magica del rango de su ataque.

-¡Qué diablos haces atacando a tus aliados!- 

-Yo nunca sería aliado de un humano. Son enemigos de mi ama. Los
enemigos de mi ama son también enemigos míos – dijo repitiendo su
ataque.

Esta vez Magica los desvió con su arma.

-Escúchame, Telyg. Esa cosa…ya no es Master.-

-¿En serio vas a creer a ese tipo? ¡Primero nos intenta matar
 y luego nos ayuda!-

-Yo- dijo secándose los ojos- Tu mismo lo has visto. No nos reconoce.
Si Master estuviera aquí, hubiera opinado lo mismo. Debo de hacerlo o
si no todo habrá sido en vano-

-Pero- dijo Telyg entrecortado.

-No te preocupes. Podré hacerlo sola. Tú ve con  Darky y Moi-

Telyg se marchó del centro mando mientras era cubierto por Magica.
Movía con gran maestría la guadaña al fin al cabo, había sido
adiestrada para ello. Master la había educado desde que era una
niña. Siempre había estado con él. Era un tipo excéntrico que
siempre estaba absorto en sus experimentos pero no vacilaba en ningún
segundo en acudir si tenía algún problema. Quizás fuese demasiado
protector, como un padre que ama demasiado a sus hijos, y por ello
quiso que Magica aprendiese distintas formas de defensa. Hojas de una
o dos manos, sigilo, discreción e incluso la magia. La mayor parte de
las horas que pasaron juntos fuera de La Forja habían transcurrido
así. Quien hubiera llegado imaginar que debería hacer uso de todos
aquellos contra su propio mentor. Paso de nuevo su manga por sus ojos
vidriosos.

-Tranquila- se dijo a sí misma- El ya no es Master. El no es así.-





-No sé lo que planeas pero no tienes ninguna oportunidad contra mí-


Se sucedieron conjuros de gran poder.  El suelo estaba vivo y se
resquebrajaba con grandes fisuras  Brotaron miles de hiedras venenosas
que la perseguían allá donde fuese. Del cielo, inundando por un
pútrido humo con olor a muerte, cayeron relampagueantes ondas de luz
que atravesaban todo aquello con lo que se cruzasen. Magica esquivó
cada uno de ellos  hasta que puso enfrente de Master.

Su piel, cubierta parcialmente por escamas, era rocosa pero ello no
impidió que la guadaña atravesase su carne. Fue un corte en
horizontal, desde su hombro hasta la cintura. La afilada guadaña
arrastraba su piel quedando hecha jirones de carne . La piel quedó
tirante por donde había pasado su filo. Luego vino otro, igual pero
en sentido contrario. En el pecho de Rojo había una enorme cruz
ensangrentada. Aún no había terminado. Si tan solo le hacía esas
heridas podría regenerarse. Magica atravesó ciento de veces el
cuerpo de Rojo hasta que este mismo se desplomó en el suelo. Algunas
palabras resonaron de su boca antes de desfallecer.

Mágica comprendió entonces lo que había hecho. 

La guadaña despareció misteriosamente, tal y como había aparecido.
La vista de Magica se centraba en el cuerpo que ahora yacía allí.
Poco a poco, había recuperado su aspecto normal. Magica, esas habían
sido sus ultimas palabras. Ella quedó conmocionada como si el tiempo
se hubiese detenido para sí sola. No movía ni un músculo, ni
siquiera pestañeaba. Había llorado tanto que no le quedaban
lágrimas que derramar. Ahora tan solo miraba, de forma perdida, un
cuerpo sin vida.Al fin, el sol amaneció aunque sus rayos no llegaban
no hasta ahí. Era un día nublado y tormentoso para todos los que
habían sobrevivido a la Noche de Walpurgis.

Lejos de allí, había una silueta que había observado todo el
espectáculo. Era un encapuchado vestido de negro. A él se le acercó
Jess que había huido del campamento.

-Ha sido un gran trabajo el de tu marioneta. Incluso Rojo ha creído
que era yo realmente. Quien hubiera pensando que caería tan
fácilmente. En un momento de lucidez, ha vuelto a tomar control de su
cuerpo y ha permitido que lo matasen. Qué patético 
es dejarse llevar por los sentimientos.-

-Sí, mi señor. Con esto, nuestros planes están aún más cerca de
completarse aunque para ello hemos tenido que tomar ciertas bajas-

-Es una pena la muerte de tu muñeca y de mi doble pero puedes hacer
más ¿verdad? Entonces no tiene importancia. Fue un gran éxito
difundir el rumor que la sangre de un elfo concedía la vida eterna.
Nuestros muñecos se movieron por el tablero tal y como nosotros
queríamos. Ahora tan solo falta que acabemos el arduo trabajo que han
hecho por nosotros.

Ambos se marcharon de allí, antes de que les pudieran alcanzar los
primeros rayos del alba.
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Capítulo XXVI: Rojo - Andaba entre las cenizas de la feria. La festividad de Walpurgis de
este año había sido engullida por el abrasador fuego. Paseaba entre
las ardientes llamaradas sin importarle que le abrasaran.

Aún quedaba algunos muertos vivientes por la zona. Estaban
acorralando a los últimos supervivientes. Se topó con unos de estos
grupos de frente.  Saltó salvajemente sobre la cabeza incrustando 
una bala entre sus sienes. Cada uno de ellos reventó y acabaron
siendo consumidos por las llamas. Un escuadrón del campamento se
acercó para agradecerles que los hubiera salvado. Todos parecían
malheridos. No había ninguna duda de que habían pasado por el mayor
infierno de sus vidas. El capitán del escuadrón se dirigió a donde
estaba Master. Era un tipo esbelto, de tez morena y pelo ondulado.
Formulaba alabanzas y palabras de agradecimiento sin parar. Sus otros
compañeros permanecían unos pasos más atrás. Se oyó un disparo y
posteriormente un gran grito. Master le había disparado en la pierna
al capitán. Sus compañeros, aterrados, huyeron dejándole a solas.
Entonces Rojo dirigió su mirada a él. Sus ojos estaban vacíos. No
intercambiaron más palabras. Master lo dejó allí mientras se hacía
camino entre las infaustuosas llamas.

A medida que se acercaba al centro de mando aparecían más
cadáveres. Las balas caían estrepitosamente; era el ruido del metal
chasqueando en el suelo. Una vez vacía la recámara, Master lanzó su
arma contra uno de sus seres. Sacó de su brazo izquierdo una nueva
arma de fuego. Era más extensa a la que había usado anteriormente.
Parecía un mosquete  con una afilada hoja en su extremo.  Comenzó a
disparar una ráfaga. Esta vez los proyectiles no eran de metal sino
que estaban constituidos de pura magia concentrada. Era como una
pequeña bola de energía concentrada que explotaba al mínimo
contacto. No tenía que temer que se le acabara la munición pues
podía recargarla con la propia magia que fluía de su cuerpo.

Cuando se canso de disparar, uso el borde afilado de su arma para
rebanar a aquellos seres en dos. Estaba bañado por una lluvia de
sangre. –Es roja- pensó- como el nombre que me otorgaron- Rojo
siguió destrozando cadáveres hasta llegar al centro de mando.

Una lanza se interpuso en su camino.

-Kendizzzle dice que debe  eliminarte por órdenes de su maestro-

-No me importa quien o que seas. Si vas a interponerte en mi camino la
muerte está asegurada-

Kendizzzle no vaciló. Voló por el cielo junto a su lanza y se
dispuso a acabar con Rojo.

La detenió destrozando la lanza con sus manos. Luego la agarro del
cuello y comenzó a asfixiarla. Kendizzzle clavo varios virotes de
hierro en el cuerpo de Rojo pero no hicieron que este disminuyera la
presión en sus brazos. Un leve crujido sonó. Le había roto el
cuello sin miramientos. Lanzó el cadáver lo más lejos que pudo y se
hizo un hueco entre la multitud. Acabó con aquellos seres que
mantenían a las mujeres que huyeron presas del pánico. Miró al
cielo. Había una figura que le resultaba familiar.

-Darky- dijo apretando sus puños. Su sangre comenzó a hervir de
forma desmesurada. 

 Subió los escalones hasta llegar justo en frente de la puerta
principal. Allí se encontraba Azul. Estaba sentando en su sillón,
deleitándose del sufrimiento que padecía Darky. Lo contemplaba con
expectación a la pobre encadenada. De ella, emanaban grandes
corrientes de sangre que iban a parar a un caliz que sujetaba a sus
manos. Le daba grandes sorbos con una gran necesidad.

-Quedan pocos de la civilización elfa con tan considerable poder
mágico. Pese a ser de sangre pura no está mal- dijo tirando su copa
vacía-¡Pero mira a quien tenemos aquí, un sucio traidor!- exclamó
con sarcamos- Has tardado más de lo que pensaba así que ya he
concluido el rito de Walpurgis. Dentro de muy poco, la sangre de Eliza
fluirá por mis venas y seré omnipotente. Debo darte las gracias,
Rojo, yo nunca hubiera conseguido gracias a ti. Cuidar durante tanto
tiempo a la sucesora de nuestra maestra debe haber sido duro. Estar
encadenado a alguien de por vida no es algo que alguien como nosotros
debamos sufrir ¿verdad? Este poder, nosotros, estamos hechos para
gobernar el mundo.
¿Qué dices, conquistarás el mundo junto a mí?-

Rojo disparó.

-Eso ha sido una advertencia- dijo tomando su arma que había colgado
en su espalda -La próxima vez no seré tan misericordioso-

-¿No lo comprendes todavía? Lo que te ofrezco es algo mucho mayor
que la inmortalidad. Es la libertad. El poder de subyugar a todas las
naciones existentes. ¿Acaso no quieres escuchar a esos cretinos
humanos llorar y correr despavoridos? ¿No deseas pisar los cráneos
de sus amigos caídos en combte mientras que los supervivientes
deberán vivir con la vergüenza de haber huido? ¿No añoras aquellos
tiempos de guerra, Rojo?-

-No regresaré a esa vida. No con el precio que conlleva.-

-¿Por qué? Ya nada te ata a esa mujer. Ni siquiera el pacto que
hubieses realizado con su hija sería valido ya que ni siquiera es una
elfa de verdad.-


-Yo cumplo mi palabra. Le prometí que velaría por su hija y así lo
haré, hasta el fin de mis días-


-Con que esa es tu respuesta- dijo Azul mirándole disgustado- pensé
que en trescientos años tendrías tiempo para reflexionar pero veo
que sigues siengo el mismo obstinado y terco que siempre. Muy bien-
dijo sacando una espada del portal de su mano-lo haremos a tu manera.
Ha sido divertido conversar contigo, Rojo-
puntos 14 | votos: 14
Porque los obstáculos imposibles - pueden ser franqueados con una sonrisa.

puntos 15 | votos: 15
A veces no queremos compartir - ese momento único que nos hace tan felices.
puntos 15 | votos: 15
No voy a esparcir tu dolor al mar - sin corazón...yo siempre estaré contigo.

                                                                                                         -Venom Snake-
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Capítulo XXV: Azul - Había una gran multitud en el centro mando. La mayoría de los
presentes eran mujeres.Estaban siendo custodiadas por las invocaciones
restantes que había dejado Jess. Las agrupaban en filas y todas ellas
eran conducidas, como si fueran ganado, hacia la puerta principal. 
Delante de esta había un hombre. Tenía un pelo canoso aunque apenas
alcanzaría los 30 años. Iba ataviado con un traje cuyo color le
había dado el nombre por el que actualmente se conocía, Azul.
Detrás de este, llevaba unas placas de acero para protegerse.
Alrededor de su cuello, llevaba una bufanda del mismo color. Aparte
contaba con un pantalón de lino negro con algunos resaltes en oro al
igual que su traje.

Examinaba con mucha atención a cada mujer que llegaba a su presencia.
Primero, las miraba fijamente sin obviar ningún detalle de su
físico. Luego, alzaba sus manos que empezaban a recorrer cada rincón
de su cuerpo. Al mismo tiempo recitaba un hechizo que abría un
especie de portal en sus palmas. Éstas atravesaban con suma facilidad
la piel llegando hasta la medida de que podía palpar los órganos
internos. Este recorrido por las entrañas acababa en el corazón, el
cual era arrancado sin mucho esmero del cuerpo de su victima. No
había marcas ni signos de violencia. El corazón aparecía fuera,
atravesando el portal que se abría en sus manos. Más tarde, 
arrojaba el cuerpo sin vida detrás suya. Había ya dos enormes pilas
de cadáveres. 

-Otra muerte inútil- dijo sin alterar su rostro-

Estrujó el corazón que tenía en su mano hasta que estalló. La
sangre se impregnó en su ropa y cara. Sacó de su bolsillo un
pañuelo de seda y empezó a limpiarse. Estaba cansado. Se sentó en
un sillón que había sacado del interior del edificio. Era de hierro
macizo aunque estaba aterciopelado de gris. De su respaldar brotaban
numerosos arcos los cuales se dividían en dos. En su cúspide,
estaban tallados dos glifos, enzarzados en un combate uno contra el
otro.  

Azul hizo ademán para que trajeran a la siguiente mujer. Sin
levantarse del sitio, la obligó que se postrase. Repetía una y otra
vez el proceso pero en ninguna de ellas encontraba satisfacción
alguna. Dejaba caer con frecuencia sus brazos en el reposadero y
cerraba los ojos. Escuchaba los gritos de agonía de sus victimas, el
incesante ascenso del fuego hacia el cielo y el chirrido del choque de
espadas de aquellos que estaban condenados inevitablemente a la
muerte. Tan solo entonces, una mueca se reflejaba en su rostro. Estaba
sonriendo.


En ese momento, llegaron Jess y Kendizzzle.

-Mi señor, hemos capturado las dos que faltaban.- dijo haciendo una
leve reverencia.

-Muy bien. ¿Es esa que está a tu lado? –

-Sí, se ha ofrecido voluntaria para servir de sacrificio 
para vuestro plan-

-¿En serio?- preguntó mirándola fijamente. 
Había algo en Magica que le desconcertaba.

De mientras tanto, ella desviaba tanto la vista como podía. Sentía
aberración por Azul. El hedor a muerte que ahí había le producía
que hasta tenía ganas de vomitar.

-Bueno,- prosiguió- se ve como las otras. Y la otra es la que 
porta tu muñeca ¿no? Suéltala para que pueda verla mejor- dijo
dirigiéndose a Kendizzle.

-Kendizzzle dice que tan solo recibe ordenes de su maestro- contestó
negándose a llevar a cabo sus designios.

Azul miró de reojo a Jess.

-Kendizzzle, déjala-

Kendizzzle hizo esta vez caso pero a las ordenes de Jess. Tiró a
Darky a los pies de Azul. Le agarró del pelo y la miró de frente.
Parecía haber encontrado lo que buscaba.

-Vamos a ver si puedo arrancarte el corazón- dijo atravesando su
estómago  con su portal. 

El dolor hizo que Darky se despertara.

-Tranquila si no eres a quien busco todo acabará pronto- comentó
ante sus impasibles gritos. 

En un momento, sacó la mano de su cuerpo. No pudo arrebatarle el
corazón. El rostró de Azul se llenó de júbilo y alzó sus brazos
al cielo.

-¡Tras más de 100 años, al final la he encontrado. La sucesora del
linaje de Thanatos, la decendiente de Eliza!- gritaba de forma
alocada-¡Daremos comienzo inmediatamente a la purga de la bruja!
Jess, aparta a estos humanos de  mi vista, ya no los necesito para
nada. Y a esa chica también, tampoco la necesitamos-

-A sus órdenes señor. Kendizzzle, ayúdale con los preparativos-
dijo llevándose a Magica consigo.

Azul cogió otra vez a Darky, Tocó esta vez sus muñecas y  tobillos.
Aparecieron enormes cadenas mágicas que la alzaron hacia el cielo.

-¡Ahora ya nada ni nadie podrá detenerme!-
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Capítulo XV: Falso destello - El combate acabó más pronto lo esperado. Aunque Moi le plantaba cara
con todo lo que tenía era clara la diferencia de poderes. Desde que
Jess se lo tomó en serio, la pelea se decantó a su favor. Aparte,
Moi aún no entendía del todo su magia experimental. Cada orden que
debía procesar su cerebro se convertía en un latigazo eléctrico que
recorría todo su cuerpo, desde la cabeza hasta los pies.

Magica, acurrucada, los veía desde la esquina la esquina de la
despensa. Desde que comenzó todo aquel incidente había sentido una
enorme presión en su pecho. Era asfixiante, como si sus pulmones se
retorcieran sobre sí mismos y no les dejara respirar. No comprendía
el motivo de su nerviosismo. Repetía una y otra vez las mismas
palabras. Las decía tan rápido que  era imposible 
de escucharlas con claridad. 

Moi cayó de rodillas al suelo.

-Ha sido un gran entretenimiento, muchacho. Pero debe de acabar ahora-
dijo Jess a punto de atravesarle el cuello.

Magica paró su rezo y se echó sobre Moi.

-Haré lo que me pidas pero no lo mates. Perdona- dijo dirigiéndose a
a Moi- pero esto lo único que puedo hacer-

Moi no pudo contestar a sus palabras. No es no quisiera hablar ella,
simplemente estaba tan cansando que ni siquiera podía gesticular los
labios. Su cuerpo era como el de una estatua; pesado, inmóvil, con un
aspecto de absoluta rigidez. Tan solo pudo pudo observar de forma
pasiva como Magica era tomada por Jess de la mano. Con la cabeza
agachada,  como si  hubiera traicionado a sus compañeros, se marchó.


Al cabo de un rato, llegaron a donde estaba Kendizzle que había
derrotado completamente a Darky y Telyg, Él se encontraba empalado
contra el muro con una gran brecha en su costado. Sus guanteletes
estaban destrozados y la sangre corría libremente por su cuerpo. Su
cabeza, resignada,  miraba hacia abajo. Kendizzle sujetaba a Darky del
cuello con una sola mano. Ejerció poco a poco una increíble fuerza
hasta dejarla sin respiración. No era su intención matarla ni mucho
menos pero había mantenido una feroz resistencia hasta acabado el
combate. Kendizzzle pensó que sería mejor cargarla inconsciente. De
todas formas, aún no sabían cual era la elegida para llevar a cabo
el rito. Puso el cuerpo de Darky a sus espaldas. Ahora solo faltaba
regresar al centro de mando.

-¿Acabaste ya?- le pregunto Jess tras llegar.

-Sí, maestro. Kendizzzle dice que acabó con el chico pervertido y
dejó a la chica bruja inconsciente-

-Entonces marchémonos al centro del mando. 
Azul nos está esperando-
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Habrá vistas mejores - pero ninguna se compara con aquellas que compartes con tus amigos.

puntos 18 | votos: 18
Capítulo XXIV: ¡Onda de choque! - Era Jess.
Sin pensarlo ni un momento, Moi sacó de su bolsa unas granadas de
humo. Tras estallar en el suelo tomó a Magica y volvió a recorrer
los extensos pasillos interiores del muro. Corrió todo lo que sus
piernas le permitieron, aparte de que tenía que cargar con Magica que
aún no podía valerse por sí misma. Maldecía una y otra vez a su
suerte por haberse encontrado con aquel elfo. Llegó de nuevo a la
despensa. Era un sitio bastante amplio aunque no había sitio para
resguardarse. Estaba tres plantas más arriba así que era imposible
también escapar saltando hacia fuera.

-No quedas más remedio, usaré mi nuevo mi invento- dijo
remangándose. Llevaba unos guanteletes de bronce similares a los de
telyg. De ellos colgaban miles de cables que se incrustaban 
detrás de sus orejas.

Jess no apresuró sus pasos. Iba lentamente a donde se encontraba su
victima. Abrió la puerta de una patada, arrancándola de cuajo 
de la pared.

-Me habeís hecho perder mucho tiempo con vuestra inútil escaramuza
pero si me entregas a esa chica quizás me plantee perdonarte la vida-
dijo sin alterar su porte.

-¡Qué te lo has creído tú!- dijo sacándole la lengua- Prefiero
morir antes que vender a mis amigos-

-Bien, si eso lo que quieres, cumpliré tu deseo. Alzaos-

-¿Seguro que puedes invocar a tus esclavos aquí?- le interrumpió
Moi- No hay cádavares enterrados aquí dentro. Aparte-dijo
triunfalmente- tu magia de invocación tiene un límite. ¿No crees
que lo habrás alcanzado ya?-

-No sé cómo lo has adivinado pero no importa. Aunque no pueda
invocar a ningún ser, puedo acabar con un simple humano yo mismo-
contestó emitiendo una ráfaga verde hacia Moi.

-¿De veras crees que soy normal?- dijo mientras su ataque se desviaba
solo-¡Ahora es mi turno!- 

Jess salió disparado, sin más, hacia fuera del dispensario. Sin
razón aparente, una enorme presión fluyó a su pecho y lo mandó a
volar.

-¡Funcionó!- dijo Moi dando saltos de alegría-¿Ves, Magica? ¡Te
dije que Shock Wave funcionaría!- 

-¿Shock Wave? ¿Qué significa ese estúpido nombre? Lo que acabas de
usar ahora mismo era magia.- dijo reincoporandose.- Y eso es
completamente imposible para un humano- 

-¿Magia? Bueno, yo prefiero llamarlo ciencia. Y sí, para los humanos
es imposible usar la magia. No tenemos la misma capacidad sensorial de
ustedes, los elfos, para controlar ese poder de la naturaleza. En
cambio, desarrollamos nuestra inteligencia para hacer frente a ese
abismal fuerza que nos separaba. ¡Lo que acabas de ver es el primer
producto de la magia artificial!-

-Ridículo. ¿Dices qué unos seres inferiores como vosotros habeís
sido capaces de imitar la magia?-

-No lo entiendes. ¡No solo la hemos imitado sino también mejorado!
Gracias a unos cables implantados al sistema nervioso, somos capaces
de recrear a un mayor nivel la magia de los elfos, De ahí surgió la
Shock Wave;¡la capacidad de controlar del aire!-

Moi se vanagloriaba de su descrubimiento aunque la mayor parte del
mérito era de Darky. Aparte de entrenar con Telyg, también le pidió
ayuda a Darky para desarrollar nuevas armas de cara al futuro. Iba y
regresaba del campo de entrenamiento a la biblioteca todos los ideas,
descifrandos los libros élficos conservador con Darky a la par que
fortalecía su cuerpo. Un día, llegó a la conclusión que lo que
diferenciaba elfos y humanos era el uso de cerebro. El ser humano no
usa ni una millonésima parte de su potencial. Por otra parte, los
elfos tenían la posibilidad de desbloquear dicho poder con tan solo
practicar desde la infancia. Vio que la respuesta era estimular el
cerebro para que pudiera acceder las partes que aún se mantenían
inaccesibles. Era un proceso arriesgado ya que un solo movimiento en
falso y la persona a la que se le realizar ese tratamiento quedaría
inválida. Moi se uso a sí mismo como sujeto de pruebas aunque nunca
antes probado sus récien adquiridos poderes. Eran todavía algo
incosistentes así que llevaba unos guanteletes, similares a los de
Telyg, para regular las frecuencia de los impulsos nerviosos que
pasaban a través de su cerebro.

Jess se echó a reir.

-¿Tan solo es eso? Muchacho, eres divertido. Aunque eres humano, me
hubiera gustado que fueses el bufon de mi extinta corte. ¿Así que
consideras eso Magia? Estúpido, aburrido, algo de carente valor es
vuestra ciencia- dijo tomando su lanza

Una aura verde sobrevolaba el cuerpo de Jess. Imbuía tanto su cuerpo
y su arma en aquel extraño color. 


-Te lo repito por última vez. Dame a la chica- dijo apuntándole 
con su lanza.

-Podrá preguntármelo mil y una veces y la respuesta será la misma-
dijo Moi mirando a Magica-¡Jamás te dejaré que te la lleves!- 
contestó con firmeza


-Me gustas, humano. Pese a que tu raza siempre ha actuado de forma vil
y cobarde, como si se tratasen de unas viles ratas, tú actúas como
auténtico caballero. Me recuerdas a cierta persona- dijo acabando de
recitar en lenguaje élfico.

-¿Qué has hecho?- 

-He retirado a la mayor parte de mis siervos así no tendrás que
preocuparte de tus compañeros-

-¿Por qué, acaso no es vuestro plan tomar el campamento?-

-No, nosotros tan solo vamos detrás de una persona-
puntos 13 | votos: 13
Capítulo XXIII: Walpurgisnatch IV - Telyg y Darky se encontraban frente a Kendizzle. Darky estaba agotada.
Había llevado un largo tiempo luchando con ella sin apenas hacerle ni
un rasguño. Le comentó a Telyg de que controlaba la magia
gravitacional, la cual le permitía cambiar el peso de todo aquello
que tocase incluso de ella misma. 

-Si te acercas, aplicara su magia sobre ti. Tu cuerpo no podrá
despegarse del suelo y tus huesos se romperán en mil pedazos. Ese es
el efecto que tiene la magia de gravedad- explicó Darky limpiando el
polvo de su vestido.

-Entonces- dijo Telyg-¿He de acabar con ella de un solo golpe?-

-Así es- 

-¡Es una locura!- gritó enfurecido- ¡Aunque logre acercarme lo
suficiente a ella sin que me toque me partirá en dos con su hacha!

-Eso no sucederá- dijo conjurando un hechizo sobre Telyg

-¿Qué diablos has hecho?- preguntó mirando su cuerpo

-Tu tan solo muévete con todas tus fuerzas ¿Te ves capaz de
hacerlo?-

-Bueno, no tengo otra- dijo emitiendo un suspiro- 
¡Daré lo mejor de mí!-

-Eso espero.-

-Kendizzzle dice que se encuentra aburrida. Kendizzzle pregunta si
dejarán de parlotear- dijo clavando su hacha en el suelo.

-Sí, lamento haberte hecho esperar- dijo Telyg 
enfundándose sus guantes

El combate comenzó. Telyg dio un paso al frente y al instante se
encontró delante de Kendizzzle. Sorprendida, esquivó la embestida de
Telyg usando su poder para ascender por el aire.  Telyg se impulsó un
poco y alcanzó de nuevo a Kendizzzle. Fue tan veloz que sobrepasó a
Kendizzzle y acabó estampado contra el muro.

-Kendizzzle se pregunta cual es la magia del  humano-

-Ni idea- dijo saliendo del boquete que había dejado en el muro-
¿Magia? No entiendo algo tan complicado. Yo solo muevo con todas mis
fuerzas ¿verdad?- dijo mirando a Darky

-Idiota- contestó Darky a su mirada.

-¡Vamos una vez más!- dijo poniéndose en movimiento

Se movía de un lado a otro, siempre en línea recta y sin ningún
tipo de control a la hora de pararse  Kendizzzle se percató de la
repetición de sus movimientos. Un solo salto hacia arriba le bastó 
para escapar de Telyg.

-MIerda- dijo mirando telyg hacia arriba

En ese momento, Kendizzzle golpeó con su bota la cabeza de Telyg.
Cayó de una forma rotunda al suelo. Aún así, estaba vivo.
Kendizzzle no había aplicado la fuerza suficiente para matarlo. Es
más, su golpe fue como una patada normal. Su mente estaba preocupada
por otra cosa que no era el combate.

-Kendizzzle te pregunta si viste- dijo con una voz inhibida

-¿Ver el qué? Solo vi tu bota en mi cabeza- 

Kendizzzle apretó con furia su hacha. Estaba preocupada de que en su
anterior golpe se hubiera levantado su falda. Sin mediar palabra,
Kendizzzle sacó una varillas de metal de su vestido. Formaban del
mismo tejido Salieron todos a la vez tomando una forma puntiaguda en
su extremo.

-Kendizzzle odia a los pervertidos mentirosos-

-¿Mentiroso? ¿Por qué? ¿Y a que viene lo de pervertido?-

-Kendizzle dice que los pervertidos deben ser exterminados 
de este mundo

***

Moi y Magica se habían ocultado en unas de las torres de vigilancia
del muro. Estaban lejos pero podían escuchar los ruidos del combate.
Magica parecía estar más tranquilizada aunque seguía con su cabeza
agachada, ocultándose entre sus rodillas inclinadas. Moi había ido a
las despensas de los vigilantes que estaba dentro del muro.
Intentaba distraer su mente para no pensar lo que ocurría fuera.
Desde que ocurrió el incidente no pudo hacer nada. Miro de reojo una
bolsa que llevaba a su cintura. Llevaba días fabricando una nueva
arma pero aún no lo había probado.

-Ni siquiera sé si funciona- pensó mientras le llevaba un plato de
sopa de verduras a Magica-por ahora solo puedo proteger a Magica-

Sin embargo, cuando llegó a donde estaba Magica 
ya había la figura de otra persona. 


-Vaya, no sabía que esta chica iba acompañada-
puntos 22 | votos: 26
Mejor un amigo que 150 conocidos. -
puntos 19 | votos: 19
No amo al daño pero a veces - recibiría el dolor que sufres.
puntos 14 | votos: 14
Capítulo XXII: Pandemonium - -¡Azul!- gritó Master lanzando enormes bolas de fuego sobre el
centro de mando.Todo se veía consumido por las enormes llamas. El
edificio de derritia ante la enorme incandescencia emitida por aquella
magia ígnea. Azul las desvió como si nada hacia fuera del
campamento. El impacto consecuente creó una onda expansiva que voló
por los aires a todos los cuerpos de sus víctimas. En su mayoría
eran mujeres a las cuales se les había obligado a reunirse enfrente
del centro de mando. 

Darky  observaba con inquietud desde el cielo. Era presa de un
encantamiento mágico cuya forma se asemejaba a una cruz. Sus pies y
manos estaban atados a tal extraña figura por un cordel invisible.
Este, poco a poco, iba succionando su sangre con sus hilos. Su mirada
se perdía en el horizonte. Una extraña niebla gris comenzaba a
surgir.

-Rojo- susurraba entre sus últimos alientos.

Parecía no oírle. Estaba enfrascado en su combate contra Azul.  Los
se movían a una velocidad desorbitante como si para ellos no
existieran las leyes de la física. Lanzaban enormes conjuros que
fácilmente podrían destruir el continente. Ninguno de los cedía
terreno al otro. Rojo se veía en dificultades. De vez en cuando,
sentía un quemazón en su pecho.

-¿Cómo se siente-preguntó Azul parado sobre el risco- ser
rechazado? Ese brazo izquierdo y ojo derecho no te pertenecen
¿verdad?- dijo esbozando una sonrisa.

-¡Cállate!- contestó Rojo invocando una multitud de estacas de
hielo sobre Azul.

-Tienes un gran dominio sobre los elementos pero aún no estas a mi
altura- dijo a espaldas de Rojo. El suelo se enfrió y comenzaron a
surgir grandes cumbres de hielo.

-¡Ya no eres mi rival, Rojo. Superé los conocimientos de nuestra
antigua maestra hace tiempo!- pronunció de mientras disfrutaba de los
futiles intentos de Rojo por zafarse de su ataque. –¡Y ahora que
por fin he encontrado su sucesora por fin obtendré un poder supremo!
¡Seré el nuevo rey de este mundo! ¡Qué digo rey, dios de todo lo
existente!-

Miles de estacas atravesaron el cuerpo de Rojo. Se encontraba en el
aire, suspendido con aquellas grotescas armas gélidas. La sangre
goteaba al suelo. Era un sonido constante que se agrupaba en un charco
del suelo. Comenzaron a surgir ondulaciones sobre esta. Una enorme
corriente de sangre se alzó hasta llegar al brazo de Master. En un
instante, destruyo la magia de Azul.

Descendió suavemente hasta tocar el suelo. Estaba rodeado por una
extraña aura. La sangre se movía a su alrededor de forma
circundante. Se aglomeraban en su heridas que rapidamente
cicatrizaban. Una extensa espada hecha de sangre surgió de su brazo
izquierdo.

-No puede ser. Eso es magia arcana. Se debió perder hace mucho antes
que la guerra del Consejo. ¿Cuando la obtuviste?-

-Es cierto, hace mucho tiempo.- dijo Master con su mirada retraída al
suelo.-Años, lustros, décadas, siglos. ¿Cuánto hace ya de eso?  Ya
ni me acuerdo. La muerte- dijo esta vez alzando su mirada a Darky- es
un don que la gente normal detesta. Pero nosotros sabemos muy bien
cómo es la muerte pues al fin al cabo somos sus instrumentos.-

La voz de Rojo cambió. Apagada y desconcertada, ahora sonaba con una
doble dualidad, a ritmos dispares y destrozando todo aquello a donde
se dirigiese. 

-El estigma de Thanatos nos persigue allá donde vayamos. Hace tiempo
que lo olvidé pero gracias a unos de tus lacayos lo recordé.
Recordé que es lo que se siente que te lo arrebaten todo y  recordé
las vidas que yo también he tomado. Y recordé una cosa más; nuestro
credo, aquel al que nos aguardábamos antes de ir al campo de batalla:
“Somos armas, nuestro único cometido es verter la sangre de los
enemigos de nuestros señores.” Lo había olvidado todo, incluso la
sed de venganza se había apaciguado. Pero ahora todo da igual, ¡a
quién le importa!- dijo provocando un enorme temblor- El pasado
siempre me persigue como si fuese una pesadilla. ¿Dices que quieres
ser Dios de un nuevo mundo? Adelante, yo seré el diablo que lo lleve
a su fin. Este mundo ya no merece ser salvado.

Azul fue atravesado por una enorme masa de sangre. El cuerpo de Darky
cayo sobre un fino campo de sangre.El cuerpo de Rojo comenzó a
cambiar. Su piel se había oscureciendo a la par que la sangre que lo
rodeaba se acrecentaba. Los cuerpo yacidos en el suelo servian ahora
como su suministro de sangre. Sus huesos comenzaron a dislocarse
tomando una extraña figura.  Sus manos y pies se convirtieron en
afiladas garras. Escamas negras rodeaban su cara y su pecho ahora
descubiertos.

-Este es el poder que querías.- dijo tomando el cuerpo de Azul. Lo
engulló una enorme bola de sangre. Siguió caminando recolectando la
sangre de todos los muertos. Ya no se parecía a su anterior yo.

-¡Master!-  Resonó una voz a lo lejos. Le resultaba familiar,


-¿Eliza?- constestó atónito- No, no puede ser, ella está aquí,
ahora, conmigo. ¿Quién eres tú? – preguntó de una forma
desquiciada.

-Master, por favor recuerda. ¡Soy Magica!- exclamó llevando su mano
a su corazón.

Master se llevó las manos cabezas. Un dolor punzante recorría su
cuerpo. Soltó un grito desesperanzador que levantó una gran
polvareda. Tras tranquilizarse, volvió a dirigir su mirada sobre
ella.

-Yo no te conozco- dijo sumiendo el cuerpo de Magica en un baño de
sangre.-Ahora debo de reunirme con mi maestra-

puntos 7 | votos: 7
Para el que juzga - todo lo contrario a él es malvado.
puntos 14 | votos: 14
Capítulo XXI: Arma Viviente - -¿Qué haces soñando ahora? ¡Despierta y combate al enemigo!-

Es cierto, Rojo se encontraba en el fragor de una cruenta batalla. Los
elfos sabían que si perdían Farion la capital quedaría
desprotegida. Por su parte, los humanos sabían que si ganaban hoy
habrían ganado prácticamente la guerra. En mitad del campo de
batalla, estaba Eliza. Estaba rodeada completamente por infantería
enemiga. Muchos de ellos se se abalanzaban sobre ella para obtener su
cabeza. Eliza era muy conocida por su gran destreza tanto de la espada
y con la magia, aparte de que era capaz de elaborar grandes
estrategias capaces de sorprender al enemigo. Pero todo eso cambió
desde su regreso. Nadie supo lo que le hizo el Consejo pero desde
luego su expresión pasó a ser sombría y sin vida. Se arrojaba
frente al enemigo, sin ningún tipo de apoyo u plan como si buscase un
careo directo contra la muerte.

-¡Ve y apoya a nuestra maestra, yo lideraré este frente!- 
le gritaba Azul.

Rojo dejó apresuradamente su puesto. Se embarcó solo a las filas de
los soldados enemigos. Uno tras otro, los hombres caían bajo el filo
de su espada. Uno de los arqueros, escondido entre los cuerpos sus
compañeros caídos, lanzó una flecha contra Rojo dándole de pleno
en el ojo derecho. Apenas se inmutó cuando la herida comenzó a
sangrar. Lanzó su espada contra el arquero.

-¡Aún me quedan mis reservas de magia!- dijo mientras 
recitaba en lenguaje élfico.

Dos enormes espadas flamígeras aparecieron de las palmas de sus
manos. Las desenvainó con maestría y retomó de nuevo su veloz
acometida. Estaba muy cerca de Eliza cuando un gigante se interpuso en
su camino. Los gigantes, al igual que las armas vivientes, eran seres
artificiales creados por y para  la guerra pero en cambio, los
gigantes no poseían ningún material orgánico ni poder de
raciocinio. Era una enorme masa de metal que llevaba el hedor de
muerte allá donde de le indicasen. Rojo no tenía tiempo que perder
así que fue directo a cortarle el cuello. El gigante se defendía
bien pese a su estatura y en un momento de descuido tomo el brazo
izquierdo de Rojo. Su brazo quedó totalmente destrozado. El gigante
apretó tanto que no podía reconocerse que había sido músculos y 
que eran restos de los huesos.

-¡Llévate mi brazo! ¡Solo necesito uno para derrotarte!- exclamó
cortándole la yugular.

Rojo estaba extasiado. La gran cantidad de sangre perdida y el uso
excesivo de magia lo habían llevado al límite de sus energías más
allá de lo habitual. Solo le quedaban unos pasos más para
encontrarse con Eliza. Se había convertido en su obsesión. Desde que
desapareció aquel día, descubrió que su ama era lo único que le
importaba. La guerra, la gloria o la fama no eran cosas a su medida.
Él solo deseaba a alguien que servir. Eliza le había dado un nombre
y una forma de vida. Eso era lo único que valoraba. Los demás era
prescindible. Incluso Azul, con el que llevaba más tiempo
compartiendo  tiempo en batalla, era un mero desconocido. Eliza. 
Todo lo que cabía en su cabeza era ella. 


Era raro. Estaba rodeado por soldados enemigos y la sangre brotaba sin
parar de su cuerpo. Ni tan siquiera se había parado a pensar en
porque estaba haciendo todo eso. Sonreía una y otra vez, de una forma
siniestra. Cualquier humano que se le interpusiera en su camino era
lanzando con gran brutalidad. Doblaba sus espadas con las manos
desnudas y atravesaba sus armaduras con magia de destrucción. Al fin
había llegado a donde estaba Eliza. 

Entonces ocurrió lo impensable.

En las inmediaciones, había un grupo de piqueros escondidos. Lanzaron
sus lanzas provocando una aluvión de muertes tanto en el bando
enemigo como el suyo propio.Algunas alcanzaron a Rojo pero no le
hirieron de gravedad. En cambio, Eliza recibió la mayoría de lanzas
en su espalda. Su cuerpo cayó delante de Rojo que lo recogió antes
de que cayera al suelo. Había visto miles de veces morir a camaradas
enfrente de sus ojos pero aquello era un momento de dolor
indescriptible para él. Las palabras no llegaban a alcanzar siquiera
a describir lo que pasaba por su cabeza. Eliza, que aún  conservaba
escasas fuerzas, acarició el rostro de Rojo con la intención que se
le acercara. Recitó unas palabras a su oído que solo él y ella
conocen. La descompuesta cara de Rojo se volvió tierna como la de un
niño. La sangre de su rostro se mezclaba con algunas pequeñas
lágrimas que salían de sus ojos. Dejó el cuerpo de Eliza en el
suelo y cerró sus ojos. Rompió una de sus mangas para ocultar su
brazo malherido. Con el combate decantando para el lado de los
humanos, Rojo se desvaneció. Huyó de todo lo que conocía y fue en
busca de la última empresa que le encargó su ama.

Master abrió sus ojos. Como si hubiese sido un mal sueño, revivió
cada uno de sus peores momentos. Se levantó lentamente para
percatarse de que no había nadie vigilándole. Sus heridas habían
ido cerrándose poco a poco gracias de nuevo a la magia que aún
fluía por su cuerpo. Palpó su ojo y brazo malheridos.

-Así que también tienes el poder de abrir las heridas psicológicas.
De verdad, eres un adversario temible Jess- dijo poniéndose de pie
–Pero has cometido un grave error al hacerme recordar todo esto.-

Master se arrancó la manga de su brazo izquierdo.  Poseía una
textura diferente al resto de su cuerpo. Era opaco y de aspecto
cangrenado. Las venas y arterias resonaban con cada pulsación. Su
marcado color rojo hacía verlas como las ramas de un árbol en la
plenitud del otoño. Al mismo tiempo, abrió su ojo derecho. Estaba
desbordado por la oscuridad. Solo su iris irradiaba cierta luz aunque
fuese espectral. Estaba teñido por un fuerte rojo.

-No sé quien estás de todo esto- dijo Master en voz alta-pero haré
que pague por todo esto- pronunció caminando hacia el centro de
mando.
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Capítulo XX: Un bello pecado - Atravesó el espeso bosque hasta  divisar una pequeña cabaña. No
estaba muy lejos del pueblo que acababa de cruzar pero la pendiente de
la montaña y la espesura  dificultaban el acceso. Era una pequeña
choza de madera cubierta con heno,  muy común en los pasajes rurales
de la zona. Las pisadas de Rojo se hundían en la hierba que
acariciaba sus pies mientras avanzaba. Llegó a la puerta. Allí se
encontraba Eliza, sentada en una mecedora  En su regazo, acogía un
pequeño bebé envuelto en sedas.

-¿No te parece hermosa, Rojo?  Mira que ojos tan vivos, mira con
atención todo lo que le rodean. Seguro que cuando sea mayor será muy
inteligente y guapa, igual que su mamá- dijo Eliza con ternura
mientras la mecía.

-¿Por qué?- preguntó extasiado Rojo- ¿Por qué huistes, Eliza? Ni
yo ni Azul podríamos creer que te hubieras marchado así sin más-

-Ya te lo dije, Rojo. La guerra en la que combatimos no tiene ningún
sentido.  No se lucha por ideologías, ni por el reino ni por las
personas. Son los intereses de los nobles, tanto humanos como elfos,
los que mueven esta maquinaria. Me di cuenta de todo en aquella
reunión en el campamento de Idilium. Tras eso, tomé la decisión
dejar las armas y llevar una vida tranquila todo lo que pudiese. ¿Y
sabes qué? Durante ese viaje sin rumbo lo encontré. Era un humano.
Aunque nuestras especies se odiaban desde tiempos ancestrales en sus
ojos no había nada de eso. Eran unos ojos claros que reflejaban el
cielo. Al cabo del tiempo, tomamos la decisión de casarnos. ¿Quién
hubiera pensado que fruto de nuestro amor surgiría algo tan bello?
¿Ves a mi hija, Rojo? No es solo la hija de una elfa y un humano sino
también el futuro de ambas especies. Un futuro donde ambas podrán
coexistir como una sola. Todo podría acabarse en un instante si 
pudieran comprender esto-

Rojo no supo como responder. En verdad ya sabía de su matrimonio. Un
rumor se dispersó por todo el reino. Las malas lenguas contaban que
una elfa había cometido alta traición contra su país casándose con
un ser humano. En verdad él estaba ahí para ganar tiempo para que
huyera pues un grupo de ejecutores iban a su búsqueda. Eran liderados
por Azul que intentaría todo lo posible para retrasar su avance. Pero
no habían contando de que su ama hubiese tenido un hijo con aquel
hombre. Era inconcebible. Nunca se había dado ningún caso de una
unión de la sangre humana y la elfa. Rojo tragó saliva.
El castigo que recibiría por contraer nupcias sería severo y se le
obligaría a regresar de nuevo al campo de batalla. No quería ni
pensar que actos cometería el Consejo si se enterase de 
que había tenido un hijo.

Las manos le temblaban. Un impulso producido por el miedo 
le hizo arrodillarse.

-Por todos los dioses. ama.¿Qué he hecho?  Yo no vine a buscarla
sino a entregarla a sus verdugos. Huya de este lugar y no mire hacía
atrás. Los contendré el mayor tiempo que pueda- 

-¿Ahora que nos encontramos quieres que nos separemos así, tan de
repente?¿Acaso no fuíste tú el que dijo que me ibas a servir
siempre, pasase lo que pasase? Pese a que tu maestra te haya
traicionado y abandonado, en lo más profundo de ti la sigues
aguardando  Rojo, puede que seas un arma pero aún así tienes
corazón.- No te preocupes, comprendo en la situación en la que te
encuentras. Jamás pensé que podría llevar una vida como esta
durante mucho tiempo. Me despediré de mi marido e iré contigo-dijo
levantándose de su asiento- ¿Podrías prometerme una última cosa?-
le preguntó antes de entrar-Si algo nos ocurriese a mi marido o a mí

¿te harás cargo de nuestra hija? –

-Daré mi vida si es necesario por defenderla-

-Seguro que la dejo en buenas manos- dijo entrando en la casa sin 
que se enterase Rojo

Tras despedirse de su marido y dejar a su hija, acompañó a Rojo a
donde se encontraba Azul. Estaban debajo de una colina, esperando en
mitad del camino. Junto al él, había cuatro enormes caballeros de
armadura negra. Su cabeza estaba oculta en un inmenso casco con
cuernos. Sin mediar palabra, bajaron de sus caballos y atraparon a
Eliza. La tumbaron en el suelo entre todos. Le pusieron grilletes en
manos y pies y una enorme cadena de púas que le arrebataba la
respiración. La llevaron arrastrando sin hacer caso omiso a las
indicaciones de Azul. La lanzaron con vehemencia adentro del carruaje
presidiario. Azul apartaba su mirada con resignación mientras que
Rojo mordía sus labios viendo todo lo acontecido.


-¿Te harías cargo de nuestra hija? Esas fueron sus últimas
palabras- pensó Rojo-No dejaré que te ocurra nada, Eliza. Prometo
que regresarás junto a tu familia y tendrás la vida que te mereces.
Así no hará falta que cumpla con mi promesa-

Azul miró a Rojo. No apartaba su mirada de Eliza que ahora se
encontraba inconsciente dentro del carruela. Estaba ahí, quieto, sin
moverse. Días más tarde, llegaron a la capital. Fue a su caballo sin
dirigir palabra a nadie. Prosiguieron su destino a la capital del
reino. Su mente siguió nublada durante todo el trayecto. El camino
fue empañado por lágrimas que caían de sus ojos…
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Capítulo XVIV: Huellas imborrables - Era primavera. El prado se pintaba de más colores aparte del verde.
Las banderas hondeaban al viento. Un gran campamento se alzaba en los
campos de Idilium. Las lonas blancas se movían sinuosamente con cada
batida. Soldados elfos iban y venían de cada rincón del campamento.
Era un rodeo de caballeros galardonados en sus recios caballos,
seguido de huestes de caballeros de menor rango. El sol quemaba con
fuerza y relucía en sus armaduras con un gran fulgor. El campamento
era un hervidero en todos sus sentidos. 

Todos parecían nerviosos excepto un joven que estaba apoyado sobre un
apeadero.Destacaba por el encima del resto ya que carecía de rasgos
élficos. Todos que pasaban cerca de él le lanzaban una mirada
furtiva. Él, en cambio, no respondía. Prefería ocultar sus ojos con
su melena negra. De vez en cuando, se daba la espalda para no soportar
la presión de sus miradas. Parecía ser el único que disfrutaba de
un día radiante pero alguien se interpuso entre él y el sol.

-Veo que disfrutas de la mañana-

-Déjame- contestó recostándose al otro lado-Últimamente he estado
soñando cosas muy raras.-

-¿Teniendo pesadillas antes del combate?-

-¡No es eso!- respondió poniéndose de pie-Es tan solo que era como
si todo hubiera ocurrido de verdad ¿vale? El dolor que sentí
entonces-dijo tomando su brazo izquierdo- jamás lo podré olvidar.

-Estas exagerando demasiado. En cualquier caso, cuando hayas dejado de
temblar de miedo, acompáñame. Nuestra ama no está esperando-

-Sí- dijo con un gran suspiro- Haré lo que tú digas, Azul-

Ambos caminaron por el cuartel. Las tiendas estaban completamente
llenas. Al final de una larga hilera, se encontraba una lona de mayor
tamaño. Entraron dentro de ella. Había numerosos generales reunidos
enfrente de una gran mesa. Encima de esta, se encontraba un extenso
mapa con la ubicación de las fuerzas enemigas y las aliadas.
Todos cuchicheaban y nadie se atrevía a decir la primera palabra.
Entonces una voz, dulce pero imponente, los acalló a todos de una
sola vez. Esa poderosa voz procedía de una joven elfa que estaba
situada detrás de todo el tumulto. Llevaba un peplo blanco con una
corta capa  rosácea. Tenía matices dorados en su cuello con
numerosas formas vegetales. De su boina, florecía una sedosa pluma
que estaba enganchada a través de una pequeña ala plateada. Se
abrió paso hasta poner con firmeza sus manos sobre la mesa.


-¿A qué esperáis para actuar? Nada os veo hablando, una y otra vez
sin parar. De mientras desperdiciáis el tiempo, el mundo, nuestro
pueblo, sufre las persecuciones de los humanos. Aparte, la tardía
reacción del Consejo a sus constantes ataques a la paz no ha hecho
sino acrecentar más los problemas que tenemos ahora. Somos la única
esperanza que le queda al reino. Ellos nos apoyan, aunque no sea desde
el campo de batalla. Al menos deberíamos responder a su llamada de
socorro-

-Señorita Eliza, todos compartimos su opinión- interrumpió unos de
ellos- pero nos encontramos en una clara desventaja con respecto al
ejército humano. Pese a tener una mayor capacidad ofensiva gracias a
los magos y armas pensantes pero ellos tienen un gran número de
soldados curtidos en miles de batallas sin mencionar que ya han
ocupado la totalidad del territorio. Por favor denos más tiempo para
reconsiderar su petición de enviar refuerzos al frente.-

Eliza no contestó. Miro fijamente Azul y Rojo. Tras eso, hizo una
pequeña reverencia y se marchó junto a ellos afuera. Recogieron su
pertenencias y montaron de nuevo a caballo.

-No lo entiendo ama ¿para que nos invocó en esa reunión? Es decir,
la probabilidad de que aceptaran nuestras demandas era casi nula- dijo
Rojo en mitad el camino.

--¿Viste a esos hombres? ¿Tú crees que lucho por ellos, Rojo? Todas
sus vidas, han disfrutado de los placeres de la vida sin preocuparse
si hacían daño a los demás. Ahora que son sus propias vidas las que
están en juego están haciendo todo lo posible para ganarse el favor
de los humanos. Os llamé para haceros la siguiente pregunta; ¿por
qué luchaís? Independientemente de cómo acabe la guerra ¿que
haréis cuando esta acabe?

-Mi señora- intervino Azul- Somos armas pensantes. Criaturas creadas
artificialmente a través de la ciencia y la magia para luchar en el
combate. No tenemos ningún propósito que el de estar en los campos
de batalla. Si estos desaparecen, no tendremos ningún motivo por el
cual seguir existiendo. Yo lucho por mí, guiado por sus órdenes.-

-¿Y tú, Rojo? Nos ha dicho nada-

-Estoy de acuerdo con lo que ha dicho Azul. Solo somos armas que
alguien debe de empuñar. Sin embargo, me gustaría estar siempre a su
lado, sirviéndole en todo lo que pudiera-

-Ya veo- dijo soltando una inesperada sonrisa

-Y usted ama, ¿por qué lucha? ¿Cuáles son sus intenciones tras que
acabe todo esto?- preguntó con curiosidad

-Hay tanta injusticia en el mundo que decidí cambiarlo aunque tan
solo fuese un poco. Yo también he cometido muchos pecados y sé que
en ningún lugar podré hallar la paz pero la verdad- dijo conteniendo
do un poco la respiración- desearía formar una familia y llevar una
vida normal- dijo llevando su manos a su vientre.

Rojo y Azul quedaron desconcertados con su respuesta. Allí acabó su
conversación. Galoparon hasta al anochecer. Pasaron los años y
siguieron viajando entre campos de batallas hasta que un día, sin
nadie darse cuenta, Eliza desapareció de la faz de la tierra.
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Los egocéntricos son invulnerables - a todo excepto de ellos mismos.

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Capítulo XVIII: Walpurgisnatch III - -¿Acaso crees que unos podridos pedazos de carne van a detenerme?-
decia Master acabando con cada criatura que se oponía en su camino.

Se abalanzó apresuradamente sobre Jess. 

-Necio- dijo alzando su lanza al cielo. Invocó a más de esos seres
del averno que procedían de las profundidades. Intentaban tomar a
Master sin éxito.

-Nada mal, arma viviente. Pero mi magia de va más allá de invocar a
unos simples muertos.-

Un chasquido sonó y el cuerpo de Master quedó tumbado en el suelo
sin motivo aparente. Su cuerpo permanecía anclado como si una enorme
fuerza interior lo aprisionara. De repente, pequeñas brechas de su
cuerpo comenzaron a sangrar.

-Puedo controlar también las heridas de los seres vivos, así como
para curarlas como para reabrirlas- declaró Jess pisoteando la cabeza
de Master-No tengo que hacer nada, solo ver como tu mismo te consumes
por dentro.-

-Maldito- replicó Master aunando fuerzas para levantarse. La bota de
Jess ejerció aún más presión.

-Admiro tu fuerza de voluntad pero ya has luchado bastante- dijo está
vez agarrando a Master del cabello-Ve y descansa con el gélido abrazo
de la muerte.- 

Presionó sus dedos justo en la frente de Master.

Jess musitó unas palabras tirando el cuerpo al suelo. Una leve
maldición sonó. Los ojos de Master se tornaron en blanco. Estaba
siendo rodeado por un charco de sangre. Su vista se nubló y se vio
aletargado por un profundo pesar. Al final no veía nada así 
que cerró sus ojos.

Mientras tanto, Moi y Telyg habían escapado tal y como les había
dicho Master. Corrieron sin mirar atrás. Tras ellos, dejaban un
jolgorio de gritos. Telyg se estaba mordiendo la lengua. Su actitud
era de dos verdaderos cobardes. Aprovechando la confusión, iban a
escapar de allí. Incluso habían pasado por delante de varios
escuadrones improvisados que intentaban repelar a la inesperada fuerza
de asalto.

Llegaron a la entrada principal. Era una enorme pórtico con una
muralla adintelada y almohadillada. Era un enorme muro infranqueable
coronado por punzantes verjas de metal.

-¿Cómo diablos se supone que vamos a escalar eso, hermano?-

-Ni idea. Ni siquiera veo el final del muro pero Moi ¿no ves algo
extraño en esto?-

-¿El qué?-

-Está intacto el muro tanto como la puerta. Si los invasores han
procedido del exterior ¿no sería normal que hubiera alguna brecha
por la cual hubieran entrando? A no ser que-dijo tras una pausa- que
alguien los ayudase desde dentro del campamento. Además, es muy
extraño que hayan atacado justamente cuando nuestra principal fuerza
se encontraba fuera.

-¡No es posible! ¿Estás diciendo que hay un traidor entre
nosotros?-

Telyg afirmó sus palabras con un breve silencio. Entonces, un sonido
estremecedor surgió cerca suya. Hubo una enorme polvareda. Tirada en
el suelo se encontraba Darky junto a otra figura que la miraba de pie.
Era una joven muchacha, de rostro pálido y de ojos color ámbar. Iba
ataviada con un traje negro negro y volantes blancos. Su pelo,
recogido en pequeñas trenzas, compartía esa última tonalidad.
Sostenía una hacha mucho más grande que ella misma. Desprendía un
aura intimidante. Darky le lanzó una bola de fuego que con suma
facilidad partió en dos.

-Kendizzzle dice que es inútil que te resistas- dijo la extraña 
dirigiendo su arma contra ella-

-¡Tenemos que hacer algo hermano!-

-¡Lo sé pero lo importante es poner a Magica a salvo! Huye con ella
mientras ayudo a Darky-

-Hermano-

Moi seguía corriendo hacía la puerta. Un solo hombre no podría
abrirla pero al menos podría esconderse dentro de la torre que había
a sus lador. Miró de reojo a Telyg que se estaba ajustando sus
guantes. Llevaba meses entrenando junto a él. Sabía que Telyg había
conseguido más o menos dominar los guanteletes malditos y como
moderar su uso para no perder tanta cantidad de sangre. Aún así, un
leve cosquilleo procedía de su cuerpo.

-No mueras, hermano- dijo mientras se alejaba.

Telyg corrió hacia donde se encontraba Darky.

-¿Te encuentras bien?-dijo Telyg ayudando a Darky ponerse de pie.

-¿A ti qué te parece? Estúpido.-

-Kendizzzle dice que se enoja cuando no le prestan atención- dijo
ella interrumpiendo su conversación.

-Sí, sí. No me olvidaba de ti. Darky ¿estás lista?- dijo telyg
tomando una postura de combate.

-¡Por supuesto!- le contestó ella.
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Veo principales por todas partes. -
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-Resumen de No Tale- - SINOPSIS:  Año 520 de la nueva era. La mayor parte del continente se
halla en manos de los humanos. El imperio, bajo el férreo mando de
Girardort, ha conseguido subyugar al resto de razas haciendo que la
magia cayera en el olvido. Tan solo un reducto de mercenarios,
autodenominados “Escorpiones Rojos”, les hace frente.
Acompaña a Telyg, un joven que lleva siendo dos años soldado, en su
deseo de llegar a ser comandante de los Escorpiones Rojos. Pero no
todo será fácil porque antes de combatir en el exterior tendrá que
luchar contra sus propios camaradas.

ARCO I: ESCORPIONES ROJOS: Telyg ha sido destituido en su cargo de
líder de escuadrón el cual había obtenido recientemente. No
bastante con eso, tiene que lidiar con Ryu, un compañero del
barracón que mantiene un comportamiento peculiar con él. Más tarde,
se enteraría de que su puesto ahora sería de Ryu. Se ve involucrado,
sin quererlo, en una batalla por el puesto de lider escuadrón.

Telyg entrena con Godric, un afamado soldado de los Escorpiones Rojos,
para estar a punto para el combate. Ambos contendientes se ven
inmersos en una frenética batalla.
En medio del combate, Godric descubre que Ryu está siendo ayudado por
Minstek a cambio de los beneficios que va a obtener de las apuestas
del combate. Telyg cae derrotado y Godric, en un momento de cólera,
atraviesa a Ryu con su espada y se predispone a entablar un
enfrentamiento con Minstek 

Días más tarde, Telyg se despierta en la enfermería junto a Godric,
Minstek y Ryu. Allí descubre que Mouser, un general de mayor rango,
intervino en el combate para ponerle fin. Todo parecía que iba a
volver a la normalidad pero Mouser decide intervenir castigando a
todos excepto a Telyg. Es más, le restituye su cargo como lider de
escuadrón.a cambio de que olvide lo sucedido. 

ARCO II: LA FORJA
Telyg se encuentra solo ahora sin Godric ni Ryu. Comienza a buscar a
nuevos miembros para su escuadrón. De esta forma, conoce a Magica y
Master, que forman parte de los ingenieros y son los que dirigen la
Forja; lugar donde se fabrican para las armas de los soldados. Se ve
envuelto de  nuevo en un combate, esta vez con Moi; un joven ingeniero
que ha estado robando piezas para sus propios experimentos. Una vez
derrotado, Moi decide unirse al escuadrón de Telyg.


ARCO III: LA NOCHE DE WALPURGIS

Ahora junto a Moi, Telyg parece haber recuperado la compostura.
Aparte, están Master y Magica que lo ayudan en todo lo que pueden a
encontrar nuevos miembros. En este contexto cononocen a Darky, una
joven que es la encargada de la biblioteca y que mantiene una cierta
relación con Master. Este último, interviniendo a favor de Telyg,
consigue que Darky acepte ser miembro del escuadrón de Telyg.Darky
tiene un sueño profético. Alertada, va en busca de Master para
comunicárselo.Pronto dejará de ser primavera y comenzará el verano.
Se acerca la noche de Walpurgis.
Moi, Telyg y Magica disfrutan de la festividad mientras que Darky y
Master se preparan ante la inminente tragedia…

Si no entienden algo pregunten; es buena oportunidad de atar cabos
sueltos de la historia
puntos 7 | votos: 9
Pokefilia. - Los Wooper abusaron de Brock.
puntos 16 | votos: 16
La ira es un ácido - que puede hacer más daño al recipiente en el que se almacena 
a cualquier otra cosa sobre la que se vierte.

                                                                                                      -Mark Twain-

puntos 15 | votos: 15
No hay mayor tirano - que tus propias palabras.
puntos 13 | votos: 13
Capítulo XVII: Walpurgisnacht II - La noche estaba iluminada por los farolillos de la feria. Había
grandes hileras de puestos de comida y otros tantos de juegos. Moi,
Telyg, Magica y Master iban de allí para allá disgustando los platos
y probando suerte en el tiro al blanco. Magica parecía divertirse
mucho entre toda aquella multitud. Eso hacía feliz a Master. De
repente, una siniestra mirada surgió enfrente suya. Aprovechando de
que no miraban, Master se alejo poco a poco del grupo hasta llegar a
unos arbustos. Allí le esperaba Darky.

-¿Movimientos?- preguntó Master

-Ninguno por ahora. Centinelas y torres del muro controladas. No hay
nada sospechoso, aún-

Un estrepitoso sonido surgió se alzó detrás suya.  Junto a él,
gritos de pavor recorrieron las calles llenas de multitud. Largos y
oscurecedores brazos surgían de la tierra tragando a todo aquel
inocente que estuviese a su alcance.

-Justo como en mi sueño.- pensó Darky-¡Rojo!-

-Sí, la comitiva ha llegado. Darky, evacualos a todos. Yo iré a la
posición de Magica- ¡La hora de cazar brujas ha comenzado!- 


Unos pasos más alejados se encontraban Moi, Telyg y Magica. Se
habían visto arrastrados por el pánico y ahora se encontraban en un
callejón sin salida. Aquellos extraños seres comenzaron a salir a la
superficie. Eran cuerpos inertes rodeados de una aura tensa y oscura.
Todo era un caos. El crujir de sus articulaciones y la pútrida carne
que les colgaba pavorizaba hasta los más valientes que quedaban a su
merced. Los hombres servían de carnada para aquellos seres sin
apetito de mientras que las  mujeres eran reunidas como un rebaño en
las inmediaciones del centro del mando. 

-¡Mierda! ¿Qué son cosas que dejan de aparecer debajo tierra,
hermano?-

-No lo sé pero dudo que tengan buenas intenciones-dijo golpeando a
uno de ellas en la cara-¡Joder, siguen apareciendo más! ¿Cómo se
encuentra Magica?-

-No sé lo que le ocurre. Desde que aparecieron esas criaturas se ha
escondido agazapada en aquel rincón. Parece como si estuviera
diciendo algo pero no sé lo que es-

-Mierda, no los podré contener por más tiempo- dijo Telyg lanzando
una y otra vez sus puños.

Una figura roja voló por cielo trayendo consigo una lluvia de
destrucción y fuego. Portaba una pequeña pistola. Cada bala era
disparada atravesaba  milimétricamente el objetivo que se desvanecía
en inocuas llamas verdes.

-Lamento la demora-

-Nunca creí que lo diría pero me alegro de verte viejo-

-Ya pero la situación sigue siendo pésima. Esas criaturas parecen
que solo devoran hombres y a las de mujeres las están conduciendo en
frente del centro de mando.-dijo mientras disparaba- ¿Magica?
¿Dónde está Magica?-

-Ahí- dijo Moi señalando donde estaba-Desde que comenzó esta
locura, no se ha movido del sitio- 

-Ha entrado en una fase critica- dijo Master observando sus pupilas-Si
esto sigue- concluyó sin acabar la frase.

Otro personaje misterioso apareció. Era de piel grisácea y sus ojos
eran el reflejo de  una gran ansiedad de sangre. Portaba una gran
lanza de la cual emanaba un extraño hedor. Llevaba un faldellín
verde, donde se podía apreciar una cabeza reducida.

-No puede ser. ¿Un elfo?-

-¿Cómo dices hermano?-

-¡Sus orejas son puntiagudas!-

-Es cierto hermano, nunca hubiera imaginado ver un elfo vivo hoy en
día. Pensé que habían sido exterminados-

-Toma, y yo-

-No tienen ningún tipo de estilo ¿sabían? Es muy descortés hablar
de una persona sin que se haya presentado antes. Humanos, se me
olvidaba que no se puede racionalizar con ellos. Si me disculpan
tomaré a esa chica- dijo mientras se posicionaba detrás de ellos.

Master lo paro antes de que pudiera llegar a Magica. El elfo oscuro
parecía sorprendido.

-Vaya, con que hay más armas vivientes en activo. Interesante-

-¿Arma viviente? ¿De qué está hablando, Master?-

-Chicos, tomad a Magica e iros lo más lejos que podáis. No puedo
explicaros lo que pasa ahora mismo pero si ellos toman a Magica algo
muy malo sucederá-

Sin repuesta, Moi tomo a Magica entre sus brazos y salto la valla
junto a Telyg. Ambos estaban preocupados. No sabía lo que pasaba y
Master había mostrado una cara de gran preocupación.

-¿Los dejaste ir? Muy amable por tu parte- contestó Master.


-No lo agradezcas. Unos de los nuestros les dará caza pronto-

-¿Cómo dices?-

-¿Acaso creías que era el único que se iba a presentar del
aquelarre? Nos ha costado mucho tiempo para encontrar a la Elegida.
Ahora nada detendrá nuestros planes. Bien, antes de que te unas a mis
huestes infernales, me presentaré. Mi nombre es Jess y soy el antiguo
mago arcano de la corte del rey Jorghen, decimoséptimo rey de
Estivalia. Y tú arma viviente, ¿acaso tu ama te dio algo nombre?-

-Puedes llamarme Rojo-dijo mientras recargaba-¡Pues será el último
color que verás antes de morir!-
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Capítulo XVI: Recuerdos - -Vaya, que agradable sorpresa tenerte aquí. No sueles salir de la
biblioteca, ¿ha ocurrido algo?-

Reinó el silencio. No hacían falta palabras para 
comunicarse entre ellos.

-Con que es eso ¿verdad? Bueno, entonces mejor será entonces 
esconder a los chicos.-

-¡No!- dijo interrumpiendo Darky-Si hacemos algo extraño quizás
ataquen antes de lo esperado. Debemos actuar con cautela 
hasta medianoche-

-No te preocupes, si intentan hacerte algo los mataré con mis propias
manos. Al fin al cabo, hemos sobrevivido tanto tiempo para 
llegar a este momento-

-Rojo- dijo mientras tomaba la mano de Master.

-Al fin, los vengaré a todos y cada unos de ellos.- musitó con una 
voz ansiosa.

Darky se apartó rápidamente de él. Surgió una risa alocada que
inundaba toda La Forja. Con aspavientos, Master tomó varias armas de
fuego. Escogió una pequeño artilugio, similar al rifle usado
anteriormente contra el golem de piedra, que escondió en su cintura.
Un fuego encendía su pecho consumiendo sentimientos que había
intentado olvidar.

-Está vez sí, os salvaré a todos. Nadie más morirá. Todo esto
acabará pronto y podremos estar juntos de nuevo- decía hablando
hacia una figura existente.

Algunas lágrimas brotaron del rostro de Darky. Sus rodillas se
estremecieron y cayeron. Trató de ocultarlas con un pañuelo de seda
pero sus llantos alertaron a Master. 

-Perdóname, pero creo que debo de incumplir nuestro contrato- 

-¿Por qué? ¿Acaso no has tenido lo suficiente creando esa muñeca?-
dijo entre sollozos. Darky comenzó a golpear el pecho de Master de
forma airada. Sus golpes no le hacían daño. Era como la provocación
de una niña pequeña en busca de afecto.

-Esta tranquilidad no podía durar para siempre. Al menos ellos,
incluida tú, debes tener un futuro al que aferraros- dijo mientras
recogías sus lagrimas con los dedos. –He intentado de mil y una
formas de olvidar, pero ninguna ha surtido efecto.-

-¿Acaso la sigues amando?-


-¿Amor? ¿Qué es el amor? ¿La atracción física entre dos personas
desconocidas? Pues sí, he amado, pero ahora su cuerpo no es más que
polvo y cenizas. El sentimiento que albergo ahora no es nada
relacionado con el amor. Los antiguos manifestaban el amor como algo
bello y profundo sin embargo, lo que hay dentro de mi ser es solo
ponzoña que ha corrompido todo mi ser. Sí aún puedo recobrar la
cordura es porque aún la anhelo– dijo poniéndose de pie-Tranquila,
no haré nada precipitado. Como te dije en la biblioteca, he
encontrado en ese algo muy interesante. Algo que vale la pena
proteger-

Darky recobró la compostura. Se levantó, hizo un gesto de despedida
y ser marchó. No le gustaba que viesen lo frágil que era realmente.
Como una muñeca de porcelana, cualquier movimiento le haría
quebrarse en mil pedazos.

Master se quedó solo en la habitación. Echó un trago a la bebida
que llevaba a la cintura y  se puso a andar sin rumbo por la Forja.
Entonaba un extraño canto de una civilización perdida. Sus pasos
eran débiles y descoordinados Ahora que la factoría se encontraba
pausada, las enormes máquinas parecían enormes lápidas de metal.
Hondeaban el camino sinuoso. Master se paró en seco y tecleó una
clave en la misma pared cubierta por la oscuridad. Antes sus ojos se
hallaba una gran sala blanca. En su centro, había una especie de tubo
cilindrico. Contenía un extraño líquido color ocre. Master se
acercó aún más hasta llegar a tocar el cristal con sus manos. Los
restos de un cuerpo humano se hallaban dentro de el. 

-Descansa en paz- susurró

Caminando sobre sus antiguos pasos, volvió afuera y volvió a teclear
sobre la pared. La lumínica habitación cayó en la penumbra. El
extraño se tornó de rojo al mismo tiempo que se descomponía lo que
había dentro de él. La sala se cerró sola.

Master seguía caminando sin saber el rumbo de sus pasos. Seguía
entonando aquella canción aunque ahora un extraña corriente fluía
por sus mejillas. Los recuerdos comenzaron a asaltarle como si su
corazón y mente fuesen fortalezas inexpugnables. Dentro suya, se
libraba el más feroz de los combates.
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Capítulo XV: Noche de Walpurgis I - Hace calor. El fuego se diluye entre las ramas de los árboles creando
luces incandescentes.  El viento confabula con el y hace saltar
chispas allá donde quiere. En poco tiempo el mundo fue rodeado por
llamas. 

Allá, en el fastuoso cielo, se aprecian dos resplandecientes juegos
de luz que no proceden de los astros. Chocan, una con la otra, de
forma vertiginosa, dejando un trazo blanco en el cielo. Está oscuro,
los astros se muestran apagados, sin vida. 

En la mundana tierra, ríos de color carmesí avanzan por doquier.
Llantos acompañan su caudal y enhiestas sombras vienen a saciar su
apetito. Devoran todo lo que hay a su paso, bañados por la oscuridad
del cielo y el fulgor de las llamas.

Una pequeña figura se alza en todo ese caos. Su pútrido cuerpo se
cae inevitablemente al suelo. Ahora no es más que carne y huesos
calcinados. Unas de las sombras la acompaña, decide arrancarle el
último llanto de su alma pero en un instante desaparece.

Darky despertó de un grito. Se encontraba empapada de un sudor frío.
Llamó inmediatamente a unas de sus sirvientas que procuró llevarle
el atuendo a su ama. Darky se vistió rápidamente con la ayuda de su
sirvienta. 

-Dime, ¿A qué fecha estamos?- preguntó a su sirvienta acabando de
colorcarse apropiadamente su frigio.

-Mi señora, hoy estamos en el año 250 de la nueva era. Este día,
precisamente, es la víspera de la noche de Walpurgis-

La cara de Darky mostró un ligero sentimiento de preocupación.
Llevó su pulgar  a su boca a como tenía de costumbre tras sentirse
inquieta por algo, y comenzó a morderlo. Apretó tan fuerte sus
dientes que comenzó a sangrar.

-Imposible, ¿tan pronto?  Quizás debería avisarle.-dijo para sí
misma- Tú, prepara todo lo necesario. Iré a La Forja ahora mismo-  

-Sí, mi ama-

En en el otro lado del campamento se encontraban Moi y Telyg. Hoy no
hubo discurso matutino. Don Zaloog, junto a sus hombres más fieles
como Mouser, habían partido del campamento antes del alba. Había
indicios de que el enemigo podría atacarlos aprovechando la
festividad de la noche de Walpurgis. La noche de walpurgis era una
fiesta realizadas por los ancestros de los humanos y que había
preservado hasta nuestros días. A la medianoche, se realizaba una
gran fogata donde se quemaban todos los malos deseos y se oraba para
ahuyentar los malos espíritus. También indicaba el final de la
primavera y la llegada del verano.

Todos en el campamento estaban alegres por el acontecimiento.
Normalmente, eran dias de jolgorio y prácticamente no se hacía nada.
Aunque este año el ambiente fuese más hostil, eso no cambiaba que
todos tuviesen ganas de divertirse. Pero no todos gozaban de esa
oportunidad ya que alguien debía hacerse cargo de los preparativos.

-Hermano, ¿por qué diablos siempre nos toca a nosotros? A veces
pienso que eres, gafe- contestó Moi con una pila de cajas 
que ocultaba su rostro.

-Vamos, vamos.-dijo Telyg riéndose- Si cuanto antes acabemos antes
podremos unirnos a la fiesta-

-Ya pero es que- pero Moi fue interrumpido por un grito.

-¡Estoy harto! ¿Es que acaso ustedes no saben presentarse cómo
personas normales?- dijo Moi con las cajas 
desperdigadas por el suelo.

-Perdón. Hola, Telyg- 

-¿Qué tal va todo, Mágica?-

-Muy bien, ¿sabes qué? Me he enterado que hoy se celebra un festival
así que le he pedido a Master si podríamos ir. De todas formas, los
chicos de La Forja estaban cansados así que también 
iban a salir antes.-

-¿Y bien, dónde está el viejo? Solo se te ve a ti sola-

-Ah, bueno, ha dicho que tenía unos asuntos que arreglar pero sin
lugar a dudas vendrá. Al fin al cabo, hemos hecho una promesa-
contestó enérgicamente. Magica parecía más alegre de lo habitual.
Saltaba de un lado para otro  y no podía estarse quieta. 

-¿Mágica, acaso es tu primer festival?-

-¡Sí!- dijo esbozando una gran sonrisa-¡Espero que los pasemos 
bien todos juntos!-

-¡Claro!- respondió igual de contento Telyg.

Unos pasos más atrás, se encontraba Master. Se dirigía hacia ellos
con una mirada preocupante. Recordaba su reciente encuentro con Darky.
–Si lo que dice es cierto, es que han llegado hasta aquí pero
¿quién diablos será su objetivo? No puedo perder nadie de vista-
pensó dubitativo.

Se acercó a ellos, y se unió a la conversación. Pasaron la mañana
y parte de la tarde organizándolo todo para la gran noche. Un
enervante pensamiento se había apoderado de su mente. –Con que la
noche de Walpurgis- Y sin darse cuenta, el atardecer había llegado.
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Capítulo XIV: Revelación - Darky y Master se quedaron a solas en la habitación. 

Ninguno de los dos cruzaban miradas. Darky seguía leyendo su libro
mientras que Master degustaba el café. Sin previo aviso, Master puso
un libro en la mesa. Era bastante antiguo . Su forro era de cuero y
sus apiladas páginas, de tacto tosco y quebradizo, reflejaban el paso
del tiempo en un amarillo vidrioso.

-¿Descubriste algo?-

-Nada importante. Muchas historias y mitologías pero nada sobre la
ubicación del resto de armas malditas y el contenedor mágico.-

-Ya veo. Espero por tú bien que no me estés ocultando nada, Rojo-
dijo Darky alzando primera vez su vista a Master.

La mirada de Darky fue penetrante y Master la recibió como una
provocación. Sus ojos se ofuscaron cuando Darky le llamó Rojo.

-No deberíamos hablar del pasado- contestó mientras reclinaba  la
cabeza en su mano.-Por otra parte, he encontrado una cosa muy
interesante. ¿Te fijaste en aquellos dos?-

-¿El pervertido y el idiota? No les vi nada especial-dijo soltando un
suspiro-¿A dónde quieres llegar?-

-Quiero que los ayudes, aunque no sea de forma de directa.-

La cara de Darky mostró su cambio de humor. De la total indeferencia
brotó la inquieta curiosidad. Cambió su postura e imitó la
posición de Master.

-¿Tú, pidiéndome un favor? No pensé que viviría tanto para verlo-
contestó con sarcasmo-Deber ser algo muy grande lo que llevas entre
manos. Dime, Rojo, 
¿acaso ellos forman parte de tu plan?-

-¿Plan? ¿De qué plan me hablas? Por favor, soy tan solo un viejo
desvalido-dijo mirando su brazo izquierdo-que busca pasar sus últimos
días en paz- No tengo ningún plan excepto el de llevar una vida
tranquila. Tan solo debo saldar una deuda, nada más-

-¿Ya no piensas vengarte de Azul?-

-Darky, no te lo volveré a avisar. Deja en paz a los muertos-
contestó agresivamente.

-No me importa si desperdicias tu vida si no afecta a nuestro
contrato.- concluyó dejando su taza vacía en la mesa.-Está bien, lo
haré por ti- dijo bajando su tono voz

-Sabía que eras una buena chica- dijo Master mientras se levantaba
para abrazarla.

-Odio el contacto humano y lo sabes- respondió suavemente.
 

Telyg y Moi esperaban afuera. Cansados de caminar sin rumbo entre una
inmensidad de libros, decidieron salir de la biblioteca para tomar el
aire. Respiraron hondamente.

-¿Qué diablos le pasa a esta tía? ¡Era irritante!- exclamó Moi
enfurruñado- ¡No me imagino con ella en un escuadrón!

-No hará falta si ocupa la posición de comodín-

-¡Joder, viejo, deja de hacer esas apariciones de la nada!- gritó
Moi que se había caído al suelo del susto.

-¿Qué significa eso, Master?- preguntó Telyg.

-Bueno, normalmente los comodines son los reservas de cada escuadrón.
Se quedan en el campamento en espera por si tienen que acudir de
reemplazo por algunos de sus compañeros caídos. Lo he estado
hablando con Darky y le parece bien-

-¡Es genial!-

-Bueno no es para tanto.- dijo con la mano en su cabeza.

-¡Con esto tan solo nos faltan tres miembros más, hermano!-

-Me alegro por ustedes, muchachos-

-Pero una cosa Master. Si Darky puede ser una comodín, ¿eso quiere
decir que posee las habilidades tanto de ingeniero, como médico y de
asalto? No es que no confíe en tus palabras pero parecía bastante
débil- comentó telyg.

-En realidad es una hechicera. Por eso puede adaptarse a cualquier
campo-

Telyg y Moi no salían de su asombro.

-¡Es una bruja. Seguro que tienen esclavizadas a todas Maid para que
hagan todo lo que se les ordene- decía entre gritos-¡Maldita bruja! 

-¡Una maga, increíble! Yo pensaba que ya no había nadie que pudiera
usar la magia- por otro lado Telyg.

-Creo que no me habéis escuchado- dijo con cierto enfado Master- He
dicho hechicera, no maga ni bruja. Los magos eran aquellas personas
que controlaban la magia para sanar heridas. En cambio, los brujos se
especializaban en hechizos de destrucción. Por otro lado están los
hechiceros que dedican la mayor parte de su tiempo a la Magia
Teórica.

-¿Magia Teórica?- preguntaron ambos.

-Es la parte de la magia que basa su estudio en la observación de los
circuitos mágicos y los procesos que se han de llevar a cabo para su
correcto uso así como los fenómenos posibles que surgen tras el
hechizos. Para que lo entendáis mejor- dijo viendo sus caras de
desconcierto- Darky estudia el funcionamiento de la magia aunque no
pueda usarla abiertamente-

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Capítulo XIII: Sanctasanctórum - -Por cierto Master,  ¿hoy no te acompaña Magica?-

-Tenía cosas que hacer en La Forja. De todas formas, no soy tan viejo
para necesitar asistencia durante todo el día-

Hablando de cosas banales, Moi, Telyg y Master llegaron a la puerta.
Cuando iban a llamar, alguien desde dentro les abrió.

-Buenos días señores, nuestra ama los estaba esperando-

-¡Qué linda!- gritó Moi emocionado.

Era una maid. Llevaba una larga falda de color ópalo con encajes. Su
delantal de sirvienta, de un blanco impoluto, se deslizaba suavemente
desde un adorable lazo en su espalda hasta su falda. Llevaba las
mangas recogidas hasta la altura de los codos, mostrando una brillante
piel. Tenía una fría pero brillante sonrisa en su rostro.

-¡Moi! ¡Estás sangrando por la nariz!- exclamó Telyg

-No es nada hermano.- dijo cubriéndose con las manos.

Una vez dentro, recorrieron amplias salas llenas de libros. Situados
en grandes estanterías que llegaban a tocar el techo, fueron
conducidos por la maid siguiendo la estela de una aterciopelada
alfombra roja. Allá por donde pasasen, había delicadas Maids subidas
en  las estanterías ojeando, fichando y ordenando libros.

La hemorragia nasal de Moi no hacía sino acrecentarse.

-Bien, llegamos a donde se encuentra mi ama. Os deseo un encuentro
agradable- contestó antes de cerrar la puerta.

Se encontraban en la habitación más amplia; la que se encontraba
debajo de la cúpula. Un rayo de luz procedía del techo.  En el lugar
donde el haz de luz se veía reflejado había una pequeña mesa de
cristal y dos sillas. En unas de ellas se encontraba sentada una
figura femenina. Era como un maniquí; bello, frágil e inexpresivo.
Su atuendo consistía en un largo camisón de color marfil y otros
detalles morados. Llevaba un frigio del mismo color en su cabeza. Su
pelo violáceo danzaba con los pliegues de vestido hasta descender
suavemente hasta sus caderas. Sus ojos, también purpúreos, estaban
ensimismados en la lectura de un libro. Con una mano sujetaba aquel
volumen antiguo mientras que con la otra sujetaba una taza de café

-Has tardado más de lo habitual.- dijo sin apartar la mirada.

-Lo siento Darky, me entretuve buscando el libro que debía de
devolverte- dijo Master tomando asiento

-Lo supuse también. A la hora de verdad siempre has sido un desastre-
dijo mientras mojaba su dedo en sus labios para pasar de página.

-Bueno, es que he tenido mucho trabajo últimamente. ¿Puedo?- dijo
señalando una tetera que había encima de la mesa.-

-Adelante-

-Rayos, no sé como intervenir en la conversación entre esos dos.
Quizás debería presentarme primero.- pensó Telyg. –Hola, ¿te
llamas Darky, verdad? Nosotros somos Moi y Telyg, del escuadrón
Gunta. Un placer conocerla- concluyó con una breve referencia.

-No me importa-

-¿Perdón?-

-No me importa quienes seáis. No tengo ningún asunto que tratar con
vosotros. Si vais a estar aquí callaos sino haréis mejor en
marcharos. Al fin al cabo, esto es una biblioteca. Impera la ley del
silencio-
 
-¡Qué fría! Tratar así a mi pobre hermano- replicó Moi.

-Vamos a tranquilizarnos todos- dijo Master en tono pacificador-
Vosotros habíais venido a verla también ¿no? Es decir, juraría que
estaba en vuestra lista de miembros para el escuadrón.

Telyg y Moi  quedaron inmóviles.

-¡Jamás aceptaría a una tía tan borde!-

-¡Vamos Moi, tranquilízate!-

-Vaya par de estúpidos- concluyó sorbiendo de su taza-¿Quizás
debería hacerlos entrar en razón?-

-No hagamos más leña del árbol caído,
Darky.-Vosotros-dirigiéndose a Moi y Telyg- ¿Por qué no dais una
vuelta mientras tanto por la biblioteca? No creo que sea un problema
si una de tus sirvientas la acompaña, ¿verdad?-

-Mientras no estorben-
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Capítulo XII: A las puertas del saber - -Hermano, dejémoslo por hoy. A este ritmo padecerás de anemia-

-Muy bien- contestó jadeando Telyg-Por hoy 
dejaremos el entrenamiento-

Pese a su encuentro del otro día, Moi y Telyg se llevaban
extrañamente bien. Pasaban todo el rato juntos y en los
entrenamientos se ayudaban el uno al otro. Más que una relación de
amistad se acercaba a una de respeto. Moi admiraba el coraje que
mostró Telyg al intentar para a su golem. Desde entonces, comenzó 
a llamarlo hermano. 

-Cada día  mejoras una barbaridad, hermano- 

-¿Tú crees? Deben por ser tus inventos. Me han ayudado mucho en mi
entrenamiento. Ahora que lo pienso, es increíble que 
te echaran de La Forja-

-No me lo recuerdes- dijo pateando con furia una piedra del suelo-Todo
fue culpa del viejo ese.-

-¿Viejo? ¡Ah, te refieres a Master! Bueno, no parece mala persona
pero es algo raro- le contestó.

-Ese viejo tiene mas de mil caras- dijo Moi entre dientes.-Bueno,
hermano, ¿nos marchamos ya?-

-¡Claro!-dijo asintiendo con la cabeza.

-Pero antes de eso hermano, ¿le has puesto ya nombre al escuadrón?-

-Bueno, tenía uno en mente desde hace tiempo.-contestó con cierto
aire de orgullo-De ahora en adelante, el escuadrón se llamará
Gunta.¡El escuadrón Gunta de Telyg! ¿No es maravilloso?- 

Moi lo miró con desconcierto.

-A ver hermano, como te digo esto para que no suene borde- 
contestó pensativo.

-¿Eh? ¿No te parece un nombre genial? ¿Qué le pasa?- le dijo 
con ojos llorosos.

-Nada, nada- contestó agitando rápidamente sus manos- Vamos a a
buscar más miembros- concluyó corriendo hacia delante.

-¡Espera, aún no hemos acabado!¡Además soy yo el que tiene la
lista!-

Moi y Telyg se marcharon de la zona de entrenamiento. Caminaron hasta
llegar a una capilla. Tenía una puerta adintelada de madera
policromada. Contaba con un techo levantado en forma de espigas con
ladrillos que seguían un diseño de doble emparedado. Todo ello
estaba rematado en una gran cúpula que contaba con un tambor
esférico, de forma octogonal y con múltiples y pequeños ventanales,
que estaban coronados por pequeños nervios que convergían en el
centro de esta. El edificio extendía sus brazos con largas estancias
iluminadas por ventanales de arco de medio punto a dos niveles
distintos. Todo el edificio estaba rodeado por unas gruesas vallas de
metal, asentadas sobre unos sólidos muros de piedra.

-¡Qué grande! Hermano, ¿dónde estamos?-

-A ver, salimos tan rápido que no nos dimos cuentas a donde íbamos-
contestó Telyg forzando una sonrisa avergonzada.
 
-Es la biblioteca.-  contestó una voz detrás de ellos.

-¡Master!-

-¡Viejo!-

-Hola chicos. Veo que tenéis buen aspecto. ¿Qué hacéis por aquí?-

-Bueno, la verdad es que- dijo tímidamente Telyg-

-Perdona por hacer una pregunta tan obvía-le interrumpió- ¿Habéis
venido a buscarla, verdad?-

-A esos hemos venido- contestó Telyg siguiéndole la corriente-Si
supiera que en realidad nos hemos perdido- pensó.

-Bueno, entonces entremos juntos ¿vale?-
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Capítulo XI: La Forja IV - -Oye, déjame echar un vistazo a tu brazo- dijo 
Master tras concluir la pelea.

-¿Por qué?-

-¿Tu tan solo sabes replicar? Hazlo y punto-

Telyg se quitó los guanteletes como le pidió Master.

-Uh, esto tiene mala pinta. Ven con nosotros,  dentro debería 
haber un botiquín de primeros auxilios-

-Por mi está bien pero ¿qué hacemos con este chico? Se cayó del
Golem y aún no ha recuperado el conocimiento- 

-No te preocupes, Magica ha ido a buscar una cuerdas para amordazarle
y eso. Si te preguntas que vamos a hacer con el Golem, un grupo de
ingenieros vendrá y lo desmontará.-

Regresaron los tres a la habitación junto a Moi, que estaba atado con
cuerdas. Cuando llegaron, Master comenzó a inspeccionar detenidamente
a Telyg.

-Las incisiones han sido más profundas que con cualquier sujeto
normal. ¿Ves esto, Magica?- dijo tomando sin miramientos el brazo de
Telyg. -Es un ejemplar único-

-¡Oh!- dijo con entusiasmo Magica- ¡Me gustaría diseccionarlo y ver
que como son sus circuitos internos!- 

-No Magica, no- contestó Master acariciando su cabeza- Los seres
vivos no tienen circuitos sino órganos como, por ejemplo, el
corazón.-

-Disculpen, yo sigo aquí- interrumpió Telyg reclamando su brazo-
Aparte ¿qué era eso? Sentí un extraño pinchazo y luego mi
cuerpo…cambió, no podría expresarlo de otra forma-

-Eso a lo que te refieres es el efecto que producen las armas
malditas. Son artefactos raros y unicos esparcidos por todo el reino.
Pertenecieron a antiguos héroes y guerreros que podían imbuir de
magia todo aquello que tocasen. En tu caso, usaste la copia de una de
esas así que los efectos se vieron más reducidos. Esa arma en
especial tenía el nombre de-

-guanteletes de Heracles- concluyó Telyg

-¿Los conoces?- preguntó extrañado.

-Sí, más o menos- contesto nervioso. No podía decirles que él,
junto a Godric, había robado unas de las armas malditas. Aparte de la
creación y el mantenimiento del equipamiento para en los combates, en
La Forja también se realizaba expediciones al exterior para encontrar
nuevos materiales y yacimientos. Eso fue unos días antes con su
combate con Ryu. Recuerda de que entró con Godric dentro de La Forja.
Pasaron por numerosos pasillos hasta llegar una sala amplia. No
recordaba nada más. Cuando intentaba pasar lo que había ocurrido
tras obtener los guanteletes de Heracles padecía unos intensos
dolores de cabeza. 

-En fin. Lo que usamos son réplicas de una copia, ¿sabes por qué?
Porque cierta tonta se le olvido revisar los sistemas de seguridad
antes de cerrar el complejo- dijo mirando de reojo a Magica.-Por
cierto, gracias por ayudarnos ahí arriba. La otra arma que usamos
todavía se encuentra en fase experimental por lo tanto 
tardamos más en configurarla-

-¿También es un arma maldita?-

-No exactamente.- respondió Master acomodándose en su asiento.-Es un
arma que usaban los antiguos pero no era especialmente rara. Usaban
pequeños fragmentos de hierro en recamaras de dicho material. Este, a
la hora de ser lanzando, se impulsaba a través de unos mecanismos que
accionaban tras apretar una pequeña palanca a la que ellos llamaban
gatillo. Esta se veía impulsada por la fuerza de la reacción
procedente de la fuente energía, es decir,  magia. Hoy en día ya no
existen los magos así que usamos  reemplazamos la magia por pólvora
creando una nueva tipo de armas; las armas de fuego. Debo de decir que
es uno de mis proyectos más ambiciosos hasta la fecha –dijo con el
pecho lleno de orgullo.

-La verdad, no necesitaba una explicación tan detallada. 
Bueno, creo que es hora de irme-

-Espera. Aún no hemos hablado de tu recompensa Aparte de regalarte
estos guanteletes, he intercedido por ti y te he conseguido un nuevo
miembro de escuadrón-

Los ojos de Telyg se iluminaron.

-¿De veras?¡Gracias! Dime, ¿de quién se trata?-

-Moi- respondió triunfalmente.

-¿Perdón?- preguntó atónito Telyg

-¡Claro, así matamos dos pájaros de un tiro. Por una parte cubrimos
nuestro problema y tu consigues un miembro para tu escuadrón 
¿Es un plan fantástico verdad, Magica?-

-¡Sí, Master!-

Y así ambos estuvieron riendo hasta bien entrada la noche.
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Capítulo X: La Forja III - Un monstruo gigante hecho de toneladas de piedra se les acercaba a una
velocidad que no era propia de una criatura de sus dimensiones. Su
agilidad, junto a la increíble fuerza que poseía, lo hacían un
enemigo imbatible.

-Esto, Master. ¿Qué diablos hacemos con esa cosa?- preguntó Telyg
preocupado- No es que podamos hacer mucho frente a una cosa tan
grande. Quizás deberíamos pedir ayuda-

-¿Acaso eres tonto? Esto es un problema entre ingenieros. – le
replicó- No hace falta llamar a todo el campamento. Además, tenemos
un arma secreta. Magica, enséñale eso-

Magica trajo consigo dos cajas de metal. Una era bastante extensa y
larga mientras que la otra, más pequeña, que era cuadrangular.  

-¿Unos guanteletes? ¿Y eso otro que es?- preguntó 
Telyg tras abrirse la caja.

-¿Eso que más da? Tu pontelos y ya está-

-¡Master, cuidado!-  exclamó Magica apartándolo de donde estaba.

El gigante de piedra alzó con fiereza su puño contra el suelo.

-Eso ha estado cerca- dijo Telyg viendo el enorme socavón que había
provocado cerca suya.

-¡Telyg! Confío en tí- exclamó Master desde el otro lado.

-Master- dijo mientras se ajustaba los guanteletes en su manos.

-Entrétenle todo lo que puedas ¿vale?- dijo Magica mientras huía
junto a Master de la zona de combate.

-¡Esperad! ¡No me dejéis solo!-

Moi comenzó a reír. –¡Qué patético, por favor. Te han dejado
abandonado a tu suerte. Sí eso es, te han dejado como a un perro. Un
cachorro, sí, eres como un cachorro indefenso y desvalido!- 
decía entre carcajadas.

Telyg sintio un pinchazo con esas últimas palabras. Un rostro
familiar apareció en su mente. La sangre le comenzó a hervir de
forma espontánea mientras su ritmo se aceleraba sin control.  Sus
músculos se contraían unos tras otro, de arriba a abajo, como si
fuera una cadena de movimientos naturales en su cuerpo. Apretó
fuertemente sus puños y avanzó sin titubear hacia al golem.

-¡A quien diablos estás llamando cachorro!- grito Telyg mientras
chocaba puños con el gigante.

El enorme ser retrocedió estrepitosamente. 

-¿Qué diablos pasa?- farfulló Moi que se aferraba 
al cuello de su creación.

-¡A mí nadie me llama cachorro!-  exclamó Telyg mientras se
abalanzaba abiertamente sobre él.

Ahora Telyg enfrentaba al golem como si fueran iguales. Cruzaban
puños sin apenas inmutarse. Era increíble como aquellos luchaban sin
ceder terreno al otro. Cualquier golpe causado era una pequeña
victoria personal.

-Deberías intervenir ya, Master, no creo que Telyg aguante más.
Quiero decir, es sorprendente que puedo hacer frente a algo tan grande
pero aunque tenga mucho poder su derrota es inevitable-

-Entiendo lo que quieres decir. Ya ha perdido mucha sangre-

A unos pasos más atrás, se encontraban Master y Magica. Master
estaba tumbado en el suelo con un extraño cilindro. Tenía curvaturas
a lo largo de su forma y contaba con una abertura en uno de sus
extremos. Master ajustaba a su ojo lo que parecía ser una mirilla
integrada al extraño objeto. De mientras tanto, Magica apoyaba su
mano sobre la espalda de Master a la par que recitaba unos extraños
versos en un lenguaje desconocido.

-20 segundos para los acabar los procesos de disparo del proyectil.
Estableciendo carga en la cámara. Niveles mágicos estables.
Ajustando los posibles efectos de retroceso. Medidas de seguridad
aceptadas. Buscando punto débil del objetivo. Blanco confirmado    
Redireccionando la trayectoria. Esperando órdenes, Master-

-¡Fuego!-

Una esfera de hierro emanó del artefacto en un mar de fuego. Cortaba
el aire allá por donde pasase creando un ruido ensordecedor. Era un
diminuto fragmento de hierro pero con tan solo un impacto en gigante
de piedra bastó para derribarlo.
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Capítulo IX: La Forja II - -Así que no eres el mensajero- 
-Correcto. Mi nombre es Telyg y en verdad había venido en busca de
ingenieros libres que deseasen unirse a mi escuadrón-

Hacía un rato que Master y Telyg se habían quedado solos en la
habitación. Tras ver el tremendo error que había cometido, Magica se
fue avergonzada con el pretexto de que tenía que vigilar 
al resto del personal.

Ahora que estaban a solas, Telyg pudo aprestar mucha más atención a
Master. La nieve cubría su pelo mientras que su rostro reflejaba aún
el fulgor de un adolescente. Sus tímidas arrugas apenas sobresalían
de las comisuras de sus labios. Iba bastante abrigado pese al calor
que hacía ahí dentro. Llevaba una larga chaqueta roja junto a un
uniforme de soldado maltrecho de cuando aún era joven. Llevaba botas
y guantes de cuero. Unos de sus brazos le fallaba debido a una herida
que se hizo aún estando en la milicia, así que lo escondía
apoyándolo la extensa manga de su traje. Tenía múltiples cicatrices
aunque la más significativa era la que le atravesaba 
el ojo derecho el cual no podía abrir. En su cintura había un fajín
que usaba para guardar su botella de licor favorito.

-Déjame echarle un vistazo a la lista. Ya veo –dijo pensativo- ¿Y
dices que te la ha dado Mouser? Eso tiene que ser un error-

-¿Por qué lo dice?-

-Porque la mayoría de ingenieros que aquí figuran están muertos. O
han muerto en combate o en algún incidente dentro de La Forja-

-No puede ser- dijo Telyg dirigiendo su mirada al suelo

-Lamento no poderte ser de más ayuda pero como ves andamos corto de
personal. Si hubiera alguna manera de- Master fue interrumpido por la
entrada de Magica.

-¡Master! ¿A qué no sabe lo que ocurrió? Iba yo por los pisos
vigilando a que el personal estuviera en su sitio cuando escuché de
que el encargado de los pedidos había pasado por la zona de servicios
como mucho hace una hora. ¿Y sabe lo increíble? Es que nadie lo ha
visto salir- explicó rapidamente Mágica

-Perdón, Master, pero ¿sabe usted lo que ha querido decir?-

-Nos lo ha vuelto a jugar. Bien Telyg, parece que nos va a tener que
ayudar en un asunto bastante importante. Claro está que si se
resuelve como debido obtendrás tu merecida recompensa. 
¿Qué me dices?- 

-Está bien. Las cosas no me han ido últimamente bien. Será una
forma de hacerle  frente a mi mala fortuna-


-Bien, pues vayamos afuera. Te iré dando los detalles por el camino.
¡Magica! Toma la caja que contiene el T1560. Vamos a tener una
oportunidad de probarla con ese bastardo. Y tú, Telyg, 
¿no usas ningún arma?-

-Ah bueno, yo es que la verdad- dijo entrecortado- prefiero luchar con
mis puños. Nunca he sido muy diestro al empuñar un arma.-

-¿Y por qué no los has dicho antes? Nosotros los ingenieros somos
los encargados de proporcionaros el material necesario para antes de
una batalla. Mágica, aparte de lo que te dije, trae un par de BK-L.

Telyg no se estaba enterando de nada pero veía la seriedad con la que
se se tomaban las elecciones sobre el equipo que empezó a confiar en
aquella extraña pareja. Siguieron el mismo trayecto que realizó
Magica para llevar a Telyg hasta la presencia de Master. Este en el
trayecto le comentó que desde hace unos días alguien  comenzó a
asaltar  los cargamentos que llegaban a la forja. Tomaba pequeñas
piezas, sobre todo engranajes y piezas de cobre y metal por lo que
llegaron a la conclusión de que era un ingenier. Aparte, que la
mayoría de ingenieros que estaban en La Forja sabían las 
rutas de  las mercancías.

-Por eso decidiste traer al recadero hasta ti ¿no?- dijo Telyg

-Correcto. Siempre los atacaba en lugares alejados a La Forja pero
ahora ha ampliado su campo de acción hasta nuestras propias narices.
Sea quien sea, no se va a salir con la suya- dijo Master apretando su
puño. 

Cuando llegaron afuera, una gran sombra ocultaba el sol.

Era un enorme monstruo cercano a los cinco metros. Tenía forma humana
y estaba hecho totalmente de piedra -¡Cuánto tiempo, viejo! ¿Has
visto como he podido dar vida a mi creación? ¡Ya te dije que mis
cálculos nunca fallan! ¡Idiota!-dijo una pequeña voz con una
risotada. Había un joven niño de subidos en los hombros de aquel
grotesco ser.
Llevaba un mono naranja y un montón de arneses en su cuerpo.

-¡Moi! ¿Qué diablos pretendes hacer?-

-¿Lo conoces?-

-Sí, era uno de mis mejores ingenieros. El problema es que comenzó a
realizar experimentos sin la autorización del centro de mando y fue
cesado. Desgraciadamente, no pude intervenir por el- 


-Sí, ya claro. ¿No pudiste hacer nada por mí? Ya estoy harto de
tantas palabras vacías. Primero destruiré La Forja y luego iré por
ese estúpido de Mouser. Llamarme loco ¿a mí? ¡Pues ahora verá lo
que puede hacer el genio de un loco! 
¡Ve, gólem de piedra!-

Y todo aquel amasijo rocoso adquirió vida propia.

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¿Recuerdas el primer negativo? - Entonces ¿para qué tener en cuenta los otros?
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Capítulo VIII: La Forja I - Preguntase a quien preguntase la respuesta era siempre la misma. Los
nombres de la lista iban siendo tachados al mismo tiempo que la
esperanza Telyg se desvanecía por momentos. -Solo necesito cinco
personas- pensaba Telyg recorriendo todo el campamento en busca de
algún compañero.

Los escuadrones eran pequeños grupo de seis, contando con el líder,
que llevaban en la mayoría de  las ocasiones misiones de
infiltración, recogida de datos y apoyo estratégico. Cada uno de sus
integrantes debía estar especializado en algún campo. Existían
miembros que se dedicaban al cuidado de la salud de los demás, como
los alquimistas y magos aunque estos últimos eran poco frecuentes, la
vanguardia de asalto que eran la base ofensiva del equipo. Dentro de
estos se encontraban los caballeros, especializados en el cuerpo a
cuerpo y los asesinos cuya habilidad primordial era matar sin ser
vistos. Luego, algo menos valorizados, se encontraban los ingenieros.
Eran un soporte de apoyo para el líder, quien se dedica a dirigir a
los demás, aparte de que debían de velar por el mantenimiento de las
armas usadas en combate. En total, un escuadrón debía estar formado
por su líder, dos miembros de la fuerza de asalto, un ingeniero y un
alquimista. Había un sexto, denominado como el miembro comodín que
debía estar especializado en cada área de sus compañeros por si
algunos de estos moría durante el proceso de la misión. Era evidente
que este último grupo 
escaseaba al igual que los magos.

Telyg llegó a su destino. Tras ser rechazado por los demás, intentó
hablar con los ingenieros. La mayoría de estos se hallaban en una
cueva al que muchos llamaban como La Forja. Según tenía entendido
Telyg, La Forja era una cueva de proporciones gigantescas. Dentro de
esta había una mina y una fundición donde se realizaban la mayoría
de armas que poseían los Escorpiones Rojos. Pese a su importancia,
tenía una entrada discreta; parecía la entrada de una cueva normal.

-Hola, ¿hay alguien hay?- preguntó alguien golpeando 
la cabeza de Telyg

-¡Pero qué diablos haces!- contestó molesto.

-Me alegra que estés bien- suspiro aquella persona.

Era un chica. Iba ataviada con una chaqueta negra terciopelada y una
blusa blanca que contenía manchas de aceite en el cuello. Su pelo, de
color del dorado sol, estaba recogido a través de dos largas coletas
que alcanzaban sus hombros. Tenía unos ojos claros 
al igual que su tez.

-Una vez oí que los hombres del pasado se quedaban petrificados tras
ver un monstruo con cuerpo de mujer y cabello de serpiente. ¡Qué
escalofriante! ¿Verdad? Pensé que te había pasado lo mismo así que
por eso te golpeé en la cabeza. Espera un momento, no te conozco
¿acaso eres de aquí?-

-¿Qué pasa con ella? Habla tan rápido que no puedo seguirle- pensó

-¡Ah, claro! Tu debes ser el nuevo chico de los recados-prosiguió la
extraña muchacha- Ya me lo dijo Master. “Magica, hoy vienen las
piezas que necesitamos. Haz guardia hasta que veas al  encargado de
entregarlas y tráelo aquí”- dijo poniendo una voz grave Sí, sin
duda alguna eres él. ¿Quién más se acercaría a  nosotros, los
ingenieros?-

-Esto, creo que hay un error-

-Claro, claro. Se nos está haciendo tarde. Ven. Master nos espera-
dijo Mágica sin atender a las palabras de Telyg que se 
vio arrastrado al interior.

La cueva era un complejo enorme de estructuras de acero y altos hornos
dedicados a la fundición de hierro. Era increíble el vapor
desprendido por las máquinas y su incesante movimiento. Allá a donde
alzases la mirada estabas rodeado por ellas. Caminaron por un buen
rato por un suelo de rendijas hecho de metal. Después tomaron un sin
fin de escaleras hasta llegar a los más profundo de la cueva 

-A Master le gusta estar solo para pensar. Por eso construyó su
habitación unos pisos más abajo que el resto del personal. Además
como supervisor de La Forja, debe estar en todo momento cerca del
motor principal. Ten cuidado, aquí las fugas debido a la presión son
más comunes- le explicó mientras saltaban un tubo del cual emanaba
una gran masa de aire incandescente.

-Creo que me muero- dijo Telyg cansando tras tan agitado viaje.

-¡Master, Master!¡Abra, le traigo el recado quiero decir el
recadero!- grito aporreando una puerta de metal.

La puerta de metal se abrió sola y se adentraron en la habitación.

Era un cuarto bastante desordenado y olía bastante mal. Había restos
de comida por todos lados aparte de que tanto paredes como suelo
estaban recubiertos de papeles.  Había lo que parecía ser el cuerpo
de una persona echado encima del escritorio.
Parecía ser un hombre canoso, de mediana edad. Roncaba profundamente.


-¡Master, Master, Master!- 

Y de repente, el cuerpo cayó del suelo.

-Buenos días, Mágica.- contestó entre bostezos ¿No te he dicho que
antes de entrar llames a la puerta?-

-Pero, pero Master me dijo que esto era importante así que vine lo
antes que pude-

-Sí, sí- contestó Master dándole la razón- Bueno- dijo
poniéndose de pie- ¿Qué era eso tan importante? No lo recuerdo-

-Estos ingenieros están locos- musitó Telyg.
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Capítulo VII: Punto de no retorno - Sonó la puerta.

-Adelante- respondió Mouser sin apartar su mirada del escritorio.

-¿Que querías de mí?- preguntó Telyg tras entrar.

-Si, espera, lo tengo por aquí- le contestó antes de atravesar otra
puerta que llevaba a una sala contigua.

Hacía semanas que la rutina volvió. Tras la pequeña revuelta
sufrida se redobló la seguridad dentro del campamento. Ya no había
escapadas nocturnas ni tampoco beligerancias de ningún tipo.
Era una tranquilidad insana, como todo aquello que es conseguido 
por la fuerza.

Telyg fue llamado al centro de mando. Era un edificio bastante alto,
de forma cuadrangular. En él, se alzaban expectantes cuatro torres. 
Contaba con un tejado a doble vertiente hecho de piedra caliza.
Su entrada principal estaba precedida por gruesas columnas que
sostenían un recargado frontón. Tras entrar se encontraba una
espaciosa sala que se bifurcada en numerosas escaleras y pisos.
En el centro de dicha sala, se situaba una enorme estatua que
representaba una de los temas cotidianos de la mitología humana; 
el asesinato de los dragones por parte del hombre. Telyg se quedó
absorto mirando la estatua hasta que unos de los sirvientes personales
de Mouser le indicó el camino. Lo llevó hasta una enorme puerta de
madera donde se encontraba Mouser. Aunque también luchaba en caso de
necesidad, la mayor parte de su trabajo residía en los asuntos
burocráticos con el resto de campamentos y asentamientos así como
las estrategias 
que debían ser llevadas a cabo.

-Perdón por haberte hecho esperar. Ten.- le dijo tras entregarle un
papel a Telyg- Es una lista- prosiguió-  con todos los candidatos
posibles para tu escuadrón. Estoy al tanto de que algunos de tus
antiguos compañeros se han negado a unirte a tí y que los otros ya
se están ubicados en otros escuadrones así que pensé que tenía la
responsabilidad de buscarte nuevos miembros. Dime ¿le has puesto un
nombre ya? Si no eliges uno pronto, se le asignará uno de defecto.

-No, no lo he pensado todavía. Gracias por lo de esta lista. La
usaré apropiadamente.- respondió con desánimo- Ha pasado un mes, 
¿qué ha ocurrido con Godric? ¿Y los otros dos? ¿Dónde están? 
No sé sabe nada de ellos-

-Ya lo dije en su día; deben pagar las consecuencias de sus actos.
Cuando salden su deuda regresarán, no tengas la menor duda. Me parece
bien que te preocupes por Godric ya que te intentó ayudar cuando eso
pero ¿por qué mencionaste a los otros? Cualquier persona normal los
odiaría después de lo que te hicieron-

-Godric fue muy amable conmigo e intentó ayudarme en todo lo que
pudo. En cierta manera, me siento en deuda con él. A Minstek no lo
conozco tanto por odiarle y Ryu, bueno, Ryu es Ryu. Siempre se ha
comportado de forma muy extraña conmigo. Evitaba el contacto con
todos los demás pero parecía que buscase siempre chocarse conmigo.
Sería falso si no admitiera que odiaba sus pretensiones y sus
continuos acosos pero supongo que es la única manera que tenía de
comunicarse. Cuando regrese, me gustaría que pudiésemos ser amigos-

Mouser río.

-¿Entonces no los odias?-

-Al principio. Pero luego me dí cuenta que todo pasó muy rápido y
que apenas pensé en cuales serían sus verdaderos motivos. Ya sé que
diste tu propia explicación pero no puedo aceptarla-

-Sabes que ellos lo confesaron todo ¿verdad?-

No hubo respuesta. Tras eso, Telyg se marchó siguiendo su camino.

-Se le ve bastante afectado. Si supiera que nunca regresarán a su
lado- comentó Mouser en voz alta.

Una voz dentro de la habitación rompió a hablar.

-Señor, tenemos los resultados de las pruebas-

De repente, una hoja de papel cayó en el escritorio.  

-Vaya, vaya- dijo Mouser con sorpresa- Así que al final encontramos
un sujeto compatible. Esto es interesante. Informa al resto y diles
que sigan con la observación.

-Sí-

-Una última cosa, ¿qué piensas sobre lo que ha dicho Telyg?-

-Ya no formo parte de su vida así que no tengo nada que decir. Si me
disculpas, me marcho ya.- 
 
La extraña voz se apagó.
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Si golpeas al aire - es que tus puños son certeros.
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Si no sabes por qué luchar - lucha para hallar la respuesta.

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Capítulo VI: La caída - -Ah, esto debe ser el cielo. Tan blanco, tan luminoso tan cálido- 
pensó Telyg.

Se encontraba en la enfermería. Era la habitación más cuidada que
podía existir en el campamento. Se hallaba unos pasos más atras de
los barracones. Era un pequeña estancia, una diminuta casa de campo.
Contaba con varios ventanales que abarcan la mayor parte de sus muros
mientras que el resto del edificio se hallaba pintado de blanco
imitando el color del mármol. Era un remanso de paz.

-Buenos días, cariño- dijo un bulto que apareció entre sus
sábanas-Pensé que te recuperarías más rápido si te ofrecía calor
humano-

-¡Pero que diablos haces tu aquí!- exclamo saltando de la cama-
¿Acaso esto no es el paraíso?-

-¿Paraíso? Oh, sin duda lo es, cachorrito. Que hayamos podido
compartir cama  es una delicia para mí- 

La cara de Telyg se descompuso.

-Oye, no arméis tanto jaleo- dijo una voz tras las cortinas.

-Sí, ya ves, así no se puede fumar tranquilo-

-Espera, ¿acaso estáis todos muertos?- dijo telyg mareado.

-Ho,ho,ho. No es eso, mi querido amigo.- le contestó una mano blanca
que se posó en su hombro.

Demasiadas fueron las emociones que golpearon a Telyg que lo dejaron
sin conocimiento. Más tarde, recobró el sentido. Estaba rodeado por
Ryu, Godric, Minstek y otro extraño personaje. Su rizado pelo
parecía estar bañado en el color de la luna y su rostro poseía unos
enigmáticos ojos azules. Su vestimenta estaba conformado por una
larga toga azul con un cinturón de oro con pedrerías Sus mangas eran
bastantes anchas con una forma de embudo 
que también contaba con detalles dorados.

-Perdona por haberte asustado. Debido a mi posición, se me hace
difícil hablar de forma natural- dijo alzando su mano a telyg que se
encontraba en el suelo-

-Gracias…perdona, aún no sé como te llamas- 

Ryu, Godric y Minstek contuvieron la risa.

-Es verdad, llevaste muy poco tiempo como líder de escuadrón así
que nunca nos presentaron como es debido. Mi nombre es Mouser, soy el
comandante de este campamento y por tanto uno de los oficiales de más
alto rango de Escorpiones Rojos. Llevémonos bien ¿vale?- le
contestó con una amplia sonrisa.

Mouser les explicó todo lo sucedido a Telyg tras su derrota así como
él impidió la pelea entre Godric y Minstek. 

-Para resumir, Minstek no tenía los fondos suficientes para seguir
con sus investigaciones en el laboratorio, así que para ello ideó un
plan para obtener fondos mediante las apuestas que se realizaran
durante tu combate. Para ello, se alió con Ryu que a cambio obtuvo
varios potentes venenos. Aprovecharon tu destitución y el nuevo
nombramiento de Ryu para crear este escenario sin embargo no contaban
en que Godric podría intervenir, desencadenando una serie de sucesos
fatídicos uno tras otro. Así que, viendo que las cosas se les
habían escapado de las manos, decidí intervenir. 
¿Lo entendiste, Telyg?-

-No- respondió crédulamente

-Bueno, eso está bien. Lo que quiero decir es que sobre ti no
recaerá ninguna culpa. Es más, debido a que nuestra intervención
fue tardía, hemos pensando en restituir tu cargo como líder de
escuadrón claro a cambio de olvidar este pequeño incidente-

-¿Pequeño? ¡Casi la palmo!- respondió enfadado.

-Deberías tener en cuenta, Telyg- prosiguió Mouser- que sabemos que
robaste una de las armas malditas por no decir que llegaste a usarlas
sin apenas preparación-

Un nudo se hizo en su garganta.

-Bueno, tranquilízate. Ya te dije que no tendríamos ese detalle en
cuenta- intervino Mouser percatándose de su nerviosismo. – Bien,
señores, es hora de que me acompañen- dijo dirigiendo su mirada a
donde los demás se encontraban- Es hora de pagar 
las consecuencias de sus actos-

Todos salieron de la enfermería excepto Telyg, 
que se había quedado pensando en la cama.

-Esto es muy raro. Si lo que el me ha dicho es cierto, yo y Ryu
deberíamos estar muertos aparte de que veo completamente imposible de
que alguien pueda parar a Godric en ese estado de locura. ¿Cómo
demonios lo habrá hecho?-

Sin poder dar respuestas a sus preguntas, Telyg se acostó de nuevo
mirando  aquel techo desconocido.
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Hay muchas cosas a la vista - pero tan solo unas pocas atraen nuestra mirada.
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Capítulo V: Apología del odio - Odio. No he sentido nada más desde que vine a este mundo. Las
personas que me rodean, todas ellas, me atraviesan con su penetrante
mirada, como si quisiesen acabar con mi existencia. No era de
extrañar que en mí floreciese el odio, oh, que 
bello sentimiento, natural de la condición humana.

No detesto a todas las personas por igual. Odio a aquellas que
recubren su vida en un velo de hipocresía y engaños. ¿Amistades? No
puedo dudar de su uso. Sin embargo, a quien mas odio a este mundo son
a las personas como tú. Si, tú, te odio a más que nada en el mundo.
Vas con una sonrisa en tu rostro,  fingiendo que tu vida  no es tan
dura como en realidad es. Le quitas importancia a todos los problemas
cuando en verdad sientes miedo de enfrentarte a ellos. Eliges siempre
el camino fácil o directamente huyes de aquello que  te desagrada.
Puedes esforzarte tanto como quieras pero en los verdaderos
obstáculos retraes tu mirada atrás.

Debe ser eso porque odio tanto a los humanos. Sí, aunque sean los
momentos más difíciles de su vida no pierden el deseo de seguir
viviendo. La esperanza no es más que un intento 
vano de recrear un sueño en la realidad.

Es extraño. Una parte de mí se rompe cada vez que recito estas
palabras. Desde que tengo uso de razón, estas palabras 
han estado arraigadas en lo más profundo de mi ser.

Ahora que te veo agonizando comprendo como de débiles somos los seres
humanos. Podremos hacernos más fuertes, pero siempre habrá una
debilidad que nos hará perecer.

Incluso yo, vencedor de este combate, acabo de 
perecer frente a mi mayor debilidad.

Quizás te odiase tanto porque te encontrabas lejos de mi alcance. No,
te encontrabas tan cerca de mí que tenía miedo a que me hicieras
daño. Te alejé tanto como pude de mientras me  escondía en lo más
profundo de mí corazón. Como siempre, ni la victoria ni la derrota
significan nada para mí. 

Miles de agujas cayeron al unísono.


-¡Telyg!-  gritó Godric bajando a la arena.

-Se acabó- comentó Minstek mientras tiraba 
la colilla de su cigarro al suelo.

-¡Oye, Telyg, mírame. Abre los ojos!- dijo sacudiéndolo.

-No es más que un cascarón vacío. Yo que tú lo dejaría en el
suelo para que se lo comiesen los gusanos-

-¡Qué le has hecho!- exclamó enfurecido.

-He parado su corazón a través de una potente toxina. Sin
circulación sanguínea, sus guanteletes se vuelven inútiles. Es tu
culpa- añadió- le enviaste a la misma muerte tras darle tal
artefacto maldito. Yo soy su verdugo pero tú fuiste quien lo envió
al patíbulo.-

-¡Regrésalo!- 

-Es imposible devolver la vida a los muertos-

El rostro de Godric cambió. Su rostro estaba desencajado, sus ojos
estaban desbocados y sus dientes sobresalían de su boca. Era como un
animal sediento de sangre. Pese a que seguía bajo los efectos del
veneno de Minstek, no había en él ningún atisbo de cansancio. Al
contrario, su cuerpo parecía desprender vapores que traspasaban
incluso su gruesa armadura.  Tomó su espada, que tenía el doble de
tamaño que cualquier persona y apuntó hacia Ryu.

Respiró hondo, como si intentase tragar el mundo.

-Si no puedo regresarle a la vida, ya no tienes sentido de que sigas
viviendo- dijo mientras atravesó con su espada el pecho de Ryu.
Lanzó su cuerpo lo mas lejos que pudo, tañendo su armadura y arma 
de un rojo carmesí.

La multitud corrió despavorida.

-No me olvido de ti, Minstek-

-¿Quieres que sea tu pareja en este último baile?- le peguntó
Minstek tras alcanzar la arena con un pasmoso salto. –Acabemos
rápido. No creo que el comandante tarde mucho en enterarse de la
situación.-

-Como si eso me importara-

-Dime, ¿por qué todo este escándalo por ese chaval? Por lo que
escuché, apenas os conocíais-

-Siempre es duro perder un camarada. He vivido en incontables esa
sensación. Como lider de escuadrón, he tenido que soportar la dura
carga que es llevar a la memoria a todos mis compañeros caídos. Un
día, cansado de todo eso, me prometí que no volvería a dejar que
nadie muriese en frente mía, aunque ello me costase la propia vida.
Pero en el día de hoy, he vuelto a cometer los pecados de antaño. Si
no puedo defender nada,  arrasaré con todo lo que haya para que nadie
más tenga que preocuparse en perder un ser querido.-

-Joder, por eso odio a los soldados. Os tomáis la vida muy en serio.-
puntos 11 | votos: 13
Capítulo IV: Resolución - Ryu realizó la primera jugada lanzando varias de sus agujas
directamente contra la cabeza de Telyg.

-¡Joder, las paró con la boca!- exclamó la multitud.

-Debes de hacer algo más para hacerme entrar en calor- dijo Telyg 
tras escupirlas.

-No te preocupes, haré que este combate llegue a su clímax 
antes de lo que imaginas-

Ryu desapareció antes la vista de todos. No se le veía por ninguna
parte, ni en el escenario ni por ningún lugar de las gradas. 

-Acaso usó…¿Magia?- pensaron la mayoría que  
vinieron  a ver el espectáculo.

Solos unos pocos sabían lo que en realidad pasaba.

-Residuo visual, es una técnica ilusoria que permite ponerte en el
punto ciego del rival mientras esté confiado. Pero para ello, debes
crear una distracción para que aparte la mirada de ti al menos
que…sabías que tu tendrías que ver en algo en todo esto-

-¿Me notaste, Godric?- 

-Joder, tu olor a hierba te delata, Minstek- respondió Godric
atacándole con su espada.

-No hace ser falta tan agresivo, camarada- dijo tras esquivar su
ataque- Tan solo les dí una muestra de mi nueva poción. Yo lo llamo
la lengua del dragón; en pequeñas dosis solo altera la percepción
visual- comentó mientras fumaba su cigarrillo- Joder, está
buenísimo. ¿Quieres un poco?-

-No, gracias. Pero dime ¿Cómo hiciste para dársela a todos?-
pregunto Godric alzando su espada.

-Bueno, digamos que algunas botellas del almacén 
estaban caducadas-

-Cabrón- dijo extasiado.

-Joder, eso te pasa por beberte una caja tu solo- dijo Minstek
tomándole la temperatura- Tranquilo, no es mi intención matarte sino
ganar pasta. Te daré el antídoto una vez que haya acabado la
función. Ahora mira y disfruta.-  

-Ahora que no puedes verme- dijo Ryu- ¿Cómo serás capaz de
defenderte? – dijo tras lanzar un aluvión de agujas 
en todas las direcciones.

-Si no puedo defenderme tanto solo debo pasar a la ofensiva. 
¡Tu tan solo te escondes detrás de un montón de agujas!- exclamó
Telyg mientras se abalanzaba sobre aquella lluvia punzante.

Una carcajada se rompió arriba en el escenario.

-Ostias, está como una puta cabra- dijo Minstek a Godric- Se
abalanzó sobre Ryu sin dudarlo- ¿Es que acaso es idiota o quiere
morir?-

-Tu no lo comprenderías, Minstek. No solo está en juego su mero
puesto.  Se está jugando su honor como hombre-

-Creo que estás más colocado que yo- 

-¿Como es posible? He lanzado mil agujas…¡y está 
repeliendo todas!- pensó atónito  Ryu.

Sin apenas tiempo para defenderse, Ryu recibió el derechazo de Telyg.
Caído en el suelo, levantó una polvareda que lo volvió de nuevo
visible. 

-Joder, ese golpe no fue normal. Dime Telyg ¿qué estás
escondiendo?- dijo Ryu mientras limpiaba la sangre que salía de su
boca-

-El combate está decidido. Así que te lo enseñare- dijo Telyg
quitándose las vendas. Dejó al descubierto unos guanteletes, del
color del ébano,  que parecían incrustados a su piel. Tenían un
aspecto amenazante con aquel negro con destellos rojizos.

-Son un regalo que me hizo Godric durante mi entrenamiento. Se llaman
los guanteletes de  Heracles y dotan a su usuario de un gran poder
destructivo-

-¿Eso es todo?- preguntó Ryu

-¿A qué te refieres?-

-Vamos, no te hagas el tonto conmigo. Ya me extrañaba que tus puños
siguieran sangrando aún incluso en el combate. Me imagino que esos
guanteletes tienen algún mecanismo especial para extraer la sangre
del portador. Así puede controlar las frecuencias cardíacas de su
dueño así como su sensibilidad al dolor, haciéndole creer que tiene
una fuerza sobrehumana. O al menos escuché eso hace tiempo de
alguien- dijo mirando a la grada.

-Da igual lo que digas, ¡ha llegado tu fin!- dijo Telyg preparándose
para golpear a Ryu.

-¿Realmente crees que voy a caer tan fácilmente?- 

Una gran cortina de arena sacudió todo el recinto.

-¿Acaso fallé?-

-No, no fallaste Telyg. El problema es que yo nunca estuve ahí. Bien,
ha sido un buen entretenimiento pero es hora de darle fin. Ahora que
sé que no sientes dolor puedo dejar de reprimirme-  dijo Ryu mientras
insetaba su aguja en el cuello de Telyg- Descansa en paz- susurró
mientras el cuerpo yacía en el suelo.
puntos 9 | votos: 13
Capítulo III: La víspera - Pasaron los días. Ya hacía cuatro días que en el campamento reinaba
el silencio. La tensión era palpable. Aunque eran frecuentes las
pequeñas reyertas entre los soldados nunca se había presenciado una
batalla por el titulo de líder de escuadrón. Tanta era la
expectación que algunos ya pensaron en conseguir beneficios.

-¿Las apuestas del combate? Mil contra uno. Todo apunta a una
victoria aplastante de Ryu- decía el que llevaba la porra.

-Puede que sea un cabrón tenebroso, pero es muy bueno-

-Lamentablemente, a Telyg le van a dar por culo-

-Sí, claro. En todos los sentidos- contestó uno entre carcajadas.


Ninguno de los dos contendientes  había dado la cara hasta el
momento. Ryu se encontraba en el bosque afinando en sus sentidos
mientras que Telyg se hallaba en paradero desconocido. 

Cerca del risco, se encontraba un pequeño refugio de madera. No era
conocido por muchos ya que fue desechado como campo de pruebas hace
tiempo. Allí Telyg se aislaba del mundo, inmerso en su entrenamiento.
Las máquinas eran algo toscas pero se conservaban bastante bien.
Telyg golpeaba hasta la extenuación 
el poste de madera.

-Me alegra de que no hayas escapado tal y como dicen los rumores-
irrumpió una voz.

-Ah, eres tú- dijo sin apartar la mirada de la máquina-
¿Qué quieres de mí, Godric?-

-Nada, solo me preocupaba por ti-

-Pues ya ves que estoy perfectamente. Y ahora, largo. No quiero que
interrumpas más mi entrenamiento- dijo asestando un duro golpe.

El aspecto de Telyg era bastante demacrado. Tenía cicatrices y
moratones por todo el cuerpo. Sus manos estaban cubiertas por vendas
que no paraban de escupir sangre.

-¡Para de una maldita de una vez! ¿Acaso planeas destrozarte las
manos?-.dijo Godric mientras lo zarandeaba.

Apenas podía sostenerse en pie. Su peso no 
era equivalente ni al de una pluma.

-Yo-tartamudeó entre sollozos- no tengo nada más. A diferencia de ti
o Ryu, yo no soy bueno con la esgrima, no tengo una agilidad
desbordante o una coraza que me proteja-Yo solo tengo mis puños. ¿Si
no puedo confiar en ellos, en que más puedo creer?-

No hubo respuesta por parte de Godric. Ayudó a Telyg a sentarse en en
suelo y selimitó a secar sus heridas con un pañuelo que tenía. 
 
-¿De verdad deseas tanto la victoria?- preguntó tras una larga
pausa.

-Sí, por supuesto- contestó Telyg mientras le ayudaba a levantarse-
haría cualquier cosa para vencerlo-

-Muy bien, entonces acompáñame. Te entrenaré personalmente durante
estos tres días. Ahora, debo advertirte que con mi entrenamientos
serás expuesto a la muerte en incontables ocasiones. ¿Estás
preparado para ello?-

-No puedo acabar peor de lo que estoy- dijo forzando una sonrisa.

Al final llegó el día señalado. El combate iba a ser celebrado en
un recinto abierto, con graderías incluso para el público. Era como
un enorme circo pero en forma de cuadrilátero.

Ryu llegó el primero. Su mirada parecía triunfante como si esperara
que su contrincante no se presentara. Saludó a la multitud que lo
ovacionó con insultos y otros improperios. Una sonrisa marcaba su
rostro. Nunca se le había visto tan feliz.

Pasado los cincos minutos,  desde la otra esquina,
 Telyg apareció junto a Godric.

-Oye, ¿qué le habrá pasado a su uniforme? Parece como si se hubiera
peleado con un animal salvaje–

-No tengo ni idea ¿Pero tú has visto sus brazos? 
Parecen dos jodidas rocas esculpidas- 

El público cuchicheaba la extraña apariencia de Telyg. Es verdad, la
mayor parte de su uniforme estaba hecho jirones. Tenía el torso
prácticamente al descubierto y el pantalón apenas le alcanzaba las
rodillas. Pero nadie se percató que  su rostro ocultaba una mirada
serena, como la de aquellos presos que han aceptado su muerte.

-Perdona por haberte hecho esperar- dijo Telyg tras ver a Ryu.

-¡Oh! Veo que has centrado tu entrenamiento en el ejercicio físico.
A veces pensaba que huirías como el cachorrito que eres buscando a
tú mamá. En fin, yo también he estado entrenando para este momento.
Espero que al menos aguantes tres golpes seguidos ¿vale? Esta gente
ha venido a ver un espectáculo ¿entiendes?-

-¿Acabaste?- le preguntó moviendo su cabeza a los lados.

-No sé que entrenamiento habrás realizado pero en verdad te has
vuelto más detestable- le contesto escupiendo cerca suya.

-Me lo dice miss celebridad-

-Telyg- dijo Godric interrumpiendo la conversación- no alargues más
esto de lo que es debido. Te estaré viendo desde las 
gradas por si algo malo sucede.

-¡Qué relación tan envidiable, como la de un maestro preocupándose
por su pupilo!- dijo riéndose.

-Creo que lo malinterpretas, Ryu. No estoy preocupado por él sino por
ti.- le contestó mientras se marchaba.

-No sois más que escoria- musitó Ryu- 
Bien, ¡demos comienzo a nuestro combate!





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