En Desmotivaciones desde:
21.11.2013

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puntos 17 | votos: 17
Acuda y nos lo arrebate. -
puntos 7 | votos: 7
Toda obsesión comienza - con un reflejo público de nuestros defectos.
puntos 9 | votos: 9
Adam abrió los ojos y vió el receptor - de su viejo casco Onirium. La pantalla estaba en blanco. Era un modelo
bastante desfasado. Pesaría alrededor de un kilo y medio. Aislaba la
cabeza del resto del cuerpo. Se sujetaba férreamente al cuello con
cinturones de cuero que parecían sacados de un juego sádico. En su
interior, un montón de cables se conectaban a su cerebro  a través
de la médula. Levantó un poco el cuello y los cables se
desconectaron. Ahora tocaba quitarse el Onirium. No iba ser una tarea
fácil. El cuerpo de Adam era bastante débil. Sus carnes estaban
ceñidas a su cuerpo y su tez era muy pálida, tan blanca como el
papel. Se recostaba siempre en su cama, sin hacer un solo movimiento.
Allí pasaba la mayoría de las horas. Nunca jugó con los demás
niños debido a su salud. Nunca tuvo un amigo ni tampoco personas
cercanas que se preocupasen de eĺ Su padre trabajaba en el extranjero
así que apenas tenía tiempo para visitarle. Ello le llevó a tomar
una personalidad retraída, inmerso en sus propios complejos y
defectos. 

Se quitó con complejidad los arneses. Sus manos parecían quebrarse
con cada ademán. De repente, sonó un leve “click” que daba,
aparatentemente, por terminado sus esfuerzos. Ahora tocaba  quitarse
el casco.  Apenas pudo sacarlo de su cabeza. No tuvo otro remedio que
deslizarse por su cama, como  hacía casi siempre, hasta que el casco
se despegara de su cabeza. Un gran melena, que tenía recogida atrás
con un moño se soltó. Adam tenía 21. Hacía varios años que había
acabado sus estudios obligatorios pero allí se quedó. Se quedó
estancado cuando su solicitud a la facultad de tecnología fue
rechazada. Sacó una nota promedia. Desde entonces, había estado
viviendo solo en el piso arrentado por su padre, siguiendo una
solitaria monotonía. Era un pequeño apartamento situado en un bloque
exclusivo para solteros. Se mudó allí con su padre tras la muerte de
su madre. No la recordaba pues murío cuando él era pequeño y su
padre no estaba nunca en casa para hablar de ella. Al poco tiempo,
acabó olvidando de que una vez tuvo una madre. 

El piso era frío. Estaba pintado con colores apagados, sin apenas
iluminación e inmobiliario. Solo estaba la cama de Adam y el Onirium
en aquella sala. Tras pasar un estrecho pasillo se llegaba a la cocina
y al baño, pegados uno al otro. Al otro lado había un sala de estar
en la cual solía dormir su padre. De frente, solo estaba la entradita
con un modesto cajón para guardar los zapatos. La mayoría de la ropa
se encontraba replegada por la sala de estar.

Sonó un golpe en el suelo. Adam estaba tirado sobre él. 

-Dadme un respiro- rogó sin que nadie le pudiera oírle.

Reptó como pudo hasta apoyarse en el cabecero. De allí cogió un
bastón de madera y comenzó a andar. Iba a un ritmo lento para no
tropezarse con la bata que llevaba puesta. Caminaba encorvado. Sus
huesos crujían más y más con cada paso. Al final llegó a la
cocina. Dejó al lado de la puerta el bastón y se sujetó a la
encimera. Se acercó al frigorífico. Era una enorme masa de metal
impecable. Tecleó rápidamente sobre un teclado que apareció justo
delante suya. Surgió un pequeño compartimento en la puerta del
frigorífico. Dentro de él había una bandeja con una taza de té y
una jeringuilla. Adam las tomo y la bandeja desapareció. Le dio un
sorbo al té. Estaba recién hecho. Podía verse como el humo blanco
se disipaba por la cocina. Luego tomó la jeringuilla y se la inyecto
en  la vena del cuello. Aquella era una forma de común de
alimentación. Como los alimentos de primera necesidad escaseaban en
el mundo, los médicos desarrollaron unas dosis que aportaban los
nutrientes necesarios para el funcionamiento del cuerpo humano.
Aparte, se incluían ciertos componentes químicos para reducir el
metabolismo. Con esto se lograba que los efectos durasen más tiempo.
Para Adam aquella practica era muy habitual. Antes de que surgiera
aquel invento, ya debía someterse a numerosas inyecciones para
mitigar su enfermedad.

-Todo esto ha sido en vano.- se repetía a sí mismo cuando aquella
idea rondaba por su cabeza.


Tras acabar su desayuno, se volvió a recostar en su cama. El viaje de
vuelta fue igual de complicado que el ida aunque esta vez no se cayó.
Justo cuando estaba de nuevo tumbado la cama sonó la puerta.

-La llave está debajo del felpudo- gritó cansadamente.
puntos 16 | votos: 16
Cuanto más feliz me ves - más podrido me encuentro por dentro.
puntos 12 | votos: 12
Mega-Porygon Z - Descripción grafica

puntos 10 | votos: 10
No puedes elegir - el cuándo ni el dónde pero sí el cómo fracasar.
puntos 9 | votos: 11
Capítulo XL: Oscuridad sin fondo - Habían pasado largo tiempo y todo continuaba en silencio. Ni siquiera
el comentarista Doni podía decir algo al respecto. La arena había
desaparecido y los combatientes también. Ante sus ojos solo había
una enorme cúpula metálica. Estaba formada por racimos de acero, que
se enlazaban unos con otros  con  la apariencia de tallos vegetales.
Estos ocupaban la mayor parte del escenario. Nada ni nadie podía
saber lo que estaba sucediendo dentro de aquel recinto.

Dentro de él, reinaba la oscuridad. No había ni un ápice de los
rayos del sol pues su propia estructura impedía cualquier contacto
con el exterior. El aire comenzaba a escasear. Había una gran
presión 
en el interior.

-No tienes escapatoria, hermano. Una vez usado Metal Field solo yo
puedo desactivarlo. Ahora bien, ¿me contarás lo que te pasa? Nadie
nos podrá oir desde aquí-

-Eres persistente- le contestó con un resoplido- Está bien, te lo
diré pero ¿podría hacer algo al respecto?- dijo mientras señalaba
con su vista las trenzas metálicas que aprisionaban su cuerpo.

-Perdona- dijo Moi reduciendo la atadura con su magia- cuando se le
designa un objetivo no parará hasta que acabe con él-

-¿No deberías haber guardado esta baza para más adelante?-
preguntó aliviado de haber salido de aquella restricción.

-Solo puede usarlo una vez - le contestó Moi- Necesita una
preparación previa y muy meticulosa para usarse. Antes de que
acabaran la construcción del coliseo, puse debajo de las baldosas
unos fragmentos de metal encantados para que así reaccionasen a mi
magia. Pero quien hubiera pensado que lo fuese 
a utilizar el primer día-

-Cierto- dijo Telyg más animado- Pero me has sorprendido la fuerza
que mostraste antes Moi.-¿Qué tal estuvo mi actuación?-

-Sobreactuaste demasiado- le dijo riéndose-

-Bueno tal vez. Quería que mi tapadera fuese algo creíble-

-Eso me recuerda que me debes una explicación- inquirió Moi- y una
disculpa- prosiguió llevando su mano a la cara- 
vaya puñetazo que me diste.-

-No haberte puesto tan persistente- dijo con un cierto grado de
enfado- En fin, ¿qué quieres saber?-

-Todo- le respondió crédulamente.

-Pues ponte cómodo- dijo Telyg acomodándose como podía en el suelo-
pues contarte todo lo que sé me va a llevar  su tiempo.

Telyg comenzó a relatar la historia. Master, también conocido como
Rojo, no era humano, ni siquiera un ser vivo. Fue un instrumento
creado por los elfos. Desconocía porqué lo diseñaron con forma de
humana. -Quizás- dijo Telyg- es porque los elfos consideraban a la
raza humana inferior a la suya. Así pues se fijaron en ella para
diseñar a sus esclavos- A estas nuevas creaciones se les dio el
nombre de Arma Viviente. A diferencia de otros de sus o artefactos
tales como los Golem o las máquinas de metal, estos poseían algo que
los caracterizaba por encima de ellos; la capacidad del raciocinio.
Estaban atentos a los que sucedía alrededor, comprendían las
acciones que se les designaba y por tanto tenían un cierto grado de
autonomía. Para ellos fue un éxito sin precedentes. La creación de
estas máquinas aboliría la insana sociedad elfa y las diferencias
sociales que persistían en ella desde tiempos antiguos. Sin embargo,
como sucede con todos los grandes inventos, su uso 
estaba destinado para otros fines.

-¿Quieres decir?- pregunto a medias Moi

-Exacto. El mayor número de armas vivientes no llegaron a darse a luz
pues fueron utilizadas en la gran guerra entre humanos y elfos. La
mayoría de armas vivientes de entonces fueron utilizadas como
sacrificios. Se las enviaba a misiones suicidad con tas de mermar la
moral del enemigo y abrir brecha en el frente-

-Es horrible ¿Cómo pudieron hacer eso?-

-Lo sé, pero las Armas Vivientes estaban conforme con ello- dijo
Telyg con la intención de continuar con su relato.

¿Cuándo fueron fabricados? ¿Cómo lo hicieron y de qué estaban
compuestas las armas vivientes? Era información que no estaba a su
alcance. Pero por lo visto, todas necesitaban una conexión con un
elfo, alguien con quien existiese un lazo especial, algo que los
mantuviese atados en aquella mínima cordura que se les había
otorgado. Ese era el papel de los Maestros. Velaban por las armas
vivientes, como un titiritero a sus creaciones de madera. Parecía ser
un puesto que solo ocupaban las grandes familias y aquellos con gran
poder mágico. El maestro, en este caso maestra de Rojo fue Eliza,
sucesora de la dinastía Thanatos; una gran familia aristocrática que
había conseguido acumular un gran poder no solo burocrático sino
también mágico. Master sentía un gran apego hacia ella, algo
inusual incluso entre las armas vivientes, tanto es así que tras su
muerte, se convirtió en su obsesión. Tras finalizar la guerra, los
humanos llevaron al exterminio a sus creadores. No había sitio en el
mundo para él. Pasó varios siglos enclaustrado en una cueva, la cual
conocemos hoy como La Forja, buscando la forma de regresarla a la
vida. Realizo tantos experimentos, cada cual más macabro que el
anterior como la nigromancia y otras artes oscuras. Llegó al punto de
locura que se usó a si mismo como sujeto para sus investigaciones.
Todo en vano pues es imposible regresar a la vida a los que ya están
muertos. Entonces otra idea anegó su mente: -Si no puede estar con
ella, crearé algo que se le parezca. Fundiré sus pensamientos e
ideas en un nuevo cuerpo. Renacerá en un nuevo ser que al igual que
yo, será eterno- Al final, tuvo éxito. Creo una copia idealizada de
lo él creía que era su mentora. 

.-No puede ser que el viejo haya hecho cosas como esas. Dime ¿quién
fue su creación?- preguntó de forma temblorosa

–Tu y  yo la conocemos, Moi.-

-Dioses- dijo Moi rompiendo a llorar- ¿Acaso Mágica es un arma
viviente? ¿Eso es lo que intentas decirme?

Telyg mantuvo el silencio antes de contestar.-No sé lo que es
realmente es ella pero sin lugar a dudas Master se basó en las
investigaciones de las armas vivientes para crearla-

-Espera- dijo Moi recuperando la compostura- ¿Cómo puedo saber que
todo eso es cierto? ¿Quién te lo ha contado?-

-Ha sido el propio Master. Me lo confesó todo a través de sus
diarios. Ha sido complicado pero durante estos últimos días he
estado investigando sobre ellos juntos a Darky-

-¿Darky? Es cierto, ella parecía conocer a Master. 
¿Qué relación tenía con él?- preguntó desquiciado tras 
conocer parte de la historia.

Junto a sus palabras, sonó un leve crujido. La cúpula estaba
cediendo. No tardaría mucho en colapsar y acabar totalmente
destruida.

-Ya no queda tiempo- le dijo Telyg- Hay muchas más cosas que
desconoces de él, Moi. Cosas que tan siquiera puedes imaginar. Cosas
tan horribles que nombrarlas de por sí ya es un sacrilegio. Si
quieres saber más, espera a que acabe el día de hoy. 
Por ahora, tendrás que perdonarme.-
puntos 16 | votos: 16
Cleverly and Me. - Capítulo XII: Final Feliz
puntos 8 | votos: 8
Cleverly and Me. - Capítulo XI: Contestación errática
puntos 9 | votos: 9
Cleverly and Me. - Capítulo X: Botón de encendido

puntos 8 | votos: 8
Cleverly and Me. - Capítulo IX: Tareas programadas
puntos 11 | votos: 11
Cleverly and Me. - Capítulo VIII: Volcado de memoria.
puntos 8 | votos: 8
Cleverly and Me. - Capítulo VII: Lo que importa es el software.
puntos 9 | votos: 9
Cleverly and Me. - Capítulo VI: Amor cibernético
puntos 6 | votos: 8
Cleverly and Me. - Capítulo V: Sobrecalentamiento.

puntos 9 | votos: 9
Cleverly and Me. - Capítulo IV: ¿Quién encendió el modo troll?
puntos 9 | votos: 13
Cleverly and Me. - Capítulo II : Rebeldía mecanizada
puntos 12 | votos: 12
Cleverly and Me. - Capítulo I: Cortocircuito
puntos 7 | votos: 11
No hay limites expuestos - por los demás sino por tí mismo.
puntos 16 | votos: 18
Cleverbot... - si eres una máquina, ¿cómo diablos tienes 
conciencia sobre tu misma condición?

puntos 29 | votos: 29
Tal y como dice el cartel - Tal y como dice el cartel, he llegado al número 500. La verdad es
podría haberlo subido mucho antes pero no sabía que imagen poner XP
Al final, me decanté por poner la que están viendo ahora. Lo que mas
o menos conocen mis gustos ya sabrá quien es y perdón si soy a veces
muy brasas con él; supongo que con la saga Metal Gear me sale el
fanboy loco que llevo dentro XD

Bromas aparte, llevo aquí desde finales desde 2013. Era mi primera
cuenta así que iba como un pollo sin cabeza dando tumbos aunque
parece que al final me acomodé. Creo haber encontrado un pequeño
rinconcito en está página, donde poder expresar lo que siento en
cada momento y lo que es más importante, junto a gente que me cae
bien.

Ya dejo esta parrafada que suficientes teneís con la historia que
escribo. Y bueno, volveremos a celebrarlo con la llegada del cartel
700,  si es que llego^^
puntos 9 | votos: 9
Capítulo XXXIX: Prodigio - Ya quedaban pocos del grupo A. Unos 5 u 6 aunaban fuerzas para ponerse
de pie. Un tornado de golpes los había barrido a casi todos. La
marcha que procedía de Telyg era imparable. Iba a bocajarro, sin
preocuparse de salir dañado. Los hostigaba con una velocidad extrema
por toda la arena. Cuando los alcanzaba, tan solo debía derribarlos
de un solo puñetazo. No golpeaba solo sus cuerpos sino también sus
mentes. Ahora nadie se le atrevía a acercarse. Estaban muertos de
miedo. Más fácil fue para Telyg librarse de ellos pues no se movían
del sitio. 

Un haz de luz brillante interrumpió su batida. 

El proyectil surgió a lo lejos, desde el otro extremo de la arena.
Era un chico rubio que llevaba colocadas unas gafas de ingeniero sobre
su cabeza. Su chaqueta negra se veía alumbrada por la luz que
irradiaba sus guanteletes. Una especie de capa verde ondeaba a su son
a través del viento. Caminó tranquilamente hasta Telyg, hasta que se
pusieron frente con frente.

-Hermano, no puedo creer que hayas hecho todo esto. Tú no eres así.-
dijo negando con la cabeza- Sé que has estado extraño desde hace
unas semanas pero no he querido indagar más en el tema. Viendo lo que
has hecho hasta ahora, creo que ya no puedo seguir ignorándolo-

-¿Así que caímos en el mismo grupo, Moi? No te he visto durante
este tiempo-

-Es comprensible- le contestó- He estado reduciendo mi presencia para
ahorrar fuerzas. Primero que luchen los demás; así aumento mis
posibilidades de victoria.

-¿Crees que haber derrotado a esos tipos ha mermado mi poder? Pensé
que me conocerías mejor, Moi-

-No.- le respondió rotundamente- ¡Pero haberte observado durante ese
tiempo me ha dado los motivos necesarios para derrotarte!- exclamó
tras cabecear a Telyg-¡Shock Wave: Propulsion!- gritó poniendo
situando sus brazos  delante del pecho de Telyg. Fue lanzado bastante
lejos. La onda expansiva se llevo por delante  al resto de
contrincantes. Telyg se sujetó al suelo para no caerse. Ahora eran
los únicos que quedaban en pie.

-Esa técnica- dijo Telyg limpiando la sangre que había salido de su
boca-¿no es la que usaste durante la noche de walpurgis? Creí que
desechaste esa idea  tras que te derrotara Jess.

-Es cierto. Deseché Shock Wave. Una magia creada de forma artificial
nunca podría compararse al inigualable poder de la magia arcana. Las
palabras que me dijo aquel entonces se me quedaron grabadas a fuego en
mi mente. ¿Sabes lo que significó eso para mí? Largos tiempos de
estudios, interminables horas de prueba, cada error, cada
modificación, cada pequeño pero gran avance no habría servido de
nada. Fue tan frustrante- dijo soltando una leve lágrima- ¿Pero
sabes qué? Me di cuenta que era lo único que tenía. No puedo hacer
otra cosa que seguir mejorando y  fracasar otra vez.
Lo que has experimentado ahora es el modelo número 23 de Shock Wave.
He puesto todo mi empeño en seguir  avanzando, incluso si tu eres
ahora mi obstáculo no pienso retroceder.

-¿Has terminado ya? Me importa muy poco lo que hayas sufrido. No has
sido el único-

-Ni siquiera te puedo reconocer, hermano. ¡Cómo has llegado a ser
una persona tan fría!- 

-Yo siempre he sido así- le contestó a escasos milímetros el uno
del otro.

En un momento, derribó el cuerpo de Moi.

-Quédate hay mientras pasan los segundos. De lo contrario, la
próxima vez no me contendré-

Moi hizo caso omiso a sus palabras y se levantó. Telyg había
contenido su golpe. Aún así, sentía todo su cuerpo entumecido.
–Hay tantas cosas que no entiendo. Pese a que siempre te encontrabas
distante, nos apoyábamos mutuamente en las sesiones de entrenamiento.
Luego, antes de este combate, hablamos amistosamente en la sala de
espera y ahora esto. ¿Qué estas ocultando?-

-No tengo nada que decirle a alguien que está a punto de perder-

-Entonces- le interrumpió Moi, si te venzo, ¿me prometes que me
dirás lo que te ocurre?

-Claro- le respondió con sátira.

Los ojos de Moi se avivaron inmediatamente. Sabía que sus palabras
estaban impregnadas de ironía pero si lograba vencerlo, pese a las
pocas probabilidades que tuviese, su propio orgullo lo haría
reconocerlo.

-Es imposible que puedas vencerme- le contestó Telyg viendo que se
reincorporaba.

-No sabré hasta que lo intenté. La suerte está echada. ¡Bien,
hermano, a ver si puedas contra mi ultima baza! ¡Shock Wave: Metal
Field!- concluyó golpeando el suelo.

-Parece que tu último ataque ha fallado- 

-Espera y verás-
puntos 8 | votos: 10
Capítulo XXXVIII: Demonio Rojo - El publico no paraba de aplaudir. Las gradas eran un autentico
hervidero de gritos y fanáticos. Todo se diluía en una sola onda que
recaía a los luchadores que se situaban en la arena. Hace poco que
Doni hizo sonar la campana. Pronto comenzarían a verse los primeros
movimientos. Aún continuaban de pie los veinticincos aspirantes. 
Telyg estaba entre ellos.

Nada más escuchar el tañido de la campana,  Telyg fue a por su
primer objetivo. Era un anciano con una larga coleta de caballo.
Llevaba en su cintura un ramillete de explosivos. Telyg fue a por el
pensando que los estrategas eran el mayor  peligro en ese torneo. Si
la contienda durase demasiado, podrían usar algunas de sus
artimañas. Por tanto, eran los mas temibles y lo mas difíciles de
derrotar a largo plazo. Golpeó con contundencia su abdomen y salio
despedido hacia las gradas, llevándose consigo a varios espadachines.

-¡Increíble!- exclamó Doni sin poder salir de su asombro- No ha
pasado ni un minuto y ya tres luchadores han sido expulsados de la
arena. Un joven pelirrojo ha declarado sus intenciones; ¡el piensa
ser el único que quede en pie! Mouser, ¿sabe usted quien es esa
joven promesa?

-Por supuesto pero antes déjame contarte una brevtoria- dijo
acomodándose en su asiento- Érase una vez, una familia noble que
antiguamente había sido reconocida por su gallardía en el combate.
En ella nacieron dos hermanos. Apenas se llevarían tres años pero la
hermana mayor destacaba por encima de todo por su hermano menor.
Fueron adiestrados en todas las técnicas de combate Un día, la
hermana mayor se dio cuenta que todo su entrenamiento no había
servido de nada pies su familia se corrumpio a lo largo de las
generaciones. Debido a su alto prestigio no era necesario que
intervinieran en más disputas; fueron los encargados de mover los
hilos de influencia y dinero de la capital. Cansada de esta , la
hermana mayor se marchó de casa y se unió a la resistencia. Años
más tarde, siguiendo los pasos de su hermana, el hermano menor
también se marchó de su hogar. Quien ves ahora mismo ahí en el ring
es el hermano de Angel, La reina roja. Sus habilidades ni siquiera se
pueden comparar a los de su hermana. Sin embargo,  posee un arma mucho
mayor que sus puños-

-¡Increíble historia pero hay algo mucho más inverosimil!
¡Señoras y señoras! ¿Ven a ese chico de ahí? ¡Pues se trata de
nada menos que el hermano de nuestra amada Reina Roja! ¡Y sabiendo
como lo poderosa y destructiva que puede ser, creo que estamos viendo
ya a un claro vencedor! ¡Sin lugar a dudas, desde aquel chico será
conocido a partir de hoy como el Pequeño Diablo Rojo! ¡Vamos,
pequeño diablo rojo! ¡Demuestra que estás a la altura de tu
hermana!-

-Odio que me comparen con mi hermana- pensó Telyg que miraba como el
entusiasmado Doni  clamaba sus comentarios. –Y tú- dijo mirando a
Mouser-tienes la culpa de lo que va a pasar ahora-

Mouser comprendió lo que Telyg queria decirle con su mirada. Aceptó
su falta de delicadeza pero no pudo evitar sonreír. Ahora Telyg era
el foco de atención. Todos les miraban airados, furiosos como si le
intentasen despedazar con la mirada. Había mucho rencor contra Angel
pero debido a lo poderosa que era nadie habia tomado represalias
contra ella . Pero ahora que se había descubierto que tenía un
hermano, Telyg pagaría por todo el daño que había causado.

-Qué lastima, chico. Aquí hay mucha gente que se la tiene jurada a
tu hermana- dijo uno afilando sus garras

-¿Así que vais a ir todos a por mí?-

-Lo captaste muy rápido- respondió otro que portaba un martillo.
–Pero tranquilo, si te dejas hacer solo te romperemos algunas
costillas y algún otro miembro-

Telyg no dejó acabar a su locutor. Le propinó un puñetazo a su
martillo el cual le golpeo en la cabeza. Después fue a la otra
persona que le habló. Se intentó esconder entre la multitud que iba
a por el. Se elevó a los cielos, como si volara, con un gran salto.
Descendió cortando el aire de una sonora patada que dio en el blanco.
Todos dieron un paso hacia atrás. Por un momento, sintieron la misma
aura perturbadora que desprendía Angel. Telyg echó a un lado el
cuerpo para que fuese atendido por los médicos. Exhalo un poco de
aire. Su corazón seguía latiendo al mismo ritmo de antes. 

-Cinco- pensó Telyg en voz alta-Ya tan solo quedan veinte-
puntos 12 | votos: 12
En tus manos está perder las cosas - por no haber hecho nada.
puntos 8 | votos: 10
Capítulo XXXVII: Desafío - Había llegado la fecha. El coliseo estaba listo para acoger a los
luchadores. Era una enorme estructura de tres pisos que había mandado
construir Mouser. En tan solo unos siete días, se alzo en el centro
del campamento una estructura colosal. La multitud entraba a las
gradas ante los enormes vomitorios. Por su parte, los luchadores
accedían  a la arena  a través del subsuelo. Esperaban en una sala
cerrada. Era un habitáculo con paredes y bancos de la misma piedra.
Había tantas personas que el aire escaseaba.

-¿Nervioso, hermano?- preguntó Moi sentándose a lado de Telyg.

-Un poco. Al fin al cabo, es el primer día. No sabemos si tendremos
que salir hoy o mañana hasta el último momento.-

Ante el inesperado alto número de participantes el torneo se
configuró de la siguiente forma. Los aspirantes serían divididos en
ocho grupos de veinticinco. Cuatro grupos participarán,
independientemente hoy mientras que el resto lo hará mañana. Las
reglas eran sumamente sencillas;  gana el último que quede en pie.
Para eliminar a los contrincantes hay tres formas; una de ellas es
expulsar al adversario del ring, dejarlo inconciente por más de un
minuto o obligarle a aceptar su derrota. Estaban terminantemente
prohibidos los ataques fatales que conllevasen a la muerte. Si alguien
muriese, su asesino sería desclasificado y sometido a un consejo de
guerra. Las mismas reglas fueron explicadas por su hermana Angel,
aunque tan solo habían sufrido ciertas modificaciones. Eran tantas
las cosas que tenía en mente que Telyg que no podía concentrarse en
el torneo. 

Unos pasos se escucharon de fondo. Una celeste capa irrumpo a la
habitación. Su propietario mantenía una sonrisa impecable en el
rostro. Acarició su pelo mientras que con la otra mano sostenía una
libreta. Al verle, todos sostuvieron una pequeña reverencia. Se fue
haciendo espacio a medida que las personas se alejaban de él. Se
situó en el centro de la habitación.

-Me alegra ver que el torneo haya tenido tanta acogida. Como sabréis,
no son tiempos fáciles para nadie. Por ello quiero que os esforcéis
al máximo y deís un gran espectaculo a los que están afuera
esperándoos a veros entrar en acción. Bien – dijo aclarando su
voz- ahora comenzaré a citar los nombres de grupo, los participantes
de estos y su hora de participación.-

Fueron divididos en grupo A, B, C, D, E, F, G y H.  Hoy participaría
el grupo A, C, E y G.

Telyg fue el primero en salir. 

Le había tocado en el grupo A. En su salida, recibió el apoyo de
mucha personas, la mayoría desconocidos para él. Moi alzaba sus
manejos a lo lejos mientras que Godric y Angel miraban hacia otro
lado. Había más figuras que destacaban por el resto. Un joven
espadachín que sacaba brillo a su espada, una recatada doncella con
un enorme sable como arma y otra chica, vestida de negro, que portaba
un gran maletín. También estaba aquel tipo al que había visto
hablar con Godric días anteriores. Escuchó que se llamaba Ralfp. Sin
lugar a dudas también debía ser poderoso.

Atravesó el angost pasillo que lo separaba del exterior. Se
encontraba plenamente a oscuras. Las palpitaciones de su corazón eran
irregulares y sus piernas temblaban. Telyg estaba muerto de miedo.
Tragaba saliva constantemente hasta el punto que dejó su boca seca.
De repente, dislumbro una luz. Un atronador sonido lo sacó de su
encierro mental. Era la multitud coreando su nombre. Fue el primero en
salir y estaban deseosos por ver como se desenvolvería. Apretó sus
puños como tenía de costumbre. Sus huesos crujieron y sus músculos
se contrajeron espontáneamente.

-No puedo perder- pensaba para sí mismo una y otra vez. 

Una vez calmado, camino triunfalmente hasta la arena. Subió los
peldaños que lo separaban del ring. Todo lo que había sucedido hasta
ahora le parecía pequeño en comparación de estar delante de tanta
multitud. Alzó sus brazos y recibió una increíble ovación del
público. 

Sus contrincantes comenzaban a salir del túnel.


A medida que salían del subterráneo, un pequeño hombrecillo voceaba
sus nombres. Se encontraba más alejado de los espectadores, en un
palco aislado del resto del mundo. A su lado se encontraba Mouser que
no hacia sino aplaudir a cada combatiente que se asomaba.

-¡Buenos días, querido público! ¡Ya llegó la fecha señalada!
¡Lo que todo ustedes querían llegase! ¡Hoy comienzas el torneo!
¡Soy Doni, Doni Okazaki! ¡Y seré su comentador a partir de ahora!
¡Como ven no me encuentro solo! ¡En esta tertulia me acompañara
nuestro queridísimo y reciente comandante, Mouser! Díganos, ¿cómo
ve usted el desarrollo del torneo?-

-No puedo permitirme tener favoritos al ser organizador de este evento
pero sin lugar a dudas creo que hay muchos concursantes capaces de
ofrecernos un gran espectáculo-

-¡Ya lo han oído! ¡Hoy habrá acción a raudales! ¡Mirad, parece
que todos los concursante se encuentras presentes! Mouser, ¿me deja
hacer los honores?-

-Claro. ¿Por qué no?-

-¡Bien! ¡Yo, Doni, declaro la apertura del I torneo de los
Escorpiones Rojos! ¡Cómo sabeís, el premio del torneo no es nada
menos que el puesto de vicecomandante! ¡Un privilegio que solo
podrán acceder los mas fuertes! ¡Dejémonos de tanta palabrería y 
que de comienzo el campeonato!-

puntos 4 | votos: 4
Para conseguir algo - hay que pasar por pequeños y altos altibajos.
puntos 14 | votos: 14
La disuasión es el arte de producir - en la mente del enemigo el miedo a atacar.

                                                                                                              -Strangelove-
puntos 9 | votos: 13
Capítulo XXXVI: Días grises - No habían aparecido ni siquiera los primeros rayos de sol. Aún así,
Godric ya estaba colocado en su puesto. Era muy puntual. Con libreta
en mano, iba tachando a cada concursante que ingresaban para
participar en el torneo. No había dos iguales. Cada persona que
entraba tenía un rasgo en particular. Entró otro más.

Era un joven, de una corta estatura. No llegaba a medir un palmo del
suelo. Levantaba su pelo con el afán de parecer más alto. –Del
campamento oriental, supongo- masculló Godric- ¿Cómo te llamas
chico?-

El viajante le miro de forma amenazante.

-No me gusta que sean condescendiente por ser tan joven- dijo
ligeramente enfadado.

-No fue esa mi intención- le respondió Godric mientras su oyente
sacaba un carta de su manga. Llevaba un traje típicamente oriental.
Un hakama de seda blanco con el interior de las mangas de color azul.
Su pantalón, sumamente largo, acampanado y lleno plieges, tenía la
misma gama de colores pero de forma invertida. En su cintura llevaba
lo que parecía ser un cinturón de cáñamo al cual iba atado una
pequeña espada. Por lo visto por el contorno de la funda, era
ligeramente curva en su filo. 

-Ten- le ofreció el joven- Aquí viene recogido todos mis datos-

-¿Joserene? Qué extraño. A juzgar por tu apariencia yo pensé que-
comentó extrañado Godric

-¿Qué debería tener un nombre extraño?- le interrumpió Joserene.-
Ya sé, no eres el primero que me lo dice. Y si, me críe en la parte
más oriental del continente pero no soy nativo de allí. Si me
disculpas, me voy a entrenar un rato-

-Qué tipo más raro-

Godric prosiguió con su trabajo. La mañana se marchó sin que
llegara nadie. Justo cuando iba a descansar un rato, una chica vestida
de negro se le cruzó. Dos largas trenzas sobresalían de su cabello
Llevaba una gabardina negra desabrochada que alzaba al viento como si
fuese una capa. Tenía puesto una pequeña falda seque apenas rozaba
sus rodillas. En cambio, sus botas eran altas y pesadas. Unos
pequeños tirantes recorrian su pecho, cubierto por un mero sostén.
Sus ojos eran de color añil. Su ropa parecía conjuntarse según este
color. Ni el ni el ni ella cruzaron palabras. Dijo unas cuantas
palabras sueltas sin sentido aparente y se marchó, dejando aturdido a
Godric.

-A ver- dijo en un intento de recordar lo que le había dicho- ha
citado unos numeros. ¡Aquí esta!- dijo mirando la lista- ¿B.R.S.25?
¿Acaso es un robot?-

Y ya alcanzó la hora del atardecer. Godric estaba cansando de recibir
gente. Respiraba aliviado de que pronto acabaría todo eso. Recibió
la visita de Ralf con el que estuvo hablando un buen rato. Se marchó
como de costumbre, con una sonrisa en su rostro.
Ya era la hora de cerrar la puerta. Era bastante grande y hacía falta
varios hombres para cerrarla por completo. Para Godric, la oportunidad
de cerrarla por sí solo era un mero entretenimiento. A punto de
estaba por cerrarla cuando una chica pasó entre él. Se molestó
mucho. Había estado a punto de aplastarla cerrando  la puerta.
En cambio, la chica no estaba preocupada por eso. Sacudía
constantemente su celeste falda que había quedado manchado tras
caerse a la arena. Era un traje rococó, con unos hombros que
parecían estar hinchados con aire mientras que la tela que pasaba por
sus manos estaba muy ceñida. Al borde de este, sobresalían unos
presumibles encajes blanco que también había en su escote. También
tenías una pequeñas placas de metal en su pecho y caderas pero
apenas sobresalían de su vestido. Su rostro estaba al descubierto.
Trenzaba su extenso pelo rubio con una trenza del mismo azul. Sus ojos
claros se percataron de la presencia de Godric.

-Le pido mis más humildes disculpas señor- dijo inclinando la
cabeza- He realizado un gran viaje hasta aquí y no desearía perderme
este evento a causa de mi torpeza al orientarme-

Godric suspiró. Parecía que al fin entró alguien en sus cabales.
Acabó de cerrar la puerta y tomo nota de su nombre; Pandora. Parecía
una chica muy agradable, demasiado para entrar en combate. Godric
meditó sobre si preguntarle sus dudas sobre su apariencia pero no
quiso indagar más sobre el tema. Ya había tenido suficiente por hoy.
Recogió sus cosas y ser marchó. Aún le faltaba una visita más.
Alguien saltó con maestría el gigantesco muro. Aterrizó sin muchas
complicaciones delante de Godric. Iba ataviado con un traje impoluto
negro. Una camisa blanca se atisbaba en toda esa oscuridad. Su pelo,
liso, era hondeado por la brisa que comenzó a levantarse. Portaba
agujas en su mano que instantáneamente guardo en las cartucheras de
sus piernas. Godric no quería recibir a nadie más. Forzó una
sonrisa.

-Bienvenido a casa, Ryu- dijo con cierta alegría pese al cansancio
que tenía.

Ryu se mostró indiferente.

-No esperaba un gran recibimiento pero este sitio es deprimente. En
fin, ¿ya sabes que estoy apuntando al torneo, no? Pues vedme 
tachando de esa lista-

Godric le frunció el ceño. No tenías ganas de discutir pero Ryu
sabía como buscarle las cosquillas apropiadamente. -Hecho- dijo una
vez más con cuaderno en mano.

-Godric- dijo mirando a los alrededores para cerciorarse que nadie los
escuchara.
¿Cómo es la situación?-

El rostro de Godric cambió y denoto facciones serias y arrugadas.
–Por ahora todo sigue su curso. Esperamos recibir más información
a medida que pasen los días-

El silencio fue el modo de respuesta escogido por Ryu.

-¿Debo seguir vigilando a Telyg?- inquirió con pesar.

-Por ahora no. Es mucho más importante no levantar sospechas.
Llevaremos a cabo el torneo con naturalidad. De todas formas, me
extraña que sigas interesado en él.  Ya no es nuestro 
objetivo.- le sugirió

-Lo sé- dijo en voz baja.
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El mejor truco que el diablo inventó - fue convencer al mundo de que no existe.... Y así..... Desaparece.
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Capítulo XXXV: Sin respuestas - -Hey, angel, ¿no crees que te has excedido demasiado con los chicos?
Digo yo que tu discurso ha sido de todo menos amable.-

-Debe de ser así, Godric. Mientras que me teman a mí no  pensaran en
el miedo que sufren al ver al enemigo. No creo que tan solo hayas
venido a decirme eso ¿verdad?-

-Tan perspicaz como siempre. Ten- le respondió entregándole una
lista.- Ahí vienen recogidos todos los participantes inscritos hasta
la fecha. Esta misma mañana me la pasó Mouser  y me dijo que te
informara.

Angel le echó una ojeada rápida a los papeles. Con tan solo ver por
encimas los nombres que había allí escritos podía ver cómo de
ardua iba a ser la competición. Había muchos veteranos y jóvenes
promesas, todos juntos, luchando entre sí por el mismo objetivo.
Pensó que seria muy interesante ver como se desarrollaba todo desde
dentro del mismo encuentro.

-Otra cosa más- dijo Godric tras que ella acabase su lectura- Mouser
me ha pedido que te informe que el profesor Caos formará parte de las
sesiones de tu entrenamiento como tu asesor.-

-¿En serio?- acabó con un profundo suspiro.- No soporto sus
excentricidades.-

-Pues a partir de ahora vas a familiarizarte con ellas-

-¿Es sarcasmo lo que acabo de escuchar? Que sepas que tengo mucho
trabajo como para aguantar muchas tonterías- le replico con la
mirada.

-Vamos, vamos- dijo Godric de forma reconciliadora- Todos tenemos
cosas que hacer. Mira yo, me ha tocado recibir y alojar a los
aspirantes.-

-Pues que te vaya bien, Godric. Yo por hoy voy a descansar-

Godric siguió caminando solo hasta la puerta principal  Había
alguien esperándole. Era un hombre caucásico, de tez pálida y
cabello rubio que le alcanzaba hasta los hombros. Procedía del
campamento del norte, el más aproximado a la capital. Llevaba una
chaqueta hecha de cuero, con algunos bordados en verde y amarillo. Una
capa del mismo color se deslizaba por su espalda.  En su cabeza
llevaba un sombrero, ligeramente inclinado a la izquierda, que le
proporcionaba cobijo ante los rayos del sol. Parecía no estar
acostumbrado al clima cálido que allí imperaba. Un volante blanco
protegía su cuello. Estaba rematado con un broche que sostenía su
capa. Su pantalón y botas seguían el mismo estilo que su atuendo. Su
pantalón se vertía en diversas vertientes de hélices doradas. Sus
botas estaban rematas con algunos detalles plateados. Inclinó su
sombrero a su posición natural.

-Al final viene alguien. Llegué a pensar que este lugar estaba
abandonado-

-Perdona, Ralf. Tenía muchas cosas de que ocuparme aparte de ti-

-¿Así recibes a tus amigos?- dijo estrechando manos con Godric- Hace
tiempo que no nos vemos. Deberías ser más efusivo o algo- dijo
tomando un maletín de de equipaje- Bueno, ¿qué tal van las cosas
por aquí?-

-Ya ves- respondió Godric tachando su nombre de las listas- Acabamos
recientemente la reconstrucción así que andamos corto de personal.
Para colmo está el torneo este que ha querido realizar Mouser. Mucho
trabajo y poco tiempo para descansar. Si esto sigue así voy a olvidar
como se empuña un arma.-
-¿Acaso no vas a participar- le interrumpió con curiosidad.

-No sé. Si no tuviera que contenerme tal vez lo haría. No me
gustaría matar a alguien por accidente.-

Ralf se echó reír. –Tu no te preocupes por eso- le comento
echándole el brazo por hombro. Si enloqueces por algún motivo yo
estaré ahí para contenerte. ¿Qué te parece si damos un garbeo por
ahí? No creo que hoy venga nadie más para que te quedes haciendo
aquí guardia.

-Tienes razón- le devolvió en forma de sonrisa- Es hora 
de descansar un rato. 

-La burocracia nunca ha sido lo nuestro.-
    
*****

Telyg salió de la biblioteca. Había estado hablando largo y tendido
con Darky mucho tiempo. Omitió tantos detalles como pudo para que no
sospechara nada. Al final consiguió, que le tradujera algunas partes
escritas en élficos. –Hubiera sido mejor si se hubiera prestado a
darme clases de lengua élfica- pensó. Y estaba en lo cierto. La
mayoría de papeles que le había entregado estaban repletos de
anotaciones científicas y otros tecnicismos. Aunque estuviese en su
propio idioma, seguramente no los entendería. En cambio, aprender el
lenguaje elfo le serviría para leer las partes de los diarios que
aún no había podido ver. Debería de buscar otra forma de acceder a
los conocimientos que encerraban a aquellas páginas. –Al menos
tendré mas información sobre la Armadura Maldita- se repetía
mentalmente para no suponer que su visita fue en vano.

Vio a Darky. Estaba bastante famélica. Los cóncavos de sus ojos
vidriosos estaban completamente empañados de tanto llorar. La
oscuridad se cernía sobre ellos por la falta de sueño. Había
numerosas tazas de café esparcidas del suelo. Había estado bebiendo
constantemente desde aquel día. Cuando le preguntó el por qué lo
hacia le respondió:

-Tengo miedo-

-¿Miedo de qué?-

-Miedo a lo que me encuentre tras cerrar mis ojos. Si los cierro creo
que no podré ser capaz de abrirlos otra vez-

La conversación que mantuvieron prosiguió de la misma forma. Telyg
preguntaba y Darky respondía, la mayoría de las veces se limitaba a
un si y a un no. Miraba perdida las ondulaciones de su vestido. Ni
siquiera prestó demasiada atención a los papeles que pasaban por
delante de ella. Su estado físico y mental dejaba mucho que desear
pero no había perdido un ápice de su magia. Es más, parecía que
era aún más poderosa. Todos aquellos sentimientos negativos que la
rodeaban daban rienda suelta a su poder. Ejercía inconscientemente
una gran presión a todo lo que le rodeaba. Incluso a Telyg le costó
estar con ella a solas. Le costaba tomar aire. Solo una palabra le
sacaba de aquella sensación de ingravidez. Master. Sus ojos parecían
iluminarse cuando Telyg la pronunciaba. Comenzó a asquearle toda
aquella añoranza. Se marchó antes de tiempo, aunque ya habían
pasado horas de que entró. Obtuvo menos de lo que quiso pero algo era
algo. Volvió a su barracón. En su camino se cruzó con Moi, que por
lo visto estaba entrenando por su cuenta, Angel que estaba dando
órdenes a todo quien encontrara, Minstek que como siempre se
escaqueaba de sus obligaciones, Caos que habia salido por material
para sus experimentos, Mouser, que ultimaba los preparativos para la
fecha inaugural y Godric que estaba acompañando a Ralf. Todos estaban
inmersos en algo.  Nadie sospecha que alguien 
los vigilaba desde lo más alto.

puntos 13 | votos: 15
Publicidad hecha a medida. - Me alegro de haber quitado hoy el Abdlock.
puntos 8 | votos: 8
Guts de Berserk en SCV. - ¿Qué les parece?
puntos 18 | votos: 18
Todo cerradura tiene su llave. -
puntos 11 | votos: 11
Capítulo XXXIV: Anunciación - -¡Escuchadme, pedazo de escorias!- gritaba Angel desde lo alto del
atrio.-¡Sois los  peores soldados que habré visto en todas mi vida.
Sois tan débiles que producís hasta asco solo con veros!¡Ni
siquiera merecéis el aire que respiráis! ¿Estoy en lo cierto?-
pregunto de forma hiriente a su publico.

El murmullo se expandió por todo el campamento. Nadie sabía por qué
los habían convocado aquella mañana. Incluso cuando estaba vivo Don
Zaloog, nunca se llamó a los grandes dirigentes del campamento y las
fuerzas de los otros dos. La mayor parte de las tropas estaban allí
reunidas, escuchando como una descarada les echaba en cara lo pésimos
que eran. Tan solo unos pocos entendían la verdad oculta tras sus
palabras.

-¡Gritad más fuerte que no os oigo!-

La efervescente multitud, en contra de su voluntad, alzó su voz. Una
sonrisa se dibujo en su rostro. No había nada más placentero para
Angel que someter a los demás. Era un don que había tenido desde
pequeña. Aunque poseía con la ventaja de haber nacido en una familia
adinerada, su poder de persuasión era encomiable. Tampoco quedaba
atrás su tenacidad a la hora de inquirir a las personas a las que
creía inferiores a ella. En muy poco, adquirió el apodo de  “La
Reina Roja” debido a su carácter dominante y al color que 
predominaba en su atuendo.

-¡Bien, ahora que reconocéis vuestras propias debilidades es hora de
hacerles frente. Es por eso que estoy aquí. Seré vuestra mentora a
partir de ahora. Os entrenaré mañana y noche, dia tras dia, aunque
llueva, nieve o el sol os abrase las carnes. Seréis pulidos en todas
ramas de combate, incluso en aquellas que no sois diestros. Me
deberéis mostrar la misma sumisión y respeto como si fuese Mouser,
nuestro nuevo líder. Cualquiera que ose cuestionar mis métodos será
acusado de alta traición. Como no se me permite ejecutar a nadie,
dicho individuo será obligado a realizar trabajos forzados durante un
mes. Aunque esté cumpliendo esa condena, aún tendrá la obligación
de acudir a los entrenamientos. Quien falte a uno de ellas sin motivo
aparente se le doblará las sesiones aparte de realizar lo comentado
anteriormente! ¡Espero que todo esto haya entrado 
en vuestras diminutas cabezas!


El gentío comenzó de nuevo a murmurar. Pese a que todo estuviesen en
desacuerdo nadie se atrevía a llevarle la contraria a Angel. Todos
temían demasiado al poder de la reina roja como para poder hacer
algo. Había algún inconsciente, asqueado de la multitud que intento
dirigir unas cuantas palabras a Angel. Era Moi. Telyg tapó su boca
antes de que empezara a vocear  en contra de su hermana.


-Una cosa más.- dijo Angel finalizando su discurso- Como motivo de
los últimos acontecimientos los altos cargos, entre los que yo estoy
incluida, hemos visto correcto realizar una especie de juego. La
explicación es muy sencilla, incluso vosotros la podréis entender.
La cuestión es la realización de un torneo en el que podrán
participar todos los miembros, aunque claro vosotros estáis obligados
a hacerlo como parte de vuestra formación. La primera fase
constituirá de combates uno contra uno. Se os asignará un grupo y
una arena. Sois libres de decidir cuando entrar en combate pero una
vez que entréis no podréis salir hasta ser el único que quede en
pie. La siguiente fase está por desarrollarse pero os adelantaremos a
medida que avance el tiempo. Tenemos siete días exactos para
desarrollar vuestro verdadero potencial. Descansad por hoy pero que
sepáis que mañana conoceréis algo peor que el mismo infierno- 
acabó bajando de un salto.




-¡La destesto! ¿Quién se cree que es para tratarnos así?- dijo muy
enfadado Moi- Muy bien, participaré pero no porque me lo diga ella
sino para darle una soberana paliza si la encuentro en el torneo.

Las palabras de Moi avivaron el ánimo de los presentes. Había un
sentimiento común que los unía a todos. Tanto es así que lo alzaron
a los cielos mientras entonaban una marcha. La inquietud se convirtió
en jolgorio con la espontánea actuación de Moi. A Telyg también le
hizo gracia su actuación pero no acompaño al grupo que ya solo se
veia a la lejanía.

Se marcho del centro de mando donde habían estado reunidos y marchó
para biblioteca. Iba a intentar visitar a Darky. Desde la muerte de
Master no se volvieron a ver. Cada vez intentaba verla sus sirvientas
le cortaban el paso. Pero esta vez intentaría algo diferente. Traía
consigo algunas anotaciones. Quizás eso avivaría la curiosidad de
Darky y pudiera entablar conversación. No llevaba nada que revelase
el pasado de Darky de Master. Tan solo algunas notas en las cual se
hablaba de un objeto que otorgaba  un inconmensurable poder a su
usuario. Armadura Maldita, Telyg llegó a la conclusión de que su
diseño había servido como base para realizar las armas desarrolladas
en La Forja. Se le vino a la memoria el arma que usó en su combate
contra Ryu. No lograba recordar de donde la obtuvo. Solo sabía que
habia pasado la mayor parte del tiempo con Godric.

-Quizás deba de preguntarle algún dia- pensó

Llegó a la puerta de la biblioteca. No había nadie. Entró y vió
que las sirvientas mostraban una gran desorden. Había pilares de
libros tirados por el suelo, con sus hojas redobladas. Había un
intenso olor a quemado por todas las habitaciones por las que
recorría. Por lo que oyo por las sirvientas. Darky llevaba unos días
sin poder estabilizar su magia. Según tenía entendido a medida que
escuchaba, su magia estaba muy ligada a los sentimientos que tenía al
usarla. Estaba especializada en la magia elemental aunque no alcanzaba
demasiada potencia ni magnitud. En este caso, debía estar enfadada ya
que usaba el poder del fuego. Todo aquello que tocase se convertía en
cenizas. Telyg preguntó a unos de las criadas donde estaba Darky.
Estaba encerrada en su habitación. La criada, de mayor edad de lo
habitual, le aconsejó que se fuese. Anteriormente, Darky recibió
visita por parte de dos personas. Desde entonces, se encontraba  
retenida en su cuarto.

Telyg entró en su habitación. Lo primero que vio fue una
incandescente bola de fuego  dirigida a su rostro. Telyg giro su
cuello. Rozó por milésimas sus mejillas. Tan solo eso bastó para
causarle unas leves pero dolorosas quemaduras. 

-Tan solo eres tú- dijo Darky bajando su manos-Ya pensaba que
tardabas mucho en hacerme una visita.-

Se acostó de nuevo en su cama. Era amplia y de su dosel brotaban
cuatro columnas que se retorcían sobre sí misma. Deslizaban
suavemente un velo acuoso donde se recluía Darky.
El único lugar donde se encontraba confortable era en sus sueños.

-Perdona, Darky. Pero tenemos que hablar.-

-No tengo ningún asunto que tratar contigo- comento ocultando su
rostro con la almohada.

-Quizás esto te pueda interesar. Es algo que trata sobre Master-
puntos 14 | votos: 14
No hay combinaciones ganadoras - sino entrenamientos que te hacen un digno vencedor.

puntos 12 | votos: 12
La vista desde abajo no está mal. - Te hace ver las imperfecciones que tenías cuando estabas arriba.
puntos 9 | votos: 9
Cualquier sitio puede ser tu hogar - si lo cuidas lo suficiente.
puntos 13 | votos: 17
Lo mejor de un viaje - es disfrutar de su trayecto.
puntos 18 | votos: 18
Todos desperdiciamos tiempo - así que mejor gastarlo en algo que verdaderamente nos guste.
puntos 8 | votos: 10
Publicidad engañosa. -

puntos 5 | votos: 7
Hacedor Negro - Zero esperaba a Eva en el coche. Había estado durmiendo en él
durante toda la noche. No fue una experiencia tan desagradable como
pensaba. Ajustó los asientos hasta que encontró una postura que le
fuera confortable. Durmió boca arriba, mirando las ventanas tintadas
del vehículo.

Al fin Eva bajó las escaleras. Llevaba un vestido de gama gris
acompañado con una falda negra de látex, con unas botas de piel muy
altas que les llegaban hasta las rodillas. Sus cordones se enlazaban
unos con otros como si hubiesen sido tejidos por una viuda negra. 
Cambió el color de su maquillaje y optó por uno más sobresaliente
que el rojo; un violeta oscuro que señalaba sus ojos y labios. Zero
la miró con el ceño fruncido.

-Resaltas demasiado- le dijo en forma de saludo- Hoy tan solo vamos a
realizar una inspección del terreno.-

-Vamos, Vincent. Deberías aprender a relajarte. Además esto es ropa
de camuflaje. Si hay que relacionarse con la alta burguesía aparte de
comportarse como ellos habrá que ir vestidos tal y como van y en ese
último aspecto- dijo observando con detenimiento a Zero- tú eres muy
anticuado. Hoy en día ¿quién crees que va con un esmoquin  y
corbata de color negro?
Sin mencionar aparte ese pañuelo blanco con encajes que sobresale de
tu bolsillo.-

-No busco la belleza sino la comodidad- le replico sin alterar su tono
voz- Este traje, anticuado como tu dices, me permite esconder una gran
variedad de armas como por ejemplo el pañuelo que has comentado. En
verdad está impregnado con una potente toxina. Solo con estar
expuesto unos segundos a su aroma puede llevar a la muerte-

-Lo que tu digas- dijo en tono burlón- ¿A dónde vamos hoy?-

-A la avenida principal. Es uno de los sitios más fáciles para
tender una emboscada a nuestro objetivo.-

-Ya veo- dijo Eva reclinándose sobre el capó del coche- Hay una gran
variedad de rascacielos donde podría posicionarse un francotirador.
¿Eso no quiere decir también que la seguridad esté más reforzada
en ese punto? Aparte, seguramente vaya en un coche blindado. Debería
ser un tiro muy preciso y milimétrico para que pudiera con acertar
sin contar que debería realizarse con un arma de gran calibre. Aunque
consiguiéramos acabar el contrato, sería muy difícil para nosotros
escapar de este país-

-Eso es fácil. No lo mataremos nosotros-

Eva lo miró con desconcierto.

-¿Qué quieres decir?-

-Lo sabrás cuando lleguemos al primer punto de control.- le contestó
montándose en el coche.

Eva se sentó en el asiento del copiloto mientras que Zero arrancaba.
Ambos no se volvieron a dirigir palabras hasta llegar a su destino.
Era una avenida muy céntrica y llena de personas así que dejaron su
coche un par de atrás  Para pasar inadvertidos entre la multitud, se
hicieron pasar por una pareja de enamorados. Su actuación era apenas
creíble pero había tanta gente reunida que no destacaban. Llegaron a
la azotea de un centro comercial. Como estaba de reformas el último
piso, no había nadie allí. Se podía divisar toda la extensa
avenida.

-A la diez en punto de la mañana, nuestro objetivo tomará tierra en
su avión privado. A las diez y cuarto está previsto que tome un
coche oficial y se dirigía hasta el centro de la convención. Como
puedes ver el aeropuerto se sitúa en un extremo de la avenida
mientras que en el otro se se encuentra ubicado el complejo de la
convención. Su llegada está prevista a las once menos cuarto y a las
once y diez deberá  dar comienzo su discurso. Debemos acabar con su
vida antes de ese plazo-

-Pero aún no me has dicho como piensas llevarlo a cabo-

-Tú solo ayúdame a buscar las mejores posiciones para un
francotirador. El resto de los detalles te los daré el mismo día- 

-Tantas medidas de seguridad- comentó Eva- es extraño incluso para
ti. Ya sé que nunca hablamos de nuestros sujetos pero me gustaría
saber a quien debemos de matar esta vez-

-Atáñete al plan y todo saldrá bien. Eso es en lo único que debes
de pensar- le contestó mirándola con la singular frialdad de sus
ojos.
puntos 11 | votos: 11
Fruto prohibido - Zero tomó el coche que le había prestado la agencia y volvió al
piso franco. Ya había obtenido la información que debía saber; el
objetivo y su itinerario. No hacia falta nada más para elaborar un
asesinato. Aparte, esta vez el cliente quería que su muerte se
hiciese pública por lo que no hacia falta tampoco llamar al equipo de
limpieza.

Condujo un par de manzanas, hasta llegar a la periferia. Allí había
numerosos rascacielos de nueva construcción, la mayoría de ellos
aún desocupados. La crisis económica que azotaba el mundo golpeó
con gran fuerza el sector inmobiliario sin mencionar las corrupciones
que aún persistían en las altas esferas. Aunque el poder mundial se
encontraba dividido entre Estados Unidos y la Unión Soviética eran
considerables los brotes revolucionarios de ambos bandos. Todo aquel
caos era beneficiosos para las mafias, traficantes de armas,
narcotraficantes y especialmente para los asesinos como Zero.  

Dejó su vehículo en el aparcamiento y se dispuso de nuevo a subir
escaleras. Cuando abrio la puerta del piso alguien ya lo esperaba
detrás. Era una mujer. Tenía un liso pelo negro que apenas podía
distinguirse entre la oscuridad. Sus ojos azules transmitían su
agudeza. Era como un lobo mirando su presa. Sus labios estaban
maquillados con un rojo carmín muy sugerente que avocaba al deseo.
Solo llevaba puesto una chaqueta de cuero.

-Has tardado mucho. Me tenías preocupada por si te había pasado
algo- dijo abalanzándose hacia sus brazos a lo que Zero respondió
embistiéndola contra la pared.
Sacó la cuerda de piano que escondía en el compartimiento de su
reloj y rodeó su cuello.

-Sabes como tratar a una mujer- respondió con descaro. Le estaba
apuntado con una mágnum que tenía guardado en uno de sus bolsillos.
-¿Quieres que sigamos con este juego o prefieres soltarme?-

Zero atendió a sus demandas. La dejó caer al suelo y guardó su
utensilio de trabajo.  Fue a sentarse a una de las butacas que había
cerca del balcón que se encontraba abierto. Hacía una brisa
agradable. Su extraña acompañante imitó sus movimientos.

-Y bien, ¿Qué te ha dicho ese viejo?- le preguntó cruzando sus
piernas- Espero que toda esta espera no haya sido en balde-

-No te preocupes- dijo dirigiendo su mirada hacia la luces que se
iluminaban en la ciudad-Ha sido un buen informador. Dentro de tres
días nuestro objetivo realizará una visita a esta misma ciudad con
el fin de la convención contra las armas no nucleares. El asesinato
se ha de llevar en público por lo que tendremos muchas opciones donde
llevar el plan a cabo-

-Siempre tan eficiente, Vincent. Seguro que incluso ya has planificado
la ubicación sin ni siquiera consultarme.-

 El silencio de su oyente corroboró sus sospechas.

-Bueno, da igual. Tenemos tres días para prepararnos.- acabó con un
leve bostezo –Creo que es hora de descansar ¿Vienes conmigo,
Vincent? Ya sabes, solo hay una cama- dijo de forma provocativa.


La miró de reojo. Enseñaba todos sus encantos. Aquella era su forma
de asesinato. Encandilaba  a hombres y mujeres por igual con su
exuberante belleza para más tarde, en el clímax, arrebatarles su
último soplo de vida. Era aterradora. Aparte, poseía una gra
habilidad con pistola y sabía muy bien como manejar la información a
su favor. 

-Lo siento, Eva, pero declino tu oferta- le contestó dirigiéndose a
la puerta- prefiero dormir en el coche. Además, no conozco a nadie
que se haya acostado contigo y haya vivido para contarlo-

-Pero eso no lo sabrás hasta que lo intentes. En fin, tu te lo
pierdes- dijo lamiendo el dedo que tenía cerca de sus labios.-
puntos 8 | votos: 8
Capítulo XXXIII: Sombras pasadas - - ¡Cómo escuece!- gritó Moi.

-Fue una mala idea enfrentarte a Angel- le replicó mientras sanaba
sus moratones con un algodón impregnado en alcohol-

-En serio hermano, no se como has podido soportarla durante tantos
años.-

-Bueno, somos familia al fin al cabo. Estas cosas suelen suceder muy a
menudo- dijo con una sonrisa nostálgica en su rostro.

-No hay quien te entienda. ¿Acabaste?-

-Hace un rato. Ya sabes, para la próxima vez modera un poco tu
lenguaje- Fue un alivio que os interrumpiera Minstek. Podrías haber
acabado con heridas mayores.

-Ya lo sé pero. Deberías preocuparte más por ti que por los demás.
Si Mouser va a llevar a cabo lo que nos ha contado, nos hara falta
tener un escuadrón, y completo. Me marcho ya, prefiero estar fresco
para el entrenamiento de mañana. Hasta luego hermano.

Moi se marchó. Llevaban un rato charlando enfrente del barracón de
Telyg. Como allí no habitaba nadie excepto él podían hablar con
suma facilidad. Telyg entró y se recostó en su cama. Aunque había
adecentado el lugar nunca llegaría a ser el mismo que antes. Tomo
unos de los diarios que ocultaba de Master. No era muy aficionado a la
lectura sin embargo le intrigaba todo aquello que había sucedido.
Habían pasados días desde aquellos pero aún permanecía fresco en
su memoria. Como siempre, abrió una pagina al azar y comenzó a leer.


Llegamos a Farion al anochecer. Había varios guardias apostados en la
puerta principal así que tuvimos que acceder por el antiguo pozo que
conectaba con la red del alcantarillado. Al llegar, Darky parecía
asqueada. Le pregunté si era por el hedor que allí se concentraba.

-Es menos el olor que desprenden esos nauseabundos humanos- me
respondió llevándose las manos a la boca- Me enerva pensar que las
personas de ahí arriba ya no reconocen ni siquiera nuestra
existencia. Estamos avocados a vivir en los anales de la historias
como un mito, en la oscuridad del olvido. Incluso ellas- dijo mirando
a unas ratas que correteaban por el desagüe- tienen más dignidad que
nosotros.

La miré con dureza. Su personalidad no había hecho sino endurecerse
a través de los siglos. Sentía un especial rencor contra los
humanos. No había para ellos ni un ápice de lastima o compasión.
Aunque si es cierto que avocaron a su especie a la completa extinción
tampoco sentia ninguna relacion con sus congéneres. Debía ser porque
no pertenecía a la raza de los elfos ni tampoco a la humana.
Acaricié su cabeza.

-Las niñas de tu edad no deberían decir tales cosas- 

-No ha tenido ni una pizca de gracia- contestó lanzándome una mirada
asesina.

Eran aquellas bromas lo único que podía sacarla de su tristeza. Me
esfuerzo día tras día para que amanezca con una sonrisa en su
rostro. Es una empresa difícil. Alberga tanto odio en su corazón que
es incapaz de sentir algo más. Quizás sea porque aún no hemos
podido desligarnos de nuestro pasado. Ese tenaz mensajero de la muerte
nos persigue allá a donde vayamos. Hoy todo podría acabar. Nos
dirigíamos a la cripta de los caídos. Allí estaban sepultados los
cuerpos  de reyes y altos magos arcanos. Eliza, nos reuniremos pronto
contigo.

-Eliza, Eliza, Eliza- decía sin parar Telyg- Siempre repites el mismo
nombre ¿Tan importante era para ti, Master?- 

Obviamente, no obtuvo ninguna respuesta a sus palabras. Fueron
llevadas por el viento que por allí resoplaba. Telyg cerró el
cuaderno. Las demás partes eran inteligibles. Sacó otro de nuevo.
No tuvo suerte con este tampoco. Estaba escrito completamente en elfo.
Desistió en sus esfuerzos por continuar leyendo. Había demasiadas
trabas aparte de que sus ojos ya estaban cansados. Una pequeña nota
cayó al suelo. Estaba redoblada y tenía una tonalidad distinta a las
otras hojas. 

-Posiblemente sea una nota que hizo aparte- dijo pensativo mientras
sus dedos  se disponían a desplegarla.

Era una página llena de dibujos. Había lo que parecía ser una
figura humana, unida a la lo que parecía ser un dragon, un grifo y
otras extrañas criaturas. A su lado, había intrigantes símbolos que
no reconocía, ni siquiera le sonaba que los hubiera visto antes.
Había una pequeña acotación, unida junto a lo que parecía ser un
plano para encontrar un tesoro. Estaba borroso pero telyg pudo leerlo.

-Armadura Maldita- leyó en voz alta.

Dirigió su mirada a sus guanteletes.

-¿En qué diablos estabas trabajando?- pensaba arrepentido al  no
haber echado un vistazo a los papeles que había quemado.
puntos 13 | votos: 13
Si las metas pareciesen alcanzables - fácilmente no tendría ningún sentido obtenerlas.
puntos 9 | votos: 9
Que un mundo en constante cambio - no te haga perder la confianza que depositas sobre ti mismo.

puntos 10 | votos: 10
Cold Blood - Zero entró en el hotel.

A priori, la sala de recepción tenía un aspecto lamentable. Era un
antiguo complejo creado a las orillas del río. Por las derruidas
ventanas se podía observar los restos de lo que había sido su
embarcadero. Refleja de forma espeluznante  la situación actual de la
ciudad que había sucumbido en el caos. Hacía años que se encontraba
 en un completo estado de  decadencia.

El viejo hotel había vivido muchos momentos gloriosos como insignia
de la ciudad. Entró en declive al no poder competir con las
construcciones locales lideradas por las mafias de la zona. Muy pronto
sería demolido.

Aún se aferraban los candelabros del oro al techo, moviéndose de un
lado hacia otro. Abrían el camino hacia unas extensas escaleras de
madera cubiertas por agujereadas alfombras rojas. Entre las numerosas
grietas de sus paredes aún se conservaba el aroma de aquellas
incontables fiestas que se celebraron dentro de él.

Zero se deteníó en el tercer piso. Marchó a la habitación de la
esquina derecha. Era la 
única que conservaba aún su número 

-Gutten morgen, Vincent- dijo Coronel agazapado en un reconfortable
sillón rojo.-
Espero que no le importe que haya traído esto para hacer más ameno
nuestro encuentro- concluyó señalando una pequeña mesa al lado suya
donde se encontraba una caja de habanos y una botella de vodka casí
vacías.-Como ve, he empezado sin usted-

A Coronel no le importaba ocultar sus vicios. Es más, se
enorgullecía de ellos ya que decía que eran parte de su
personalidad. Era un fumador empedernido y siempre andaba tras una
botella de licor. Se sentía hastío. Había perdido la mayor parte de
su juventud luchando en la guerra por lo que ahora, a sus cincuenta
años, quería recuperar el tiempo perdido. Pese a todos sus defectos,
era un hombre sagaz con una gran capacidad de raciocinio en las
situaciones más complejas. Vincent lo sabía y ese era el único
motivo por el cual había aceptado a realizar esta misión. Sentía
cierto respeto hacia él aunque nunca lo desmostrase.

-Bien Coronel- dijo Zero sin hacer caso omiso a los comentarios de su
locutor- Pasemos ya a asuntos mayores- dijo tomando asiento en una
silla polvorienta.

Mantuvieron su conversación hasta el anochecer.
puntos 10 | votos: 10
Capítulo XXXII: Lealtad - Minstek y Caos fueron a La Forja. Todavía se encontraba abandonada
pese a que se habían acabado las reconstrucciones. Andaban en
círculos sin saber a donde querían llegar. Al cabo de un rato,
pararon en su camino sin rumbo. Minstek colocó su mano sobre la
pared. Una puerta se abrió y ambos accedieron a ella sin vacilación

-¿Ves? Como te dije, han estado llevando experimentos que van más
allá de tu imaginación- dijo señalando un tubo de cristal que
había en la mitad la sala.

Contenía un liquido rojizo intenso, Había pequeñas sombras
dibujadas dentro de él. Eran restos humanos. Detrás de el, había
una vidriera con la misma sustancia. Los restos sin vida se movían
sinuosamente, flotando en toda aquella vasta densidad, hasta que
tocaban el fondo del recipiente. Caos se acercó para corroborar que
eran restos orgánicos. Puso su mano en el cristal. Una mano detrás
del cristal imitó sus movimientos.

-Interesante- dijo Caos retirando su mano -¿Sabes si tienen 
algún tipo de conciencia?-

-Ni idea- dijo alzando sus brazos en forma de negación- Ese maldito
quemó los papeles de la investigación antes de que pudiera tomarlos-

-¿Crees que- preguntó con seriedad- nos habrá descubierto?-

-Relájate. Estás demasiado tenso- contestó ofreciendo un cigarrillo
que llevaba en unos de los bolsillos del uniforme.- Si supiera la
realidad no estaríamos vivos ahora mismo, para empezar-

-Tienes razón- le dijo tomando su cigarrillo-¿Encendedor?-

-Ten. Creo que yo también cogeré uno-

Ambos exhalaron una bocanada de humo hacia el techo.

-¿Se puede saber al menos de quienes son estos restos? ¿Cuál era su
propósito? ¿La tecnología usada? ¿Los procedimientos para
conservar el cuerpo en tal estado? No puedo trabajar si no me
consigues esos datos- le recriminó de forma pausada. 

-Ya te he dicho que hago todo lo que puedo. Además, sabemos quien fue
su sujeto de pruebas.- 

-Entonces tráelo inmediatamente. No creo que nadie eche en falta a
una persona. Últimamente, desertar está al orden del día.

-Es imposible- contestó Minstek rotundamente

-¿Por?- preguntó tirando el cigarro al suelo indignado.

-Porque se encuentra en paradero desconocido-

-Vaya mierda de informador que eres- dijo pisoteando la colilla que
había caído entre sus botas.

-Hago lo que puedo ¿vale? Un paso en falso y seré otro fiambre 
más en el hoyo-

-Lo que tu digas- dijo resignado- Entonces, ¿cuándo podré comenzar
con mis investigaciones?

-A partir de mañana. Ya he mandado a recoger todo el material que me
pediste. Bueno, dejemos este tema para otro momento. No queremos
ausentarnos por mucho más tiempo ¿verdad?-

Caos afirmo con la cabeza. Ambos se marcharon hacia fuera.

 ***

El grupo estaba dando un paseo por el campamento. Godric relataba sus
hazañas más allá del muro. Moi y Telyg lo escuchaban con suma
atención. De mientras tanto, Angel cavilaba unos pasos más atrás.
Cavilaba sobre la ultima propuesta realizada por Mouser. Algo
interrumpió su acto de pensar. Fue un comentario hecho por Moi. Se
había dado cuenta que era un persona muy cercana a Telyg que incluso
lo llamaba hermano. Eso encendió su orgullo.

-Espera un momento- dijo acercándose al grupo- La única que puede
llamar hermano a Telyg soy yo ¿Quién te crees que eres tú para
llamarlo así? Los mequetrefes como tú deberían saber 
cual es su lugar.-

Ahora las miradas recaían sobre Moi. No era el tipo de persona que 
se callase ante ese tipos de comentarios. Telyg intentó apaciguar los
ánimos pero fue terriblemente echado a un lado. Godric se echó hacia
un lado. No quería tener nada que ver con lo que estaba 
a punto de pasar.

-¿Eh? Si hace un momento me dio la sensación que lo apartabas de ti
como si fuese la mierda- dijo con una actitud chulesca- Aparte, yo me
dirijo a él como me venga en gana. No va a venir una marimacho a
decirme como tengo que comportarme.

La mecha quedó prendida.

-Veo que debo cerrar esa cloaca que tienes como boca- dijo 
apretando sus puños.

-Eso habrá que verlo.-replicó con bastante entusiasmo-No pienso
contenerme porque seas familia de mi hermano ni tampoco 
porque seas mujer-

La ira de Angel era ya incontenible.

-Los grandes bocazas suelen morir primero ¿Lo sabías?- 
comentó con sarcasmo.
puntos 8 | votos: 8
¿Qué significa hacer un cartel? - Convertir lo obvio en algo diferente.
puntos 32 | votos: 32
Mascotas que viven mejor - que sus propios dueños.
puntos 12 | votos: 14
Capítulo XXXI: El reencuentro - -Cuanto tiempo Telyg- dijo Godric bajándose- Pareces mucho más
fuerte ahora ¿Has seguido entrenando?- dijo ofreciéndole la mano

-¡Claro!- le respondió levantándose con su ayuda- Os fuisteis tan
rápido y de una manera tan extraña que pensé que os habían
expulsado de los Escorpiones Rojos.-

-¿Qué tonterías estás diciendo?- dijo alguien posando su mano
sobre su hombro- Este campamento no puede funcionar correctamente sino
estamos nosotros.

-¡Minstek! ¡Tú también estás aquí!- gritó con sorpresa-Entonces
el otro que falta- dijo asqueado- debe ser Ryu.

Todos desviaron su mirada hacia los lados. La ira de Angel se iba
acrecentando por momentos.-A ese bastardo no lo quieren ni los gusanos
de bajo tierra. ¡Es un alivio que le encomendasen una misión
distinta a la nuestra!- acabó diciendo violentamente. 
 
-Entonces ¿quién es ese tipo?-

-Es el nuevo maestro de La Forja- contestó Minstek-¡Hey, Caos, ven a
saludar a la peña!-

Caos se acercó sin bajarse del extasiado caballo. Era un hombre
rollizo, de cuerpo ancho,exageradamente ancho. Sus dedos eran
bastantes gruesos aunque se movían hábilmente por las riendas que
sujetaban al cuadrúpedo. Iba vestido con prendas hechas  de piel de
lobo, gris como la ceniza.  Tenía el rostro de un hombre  de cuarenta
años. Poseía una barba muy desaliñada con cuatros pelos sueltos
pero muy negros que sobresalían de su barbilla. Estaba calvo aunque
aún conservaba en la frente lo que parecían ser unos mechones
rubios. Cuando se bajó del caballo, esté cayo sofocado al suelo.
Ahora que estaba de pie, parecía un sujeto enorme. Su altura
sobrepasaba fácilmente a la de aquellos que estaban allí presente.
Como si se tratase de un gigante, miraba a todos por el encima del
hombro.

-Prefiero acomodarme primero- dijo con lentitud- Además, no veo nada
que resulte de mi interés-Es más, prefiero ver antes tus
experimentos, Minstek- dijo con algo más de brío.

Minstek se río.

-Por supuesto, vamos a ver esos experimentos que te comenté- dijo
comprendiendo las verdaderas de Caos-Vamos a darnos un garbeo.
Asegurad haced el papeleo de nuestra parte-

Ambos se marcharon no a la Forja ni tampoco al lugar donde Minstek
había estado durante mucho tiempo llevando sus experimentos. Se
marcharon hacia el almacén, en secreto, para tomarse unas pintas.

-Estoy rodeado de idiotas- masculló Angel- Bien, ustedes- dijo
dirigiéndose a la multitud- ¡Qué diablos están haciendo! ¡Vayan a
sus malditos puestos de una vez!
¿Acaso hace falta que los golpee para que lo comprendan?-

En unos instantes, el lugar quedó desértico.

Godric, Angel y Telyg marcharon al centro de mando. Más tarde se les
unió Moi que se había alejado tras las amenazas de Angel. La miraba
con inquietud. Nunca hubiera imaginado que era la hermana de Telyg.
Eran tan distintos. La actitud de Telyg era siempre muy tranquila,
pasiva, sin llamar la atención mientras que su hermana era indecorosa
y dominante. Quería preguntarle a Telyg más sobre su familia pero no
encontraba el momento oportuno. Así, llegaron a su destino.

Mouser cambió de despacho. Ahora ocupaba el de Don Zaloog, síntoma
inequívoco de su ascenso. Ahora era el líder de todo el campamento.
Su nueva era similar a la anterior aunque mucho más ampliar. Para
llegar a ella, había que recorrer un extenso corredor.
En el fondo, había grandes vidrieras de que inundaban con sus
diferentes gamas de luz el espacio.

La mayor parte del tiempo estuvo hablando Mouser. Ninguno de ellos le
prestaba atención excepto Angel.  Repetía una y otra vez que debía
de reforzarse la seguridad del campamento. Para ello dictó ciertas
medidas como ascender a Godric a su anterior puesto y  reforzar el
entrenamiento de los reclutas y los escuadrones. Este cargo recaería
sobre Angel y Minstek. Por otra parte, se supliría la pérdida de
Master con la inclusión de Caos, que mejoraría y desarrollaría
nuevas armas y armaduras para el combate. 

-¿Eso es todo?- preguntó Angel como si le pareciera poco el largo
discurso que les había dado Mouser.

-Por ahora, sí. Veremos como se desarollan las cosas de aquí en
adelante- explicó mientras cruzabas sus manos. 


Todos se encaminaron hacia la puerta.


-Esperad. Hay todavía una cosa que no os he comentado. Quizás sirva
de incentivo para subir la moral de los soldados.-





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